mayo 31, 2023

La izquierda madrileña devora a sus hijos, de Ana Martínez Rus

 29 de mayo de 2023  Ana Martínez Rus

La candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Alejandra Jacinto; la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030 y secretaria general de Podemos, Ione Belarra; la ministra de Igualdad, Irene Montero y el candidato de Podemos a la Alcaldía de Madrid, Roberto Sotomayor. Fernando Sánchez / Europa Press

mayo 30, 2023

Piedras y Ritos I, de Eduardo de la Cruz

 15/3/23


Las piedras emiten un rumor apenas perceptible, que atestigua su milenaria historia.
Esa dureza las hace casi eternas, ellas tienen todas las respuestas, pero, nos hablan en un lenguaje que cuesta interpretar.


El oscuro pronóstico de Carl Sagan: una sociedad cada vez más estúpida y controlada por medios tecnológicos

 ALBERTO HARA 8/10/2020  

Carl Sagan fue responsable de popularizar la ciencia como quizá ningún otro científico y divulgador en el siglo XX, con su serie Cosmos. Sagan escribió textos que se convirtieron en bestsellers y se le recuerda por crear una visión de la ciencia como algo que puede proveer sentido y conexión estética con el universo. En este sentido, si bien contaba con credenciales impecables como científico, se le recuerda más como divulgador de la ciencia.


PIJAMASURF.COM

El oscuro pronóstico de Carl Sagan: una sociedad cada vez más estúpida y controlada por medios tecnológicos

En su último libro, El mundo y sus demonios, escrito en 1995, un año antes de su muerte, en los albores del Internet, Sagan manifiestó una notable preocupación por el estado de la cultura en su país. Vio claramente que la educación científica de la población es deficiente y sobre todo observó que los medios masivos de comunicación contribuían ya en la época a crear un estado de ignorancia. Predominaba entonces la cultura chatarra y Sagan creía que esta situación podía tornarse cada vez peor. Al respecto, escribió:

Preveo cómo será la América de la época de mis hijos o nietos: Estados Unidos será una economía de servicio e información; casi todas las industrias manufactureras clave se habrán desplazado a otros países; los temibles poderes tecnológicos estarán en manos de unos pocos y nadie que represente el interés público se podrá acercar siquiera a los asuntos importantes; la gente habrá perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento a los que ejercen la autoridad; nosotros, aferrados a nuestros cristales y consultando nerviosos nuestros horóscopos, con las facultades críticas en declive, incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta, en la superstición y la oscuridad. La caída en la estupidez de Norteamérica se hace evidente principalmente en la lenta decadencia del contenido de los medios de comunicación, de enorme influencia, las cuñas de sonido de treinta segundos (ahora reducidas a diez o menos), la programación de nivel ínfimo, las crédulas presentaciones de pseudociencia y superstición, pero sobre todo en una especie de celebración de la ignorancia. En estos momentos, la película en vídeo que más se alquila en Estados Unidos es Dumb and Dumber. Beavis y Butthead siguen siendo populares (e influyentes) entre los jóvenes espectadores de televisión. La moraleja más clara es que el estudio y el conocimiento —no sólo de la ciencia, sino de cualquier cosa— son prescindibles, incluso indeseables. 

Algunos señalan que la visión de Sagan parece haberse materializado con las redes sociales, los potentados de Big Tech y, sobre todo, con los negacionistas de todo tipo de evidencia científica, desde la curvatura de la Tierra hasta el uso de mascarillas.

Sagan fue un tipo brillante pero también es cierto que ya en la década de los 90 del siglo pasado una situación como la actual no era demasiado difícil de prever pues, de hecho, las cosas ya estaban, a grandes rasgos, así, y sólo se han agudizado.

En todo caso, un punto que Sagan enfatizó, y que es relevante, es la "celebración de la ignorancia", algo que tiene que ver con una forma de democracia a lo bruto en el que se defiende la igualdad de todas las opiniones. No el derecho a tener una opinión, sino, ante un relativismo extremo, que todas las opiniones tienen el mismo valor y merecen la misma oportunidad de difundirse. Esto es lo que Sagan llamó en el texto original un "dumbing down", es decir, que la sociedad actual se construye promediando a la baja.

El lector interesado en este tema podrá encontrar importantes antecedentes, aún más preclaros y penetrantes en la obra de pensadores como Adorno, Heidegger y Nietzsche. 

También en Pijama Surf: La enfermedad de la ignorancia, la epidemia de nuestros días

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PERROFLAUTAS DEL MUNDO: Por qué la derecha es fuerte en Madrid, de Ana Martínez Rus


mayo 29, 2023

CTXT. En el futuro diremos que ganamos, de María González Reyes

 Cuando llegas al final del tobogán, ves que hay mucha gente que se atrevió a tirarse antes que tú, y que por eso tienes derecho a la educación pública, la sanidad o a descansar un par de días por semana

María González Reyes 24/05/2023

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Hace poco estuve en una charla en la que pusieron una foto donde salía una mujer perteneciente al movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) con una camiseta que decía: “He estado en el futuro y ganamos”.

Me pareció muy sugerente y pensé que reflejaba una manera distinta de afrontar los retos que tienen los centros educativos frente a la crisis sistémica. Afrontarlos pensando que estamos en el futuro y que conseguimos superarlos. En realidad eso representa para mí la educación ecosocial y ecofeminista. Hacer prácticas educativas pensando que en el futuro diremos: “Ganamos”. 

Pero ¿qué significa decir que ganamos?

Significa que conseguimos poner en el centro de nuestras prácticas educativas la pérdida de biodiversidad y el caos climático y que logramos capacitar a nuestro alumnado para que tuviera una vida buena. Que aprendieron a reconocerse como parte de una red formada por tierra, agua, plantas, animales y aire. Que asumieron que la vida solo es posible si alguien nos cuida, y que supieron que esas tareas las estaban asumiendo mayoritariamente, y no de forma libre, las mujeres. Que comprendieron que formamos parte de entramados ecosistémicos de los que requerimos toda una serie de funciones, como la fertilización del suelo, la depuración de aguas o la polinización, sin las cuales la vida no sería posible.

Significa que supimos que la educación ecosocial tenía muchos puntos de conexión con la educación popular. Que en ambos casos se trataba de hacer una construcción del conocimiento que tuviera en cuenta el contexto social. Una educación que trata de transformar realidades mediante la creación de pensamiento crítico anclada en procesos de participación y acción.

Significa que afrontamos los retos que teníamos por delante y los convertimos en acciones que transformaron los centros educativos y su entorno. Que ecologizamos el curriculum y trabajamos estos temas como eje central de nuestro día a día, y no como algo anecdótico que tratar en un momento concreto del curso. Que hicimos de las escuelas e institutos lugares donde la naturaleza estuviera presente (en los patios, en los huertos, en las aulas), donde las prácticas tuvieran en cuenta el contexto socioambiental (en la gestión de los residuos o de la energía, en lo que se comía, en los materiales que se compraban…). Que se posibilitó vivir experiencias de conexión con la naturaleza. Que se facilitó que el alumnado fuera un agente activo de cambio.

Que ganamos significa, también, que el profesorado entendió que tenía una tarea esencial seleccionando qué contenidos trabajar, con qué metodologías y cómo evaluar, porque sabían que marcaba un mundo radicalmente distinto si educaban para legitimar el modelo actual y posicionarse en él de la forma más ventajosa posible o educaban para que el alumnado comprendiera los grandes problemas que ya tenían por delante y que adquirieran valores, habilidades y conocimientos que les permitieran desarrollarse críticamente ante ellos (...)

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PERROFLAUTAS DEL MUNDO: Resumen de la campaña electoral, de Ignacio Escolar

CTXT. El voto, de Guillem Martínez + No lo vimos venir, de Isaac Rosa 


CTXT. La derecha excesiva, de Manuel Rivas

 Manuel Rivas 23/05/2023

Podemos convenir en que ya solo hay una derecha aunque se presente a la manera de la santísima trinidad: nabo, nabiza y grelo

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La más inteligente declaración de autoestima que recuerdo en un escritor fue la que le oí formular a Caballero Bonald: “No estoy capacitado para escribir mal”. La frase es una pieza maestra de ironía. Hacerlo mal, en la literatura o en cualquier otro oficio, exige también una cierta capacitación. Incluso exige, a veces, una gran vocación y mucha dedicación. En la política, por ejemplo, hay gente muy capacitada para hacerlo mal. Y en esa tarea de hacer bien el mal, hay quien obtiene magníficos resultados.


Hay gente que puede estar en un mitin maldiciendo el calor, echando humo por la cabeza, nunca tal se vio, las calderas del infierno, mientras aplaude a rabiar a su candidato Fenómeno que está negando la emergencia ecológica y atribuye el cambio climático a un avión marroquí tripulado por Pedro Sánchez. Conviene matizar. Lo que la gente aplaude no es lo que el Fenómeno dice, sino que sea capaz de decirlo. Aplaude la capacidad de decir, no la calidad de lo que se dice. Y la ovación llega al clímax cuando el Fenómeno advierte: “¡Y esto que digo solo es la tumba del iceberg!”.

Esa situación no es nueva. “Hubo ovación, pero no fue indescriptible”, dijo algo frustrado Eugenio D’Ors después de una conferencia. Las ovaciones indescriptibles, a lo largo de la historia, van destinadas casi siempre a los dictadores, gente muy capacitada para su profesión. Lo que me hace recordar aquel western en que le preguntan al jefe de la banda de forajidos: “¿Por qué eres tan mala persona?”. Y él responde: “Porque lo soy. ¡Y estoy en la cima de la profesión!”.

En los oficios delictivos lo que más se valora es esa capacidad de hacer bien el mal. Es lo que da prestigio. Ahí tenemos el caso de Villarejo, el emprendedor más cotizado en el Ibex 35 y en las élites del Círculo Vicioso español. ¿Por qué cayó Villarejo? No por hacer bien el mal, que hizo mucho, sino probablemente por hacer mal el bien en el caso Emérito.

Hacer bien el mal suele estar muy remunerado en la política vinculada al Círculo Vicioso. Corren más riesgos los malos que van por libre. De eso se quejaba Laureano Oubiña, que pasó de “rey del hachís” a vendedor de feria. En su autobiografía Toda la verdad denuncia con amargura la precariedad del auténtico capo, el laborioso, forjado a sí mismo, frente a la competencia de “oportunistas” y de “parásitos vividores”. El capo competente, el profesional, ni siquiera descansa cuando hace turismo: “Puedes estar en una playa en el Caribe, pero no disfrutas. Piensas en cómo harías un buen desembarco. La cabeza, siempre maquinando. No hay peor trabajo que el puto contrabando”. Los “oportunistas”, ¡esos sí que disfrutan!

Caballero Bonald también dijo: “Puedo perder la salud buscando un adjetivo”. Estoy de acuerdo. Hay quien levanta la nariz del papel después de escribir un artículo y se hace un selfie o una paja. Yo reconozco que salgo lleno de hematomas como si escribiese en un box de Urgencias. Muchas veces, por culpa de ese adjetivo huidizo. Hay escritores que reniegan de los adjetivos y de los adverbios rematados en mente y lo proclaman con fervor minimalista. Está bien el lema de “menos es más”, pero como bien dice el diseñador Pablo Mestre: “Más es más”. Me gusta “Una rosa es una rosa es una rosa” de Gertrude Stein, pero todavía más la manera de Borges: “Incesantemente la rosa se convierte en otra rosa”.

El caso es que estuve a punto de perder la salud buscando un adjetivo para definir a la derecha española, porque podemos convenir en que ya solo hay una derecha aunque se presente a la manera de la santísima trinidad: nabo, nabiza y grelo. No se acierta al definirla precisamente por esa condición mutante, una paleo-derecha que es post-derecha, reaccionarios futuristas de la política game, fanáticos de Recaredo y de la Inteligencia Artificial… En fin, un exceso. ¡Ah, ahí está el adjetivo! La derecha española es una derecha de más. Una derecha excesiva (...)

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PERROFLAUTAS DEL MUNDO: CTXT. Cinco medios denuncian la discriminación de Ayuso y Almeida en el reparto de la publicidad institucional: Carne Cruda, CTXT, El Salto, Infolibre y La Marea 

Ilustración del día: Carecen de escrúpulos Por Pedripol 



mayo 28, 2023

OrcaCity, la “aldea gala” del sur de un Madrid teñido de azul, de Ignacio Fontes

 Ignacio Fontes   27 de mayo de 2023 

En las elecciones municipales y autonómicas de 2019 y 2021, respectivamente, las derechas ganaron Madrid. Contra todo
pronóstico: en el ayuntamiento, tras el notable desempeño de Manuela Carmena, se esperaba que renovase el mandato y en 
la comunidad, tras los escandalosos gobiernos de Esperanza Aguirre, Cifuentes y González, nada anunciaba que se hiciera 
con la presidencia una periodista que había sido la 'voz' del perro Pecas de Aguirre en las redes sociales: “Es rubia, castiza, guapa
, guapa, guapa. ¡GUAU!”, escribía.

La culpa la tuvieron Ciudadanos y Vox, que auparon a los candidatos del PP: a José Luis Martínez-Almeida, a la alcaldía y a Isabel Díaz Ayuso, a la comunidad. Ayudados por la fragmentación de las izquierdas y el hundimiento del PSOE, que desde las municipales de 1987, con la victoria de Juan Barranco, veía cómo el mapa de Madrid se desteñía de rojo para tintarse de añil. Sólo un puñado de barrios del sur de la capital aguantaron el tsunami vestido de azul y votaron a las izquierdas: entre ellos, Orcasitas, “aldea gala” por excelencia desde la invasión “romana” del franquismo.

En los círculos ilustrados del barrio –las barras de los bares– llamamos 'OrcaCity' u Orka, a los dos barrios en uno, Orcasitas y Orcasur, del distrito sureño de Usera, construidos sobre sendas vaguadas y, en la meseta entre ambas, el barrio llamado, apropiadamente, La Meseta de Orcasitas, sin reconocimiento oficial, pero donde nació todo. Del barro. El barro es el primer recuerdo del millar y medio de familias mayormente castellano-manchegas y andaluzas que habitaban las precarias chabolas que habían ido construyendo desde los años 40. Donde, sin urbanización, servicios, pavimentos, cualquier actividad, trabajo, compra, médico u oficio religioso, suponía navegar en el lodazal en que se convertía el, a pesar de todo, barrio en los entonces numerosos días de lluvia.

Y del barro nació una empecinada lucha ciudadana, desde los estertores del franquismo hasta el asentamiento de la democracia, en la calle y en los tribunales, que hizo de Orcasitas el primer barrio participativo, que decidió asambleariamente desde las zonas verdes y la distribución del espacio en las viviendas hasta el color de los ladrillos de revestimientos y de azulejos de los baños. Además, cambió el futuro del urbanismo español: si hasta entonces las memorias de los planes urbanísticos eran poco más que literatura para vestir al muñeco, la victoria jurídica de la Asociación de Vecinos de Orcasitas, reconoció su carácter jurídico y vinculante; de ahí, su obligado cumplimiento y que se devolviera el barrio a sus habitantes y no a los especuladores que pretendían apropiárselo. Y de ahí el nombre de uno de los espacios urbanos principales del barrio: la plaza de la Memoria Vinculante. El callejero de La Meseta recuerda constantemente la larga y fructífera lucha: plazas del Movimiento Ciudadano, Asambleas, Promesas, Solidaridad...; calles de Retrasos, Participación, Plan Parcial, Censo, Expropiación, Tiburón..., los vecinos los eligieron en asamblea y el añorado alcalde Enrique Tierno Galván los aprobó e incluso bendijo.

Una historia de hambre, barro y lucha

El hambre de postguerra empujó a los primeros inmigrantes a asentarse en terrenos del sur de Madrid, propiedad en su mayoría de la familia Orcasitas, de origen vasco (Horcasitas), y se multiplicarían a la llamada del desarrollo industrial de los años 50 y el Plan de Estabilización que relanzaría la economía española deprimida por la Guerra Civil. Las factorías de Barreiros, Standard Eléctrica o Arcenor estaban establecidas en la colindante Villaverde y empleaban a numerosos habitantes de Orcasitas, donde el analfabetismo superaba el 50%, sólo un 11% de las chabolas tenía agua corriente y pozos negros y cada persona disponía de una media de seis metros cuadrados de vivienda.

Para paliar el crecimiento anárquico de tales hábitats inhabitables, el Instituto Nacional de la Vivienda y el Ayuntamiento de Madrid construyeron lo que llamaron Poblados Mínimos y Poblados Agrícolas y, en 1955, los Poblados de Absorción, de carácter provisional y alquiler barato, y los Poblados Dirigidos, en régimen de compra, construidos por los futuros propietarios, dirigidos por técnicos del INV y urbanizados por la administración.

Soluciones provisionales que no resolvían el problema, incrementado por nuevas oleadas de chabolistas. Se acercaba el final de la dictadura y el futuro incierto –no imaginaban que seguiría siendo 'cierto'– movió a los propietarios del terreno y al último alcalde de Madrid de la dictadura, Miguel Ángel García-Lomas, a planear en 1971 una macrooperación especulativa: un Plan Parcial de Orcasitas que suponía demoler poblados y chabolas para urbanizar el terreno y erigir edificios dignos.

Los especuladores se las prometían muy felices, pero cometieron un error: para convencer a los remisos vecinos de ser realojados provisionalmente, incluyeron en la memoria del plan la promesa de que volverían al nuevo barrio como propietarios. Un adorno 'literario' que no pensaban cumplir.

Pero los orcasitenses eran, son, gente dura de pelar: “El hombre ha llegado a la Luna y en Orcasitas cagamos en una lata”. La frase es de Félix López-Rey, quien, en 1956, con ocho años, ayudó a sus padres a construir su chabola y que, con 22, en 1970, militante del PCE, fundó en ella la ilegal Asociación de Vecinos de Orcasitas, en plena radicalización represora de la agonizante dictadura franquista. López-Rey, actual concejal de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, tras haberlo sido de Izquierda Unida, lideró la batalla, librada jurídicamente por el catedrático de Derecho Administrativo Eduardo García de Enterría, hasta que el Tribunal Supremo ratificó en 1977 la sentencia de la Audiencia Nacional, que establecía que las memorias de los planes urbanísticos no eran cuentos sino documentos vinculantes con efectos jurídicos. La primera fase del plan se inauguró en 1981 y los antiguos chabolistas entraban en posesión de sus viviendas.

Como dice el geógrafo y urbanista Antonio Giraldo: “Muchos no sabían leer ni escribir, pero sabían que su dignidad merecía la misma justicia que cualquier otra. Lucharon por ella y ganaron”.

Las excavadoras tiraron paredes de chamizos con grafitis como 'Amnistía' y otras reivindicaciones, porque hubo y habría más luchas, además de las generales de la transición: eliminar los pasos a nivel y las ominosas torres de alta tensión que atravesaban el barrio, la propia legalización de las Asociaciones de Vecinos –posterior incluso a la del PCE–, la consecución de una central térmica propia que abarata considerablemente la factura de la luz... Y quedan otras por librar: la llegada del Metro –que Aguirre eludió en su fiebre de los raíles, por falta de votos que rascar–, la retirada del amianto en colegios y edificios –en la que está especialmente empeñado López-Rey–, el alto desempleo y fracaso escolar, etcétera.

Y otros dos hitos en su historia: la “guerra del pan” y salir de la crisis de los años 80 que caracterizó a Orcasitas como ciudad sin ley. La “guerra del pan” la lideró el barrio y concluyó con la primera y mayor manifestación desde la guerra civil, 100.000 personas, en 1976, la liberalización del sector y la desaparición de la mafia panificadora franquista –a la que no era ajena Carmen Polo de Franco–, que vendía piezas de medio kilo que pesaban 350 gramos.

La crisis de los 80 supuso el desmantelamiento de las industrias del sur madrileño y dejó paso a las bandas del trapicheo de drogas, robos, violencia y demás 'virtudes' del paro. La amenaza de constituir piquetes de autoprotección ante la desidia policial, devolvió la tranquilidad poco a poco, pero la heroína se cobró un reguero de víctimas en la juventud orcasitense.

También lo hizo el terrorismo ultraderechista, ese del que no habla el PP. Arturo Pajuelo, 33 años, fundador de la Asociación de Vecinos de la calle Guetaria –en Orcasistas propiamente dicho abundan las calles con nombres de localidades vascas, quizás en homenaje a sus antiguos propietarios– fue asesinado cuando volvía de la manifestación del 1 de mayo de 1980 por Daniel Fernández Landa e Íñigo Guinea, falangistas del Batallón Vasco Español, uno de los gal antes del GAL. En la que fue su calle, una escultura homenaje y un Centro Mayores con su nombre lo siguen recordando.

Muchas luchas. Sin embargo, cuando hablas con los mayores del barrio, hay una añoranza de tiempos no obstante felices: “Recuerdo la guerra del pan, las duchas en la Asociación, los encierros en los que mi padre iba en la furgoneta a llevar mantas y comida, a las mujeres del barrio independientes e insumisas, la canción con la que terminábamos las manifestaciones: 'A desalambrar, a desalambrar, que la tierra es nuestra, tuya y de aquél'”.

En 2008, Orcasitas fue declarada Buena Práctica Mundial en Participación Ciudadana por la ONU. Los electores del 9-M esperaban que les hablaran de sus ciudades y el PP les ha hablado de suciedades: aquel día, algunos se fumaron la clase de Barrio Sésamo. Hoy, elecciones municipales y autonómicas, volverán a hacer gala de su buena práctica acudiendo a las urnas a decidir sus gobiernos del próximo cuatrienio.

Votemos libremente pues el 28M, de Rosa María Artal

 12/5/23   Rosa María Artal


Comenzó por fin oficialmente la campaña electoral. Los medios repiten la letanía, casi el estribillo, habitual: los ciudadanos estamos llamados el día 28 a elegir libremente* a nuestros representantes. Disculpen que discrepe. A renglón seguido de esa afirmación ensalzarán a unos, arremeterán contra otros y a algunos incluso los borrarán. Se pueden borrar candidatos, sí, y con un tachón bien grueso sin que casi nadie se inmute. Tomo la palabra de José Luis Sampedro de nuevo que lo escribió en “Reacciona”: estas campañas tan dirigidas y manipuladas desvirtúan el voto y hasta la democracia.

*De libremente nada, no puede estar más mediatizado el voto.

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PERROFLAUTAS DEL MUNDO: ¡Alcalde, todos somos contingentes!, de Isaac Rosa  

Ilustración del día: Campaña de ocultación. Por Pedripol


El alto precio de la ignorancia, de Rosa maría Artal