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diciembre 07, 2010

Mujeres tejiendo la Paz: Mª Bernabela Herrera Sanguinetti (19.14)

VISTO en finaestampadeunadepresiva.blogspot.com/ que lo publicó en SEPTIEMBRE 07, 2010
BELELA HERRERA SANGUINETTI, por Mercè Rivas Torres www.1325mujerestejiendolapaz.org/otrsem_belela.html

Autora del texto Mi trabajo con los refugiados fue una opción de vida” URUGUAY María Bernabela Herrera Sanguinetti, más conocida como Belela, nació en Montevideo. Licenciada en Sociología por la Universidad de Chile, desde 1973, año en que Pinochet dio el golpe militar en Chile, trabajó en el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Argentina, México, Perú, Brasil y Chile así como en otros países del Caribe. Fue subdirectora de la División de Derechos Humanos en una misión de Naciones Unidas en El Salvador y trabajó como observadora de derechos humanos en Haití y más tarde ejerció de observadora internacional en las primeras elecciones sudafricanas En el 2005 llegó a ser vicecanciller de Uruguay junto al canciller Reinaldo Gargano.

Madre de cinco hijos y abuela de 12 nietos, regresó a su país, Uruguay, una vez recuperada la democracia y asumió la Secretaría de Relaciones Internacionales del Frente Amplio, después pasó por el Ayuntamiento de Montevideo y finalizó su carrera en la vicecancillería.

Al llegar a este importante puesto se sentía orgullosa de que su presidente, Tabaré Vázquez, hubiese pensado en tantas mujeres para puestos de responsabilidad: “Tenemos mucha esperanza de que éste sea el Gobierno de la transparencia, del respeto a los derechos humanos y de la sensibilidad ante la pobreza teniendo en cuenta que la mitad de la población se encuentra en esa situación y un 14% tiene que vivir fuera del país. Es realmente impactante”, se conmovía en esos emotivos momentos Belela.

Todavía hay muchas personas en Chile que recuerdan su paso por ese país. Con un sencillo Fiat 600 consiguió poner a buen recaudo en diferentes embajadas a numerosas personas perseguidas por los militares chilenos. “Simplemente cumplía con el mandato del ACNUR, proteger la vida de los refugiados”, comentaba cuando le hicieron un homenaje en el Teatro El Galpón. Ese día Belela recordó con emoción a esos más de tres mil detenidos-desaparecidos que hubo en ese país. Pero asimismo muchos chilenos recuerdan su actividad imparable consiguiendo salvoconductos para que los perseguidos pudiesen huir del país. Ana Varela, directora del SEDHU (Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana) afirmaba en dicho teatro que eran miles las personas que Belela salvó en los momentos más duros.

Y es que esta uruguaya abrió sus ojos a la realidad de América Latina tras el golpe militar de Pinochet en Chile: “Vi el horror inimaginable, a miles de personas asesinadas o huyendo de la tortura y la desaparición. Sentí dolor en las entrañas”. Esta mujer de pequeña estatura pero con muchísimo carácter llegó a Chile acompañando a su marido, embajador de Uruguay en ese país.

Paralelamente al golpe en Chile, Uruguay, la denominada Suiza de América Latina, vivía otro acontecimiento parecido por su violencia y crudeza. Las Fuerzas Armadas tomaron el poder y sumieron a ese pequeño país en un túnel similar al de Chile o Argentina. Comenzaron las detenciones y torturas, ya que todos los ciudadanos pasaron a ser sospechosos “de subversión”, como denominaban los nuevos gobernantes. Más tarde esos detenidos pasaron a ser desaparecidos.

Belela recuerda cómo muchas mujeres embarazadas detenidas tuvieron que ver cómo les arrebatan sus bebés en el mismo momento del parto o cómo se allanaban casas sin orden judicial, se llevaban a cabo interrogatorios sin plazos o cómo los militares juzgaban a los civiles en el mejor de los casos.

Se calcula que hubo más de 15.000 presos políticos, así como cientos de detenidos-desaparecidos, en un país de tan sólo tres millones de habitantes, que participó en la denominada “Operación Cóndor” (plan ideado por la policía y los militares del Cono Sur para coordinar sus trabajos de represión).

Belela se entristece al pensar cómo se malvivía en un mundo silencioso, lleno de temor y miedo. O cómo una familia podía desaparecer sin dejar rastro. “Eso era un Estado totalitario”.

Por eso sigue convencida que el ACNUR debe mantenerse “en alerta y vigilante, porque lamentablemente, nuestro continente no se ve libre de las situaciones que nadie querría volver a vivir nunca más”. Y cuando dice “nunca más” lo hace con gesto de fuerza.

Tras haber trabajado en Haití como miembro de Naciones Unidas visitó este país como vicecanciller del Ministerio de Exteriores para defender la presencia de tropas uruguayas para consolidar la paz y “fortalecer el clima de seguridad del país y crear así las bases de su desarrollo a largo plazo”, dentro de una misión de la ONU.

“Los derechos humanos de los ciudadanos tienen que ser velados por los Estados y en este continente fueron violados sistemáticamente por las dictaduras”, denuncia con amargura, “pero hoy en día con democracia hay que seguir velando por esos derechos en las cárceles y en la vida social para que los jóvenes no se vean obligados a emigrar”.

Belela dedicó 17 años de su vida a los refugiados, que, tal como los define Naciones Unidas, son todas aquellas personas que por razones políticas, religiosas y étnicas tienen que abandonar su país, ya que su vida corre peligro.

Desde su retiro en Montevideo define su trabajo con los refugiados como “una opción de vida”. “El grito de los desaparecidos, esa conciencia desgarrada de nuestro continente, es lo que nos convocó a esa lucha por la justicia y la paz”, añade.

Todavía recuerda los años ochenta en Centroamérica con “los campesinos huyendo de sus humildes chozas que ardían, buscando refugio en los países vecinos”.

Belela, a pesar de su valentía y coraje, no duda en asegurar a sus 88 años que no habrá paz sin justicia, memoria y solidaridad. Y añade: “estoy segura que siempre habrá hombres y mujeres que intentarán conseguirlo con más democracia, más cultura y más tolerancia”. En un encuentro celebrado en Buenos Aires sobre la Alianza de Civilizaciones, Belela planteó “la vulnerabilidad” que viven muchas mujeres latinoamericanas que tienen que emigrar por falta de trabajo. Ella afirmó que las mujeres son "buenas para comprender las diferencias y generar alianzas con lo diferente", lo que implicaría allanar algunos caminos para el entendimiento. Se siente identificada con el hecho de construir un espacio de diálogo continuado, pero reivindica que en estas tareas ha de participar básicamente la sociedad civil.


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