julio 09, 2026

Lo público, ni negocio ni negociable, de Marisa Maliaño

 Marisa Maliaño 7/04/2026

Las pasarelas de Santander, una de la cuales se derrumbó causando seis muertes, no están ahí por casualidad ni responden a una demanda vecinal. Forman parte de un proyecto mayor: un campo de golf con sus correspondientes urbanizaciones

La pasarela de la playa de El Bocal, en una imagen tomada antes de su derrumbe el pasado mes de marzo. / M. M. 



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En Santander, en 2014, se inició una obra para, decían, mejorar el trazado de la senda milenaria que la recorre. Nunca había habido ningún accidente en ella. El vecindario de la zona avisó y denunció que la obra realizada era un peligro por ubicarse sobre rocas que son rompeolas. El 3 de marzo del 2026 una de esas pasarelas cedió y cinco muchachas y un muchacho perecieron bajo la rompiente. Otra quedó malherida. Tenían entre 19 y 22 años. No fue casual. 

Hay políticas en demasiadas administraciones públicas con un talento difícil de igualar: convertir lo evidente en discutible y lo denunciado en invisible. Se supone que están para proteger, para gestionar con criterio y para escuchar al vecindario. Pero en la práctica han perfeccionado otro modelo, mucho más ágil: no hacer nada… hasta que ya no hay nada que hacer. 

El drama de El Bocal encaja con precisión quirúrgica en ese patrón. No es solo un hecho trágico, porque aquí no falló la información. El vecindario avisó. Insistió. Señaló el peligro de unas pasarelas que, lejos de garantizar seguridad, parecían diseñadas para ponerla a prueba. Quienes transitan a diario por ese espacio conocían los riesgos, los denunciaron. No fue un arrebato puntual ni una exageración colectiva: fue conocimiento directo, cotidiano, de quien pisa el terreno. Pero, claro, eso no tiene peso en los despachos políticos con una inercia que, en demasiadas ocasiones, solo reacciona cuando ya es tarde.

Y así funciona ese sistema casposo y muy vintage: mientras no pase nada, todo está bien. Cuando pasa, se habla de accidente. De fatalidad. De circunstancias imprevistas. Una cadena de palabras cuidadosamente elegidas para evitar la más incómoda de todas: responsabilidad. No fue mala suerte, sino desinterés. Lo sucedido obedece a una forma de gestionar basada en ignorar todo, hasta que todo explota.

El accidente de El Bocal no ha tenido nada de imprevisible. Era, en todo caso, una cita aplazada. Una consecuencia tan anunciada como terrible, de ignorar advertencias reiteradas. Pero reconocerlo sí que es, al parecer, verdaderamente peligroso para algunos que se dicen gestores públicos.

Las pasarelas no están ahí por casualidad ni responden a una demanda vecinal. Forman parte de un proyecto mayor: un campo de golf con sus correspondientes urbanizaciones. Sí, un campo de golf. Porque, evidentemente, pocas cosas hay más urgentes para el interés general que transformar los terrenos y las casas del vecindario en instalaciones de ese tipo. 

El proceso es casi admirable en su lógica interna. Primero, se impulsa un proyecto sin contar con quienes son propietarios o afectados. Después, se ejecutan obras que generan problemas evidentes. Más tarde, se ignoran sistemáticamente las advertencias. Y, finalmente, cuando sucede lo inevitable, se activa el protocolo de evasión: nadie sabía, nadie podía preverlo, nadie es responsable.

Y aquí es donde el lenguaje también hace su magia. A lo que el vecindario llama expolio, ellos lo presentan como desarrollo. A lo que los locales consideran una imposición, los otros lo elevan a proyecto estratégico. Y entre tanto eufemismo, se gestiona el relato. Todo encaja. Lo único que queda claro es quién decide y quién paga las consecuencias. 

Esta es una forma de “gestionar” en la que lo público deja de ser un espacio de respeto para convertirse en una maquinaria de impunidad donde los mismos siguen haciendo y funcionando igual. 

Al vecindario se le reserva el papel de siempre: molestar lo justo, advertir sin ser escuchado y, llegado el caso, soportar las consecuencias. Una participación ciudadana impecable e innovadora, si el objetivo claro, es que no cambie absolutamente nada. 

Quizá lo más honesto sería dejar de fingir. Admitir que, en demasiadas ocasiones, hay políticos que no están para proteger al vecindario, sino para gestionar su paciencia. Que la escucha activa consiste para ellos en archivar quejas. Y que la prevención de riesgos empieza, curiosamente, después de que estos se materialicen.

Lo de El Bocal no es una excepción. Es un síntoma. Es un espejo. Y el reflejo no admite demasiadas interpretaciones: cuando lo público se utiliza para imponer, ignorar y eludir responsabilidades, deja de ser una herramienta de servicio para convertirse en un ejercicio de impunidad bastante bien organizado y ya no hablamos de un accidente, sino de un modelo donde el expolio se disfraza de desarrollo y la negligencia se maquilla de gestión.

Eso sí, siempre les quedará el recurso de repetir que todo se hace por el bien común. Visto lo visto, convendría empezar a preguntarnos de qué “común” estamos hablando exactamente. 

Con ese modelo, seis vidas ya no están, seis ausencias irreparables que no caben en ningún informe ni en ninguna rueda de prensa. Frente a ellas no valen excusas, ni tecnicismos, ni silencios. Solo queda la memoria, la dignidad y una exigencia clara: que ese modelo de gestión se arranque con las pasarelas de El Bocal y que gestionar lo público no vuelva va a ser jamás ni negocio, ni negociable. 

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Marisa Maliaño Toca es médica y activista de Ecologistas en Acción Cantabria, en el grupo de ecofeminismo. Divulga ciencia para afrontar el patriarcado “naturalmente”.


julio 08, 2026

De mi abuela y sus amigas, las "mujeres del 36", aprendí muchas cosas, de Marisa Peña

 Marisa Peña   12/2/2026

Hoy cumpliría años Federica Montseny. Para mí era una de las amigas de mi abuela que, con Suceso Portales y Lola Iturbe, habían vuelto del exilio. Nunca olvidaré aquella tarde que pasamos en casa de Suceso Portales mi abuela y yo con otras mujeres y sus nietos en mi infancia mostoleña. De mi abuela y sus amigas, aquellas que en la prensa llamaban las "mujeres del 36", aprendí muchas cosas: a coser dobladillos, a cantar el himno de Mujeres libres, a comprender que la emancipación de las mujeres y de toda la humanidad pasaba por la lectura y la cultura, a estar siempre del lado de los oprimidos y no de los opresores, a no tener ambición sino coraje, a transmitir mis conocimientos como quien transmite un tesoro, a no callar "por más que con el dedo..", a sentirme parte de una larga cadena de mujeres valientes que me precedieron y me continuarán, a buscar la bondad, la verdad y la belleza allá donde se encuentren y, tras encontrarlas, defenderlas con mis palabras como si fueran uñas y dientes., a ser solidaria, a cuidar de mi gente y a tejer redes de resistencia para afrontar los tiempos de la barbarie.


Marisa Peña.

julio 07, 2026

Qué ha pasado con Elisa Beni y Feijóo se disfraza de Presidente de Gobierno

 1/12/2025

Lucio Martinez Pereda   1/12/2025
El problema no es Elisa Beni, sino el mecanismo que la produce y la consume.
El caso de Elisa Beni indica una deriva inquietante del actual sistema mediático español: la transfiguración ideológica como síntoma y estrategia. Periodista formada en el campo progresista, vinculada en sus inicios a la cultura crítica de la Transición tardía y al relato de emancipación feminista, Beni encarna ahora una figura paradigmática del desplazamiento de su pluma hacia la ultraderecha mediática que necesita legitimarse con voces procedentes del otro lado.
No se trata únicamente de un “cambio de chaqueta” sino de un proceso más sofisticado: el relato periodístico se ha convertido en mercancía y, en ese tránsito, la coherencia ideológica se vuelve prescindible. La profesional que un día denunció el patriarcado judicial o el autoritarismo cultural del franquismo residual, sirve hoy de adorno al discurso ultraderechista, como testimonio para aparentar ecuanimidad en una pugna que ya no busca informar sino conformar audiencias debilitadas por el confusionismo ideológico.
La metamorfosis de la señora Beni no debe leerse solamente como una traición individual, sino como síntoma de la precarización de las fronteras morales entre crítica y espectáculo, entre análisis y propaganda. El problema no es Elisa Beni, sino el mecanismo que la produce y la consume.

Lucio Martinez Pereda   20/1/2026


Feijóo se disfraza de Presidente de Gobierno
Analizando datos que no tiene, tomando decisiones que no ejecuta y emitiendo comunicados que no firman. Estudian “en tiempo real” lo que otros ejecutan, proponen “medidas” que nadie les pide y convocan “reuniones de seguimiento” inútiles . Una fanfarria dirigida para consumo de esa parte de la opinión público que no distingue el metal de la chatarra.
La impostura en el PP ha dejado de ser un recurso anecdótico y se ha convertido en método político. La más pernicioso no es la farsa en si-la política siempre contiene alguna dosis de teatralidad-sino que en el Partido Popular piensen que la realidad puede ser sustituida por la ficción sin que pase nada
Elisa Beni: la versatilidad del Camaleón.
Elisa Beni: su versatilidad ideológica recuerda al camaleón que muta su colorante epidermis no por mimetismo con el entorno, sino por cálculo del postor más generoso: mudando opiniones como el reptil su piel. Redactora en La Razón y El Faro de Ceuta al albor de Aznar, aspirante a directora de la ultra Época bajo el mecenazgo de Campmany. Al albur de la eclosión del feminismo fichó por eldiario.es. Desde principios de 2025, Beni colabora en El Análisis del Diario de la Noche, un programa de debate vespertino donde comenta noticias al hilo de las campañas organizadas por la derecha contra el PSOE, alineándose con las posturas ultras de Ayuso
Beni prospera en medio de la fauna postideológica: ella encarna la ley darwiniana del oportunismo. Su cinismo es limpio, quirúrgico, casi inocente en su descaro. Cuando le preguntan por su pasado, no se molesta en negarlo: simplemente lo reescribe con la naturalidad de quien cambia de filtro en una foto . “Evolucioné”, dice, y la palabra suena casi científica, casi noble.

julio 06, 2026

Un cuento fascista tallado en piedra, de Andrea Momoitio

 Andrea Momoitio   Periodista y escritora   5/12/2025 


El complejo monumental del Valle de Cuelgamuros
A. Pérez Meca/Europa Press