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marzo 08, 2011

La Batalla de la Granja

Publicado por Carlos Álvaro en Martes, 24 de Junio/2008
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30 de mayo de 1937. El estampido de la guerra llega a las inmediaciones de Segovia. El Gobierno republicano planifica una ofensiva sobre la ciudad para contrarrestar el avance de Franco en Euskadi. La República necesita de una victoria psicológica que equilibre la contienda y nada mejor que conquistar una capital de provincia para apuntalar la moral del naciente Ejército Popular. Pero la defensa nacional se emplea a fondo y gana la partida. Es la llamada Batalla de La Granja, la misma que Hemingway llevaría después a la literatura.

LOS PROTAGONISTAS: Los nombres de la batalla
General ‘Walter’ (1896-1947). Su verdadero nombre era Karol Swierczewski. Militar polaco/soviético que estuvo al mando de la XIV Brigada y de la 35 División. En la II Guerra Mundial combatió a los nazis.
General Varela
(1891-1951). Militar español curtido en Marruecos. En la Guerra Civil organizó la defensa de Segovia, a la que fortificó ante posibles nuevos ataques. Ministro del Ejército entre 1939 y 1942.
Cada pasaje de la Historia tiene sus nombres y la Batalla de La Granja no podía ser menos. El triunfo de la resistencia franquista a los pies del Guadarrama inmortalizó al general José Enrique Varela, laureado militar gaditano que organizó con éxito la defensa de Segovia. Franco le dejó a él todo el peso de la operación. En el bando republicano destacaron Walter, Dumont, Durán y por supuesto Moriones y Miaja como mandos superiores. El ministro Indalecio Prieto impulsó la ofensiva.

68 AÑOS DESPUÉS. Los restos de la batalla
Tras 68 años de la ofensiva sobre Segovia y los restos de la lucha permanecen en los cerros. En la cima de Cabeza Grande las cicatrices siguen abiertas en forma de trincheras, nidos de ametralladoras y ruinas de los barracones y casamatas.
SUBIR a Cabeza Grande es una pequeña aventura. Se trata de un cerro con pendientes escarpadas, pinos y encinas que a veces cierran el paso y rocas que es preciso sortear para llegar a la cima. Una vez arriba, la panorámica nubla los sentidos. «Puede subir, pero no encontrará nada, salvo cuatro ruinas. Los restos de la munición nos los fuimos llevando poco a poco. En la posguerra nos servía todo, usted comprenderá». Las palabras del vecino de Revenga no hacen sino acrecentar mi curiosidad. Avanzo, escalo, me cuelo por debajo de las alambradas y ya en lo más alto leo en la base de cemento que sirvió para instalar la bandera vencedora: «1 y 2 de junio de 1937 se reconquista Cabeza Grande ¡Viva el Ejército! ¡Arriba España!».

La Batalla de La Granja apenas aparece en los libros de Historia que hablan de la Guerra Civil española, quizás porque su existencia no alteró el resultado final de la contienda fraticida, pero constituye uno de sus episodios más sangrientos que se saldó con no menos de 2.600 soldados muertos, 1.500 republicanos y alrededor de 1.100 nacionales o nacionalistas, según la fría estadística. La lucha por la posesión del cerro de Cabeza Grande, de 1.428 metros de altitud, dejó las faldas del mismo sembradas de cadáveres. Los cuerpos de los nacionales fueron retirados; los del bando derrotado, muchos de ellos extranjeros alistados en las míticas Brigadas Internacionales, quedaron allí para siempre.

La operación sobre Segovia respondió a un deseo del Gobierno republicano –ya instalado en Valencia– de empezar a obtener éxitos militares inmediatos, según recoge José Manuel Martínez Bande en su libro ‘La ofensiva sobre Segovia y la Batalla de Brunete’. Al poco de ocupar el Ministerio de la Guerra del Gobierno Negrín, el socialista Indalecio Prieto idea una serie de acciones para contrarrestar el avance de Franco sobre Vizcaya. La opción segoviana no plantea, a simple vista, demasiados problemas. Las tropas republicanas están posicionadas en las alturas que dominan Valsaín y La Granja y no existen grandes impedimentos orográficos que obstaculicen el descenso. La conquista de una capital de provincia que está en manos del sector rebelde del Ejército español desde el mismo 18 de julio de 1936 es un golpe de efecto de consecuencias imprevisibles y Prieto piensa que la acción debe estar basada en la sorpresa, la decisión y la audacia.

Republicanos y nacionales se alinean en el frente de la sierra, unos al sur y otros al norte. En el bando ‘rojo’, el I Cuerpo del Ejército mandado por el coronel Moriones cubre desde el puerto de Somosierra al de Guadarrama. Para la ofensiva que se avecina, los republicanos forman dos masas de maniobra e incrementan sus efectivos del Alto del León con una brigada y los del sector de La Granja con una división muy selecta, la 35, integrada por las brigadas XXXI y XIV Internacional comandadas por el polaco apodado ‘general Walter’. En la parte contraria, a la defensiva, se encuentra la 75 División del general José Enrique Varela.

domingo, 30 de mayo
Es el día D. El ataque ‘rojo’ comienza muy temprano, a las seis menos veinte de la mañana. Las brigadas del Ejército Popular del Centro que dirige el general Miaja inician el avance hacia las posiciones nacionalistas protegidas por los bombardeos de la aviación. A la izquierda, La LXIX Brigada parte de El Bardal, El Berrueco y Cuatro Caminos en dirección a Cabeza Grande, en cuya cima están los soldados de Franco, 318 hombres encuadrados en la 1ª Brigada que formaba parte de la 75 División. Por el centro, la XIV apenas logra despegar de sus bases y en cuanto deja atrás los pinares es contrarrestada por los nacionalistas que se alinean desde Valsaín al Cerro del Puerco. Por su parte, la XXXI Brigada, encargada de envolver La Granja por el flanco derecho, tiene más éxito y consigue desbordar la localidad. Sus hombres llegan incluso a cortar las carreteras que conducen a Segovia y Torrecaballeros. Aunque los mandos franquistas esperaban el ataque –hay quienes hablan de traición porque Varela y los suyos tenían preparada la contraofensiva con un gran número de hombres y mucho material– la situación es complicada y obliga al general Varela a trasladarse a Segovia y ordenar al V Tabor de Regulares de Melilla que pase a la acción en San Ildefonso. Paralelamente, la aviación republicana castiga las posiciones enemigas del sector de Guadarrama, aunque sin consecuencias importantes.

En líneas generales, la sorpresa ansiada por el ministro Prieto ha fallado y la operación ha nacido coja. Para las tropas franquistas que vigilaban desde el Alto del León no había pasado inadvertida la intensa circulación de camiones durante los días previos.

lunes, 31: Cabeza Grande
La suerte mejora para los intereses del Gobierno de Valencia durante la segunda jornada. A las seis de la mañana el fuego artillero sacude las cumbres de Cabeza Grande y Cabeza Gatos. Después se suceden los ataques de la infantería y los carros. A mediodía, los defensores nacionales de Cabeza Grande dan por perdida la posición e inician el repliegue. La LXIX Brigada, ayudada por la XXI, conquista la cima. Los combates también se recrudecen en el frente del centro, con intensos bombardeos sobre la Cruz de la Gallega, Valsaín, La Pradera, el Cerro del Puerco y el pueblo de La Granja. Los republicanos han logrado entrar en los jardines del Palacio y cortar nuevamente las carreteras que comunican con la retaguardia nacional, pero Varela, consciente de la gravedad del momento, se traslada a La Granja, donde asume el mando de las tropas cercadas y consigue evitar la toma completa de San Ildefonso. El historiador José Luis Martín Herrero considera que Varela estaba dispuesto a convertir el Palacio del Real Sitio en un nuevo Alcázar. En palabras de José Antonio Vaca de Osma recogidas por Herrero, el general «infundió ánimos, movilizó a los heridos leves y al personal auxiliar, sacó un par de viejas baterías de la Academia de Artillería segoviana, aceptó la ayuda de vecinos de La Granja armados de escopetas y se las arregló para rechazar la ofensiva. Franco, que prestó atención a los planes de Prieto, se negó a distraer unidades del frente del Norte». El único refuerzo que recibió Varela fue un par de batallones de legionarios y moros.

martes, 1 de junio
El día comienza con el descenso de las tropas de la XXI Brigada desde Cabeza Gatos hasta La Casona y el Caserío de Santillana, situadas entre San Ildefonso y Revenga. El objetivo es envolver el cerro de Matabueyes y al mismo tiempo avanzar por el llano hacia la finca de Quitapesares para cortar la carretera que une Segovia con La Granja. Las fuerzas republicanas inician la subida a Matabueyes a las ocho de la mañana. El plan era perfecto, pero la aviación franquista se hizo con la situación en pocas horas. Los legionarios obligaron a los brigadistas a retroceder hasta sus posiciones de partida en Cabeza Gatos y Varela, ya a la ofensiva, sometió a Cabeza Grande a un intenso bombardeo que noqueó a sus nuevos defensores. Al final del día, los republicanos habían perdido el estratégico monte y La Granja se resistía. La suerte estaba echada. El informe posterior del coronel Moriones no puede ser más pesimista. «El tercer día de superioridad artillera y aviatoria (sic.) del enemigo, no contrarrestada lo más mínimo por las respectivas nuestras, produjo el abandono de Cabeza Grande». José Manuel Martínez Bande lo resume muy bien: «La ofensiva fracasó, más aún por la no ocupación, de frente, de La Pradera y Valsaín, por la impotencia para llevar a cabo el envolvimiento de La Granja».

miércoles, 2: último intento
Desde Madrid, el general Miaja ordena un nuevo asalto a Cabeza Grande y Matabueyes. Los envites se suceden, pero las bajas merman la capacidad de los brigadistas y a las once de la noche desisten; después inician el repliegue. La prensa local segoviana, sometida a una férrea censura militar, ensalza la gesta de Varela: «Los bolcheviques no solo no han avanzado un paso, sino que en algún sector, en el de Revenga, por ejemplo, han perdido terreno (…) Un intento de bombardeo de los aparatos rojos resulta frustrado por nuestra heroica aviación».

Unos ganaron y otros fracasaron, pero las bajas fueron numerosas en ambos bandos. Bande dice que los republicanos perdieron 567, 325 y 309 hombres durante los días 30 y 31 de mayo y 1 de junio, respectivamente, pero no menciona las del día 2, también muy elevadas. Los nacionales perdieron a 129, 415, 80 y 184 efectivos entre los días 30 y 2, víctimas a las que hay que sumar 278 más contabilizadas el 3 de junio que corresponden a las no anotadas en días anteriores.

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