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enero 29, 2021

¡Por favor, no reírse del aliado!, de Israel Sánchez Martínez. Introd. de Fernando Broncano

 Fernando Broncano R    

 
Israel Sánchez Martínez  
Autor del blog Contraelamor.com    2DIC 2020 


ElSaltodiario está publicando una apasionante controversia sobre "nuevas masculinidades" y cómo confrontar las previsibles (y tal vez necesarias) burlas sobre las nuevas actitudes que ocasionalmente muestran (o tratan de mostrar) personal y no colectivamente un cierto número visible de varones. Las reflexiones de este artículo y del anterior de Lionel Delgado (aparece el vínculo en el texto que adjunto) plantea una cuestión muy interesante de interseccionalidad y de qué pudiera significar "aliados". Lo que ocurre con las nuevas masculinidades, en donde actitudes personales ocurren pero no cambian problemas estructurales, es un problema él mismo estructural que se manifiesta en otros campos: en el ámbito de la lucha de clases, las personas de la pequeña (o no tan pequeña) burguesía que por educación o compromiso se sintieron o sienten solidarios de la clase trabajadora tuvieron (o tienen) similares tensiones. En los tiempos del operaísmo recuerdo haber sufrido constantemente las críticas por "intelectual", algo que entendía y al mismo tiempo tenía que sobrellevar con paciencia. Nadine Gordimer, en sus novelas, narra también estas fricciones en la época del apartheid cuando algunas personas blancas se sumaban a la resistencia. Se enfrentan aquí las actitudes personales contra las opresiones estructurales.
Estoy últimamente teorizando mucho sobre las diferencias que hay entre los lazos de fraternidad o sororidad, o hermandad, y las de la solidaridad, que, a diferencia de la fraternidad, no entraña el compartir experiencias, sino el acompañar incluso cuando no se entienden bien los objetivos, incluso bajo la sospecha de la no pertenencia.
En una sociedad tan compleja, con diferentes formas de opresión (sí "opresión", es una palabra que hay que rescatar del baúl de la semántica olvidada) estas fricciones son inevitables y tal vez necesarias para una aprendizaje colectivo de una sociedad de diversidades con intereses que muchas veces difieren.
Quienes estamos en la parte privilegiada de la historia: blancos, pequeñoburgueses, varones, cisgénero y sin demasiadas discapacidades ... pero no nos reconciliamos con estas identidades ni nos sentimos fraternos con la parte opresora, deberíamos saber que un simple cambio personal no es ni suficiente ni por sí mismo justificativo y que habrá que contar con las críticas ácidas de quienes no lo consideran suficiente. Las otras, las que vienen desde el resentimiento de quienes ven un peligro en las "nuevas masculinidades" y otras formas de disidencia, y que por cierto son las que abundan en la prensa y son jaleadas, con esas sí hay que contar como activos que señalan que algo está cambiando cuando hay campañas tan claras. Como dijo Audre Lorde en un famoso poema, "quién dijo que esto era fácil":

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