mayo 03, 2026

Cómo instrumentalizar un atentado. Por Andy Robinson, Liverpool

Andy Robinson Liverpool , 6/10/2025   

Al igual que el 7 de octubre del 2023, el ataque contra una sinagoga en Manchester se está utilizando como pretexto para la caza de brujas contra el supuesto “antisemitismo” del movimiento de apoyo a Palestina

Cargas policiales contra los manifestantes contra el genocidio de Gaza en Londres el pasado 5 de octubre. / Urban Pictures UK




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Al igual que ocurrió tras el ataque de Hamas contra Israel hace exactamente dos años, el atentado contra una sinagoga en Manchester el pasado viernes 3 de octubre está siendo instrumentalizado para justificar la prohibición del derecho a protestar.

Me encuentro en Merseyside, no muy lejos del barrio de Manchester donde vivía Jihad Al-Shamie, británico de 35 años de origen sirio, que atacó a sangre fría una sinagoga del distrito judío de Heaton Park, durante la celebración de Yom Kipur, y he podido seguir las reacciones políticas y mediáticas muy de cerca.

Se pretende aprovechar el atentado para iniciar la próxima fase de la caza de brujas, ya muy avanzada en el Reino Unido de Keir Starmer, en la que oponerte al genocidio equivale perversamente a odiar a los judíos.

Se multiplican los llamamientos en favor de prohibir las protestas contra el genocidio en Gaza empleando el atentado como pretexto. Las que se han celebrado hasta ahora han sido históricas, con la participación de más de dos millones de personas.

Identificando a Israel con todos los judíos –incluidos a los muchos que participan a en las manifestaciones contra el genocidio–, Shabana Mahmood, la ministra británica de Interior, no tardó en reaccionar.

Puesto que las protestas provocan “miedo considerable” en la “comunidad judía”, dijo, hay que prohibirlas. “La frecuencia de protestas concretas en lugares concretos es, en sí misma, una razón para que la policía pueda restringir e imponer condiciones”.

Starmer, por su parte, pidió que las manifestaciones programadas en el Reino Unido (parte de una movilización mundial) para el domingo 5 de octubre fueran suspendidas. “No es el momento para provocar tensión y causar más dolor”, dijo en el diario proisraelí Jewish Chronicle, sin explicar cómo una protesta contra un genocidio puede causar dolor en Manchester.

La líder del partido conservador, Kemi Badenoch, ganó el premio de retórica incendiaria al calificar las protestas contra las masacres perpetradas en Gaza como “carnavales de odio”. John Woodcock (Lord Walney), lobista para la industria de armas y petróleo y exasesor en áreas de violencia política del gobierno de Boris Johnson, llegó a plantear que el atentado es el resultado de un sesgo antisemita y “un exceso de cobertura mediática y política de Israel que ha demonizado a este país (...) como si fuera el único malo”. Walney preparó un informe para el gobierno conservador en 2024 en el que aconsejó prohibir protestas de la campaña de solidaridad con Palestina, de Extinction Rebellion y de Just Stop Oil, tal vez con sus clientes corporativos en mente.

Dentro del Partido Laborista, Louise Ellman, la exdiputada por Liverpool, presidenta del lobby Amigos Laboristas de Israel, pidió más medidas para “combatir el antisemitismo”. Ellman participó en la campaña hace cinco años contra el supuesto antisemitismo que acabaría con la caída de Jeremy Corbyn y el ascenso meteórico de Keir Starmer (con la ayuda de Tony Blair y millones de libras de dinero ilícito que se sumó a la financiación procedente de los lobbies pro Israel).

Es decir que la máquina de propaganda contra el derecho de protestar acelera la marcha.

Pero, a diferencia de hace dos años, el viento ya no sopla a favor de los lobbies pro Israel. En un momento de indignación generalizada por el genocidio, se produce una hemorragia de apoyo desde el laborismo de Starmer al nuevo partido de Jeremy Corbyn y la diputada Zarah Sultana, con más de 700.000 afiliados, muchos de ellos integrantes del gran movimiento de regeneración moral en defensa de Palestina.

Los líderes de este enorme movimiento de protesta se comprometieron a ir movilizando a más gente contra el genocidio y denunciaron que el verdadero antisemitismo lo practican quienes confunden Israel con todos los judíos.

500 personas resultaron detenidas el sábado 3 de octubre en manifestaciones de apoyo al grupo Palestine Action, que ha sido declarado una organización terrorista por el Gobierno de Starmer porque defiende actos de desobediencia civil y sabotaje contra proveedores de armas a Israel.

La campaña en favor de prohibir las protestas aprovechó incluso el momento de duelo. En la ceremonia celebrada el sábado por las dos víctimas mortales del atentado, el rabino de la misma sinagoga llegó a decir, sobre los millones de integrantes del movimiento de protesta contra los crímenes de Israel, que “la mitad de los manifestantes protestan de buena fe; la otra mitad no”, acusando así a cientos de miles de personas de ser antisemitas.

En una visita a Manchester, el rabino de mayor autoridad de Inglaterra, Sir Ephraim Mirvis, insinuó lo mismo: “Desde el 7 de octubre de 2023, son muchas las personas que se han preguntado por qué se permite que estas marchas tengan lugar en nuestras calles”.

Esto, pese a que miles de judíos participan en el movimiento de protesta: “Yo soy judía, soy activista propalestina desde hace muchos años y participo activamente en manifestaciones”, dijo una vecina de Manchester, tras llamar a una emisora de radio. “Estoy horrorizada por lo que ocurrió ayer y lo siento profundamente. Crecí cerca de esa sinagoga y conozco a gente allí (...), pero siento que, como judía, tengo que protestar (contra el genocidio) porque no representa lo que (los judios) debemos ser: no hay que matar a la gente, ni convertir a pueblos en ‘el otro’”.

Como era previsible, Benjamin Netanyahu aprovechó el ataque en Manchester para insinuar una supuesta relación entre el antisemitismo y la decisión gubernamental (tomada a regañadientes por Starmer bajo la presión del movimiento de protesta) de reconocer el Estado palestino. “La debilidad ante el terrorismo solo produce más terrorismo”, dijo el primer ministro israelí.

Por usar una palabra del hebreo, el chutzpah (se utiliza para denotar un descaro hipócrita basado en la historia judía del niño que mató a sus padres y, en el juicio, citó las circunstancias atenuantes de ser huérfano) de Netanyahu es mayúsculo porque Starmer –que utilizó de manera cínica las acusaciones de antisemitismo contra Corbyn para allanar su camino al poder– ha sido un aliado fiel de Israel en Downing Street, al igual que lo fue Tony Blair, elegido en el neoimperial plan de Trump para Gaza como “una suerte de virrey con plumas en su sombrero”, según ironizó Corbyn.

Muchos lobistas pro Israel dibujaron una línea directa entre los atentados del 7 de octubre de 2023 y el atentado en Manchester, que pasaría por el supuesto antisemitismo de la campaña de protesta por el genocidio. Una acusación contra Jihad Al-Shamie por presunta violación fue un pretexto para repetir las descripciones de “violaciones sistémicas” en el ataque de Hamás. Esto pese a que diversas organizaciones, desde la ONU al medio israelí Haaretz, han demostrado que no se utilizó violencia sexual sistemática el 7 de octubre de 2023.

Trascendió el día después del atentado en Manchester una verdadera similitud entre el pasado viernes y el 7 de octubre: la catastrófica reacción policial. Al abatir a Al-Shamie, el francotirador de la policía de Manchester mató a una de las dos víctimas –el otro murió atropellado por el vehículo de Al-Shamie.

Asimismo, aunque pocos medios importantes han informado al respecto: decenas o incluso cientos de los muertos del 7 de octubre del 2023 fueron víctimas de “fuego amigo” al activarse el llamado protocolo Aníbal, que obliga a las fuerzas armadas israelíes a matar a militares que puedan ser tomados como rehenes. Asa Winstanley, el periodista de Electronic Intifada que está escribiendo un libro sobre la cuestión, calcula que cientos de víctimas israelíes el 7 de octubre del 2023 –tanto soldados como civiles– murieron como consecuencia del fuego israelí.

Entre tanto tertuliano mediático, se oyó alguna voz solitaria de sensatez tras el atentado en Manchester: “Mire usted. Yo soy judío y británico y no siento ninguna conexión con Israel”, dijo un oyente de una emisora de radio, que aprovechó la oportunidad de participar telefónicamente en una tertulia copada por proisraelíes. “Creo que mezclar el judaísmo con el sionismo, o mezclar a todos los judíos con Israel, es precisamente lo que lleva a este tipo de ataques como el que ha ocurrido hoy. Creo que todos somos mucho más vulnerables por culpa de Israel”.

El antisemitismo, sin duda, está en auge. Y todo indica que esto está estrechamente vinculado con lo que está ocurriendo en Gaza. Según algunos indicios, el numero de denuncias por incidentes de antisemitismo –principalmente insultos verbales, pero también agresiones físicas– ha subido el 35% desde el 7 de octubre de 2023. Ocurre lo mismo en EE.UU. Según la organización proisraelí Liga Antidifamación, los incidentes antisemitas en EEUU han aumentado más del 830% en los últimos diez años, un período coincidente con la consolidación del estado de apartheid en Israel y los territorios ocupados. La mayor parte de este crecimiento se ha producido durante los dos últimos años de genocidio, desde el 8 de octubre de 2023. Entre 2017 y 2023, la media de incidentes de antisemitismo en EEUU rondaba los 2000. En 2023, se disparó a 8.800 y en 2024 rebasó los 9.300.

Es decir, la insistencia de Netanyahu y la máquina de propaganda israelí en identificar Israel –el Estado judío– con el judaísmo genera actitudes antisemitas. La tragedia de Manchester es que Jihad Al-Shamie hizo caso a Netanyahu y confundió a Israel con los judíos.