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agosto 17, 2022

Felipe VI: SENTADO sobre la silla de la IGNORANCIA, de Lucio Martinez Pereda

 10/8/22

Felipe VI: SENTADO sobre la silla de la IGNORANCIA
No es únicamente una ofensa simbólica contra millones de latinoamericanos, es también un acto que evidencia su ignorancia sobre el papel histórico desempeñado por la monarquía española en la colonización de America.
La conquista y la colonización española tuvo como corolario miles de personas asesinadas, sus tierras y propiedades arrebatadas, y sus lenguas y culturas desposeídas. Esa conquista y colonización no fue un acto civilizatorio. Fue un acto de dominación y barbarie.
Que se lo digan a toda la población exterminada de Centro América, a los descendientes de los millones de personas que perdieron su vida trabajando en las minas españolas, a los esclavos traídos de África, a las mujeres indígenas violadas, a los desposeídos de sus tierras y a los despojados de sus culturas.
En América Latina había 70 millones de amerindios antes de la llegada de los españoles. 150 años más tarde quedaban solo 3 millones y medio. La mitad murió por enfermedades. El resto fue asesinado en las guerras de conquista o perdió la vida en el trabajo forzado de las minas. Cook y Borah demuestran que la población de México pasó 25,2 millones en 1518 a 700 mil en 1623: menos del 3 % de la población original.
Todo el repertorio de despojos y violencias afectó a la población indígena con una trayectoria histórica constante, sin interrupciones temporales, tan solo aminorado por la disminución de la explotación de los metales preciosos consecuencia del agotamiento de las minas. Esa explotación y el despojo de propiedades y vidas no se vieron paliados, ni por las dos Leyes de Burgos, ni por los informes de Bartolomé de las casas. Las leyes de Burgos de 1512 y 1542 fueron un brindis al sol. Con escasa repercusión práctica, sin medios para hacerlas cumplir, no sirvieron para frenar la rapiña de miteros y encomenderos procedentes de la corona de Castilla. Despojos -que es necesario recordar- resultaron imprescindibles para que la corona española pudiese pagar sus guerras europeas durante más de 2 siglos.
La aculturación no fue un proceso histórico voluntario. La cristianización no resultó de un acogimiento espontáneo consecuencia de la percepción natural entre la población indígena de la superioridad de la cultura española, la lengua castellana y la religión católica. La violencia como inevitable partera de la civilización y la errónea comparación con otras colonizaciones, son las justificaciones usadas por los partidos de derechas españoles para exonerar a la monarquía española de su responsabilidad histórica en un petición de perdón que aún no se ha realizado.

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