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septiembre 15, 2009

La Bartolina: huesos, balas y rª rojas... I (+ Daalla)

(Publicado por Daalla el 23 de agosto de 2009 en su página Fusilados de Torrellas. En ella podréis obtener mucha más información al respecto, además de ilustraciones, fotos alusivas y bibliografía. PAQUITA) fusiladosdetorrellas.blogspot.com/
Represión fascista en Aragón (I). Kaballido. Memoria.

Hace calor en Ateca (Zaragoza) esa tarde del 18 de agosto de 1936.
La población está tomada, desde hace casi un mes, por las tropas insurrectas que cuentan con la ayuda de la guardia civil y de los falangistas. Cinco días después del alzamiento militar, los vecinos intentaron obstaculizar el paso de una columna del ejército procedente de Calatayud, serrando olmos y cruzándolos sobre la carretera nacional Madrid-Zaragoza. Pero fracasaron, y ha habido muchas detenciones para averiguar la identidad de los autores. Esa misma mañana, la guardia civil ha ido deteniendo a numerosas personas casa por casa, que están siendo retenidas en el ayuntamiento.

La mayoría de los habitantes de Ateca se está congregando en la plaza. Allí les han convocado para “hacer un acto de sumisión a la patria y a los representantes legales”.

Hay un gran nerviosismo. La gente está convencida de que van a ejecutar a quienes están detenidos en el ayuntamiento. Los discursos de las nuevas autoridades civiles y militares no presagian nada bueno. Pero el clímax llega cuando el comienza su intervención el párroco del pueblo, Mosén Benigno, con una soflama más política que religiosa, en la que afirma que Ateca debe limpiar, como un campesino limpia con su criba, separando “la mala hierba de la simiente”. Y mientras habla, para dar más énfasis a sus palabras, va moviendo las manos imitando el movimiento de una criba.

La multitud ya no soporta la tensión. Algunos gritan: “¡Soltad a los detenidos!”. Otras voces suplican entre lágrimas que no los ejecuten. Entre la gente concentrada en la plaza se va extendiendo una sensación de fatalidad, rayana en el pánico generalizado.

Los detenidos de la mañana son introducidos en camiones. Les dicen que no se preocupen, que van a ser conducidos a Calatayud para asistir a un acto propagandístico. Con ese pretexto obligan también a gran número de los concentrados en la plaza a subir a otros camiones.

Los escasos 15 km que hay hasta Calatayud se viven con gran angustia.(Se respira una)La tensión es irrespirable. Todos creen que el “paseo” acabará en un fusilamiento general.

Por fin la mayoría de los camiones llega a la Plaza del Fuerte de Calatayud. Los últimos camiones, entre los que se encuentra el de los detenidos de esa mañana, se han retrasado intencionadamente. Algunos han podido ver que, una vez pasado Terrer, han girado a la izquierda internándose en el barranco de la Bartolina.

Allí son fusilados 13 atecanos afiliados a Izquierda Republicana, al PSOE, la UGT y las Juventudes Socialistas y a la CNT. La guardia civil los describirá más tarde en sus informes como “agitadores y extremistas peligrosos” y “contrarios al Movimiento patriótico nacional”. También les acusará de haber proferido gritos de desafección y levantar el puño en alto cuando a principios del mes los reclutas de Ateca fueron despedidos en la estación de ferrocarril para incorporarse a sus destinos en el servicio militar. Hijos muchos de ellos de atecanos de izquierdas, sus padres intentaron evitar que fueran a engrosar el ejército que se ha rebelado contra la República.

Los atecanos que han llegado a Calatayud se disponen a presenciar, como se hacía en tiempos que ellos creían pasados, una ejecución pública. En medio de la plaza han levantado un patíbulo. A un lado, formados militarmente, los soldados, los falangistas y los requetés. Al otro, no menos de 2000 civiles de Calatayud y de otros pueblos de la comarca. Por un papel tirado en el suelo se enteran de que el que va a ser ajusticiado es Francisco Bueno Herrero, el Estirao, conocido socialista bilbilitano al que apresaron días antes en Sediles. El papel es una de las muchas octavillas repartidas para convocar a los bilbilitanos a la ejecución.

Una descarga cerrada de los fusiles del pelotón abate al dirigente socialista. La sentencia se ha cumplido. Tras la ejecución, a ritmo de marchas militares, los vecinos de Ateca son obligados a desfilar por delante del reo, como espectáculo y escarmiento popular. “(…)También desfilaron centenares de señoritas de Ateca y varones que, en manifestación, habían venido a Calatayud (…). Las ovaciones al Ejército, los vivas a España y mueras a los traidores fueron enormes”. Así recogió el “magno” acontecimiento el Heraldo de Aragón del 22 de agosto.

Después del desfile los vecinos de Ateca comprueban horrorizados que el camión que transportaba a sus paisanos detenidos llega vacío. El viaje de retorno a Ateca se hace en medio del silencio y el desconcierto. Nadie alberga dudas sobre cuál ha sido su destino. Al llegar, algunos se acercan a cumplir el penoso deber de informar a sus familias.

Esa noche nadie en el pueblo puede dormir. Más tarde se sabrá que uno de los fusilados en el barranco de la Bartolina, el primer teniente de alcalde y vicepresidente de la U.G.T. de Ateca, Antonio Alvaro, había conseguido arrastrarse malherido hasta la carretera y pedir ayuda en una casa. Nadie le auxilió, por miedo a las represalias. Tras doce horas de agonía en soledad, un tiro de “gracia” a bocajarro acabó con su sufrimiento. Tenía 43 años. A día de hoy se ignora qué hicieron con sus restos (...)


2 comentarios:

  1. Gracias por divulgar mi blog Paquita, lo cual ayuda también a que vayamos superando la amnesia histórica que nos quieren imponer esn este país.
    Besos

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  2. Pues yo tb te doy las gracias, el camino que esta labrando el amigo daniel con su busqueda y documentación esta llena de Memoria; Memoria muy necesaria en este pais de amnesia y silencio. Un beso a los dos
    ¡Salud, Memoria y Libertad!

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