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diciembre 06, 2017

"La enfermedad mental es poesía de la dura" DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL. Testimonio

La poeta María Castrejón pasó 20 años de terapia en terapia hasta que le diagnosticaron trastorno límite de la personalidad
En su último libro, 'La inutilidad de los miércoles', pelea por la visibilización de las enfermedades mentales
María despierta desierta y dirige el mundo, sus muchas luchas, desde el recoveco verde de un hogar que, como el poema de Alejandra Pizarnik, lo mismo es jaula que pájaro. María se despereza, respira la herida, la pone al aire, bien abierta, se enfunda en rojo y se convierte en otra. María Castrejón, paciente y poeta, es una, ninguna y cien mil y recita para EL MUNDO su envoltura: el trastorno límite de la personalidad, en el Día Mundial de la Salud Mental. Hace un año que, como un promontorio, describe el frasco, de cristal repleto, que supone depender del vaivén del propio cerebro. Lo dejó escrito en La inutilidad de los miércoles (Huerga&Fierro editores).
"Según dicen, mi TLP es muy agudo porque tengo disociaciones, regresiones y alucinaciones. No todo el mundo las tiene. Tener una disociación quiere decir que, cuando tu mente no soporta ya tanto dolor, tanta angustia y tanto miedo, escapa. Puedes aparecer, de pronto, en Roma; yo suelo aparecer en Roma, en un viaje que hice allí, mientras oigo a la gente hablar como si no estuviesen conmigo porque yo estoy en otra realidad".
María que disiente, dice y siente, se recuerda como una "niña rara" que albergaba "miedos muy adultos". Mientras su hermano lloraba por la bruja del cuento, a ella le asustaban las "guerras nucleares, las estructuras mundiales y el sufrimiento ajeno". "Con 20 años decido que esto no puede continuar así, que sufría mucho, que todo me hacía mucho daño". Y con 20 años acude al psiquiatra, que le dice que "deje de pensar". "Así que dejé de ir al psiquiatra". Parece un chiste, pero no lo es.
María Castrejón es una experta en cuestiones de género, texto impreso desde 2008, poética sobre plano desde 2011, finalista, con su primer poemario, del Premio Internacional de Poesía de Torrevieja en 2013 y ganadora del Premio Internacional de Poesía Experimental Francisco Pino el mismo año. Más cerca: recitando los poemas de su último volumen, La inutilidad de los miércoles, ganó el pasado julio el primer premio del Certamen de Poesía Aguas subterráneas. Le entregó el galardón -cosas de la bohemia- Pablo Iglesias y, al oído, María le preguntó "qué tal con la séptima temporada de Juego de Tronos". María, paciente y poeta, tiene más sentido del humor que muchos sanos.
"Desde los 20 hasta los 40 voy a infinidad de psicólogos, psiquiatras, hago terapia gestalt, conductual, psicoanálisis... Cada uno me diagnostica una cosa diferente, yo veo que las cosas no cambian, que van a peor, hasta que me ingresan en un hospital de día y, allí, yendo todos los días por las mañanas, cuatro horas, haciendo diferentes terapias, me descubren que lo que tengo es trastorno límite de la personalidad", resume.
Si el diagnóstico supone liberación, losa o mayor desamparo es la pregunta que este periódico le hizo el viernes pasado. "Lo que quería es que me dijeran 'tienes algo', aunque fuese un cáncer, porque necesitas identificarte pero, una vez te identificas, ya sientes el estigma. Es una dicotomía entre 'por fin me he identificado' y, 'mierda, por fin me he identificado'». A partir del diagnóstico, María Castrejón, la que reflexionaba sobre el género, se convierte en María Castrejón te vas a enterar de qué es el trastorno límite de la personalidad.


"Decido aparcar los estudios de género y meterme de lleno en esto. Durante casi tres años, escribo mi último poemario de forma cronológica, voy escribiendo lo que siento. Hay muchos más poemas escritos pero me quedo con los que creo que tienen mayor validez literaria y los trabajo un poco más. El trastorno límite de la personalidad es una enfermedad muy poética en sí, y lo que yo trabajo es la poética de la enfermedad, su plasmación en palabras. Aunque sea duro tener una disociación o una regresión o una alucinación se trata de algo muy poético. Todas estas cosas son poesía, la enfermedad en sí es poesía, una poesía muy dura pero poesía, porque fue duro vivirlo fue duro escribirlo pero no me resultó complejo como en otros casos porque la poética me la iba dando la enfermedad", describe Castrejón sobre su último proceso creativo.
Esa visibilización que es su lucha -una de ellas- acude precisamente allí donde, ahora, "se vive un mundo de felicidad obligatoria": las redes sociales. "Estoy cansada de que en ellas todo sea felicidad, viajes, 'mira mis niños que guapos son'. No, hay gente que estamos sufriendo y pasándolo mal, y también hay que verlo. Quiero que la gente se atreva a hablar de todo esto, que se vea esta otra realidad, que no se escondan", explica.
Desde que María lucha en las redes sociales, desde su trastorno, desde su poética, "contra un mundo que está enfermo y con el que no puede convivir", hay quien le escribe diciéndole "que no puede más con la vida porque no tiene con quién hablar de esto, porque la gente no quiere hablar de esto". Esto quiere decir salud mental, o más bien la ausencia de la misma. Esto quiere decir estigma. Esto quiere decir incomprensión, a veces hasta de la propia familia. Esto quiere decir también verdad.
"Al lado del 'qué guapa estás' y 'qué ideales son tus niños' se han abierto foros de debate, se han dado conversaciones interesantes, hay personas que empiezan a contar que tienen bipolaridad o trastorno obsesivo compulsivo...", cuenta María, vestida de rojo, como hace a veces cuando se sube a un escenario, porque rojas son las vísceras, roja es la sangre y roja es la verdad.


Por si fuera poco, esta poeta madrileña, madre y estudiante de Psicología -"hay mucho por hacer"- desde hace pocos días, también tiene agorafobia. "Absoluta. Te hace ser muy huidiza de la gente porque te sientes incomprendida, vives en un universo diferente... Aunque yo vivo todo esto muy abiertamente, en ningún momento me cierro, ni me niego, ni pongo excusas a las cosas, no salgo por tal, o no puedo ir porque.. Yo siempre digo que tengo trastorno límite delante de todo el mundo y las caras que ponen son impresionantes... Ahí está mi lucha: que la gente comprenda que esto existe, que existen personas que lo sufrimos y que somos muchos más de los que se piensa".
Para esta revolución de locos -"Dios mío, pero qué solos están los locos", citaba María a Leopoldo María Panero hace poco en su cuenta de Facebook- ha contado con el apoyo de Charo Fierro, a la que no tilda de editora sino de amiga y cómplice. Y Fierro tiene una palabra para definirla a ella: "Valiente". "Su último libro no hace sino agrandar su figura poética e intelectual, y anima hablar de temas que son todavía un tabú en una sociedad en la que ser feliz parece una obligación. Mientras, la gente que sufre un trastorno vive en un armario, invisibilizada, y su sintomatología la viven ellos y su entorno, en silencio", apunta.


Presente también en el libro, escribiendo el prólogo, está el psiquiatra (de la autora) Carlos Álvarez Vara, quien define a María como un "caso fenomenológicamente complejo, como un rompezacabezas que se modifica y muta de modelo sin afectar su conciencia de enfermedad ni su potencial creativo". "No todos los enfermos psíquicos son artistas, ni todos los artistas son enfermos psíquicos pero pueden simultanearse en una inmensa minoría, dando la posibilidad, a veces, de potenciación recíproca y hasta de genialidad. María es un modelo de coincidencia de artista con un raro trastorno de personalidad de diagnóstico resbaladizo y escasas expectativas de tratamiento eficaz o que aminore paliativamente su sufrimiento", reflexiona.
Valiente María querría conducir, sentir esa libertad, pero tampoco ésa se le concede porque, en ella, "un automóvil es un arma blanca", principalmente porque uno de los rasgos del trastorno límite de la personalidad es la impulsividad. "No puedo conducir, primero, por la medicación, y porque tengo miedo de hacerlo y, de repente, tener un impulso y lanzarme contra un árbol...".
Junto a esa capacidad para el impulso, acompañan al trastorno límite de la personalidad "las autolesiones y los intentos de suicidio". ¿Qué hace María hoy por salir adelante? "Lo primero que hacen es medicarte, pastillita al canto. En el sistema público, me han derivado al grupo de trastorno límite de la personalidad que hay en el Hospital Clínico San Carlos pero no me siento a gusto allí, de hecho he empeorado, he empeorado mucho, pero no quieren reconocer que eso me hace mal. No entienden que lo que para una persona es válido para otra puede no serlo. Tienes que utilizar eso o no hay nada más, e intentan que pases por el aro de lo único que pueden ofrecerte y ya es esa solución o ninguna", relata.
Pero es en la relación entre paciente y médico lo que más le preocupa. Considera que "cuando uno es el enfermo le tratan como si estuviera un escalón por debajo, como si fueras una persona inferior". "Esto no es válido, tendría que ser una relación a la misma altura, como la que tuve con Carlos, que escribió el prólogo del libro. Yo no soy una persona menor que la persona que me está tratando. Obviamente esa persona sabe más que yo de lo que está haciendo, pero no es mi madre y no tiene que tratarme como si fuera un familiar y yo una niña pequeña. Ese vínculo no funciona, yo necesito un vínculo con un igual", zanja.
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