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mayo 28, 2006

Aún camello

Fue grande, excesivo. Ahora lleva encorvada la espalda y la cerviz doblada.
Su mujer le abandonó hace años, casi, ni lo recuerda. Le dejó dos hijos, un chico y una chica, ambos dependientes aún de él, económica y moralmente. Pese a su edad tiene actitudes y comportamientos de derrotado. Perdió la batalla cuando se sintió abandonado, asumió su papel de mártir -educación judeo cristiana a tope- y espera su recompensa en el más allá.
Dicen que una vez tuvo una aventura, que pudo tener una aventura, pero sólo son rumores. De cierto, sólo se sabe que conoció a una mujer -realmente no la conoció- que se sintió atraida por él, que le buscó, probó el sabor de sus labios y la despreció. Dicen que ella se revolvió, intentó conquistarle, cual plaza fuerte, pero no pudo derribar la enorme muralla que él había levantado y, agotada, se retiró.
La batalla fue muy dura, tanto que, a partir de entonces, ella enmudeció. No volvió a pronunciar palabra, pero, aún enamorada, se quedó a su lado, como perro fiel.
Él aceptaba su presencia pero tampoco la hablaba, llegando, incluso, a darle alguna patada cuando, demasiado cercana, le molestaba.
Qué la enamoró de él era un enigma, porque, aseguran los que los vieron, ella era una mujer deslumbrante, irradiaba vida por todos sus poros, llegando a ser hasta exultante, dicharachera, dispuesta siempre a ayudar, decidida a ayudar.
Un buen día desapareció y nunca más se la volvió a ver, dicen -en ésto, a falta de datos probados, hemos de fiarnos de los rumores- que conoció a otra persona, que la reconoció, la valoró y recompensó con creces por todo el tiempo que estuvo "dedicada" a su amante imposible. Éso es lo que dicen.

PAQUITA

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