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noviembre 04, 2023

El sendero que enfrentó al pueblo y a los nobles menorquines: "Una poderosa familia nos puso barreras con candado", de Santiago Torrado

 Santiago Torrado  Menorca — 13 de octubre de 2023 


La mañana del domingo 16 de noviembre de 1997, trescientos menorquines se reunieron en una antigua zona rural de levante de la isla convertida ahora en una urbanización turística. Antes de echar a andar, todos ellos pensaron a la vez en aquel verso de Antonio Machado sobre el caminante sin camino y sus estelas en la mar. El historiador Josep Portella recuerda ese día en su libro Crónica de la vuelta a Menorca: “En los últimos meses algunos propietarios de fincas han puesto obstáculos de todo tipo para que la gente no pueda seguir el Camí de Cavalls. La respuesta de la gente no se ha hecho esperar. No hay derecho”. Así comenzaba un proceso histórico que, tras cientos de movilizaciones cada fin de semana, tres años de pleitos judiciales y más de una discusión elevada de tono con la vieja nobleza insular, abrió el camino para la recuperación total del sendero que rodea Menorca para uso y disfrute público.

El Camí de Cavalls es un sendero rural de 185 kilómetros en total considerado Gran Recorrido. En sus 20 etapas, rodea por completo el litoral de Menorca. Aunque su origen es incierto, se calcula que podría haber sido construido en el siglo XIII tras la conquista de la isla por parte de Alfonso III, quien ordenó a sus vasallos disponer un caballero armado cada pocas leguas del camino, para vigilar las costas de posibles ataques de piratas otomanos. Con el correr de los siglos fue cayendo en desuso y hacia el fin de la guerra de Sucesión, en el siglo XVIII, las torres de vigilancia de la Menorca británica sustituyeron del todo a los viejos caballeros medievales. El camino finalmente cayó en el olvido, algunos tramos se fueron borrando, otros fueron privatizados por los dueños de las fincas por donde pasaba.

Antoni Gómez Arbona era el alcalde del pueblo de Alaior cuando los vecinos de los municipios aledaños comenzaron a autoorganizarse para recuperar el Camí. “Fue muy importante la voluntad ciudadana de recuperar el paso por un trayecto por el que hacía siglos que se pasaba y que la gente tenía interiorizado como público”, recuerda en diálogo con elDiario.es, y añade que “aunque la mayoría de propietarios de los terrenos por donde había transcurrido tradicionalmente el sendero nunca habían negado el paso, algunos empezaron a poner vallas y obstáculos”. “Esto provocó que la sociedad empezara a movilizarse y se formó la Coordinadora en Defensa del Camí de Cavalls”, añade. Según este médico de origen valenciano radicado en Menorca desde hace muchas décadas, aquella coordinadora fue “el ariete del sentimiento popular”.

Las “excursiones reivindicativas” para exigir que el Cami fuera de libre paso fueron creciendo cada vez más. Lo que comenzó con 100 personas acabó congregando a más de 1000. Gómez Arbona recuerda que “algunos propietarios no pusieron ninguna pega, pero otros se negaron de plano a dejarnos pasar”. “En el lloc de Torre Nova, de la poderosa familia Squella, encontramos las barreras con candado y a toda la familia de los propietarios filmándonos y prohibiendo que pasáramos”, afirma. El historiador Bep Portella también recuerda en su Crónica de la vuelta a Menorca aquella escena: “Enviaron a un guarda vestido como de camuflaje con una videocámara. En ese momento me imaginé a la familia entera repasando las caras de los que salíamos en la grabación”.

En febrero de 1998 la tensión entre la Coordinadora en Defensa del Camí de Cavalls y la nobleza menorquina estalló. Dos miembros de la familia Soto Martorell junto a varios colaboradores bloquearon el paso y se dispusieron a impedir el avance de los senderistas, al grito de “Sois todos nazis”, momento que quedó inmortalizado en el programa 30 minuts de TV3. Antonio Gómez recuerda: “Yo como alcalde me adelanté a hablar con ellos para que nos dejaran pasar. Después de más de una hora de conversaciones, les comunicamos que si no nos dejaban pasar cortaríamos las cadenas. Y así lo hicimos. Al final después de tres querellas y unos años de lucha el Camí de Cavalls es de libre acceso para todos”.

(...) La sombra de unos servicios inciertos planea sobre el camino centenario que rodea Menorca, la única de las Balears que consigue todavía rehuir del turismo masivo y de la degradación del medioambiente. Entre la importancia de garantizar una atención razonable para los visitantes de la isla y la necesidad de cuidar el patrimonio natural y paisajístico en tiempos de turismo masivo, anida la incertidumbre del Plan Territorial Insular y, con ello, el futuro del Camí de Cavalls.

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