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mayo 07, 2018

Violadas indefinidamente, de Elsa lópez

http://www.laopinion.es/opinion/2018/05/01/violadas-indefinidamente/873047.html

01.05.2018 | 
 

Siempre lo estuvimos. Recuerdo a las mujeres de la familia diciéndonos en voz queda para que no las escucharan los hombres de la casa: "y si intentan forzaros (entonces se decía "forzar" para evitar la palabra "violar") lo mejor es relajarse, porque si te resistes es peor". Peor quería decir exactamente "peor" o sea, te pegan, te torturan, te matan, en definitiva. Y recuerdo las historias macabras de santas vírgenes niñas martirizadas por los paganos, moros, judíos y demás demonios del pasado que hacían con sus cuerpecillos toda clase de crueldades. Como una no sabía (una nunca sabía) se imaginaba alicates gigantes cortándote los pezones, palos redondos que habías visto en las ilustraciones de empalamientos a indios en los libros de historia o en las grandes pinturas del museo al que te habían llevado las profesoras creyendo en tu inocencia, introducidos por tus partes virginales. Pero una ya tenía pesadillas con torturas o ya sabía de la existencia terrible y dolorosa de aquellas estacas introducidas en su vagina sonrosada.
Las niñas de entonces, como las de ahora, ya sabían de violaciones y tormentos relacionados con el sexo y ya habían aprendido, gracias a sus madres y a las madres de sus madres, que lo mejor era callarse y sonreír antes, durante, y después, tal y como prescribía la santa costumbre y las comadres de la tribu violadas, a su vez, siglos antes. Y desde que el mundo es mundo y desde que las madres somos madres, hijas y esposas, hemos aprendido la lección de la naturaleza. Si te atacan, te defiendes; si te atacan más de tres y eres valiente y fuera de serie, te defiendes con patadas, dientes, uñas y cristales, pero si son muchos te quedas muerta antes de que ellos comiencen el ritual de las bestias. Cierras los ojos y lo único que piensas es en no sufrir, en que no te maten, en que no te rajen de arriba a abajo como a un cochino en el matadero. Cierras los ojos, aprietas los dientes y te muerdes el alma hasta reventarte por dentro.
Eso hacen las mujeres violadas en las guerras o en la paz. Eso hacen las madres del mundo para defender a sus hijas de violaciones masivas en huidas y éxodos universales. Y lo que estoy diciendo lo saben los hombres y se duelen conmigo del dolor de esas criaturas. Ellos saben bien de lo que hablo. Saben que tengo razón. Y saben, como yo, que tienen que luchar a nuestro lado para erradicar tanta injusticia. Que yo de lo que hablo es de violación no de abuso sexual que es cosa bien distinta, aunque, para quien ha sufrido ambas situaciones, viene a ser parecido: terror, vergüenza, y un asco infinito.

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OTRO ASUNTO en Perroflautas del Mundo:   Gracias a la sanidad pública 

 

 

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