julio 12, 2026

Safaris humanos durante el sitio de Sarajevo, de José Luis ‘Kois’ Fernández-Casadevante

José Luis ‘Kois’ Fernández-Casadevante 18/11/2025

 Pedagogía de la crueldad y cultivo de la empatía

Distrito destruido de Sarajevo durante el asedio (1997). / Hedwig Klawuttke


Hay noticias que te golpean como un puñetazo, te impactan y no dejan de merodear por tu cabeza durante un tiempo. A mí me ha pasado con la historia de los “safaris humanos” en Sarajevo, que se dieron durante el despiadado asedio que sufrió la ciudad. El más prolongado en la historia de la guerra moderna, pues duró casi cuatro años, entre 1992 y 1996. Además de dejar una ciudad devastada, los bombardeos y los francotiradores mataron a más de doce mil personas, de las cuales el 85 % eran civiles.

El escritor Enzio Gavazzeni ha investigado en profundidad cómo centenares de personas acudían los fines de semana en viajes organizados, que simulaban llevar ayuda humanitaria, para asesinar impunemente a desconocidos. Pagaban enormes sumas de dinero por apostarse con fusiles francotiradores en las colinas que rodean la capital bosnia y disparar a civiles desarmados. Matar bebés y niños era más caro, los siguientes en la tarifa eran los hombres uniformados y después las mujeres, a las personas mayores se les podía matar gratis.

El perfil de quienes acudían a disfrutar asesinando eran hombres ricos e influyentes: notarios, abogados, ejecutivos o empresarios, así como simpatizantes de la extrema derecha. La mayoría provenía del norte de Italia, pero también de otros países, incluida España. Mataban sin mancharse, con suficiente distancia como para deshumanizar al objetivo, con suficiente proximidad como para disfrutar del poder de quitar una vida.  

No es la primera vez que se divulga esta información, pero nunca con tal nivel de detalle y por primera vez con una causa judicial abierta. La noticia resuena especialmente en estos tiempos donde exhibir crueldad se ha vuelto un distintivo político. Steve Taylor, profesor de Psicología en la Universidad de Manchester, explica que la crueldad está íntima y directamente relacionada con la pérdida de empatía. Si alguien no puede sentir el sufrimiento de otras personas, se facilita que pueda provocarlas dolor, justificar su explotación o asesinato. También Rita Segato habla de la pedagogía de la crueldad, para describir el proceso de pérdida de sensibilidad social ante el sufrimiento ajeno. Actos que enseñan, habitúan y programan a las personas para transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas. 

Hombres desconectados, tremendamente narcisistas y ambiciosos, sin compromisos interpersonales y con un fuerte impulso por poseer riqueza y ejercer el poder. Francotiradores como metáfora del aislamiento y el individualismo omnipotente. Así son muchas de las figuras de éxito que este modelo socioeconómico proyecta, por lo que no debe sorprendernos que desde el punto de vista psicológico haya una proporción mucho mayor de psicópatas entre los líderes políticos empresariales. Los safaris humanos son de una brutalidad excepcional y anómala, pero conviene reconocer que la cultura capitalista y patriarcal se sostiene estructuralmente sobre la violencia y la deshumanización. 

El síndrome del mundo cruel

Estas historias nos atraen por nuestro sesgo de negatividad, el mal o la catástrofe nos seducen. Una investigación reciente sobre 100.000 historias virales demostró que la presencia de palabras negativas en los titulares aumentaba su índice de visitas. La economía de la atención explota esta inercia cognitiva para conseguir clicks.

Y esto conecta con la idea del “síndrome del mundo cruel”, acuñada por el profesor de comunicación George Gerbner, pionero en la investigación sobre los efectos de la televisión como medio de comunicación de masas. Esta se basa en constatar cómo la imagen proyectada por los medios de comunicación influye en la percepción que tenemos de la realidad. Cuanto más tiempo se ve la televisión, más se cree que la sociedad es tal y como queda reflejada en la pantalla. Quienes consumen mucha televisión sobreestiman las tasas de delincuencia y violencia, los riesgos de los desastres naturales o la riqueza. A más horas viendo el telediario, peor concepción se tiene del ser humano y más propensos nos volvemos a creer que no se puede confiar en la mayor parte de la gente. Un problema agravado por las redes sociales y sus algoritmos.

No es que exista un determinismo tecnológico, ni que el ser humano se haya hecho peor, es que tal vez solo se vuelven virales las peores historias que nos contamos. Debemos conocerlas, no engañarnos, pero sería un error caer en la tentación de creer que estas figuras son representativas de la humanidad. No podemos otorgarles ese privilegio: por mucho que su maldad se exhiba obscenamente, son una minúscula minoría. Sus relatos eclipsan otras versiones de quienes somos como personas y sociedades. No somos la caricatura antropológica que cotidianamente dibujan muchos medios de comunicación, redes sociales e industrias culturales. Somos mucho mejores.

Hay una sugerente idea planteada por David Graeber que afirma que la violencia estructural suele generar estructuras sesgadas o asimétricas en la imaginación. Las víctimas tienden a preocuparse y tener más empatía por conocer la forma de ser de quienes les oprimen. Los oprimidos suelen preguntarse por las motivaciones, las razones y las formas de entender el mundo de sus opresores: sirvientes y esclavos compartiendo información y debatiendo a escondidas sobre cómo actuaban los blancos, indígenas reflexionando sobre las cosmovisiones occidentales que les colonizan, mujeres poniéndose en el lugar de los hombres… El autor muestra un ilustrativo ejemplo al narrar los reiterados resultados de un ejercicio que ha realizado en diversos colegios, por el que solicita al alumnado que imagine cómo sería su vida si cambiaran de sexo y que plasme sus reflexiones en una redacción. Las chicas desarrollan extensos y detallados informes, mientras de forma generalizada los chicos muestran resistencias, no lo hacen o explicitan que ni lo saben, ni quieren saberlo. Algo similar sucede en una macroencuesta realizada a miles de jóvenes entre 16 y 19 años en España, en la que les preguntan por sus referentes sociales. Ante la cuestión ¿a quién quieres parecerte de mayor?, las chicas escogen indistintamente referentes masculinos y femeninos mientras que los chicos solo escogen hombres.

La conclusión es que quienes se benefician de la opresión pueden permitirse ser indiferentes y reducir sus niveles de empatía, mientras que quienes están oprimidos están obligados a hacer un mayor esfuerzo interpretativo de la realidad. Ese empeño de los oprimidos por comprender qué y quiénes les oprimen, resulta más sencillo cuanto más fácil es definir las fuentes de la opresión y que estas se puedan identificar con “otro”. La empatía y la complicidad cognitiva son el sustrato en el que pueden crecer dinámicas transformadoras ante un entorno que tiende a su destrucción.

Cultivar otras narrativas sobre la humanidad en Sarajevo

Hay otra historia sobre Sarajevo mucho menos conocida, que puede suponer un contrapunto a la noticia que abre este texto, y que recojo en mi libro Huertopías. Al poco tiempo de acabar la guerra, en el centro de la ciudad, rodeado de ruinas y edificios semidestruidos, se plantó el primer huerto comunitario para la paz y la reconciliación. Una iniciativa solidaria impulsada por una organización pacifista.

La ubicación escogida convertía en campo de cultivo unos terrenos que literalmente habían sido campo de batalla. Una amplia zona verde cargada de simbolismo, pues separaba dos barrios y durante un tiempo delimitó la línea del frente. Allí se construyeron varias decenas de parcelas de 50 metros cuadrados que eran adjudicadas por sorteo, con una participación multiétnica que respetaba la misma cuota de diversidad que había en la zona antes de la guerra. Así que personas de origen bosnio, serbio y croata podían estar compartiendo las lindes de sus parcelas. Al principio la situación era tensa y no todo el mundo estaba contento con el modelo impuesto, pero los huertos ofrecían un acceso privilegiado a alimentos en una situación de fuerte precariedad y escasez, por lo que la gente decidía sumarse al proyecto. Muchas de estas personas eran refugiadas que acababan de retornar tras haberse marchado del país por la guerra y se encontraban muy necesitadas.

El huerto comunitario no se presentaba como una iniciativa orientada a la reconciliación, pero todas las personas que conformaban esta comunidad hortelana habían vivido la guerra. Además de una zona de cultivo compartían enormes traumas, dolores o pérdidas de familiares y amistades. Al habilitar un espacio donde la gente podía colaborar en una actividad concreta en un ambiente relajado y sentirse segura para hablar, las relaciones fueron brotando de forma natural. Las reuniones formales del proyecto, a las que debían acudir, se ceñían a cuestiones logísticas, agronómicas o formativas. Sin embargo, a un ritmo lento y sin forzar las cosas, fueron aumentando las interacciones.

La identidad jardinera u hortelana, más mundana y apegada al suelo, terminó por tener más importancia que ser bosnio, serbio o croata. Y desde ahí se estableció un nuevo vínculo y una posibilidad de reconciliación que no pasaba por renunciar a rasgos de la biografía propia, sino por añadir elementos nuevos que facilitasen humanizar al otro y desde ahí establecer un diálogo. Los promotores del proyecto destacan la historia de dos hortelanos que habían combatido en bandos enfrentados y que terminaron por trasladar su disputa al ajedrez, a través del cual fueron consolidando una robusta amistad.   

Por otra parte, la iniciativa incorporaba una dimensión terapéutica, pues quienes se implicaron terminaron viviendo profundas transformaciones en sus actitudes vitales. La autopercepción evolucionó de víctimas desvalidas que demandaban ayuda a la de personas que se sentían útiles para sus familias y comunidades. La comunidad hortelana fue ganando autonomía personal y colectiva. Hacían algo de lo que se sentían orgullosos y les gustaba compartir el espacio con sus amistades y familias, lo que desembocó en la construcción de un parque infantil en los bordes del propio espacio. Con el paso de los años la dimensión terapéutica se amplió para trabajar con personas con necesidades especiales (estrés postraumático, trastornos mentales, diversidad funcional…), algo especialmente relevante cuando estas cuestiones se encontraban relegadas al ámbito privado y doméstico.

Los “safaris humanos” eran agregaciones de individuos, cuya camaradería se reducía a organizarse para matar juntos, sembrar terror y aumentar el odio. Lo que nos enseñan los huertos de Sarajevo es que se pueden cultivar comunidades capaces de restaurar la confianza entre quienes estaban enfrentados, sembrar vida y recoger las semillas de la reconciliación. La paz es frágil y exige un cuidado constante, como un jardín. 

Un viejo proverbio árabe afirma que no vemos las cosas como son, sino como somos. Así que tenemos una parte de responsabilidad en cómo miramos al mundo y a las personas con quienes lo compartimos. Luchemos para que la exposición al mal no nos convierta en malvados y comprometámonos con volver virales historias que transmitan esperanza. No escasean, nos rodean como los infrasonidos, aunque pasen desapercibidas si no les prestamos atención. Hablemos sobre aquello que merezca la alegría y no la pena.

julio 11, 2026

CTXT. El 29% de los jóvenes han sufrido violencia sexual en su infancia o adolescencia

 ctxt 16/10/2025

Las mujeres se ven más afectadas y sus agresores son las parejas (32,3%), desconocidos (25,6%), amistades (21%), compañeros de clase (18,2%) o el padre (15,7%)

La silueta de una chica a contraluz. / Sofia Lasheva (Unsplash)



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El Ministerio de Juventud e Infancia ha publicado recientemente el estudio Prevalencia de la violencia contra la infancia y la adolescencia, realizado por la consultora Sigma Dos. En él se recogen el testimonio de más de 9.000 personas de entre 18 y 30 años de toda España. Un informe que no realizaba ningún organismo de la administración central desde 1994 y que muestra una realidad 0difícil de asumir.

Entre los tipos de violencia que analiza el estudio, la violencia sexual es una de las más preocupantes. El 28,9 % de los y las jóvenes entrevistadas fueron víctimas de violencia sexual, un 3,4 % lo fueron de forma continuada y una de cada diez (10,8 %) siguen sufriéndola en la edad adulta. Las mujeres son las que más padecen esta violencia, el 33,6 % en el caso de ellas y 24,4 % de ellos. Los principales agresores suelen ser las parejas (32,3 %), adultos desconocidos (25,6%), amistades (21 %), compañeros de clase o actividades (18,2 %) o el padre (15,7 %).

En el caso de la violencia física, un 40,5 % de los jóvenes la sufrieron durante su infancia o adolescencia. Al contrario que con la violencia sexual, y a pesar de que las tasas son muy elevadas en ambos casos, los jóvenes (46 %) sufren más agresiones físicas que ellas (34,8 %). Padres (38,8 %) y madres (37,6 %) se sitúan como los principales responsables, seguidos por los compañeros de clase o actividades (35,9 %), amistades (19,4 %), hermanos (15,7 %) y pareja (13,9 %).

El informe, además, incluye otros tipos de violencia como la psicológica o emocional. Un tipo de violencia que casi la mitad de los encuestados (48,1 %) afirman haber sufrido.  Al igual que con la violencia física, la mayoría de los agresores fueron sus propios progenitores (en el 60,4 % la madre y en el 56 % el padre), seguidos por de los compañeros y compañeras de clase (47,2%) y las amistades (44,7%).

Otro fenómeno que preocupa al Ministerio de Juventud e Infancia, y que no había sido tenido en consideración antes, es la violencia digital, que afecta al 24,9 % de los jóvenes. En la mayoría de los casos, esta tiene lugar durante la adolescencia (23,1 %). El informe advierte que se trata de un problema en auge, y señala que las parejas (27,9 %), adultos desconocidos (26,3 %), menores de edad desconocidos (23,9 %) y compañeros de clase (21,3 %) se reparten la autoría de las agresiones.

A pesar de que es un problema generalizado, hay que destacar que las niñas y mujeres adolescentes, personas del colectivo LGTBIQ, migrantes, personas con niveles de estudios inferiores a los universitarios o aquellas con algún grado de discapacidad son las que más la sufren.

El Ministerio ha anunciado una futura reforma de la ley orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia y otra nueva ley para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales. Entre los cambios destaca la reforma del artículo sobre el derecho de audiencia del menor, que hoy solo se activa automáticamente a partir de los 12 años, y se propone que los menores puedan estar acompañados por una persona de confianza durante su declaración y elegir el sexo de quien les entreviste, con especial atención a los casos de violencia sexual o maltrato. Además, en el ámbito judicial las entrevistas deberán realizarse únicamente en presencia de profesionales y con mayores garantías legales.

julio 10, 2026

¿Qué recorrido tiene la resolución a favor del aborto aprobada por el Parlamento Europeo?

 Gerard Fageda   Bruselas-

La votación es simbólica y ahora es el turno de la Comisión Europea de presentar una propuesta legislativa, aunque no tiene la obligación de seguir el espíritu de la iniciativa. 

Una manifestación proaborto en la Plaza de la Sorbona de París, Francia.REUTERS

Diario Público

En el Parlamento Europeo más derechizado de la historia se ha aprobado por una amplia mayoría una resolución a favor del derecho al aborto: 358 votos a favor, 202 en contra y 79 abstenciones. Unas cifras que sorprenden, sobre todo teniendo en cuenta que la derecha y la extrema derecha ya suman más de la  mitad de la representación del hemiciclo. Por este motivo, ha sido clave que el Partido Popular Europeo (PPE) haya dado libertad de voto a sus
 eurodiputados, una parte importante de los cuales se ha decantado a favor. No ha sucedido lo mismo en las filas de los populares españoles: solo cuatro
 mujeres se han abstenido, mientras que el resto han votado en contra.

“Es una votación histórica, por primera vez en la Unión Europea hay un documento que reconoce el derecho al aborto”, asegura la eurodiputada del BNG, Ana Miranda, en declaraciones a Público. Ahora bien, más allá del gran simbolismo político, la aprobación de esta resolución es totalmente simbólica y no vinculante.

Es decir, la Comisión Europea no tiene la obligación de recoger el guante y presentar una propuesta legislativa en la línea de lo que pide la iniciativa aprobada en el Parlamento, que sugiere, entre otras cosas, la creación de un fondo comunitario para permitir que las mujeres que quieran abortar en su país y no puedan, lo hagan en otro Estado miembro de forma segura. Según la misma iniciativa, hay "más de 20 millones de mujeres" de la UE que hoy en día se ven obligadas a ir a otro país comunitario para poder abortar.

En este sentido, Miranda se muestra “optimista” y cree que la Comisión Europea como mínimo tomará nota de una iniciativa ciudadana de un calado como este. Bruselas tiene hasta marzo para tomar una decisión, pero la eurodiputada del BNG destaca que la Comisión ya ha mostrado buena predisposición en el Parlamento Europeo este martes.

julio 09, 2026

Lo público, ni negocio ni negociable, de Marisa Maliaño

 Marisa Maliaño 7/04/2026

Las pasarelas de Santander, una de la cuales se derrumbó causando seis muertes, no están ahí por casualidad ni responden a una demanda vecinal. Forman parte de un proyecto mayor: un campo de golf con sus correspondientes urbanizaciones

La pasarela de la playa de El Bocal, en una imagen tomada antes de su derrumbe el pasado mes de marzo. / M. M. 



Nace Fundación Contexto y Acción, una entidad sin ánimo de lucro y con un fin social: defender los DDHH y fortalecer la democracia a través de la información veraz. Necesitamos tu ayuda, puedes donar aquí y desgravar un 80% en tu próxima declaración del IRPF.

En Santander, en 2014, se inició una obra para, decían, mejorar el trazado de la senda milenaria que la recorre. Nunca había habido ningún accidente en ella. El vecindario de la zona avisó y denunció que la obra realizada era un peligro por ubicarse sobre rocas que son rompeolas. El 3 de marzo del 2026 una de esas pasarelas cedió y cinco muchachas y un muchacho perecieron bajo la rompiente. Otra quedó malherida. Tenían entre 19 y 22 años. No fue casual. 

Hay políticas en demasiadas administraciones públicas con un talento difícil de igualar: convertir lo evidente en discutible y lo denunciado en invisible. Se supone que están para proteger, para gestionar con criterio y para escuchar al vecindario. Pero en la práctica han perfeccionado otro modelo, mucho más ágil: no hacer nada… hasta que ya no hay nada que hacer. 

El drama de El Bocal encaja con precisión quirúrgica en ese patrón. No es solo un hecho trágico, porque aquí no falló la información. El vecindario avisó. Insistió. Señaló el peligro de unas pasarelas que, lejos de garantizar seguridad, parecían diseñadas para ponerla a prueba. Quienes transitan a diario por ese espacio conocían los riesgos, los denunciaron. No fue un arrebato puntual ni una exageración colectiva: fue conocimiento directo, cotidiano, de quien pisa el terreno. Pero, claro, eso no tiene peso en los despachos políticos con una inercia que, en demasiadas ocasiones, solo reacciona cuando ya es tarde.

Y así funciona ese sistema casposo y muy vintage: mientras no pase nada, todo está bien. Cuando pasa, se habla de accidente. De fatalidad. De circunstancias imprevistas. Una cadena de palabras cuidadosamente elegidas para evitar la más incómoda de todas: responsabilidad. No fue mala suerte, sino desinterés. Lo sucedido obedece a una forma de gestionar basada en ignorar todo, hasta que todo explota.

El accidente de El Bocal no ha tenido nada de imprevisible. Era, en todo caso, una cita aplazada. Una consecuencia tan anunciada como terrible, de ignorar advertencias reiteradas. Pero reconocerlo sí que es, al parecer, verdaderamente peligroso para algunos que se dicen gestores públicos.

Las pasarelas no están ahí por casualidad ni responden a una demanda vecinal. Forman parte de un proyecto mayor: un campo de golf con sus correspondientes urbanizaciones. Sí, un campo de golf. Porque, evidentemente, pocas cosas hay más urgentes para el interés general que transformar los terrenos y las casas del vecindario en instalaciones de ese tipo. 

El proceso es casi admirable en su lógica interna. Primero, se impulsa un proyecto sin contar con quienes son propietarios o afectados. Después, se ejecutan obras que generan problemas evidentes. Más tarde, se ignoran sistemáticamente las advertencias. Y, finalmente, cuando sucede lo inevitable, se activa el protocolo de evasión: nadie sabía, nadie podía preverlo, nadie es responsable.

Y aquí es donde el lenguaje también hace su magia. A lo que el vecindario llama expolio, ellos lo presentan como desarrollo. A lo que los locales consideran una imposición, los otros lo elevan a proyecto estratégico. Y entre tanto eufemismo, se gestiona el relato. Todo encaja. Lo único que queda claro es quién decide y quién paga las consecuencias. 

Esta es una forma de “gestionar” en la que lo público deja de ser un espacio de respeto para convertirse en una maquinaria de impunidad donde los mismos siguen haciendo y funcionando igual. 

Al vecindario se le reserva el papel de siempre: molestar lo justo, advertir sin ser escuchado y, llegado el caso, soportar las consecuencias. Una participación ciudadana impecable e innovadora, si el objetivo claro, es que no cambie absolutamente nada. 

Quizá lo más honesto sería dejar de fingir. Admitir que, en demasiadas ocasiones, hay políticos que no están para proteger al vecindario, sino para gestionar su paciencia. Que la escucha activa consiste para ellos en archivar quejas. Y que la prevención de riesgos empieza, curiosamente, después de que estos se materialicen.

Lo de El Bocal no es una excepción. Es un síntoma. Es un espejo. Y el reflejo no admite demasiadas interpretaciones: cuando lo público se utiliza para imponer, ignorar y eludir responsabilidades, deja de ser una herramienta de servicio para convertirse en un ejercicio de impunidad bastante bien organizado y ya no hablamos de un accidente, sino de un modelo donde el expolio se disfraza de desarrollo y la negligencia se maquilla de gestión.

Eso sí, siempre les quedará el recurso de repetir que todo se hace por el bien común. Visto lo visto, convendría empezar a preguntarnos de qué “común” estamos hablando exactamente. 

Con ese modelo, seis vidas ya no están, seis ausencias irreparables que no caben en ningún informe ni en ninguna rueda de prensa. Frente a ellas no valen excusas, ni tecnicismos, ni silencios. Solo queda la memoria, la dignidad y una exigencia clara: que ese modelo de gestión se arranque con las pasarelas de El Bocal y que gestionar lo público no vuelva va a ser jamás ni negocio, ni negociable. 

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Marisa Maliaño Toca es médica y activista de Ecologistas en Acción Cantabria, en el grupo de ecofeminismo. Divulga ciencia para afrontar el patriarcado “naturalmente”.