julio 25, 2026

Javier, el maestro de primaria que descubrió 200 especies sin salir de su pueblo

 Sara Acosta   15 de septiembre de 2025

El desierto de Los Monegros es un ecosistema único en Europa, pero a finales de los años 80 se consideraba un secarral inmundo; un lugar estropeado para el que la única solución posible era regarlo hasta sacar algo digno.

–Dicen los ecologistas que en las saladas (refiriéndose a las de Monegros) hay vida.

–Y fauna, dicen que también hay fauna (risas).

Cuando el maestro de primaria Javier Blasco escuchó esta conversación entre dos técnicos de la Diputación General de Aragón en una mesa redonda sobre regadíos, aún no les podía rebatir que se equivocaban. Nadie se había tomado la molestia de estudiar aquel entorno, que simplemente se consideraba degradado por la desaparición del bosque. En ese instante, el profesor se propuso demostrar el valor de las estepas de la Depresión del Ebro con la titánica labor de inventariarlas desde cero. El resultado de un trabajo que le llevó 12 años completar, a la vez que enseñaba, fue una aportación de más de 200 especies nuevas de flora y fauna. “Nadie se imaginaba las maravillas que había allí, todo un patrimonio, especies desconocidas para la ciencia que estaban ahí metidas”, relata hoy. Es más, el hallazgo de decenas de especies nuevas que no aparecen en entornos próximos, y cuyos parientes más cercanos se encuentren en Asia occidental, indica que ambas regiones compartieron fauna y flora. Esto es algo que no se sabía.

Javier Blasco Zumeta, hoy jubilado, ha sido siempre un maestro de escuela, la mayor parte del tiempo en su pequeño pueblo de Pina de Ebro. En este lugar de apenas 2.500 habitantes del que nunca ha salido, le han cabido varias vidas, todas ellas relacionadas con el conocimiento y la protección de la biodiversidad: activista, entomólogo, ornitólogo, naturalista, conferenciante, asesor. Su libro publicado en 2024 ¿Quién quiere ir a la selva? (Tundra ediciones), algo así como sus memorias, es un no parar. Hoy no le da ninguna importancia a la multitud de reconocimientos y premios que ha recibido por su labor –“vanidad de vanidades”, los llama–, pero su aportación es enorme para la protección de un patrimonio natural que no solo no era reconocido, sino que se despreciaba. “Que me gustan los bichos es desde siempre, no tiene explicación, pero no tenía modo de plasmar esta emoción interior porque no disponía de conocimientos”.

Como naturalista autodidacta que ha sido –“yo he aprendido con los libros” –, se preocupó enseguida de preguntar a los especialistas. Para su famoso inventario de invertebrados de Los Monegros no dudó en ponerse en contacto con expertos de todo el mundo. “Yo les escribía diciendo que había cogido animales y que si me los podían estudiar; metía los insectos en cajitas y se los mandaba a Hawai, a Japón, Estados Unidos, por toda Europa, en España. Me gasté un pastizal, desde luego. Jamás me han pagado por esto”.

Metía los insectos en cajitas y se los mandaba a Hawai, a Japón, Estados Unidos... Me gasté un pastizal, desde luego. Nadie me pagó por esto

Zumeta era cazador, “como todos los niños rurales de aquella época”, cuenta. “El paso a la pubertad era comprar una escopeta de perdigones, ahora es tener un móvil”. Con 14 años y el anhelo de crear un zoo no dudó en escribir a Félix Rodríguez de la Fuente a Televisión Española. En la carta le pedía que le enseñara taxidermia. El naturalista y divulgador le contestó, y en el sobre metió los papeles para hacerse socio de la Asociación para Defensa de la Naturaleza (ADENA), con el mensaje: “Hazte amigo de los animales vivos y no muertos”.

La primera vez que vio a alguien relacionarse con un ave sin matarla era porque llevaba unos prismáticos. Cuando se dio cuenta de que aquel invento le permitía identificar lo que estaba viendo sin hacerle daño, cuando empezó a conocer sus nombres, dejó de matar. Después, su empeño por proteger la vida silvestre le ha dado muchas alegrías, pero también muchos disgustos. Uno de los más sonados fue el auge y caída de la posibilidad de que Los Monegros se convirtiera en parque nacional, la mayor figura de protección ambiental.

La propuesta llegó a las Cortes de Aragón en 1992, pero quedó en nada por la abstención del diputado tránsfuga del PP Emilio Gomáriz García. El profesor Zumeta, que para entonces ya era una persona con peso por sus descubrimientos, movilizó a todos los científicos del país y de fuera con los que había trabajado tanto durante años, pero sirvió de poco. Aunque a él le consta que, al presentarse un tiempo después al Premio Medio Ambiente de Aragón, el consejero de Agricultura desechó su candidatura sin más, con un simple: “Este le ha hecho perder muchos millones a Aragón”.

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Cuenta divertido que algunas de las especies descubiertas por él llevan su nombre, otorgado por los autores de las descripciones: javierizumetaeblascozumetaiblascoi. Aunque reconoce que algo ha cambiado en la percepción que las personas tienen de la naturaleza –“en mi época no interesaba nada la biodiversidad”–, nota que en general la gente tampoco se preocupa mucho. “Yo creo que no mueve voluntades”, resume. La suya, sí.

Todavía hoy, con problemas de salud que le impiden salir al campo, acude una vez a la semana al colegio donde fue profesor para continuar un proyecto sobre medio ambiente que él lanzó hace años. En junio ha presentado en el Ayuntamiento de Pina de Ebro un libro sobre la historia de su pueblo, y tiene previsto completar la trilogía con una última entrega sobre arte “si la salud me deja”. Mientras, sigue aportando información a un archivo descomunal en Internet donde está repertoriado todo lo que él ha ido descubriendo. En nuestra charla, la palabra que sale una y otra vez es aprender. Y con ella se acaba: “Yo estoy bien si aprendo”, cierra el maestro.

julio 24, 2026

El incendio de Almería cuestiona décadas de expansión residencial en suelo rústico, de Aurora Báez Boza

 Aurora Báez Boza   14 jul 2026 

La falta de operativos completos, el cambio climático, el déficit de prevención forestal y la existencia de viviendas en suelo rústico explica las dramáticas consecuencias del incendio en los Gallardos.

Las llamas durante en incendio en Los Gallardos (Almería) Francis González

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El incendio más mortífero de la historia de Andalucía en Los Gallardos (Almería) sigue impactando  días después de su inicio el pasado jueves 9 de julio. El fuego han provocado cifras alarmantes: 13 personas fallecidas, 23 personas desaparecidas, 7.000 hectáreas calcinadas (lo que supone una superficie de dos veces el casco urbano de Almería capital) y más de 1.300 personas desalojadas de sus localidades. Los Gallardos se encuentra en el listado oficial de municipios catalogados como zona de peligro de incendios forestales, según el Plan Infoca de la Junta. En el momento del incendio, como denuncian desde Ecologistas en Acción, no se encontraba actualizado.

Jorge, bombero forestal especialista que estuvo trabajando en la extinción del incendio, sostiene que “la velocidad de propagación y la violencia del fuego no lo he visto en mis 20 años de trabajo”. El incendio se dio con unas condiciones concretas que han dificultado el trabajo: “El cambio de las condiciones climáticas, la segunda ola de calor, vientos de 50 kilómetros por hora, grandes pendientes; en muchas ocasiones los medios estuvimos muy fuera de juego”.

“Se nota la tardanza de completar los operativos; en 2004, el día 1 de junio ya estaba todo completo; ahora no está al 100% hasta mediados de julio como ha sido el caso”, explica Jorge, bombero de forestal que trabajó en el incendio

Como llevan años denunciando los trabajadores del Infoca, las condiciones en las que trabajan han sufrido un detrimento en una época en la que “cada vez los incendios van a dejar de ser estacionales y van a modificar su comportamiento”. El trabajador señala que “se nota la tardanza de completar los operativos completos” de modo que “si en 2004, el día 1 de junio ya estaba todo completo; ahora no está al 100% hasta mediados de julio”. La falta de efectivos es una de las problemáticas que influye en la extensión de los incendios, pero también otras cuestiones como la orografía y el uso del territorio.

Urbanismo irregular

En los años sesenta se produjeron dos hechos paralelos: el primero, el abandono del campo de gran parte de la población del Estado español; en el caso de Almería, una de las consecuencias fue el abandono de miles de cortijos en las zonas interiores de la provincia. A su vez, se daba otro fenómeno en el territorio: la llegada del turismo y su impulso como sector económico.

En Los Gallardos, un 38% de la población habita en viviendas irregulares, como residencia vacacional o segunda casa, en terrenos no urbanizables

El desarrollo del turismo llevó a que desde finales de los 90 muchas familias adquirieran viviendas rurales cercanas a la playa, y para ello se produjo compraventa de cortijos en medio del interior de la provincia para reconvertirlos en casas. Los Gallardos, así como todo el Levante almeriense, es un ejemplo paradigmático de esta cuestión; según un informe elaborado por la Diputación de Almería en 2024, un 38% de la localidad vive en espacios diseminados, es decir, en espacios rurales con menos de 10 edificaciones.

Una cuestión clave para comprender la magnitud de fallecimientos que se ha producido en este incendio. “La reordenación del territorio ha sido clave; hay urbanizaciones donde no debería haberlas, en montes abandonados”, sostiene Jorge. El bombero insiste en esto: “El problema es que vienen turistas y guiris y compran un cortijo hundido y lo levantan y no se hace la autoprotección que requiere; la gente está aislada y, claro, no sabe qué hacer cuando hay un incendio”. 

“Se ha permitido algo que no figura en el reglamento de urbanismo; se miró a otro lado porque son personas con poder adquisitivo que viven al margen del pueblo y eso interesaba”, expone Lola Yllescas desde Ecologistas en Acción

Estos núcleos de población diseminada están obligados por el Decreto 247/2001 a tener un Plan de Autoprotección frente a los incendios forestales (PAIF), un hecho que no se cumplía en el territorio. “Se ha permitido algo que no figura en el reglamento de urbanismo de Andalucía, que no llega a ser una urbanización y que no está permitido; se miró a otro lado porque son personas con poder adquisitivo que viven al margen del pueblo y eso interesaba”, expone Lola Yllescas desde Ecologistas en Acción. Un hecho que dificultó, que complicó que muchos habitantes fueran avisados de los incendios, así como la búsqueda de las personas desaparecidas: al estar dispersas estas personas, es muy difícil saber quién falta.

Desde Ecologistas denuncian que este urbanismo irregular es parte del problema del que tienen responsabilidad las instituciones: “La proliferación de viviendas en el campo como segunda residencia de ciudadanos del centro y norte de Europa fue amparada por los ayuntamientos y por la Junta de Andalucía, que llegó a aprobar varios decretos y promover la modificación de leyes para impedir la demolición y blindar miles de viviendas en suelo no urbanizable”.

Una práctica presente no solo en el levante almeriense, sino en otros puntos de Andalucía. La Axarquía en Málaga es uno de los territorios donde más espacios urbanísticos diseminados rurales se encuentran. La Sociedad Española de Geomorfología apuntaba en 2016 que al menos hay 12.000 viviendas de ese tipo repartidas en esta zona. En Almería, además de en el levante almeriense, donde ha ocurrido el trágico incendio, hay al menos 11.800 viviendas en terreno no urbanizable en el Valle del Almanzora. Unas viviendas que en 2011 el Gobierno de Mariano Rajoy regularizó. En la Costa Tropical Granadina y en la zona de la Janda de Cádiz, en torno a poblaciones tan turísticas como Barbate o Vejer de la Frontera, también existen estos espacios de segundas residencias diseminadas por el territorio, aunque no haya una cifra concreta registrada.

Legislación permisiva

Durante el boom urbanístico y la construcción desaforada, miles de cortijos y edificios agrícolas en Andalucía se vendieron para convertirse en viviendas. A pesar de que la LOUA prohibía la construcción de este tipo de viviendas, fueron aprobadas por licencias municipales irregulares o sin licencia, llevando a muchos de los propietarios a juicios y al derribo de sus casas, como el caso de la familia Prior en Vera, que provocó la movilización de cientos de propietarios de este tipo de vivienda, la mayor parte ingleses, para que se regularizasen sus segundas viviendas.

A través del Decreto 2/2012 se incorporó en el artículo 3 la nomenclatura de hábitat rural diseminado y se introdujo la figura Asimilado a Fuera de Ordenación, que impedía la demolición de una vivienda a pesar de ser ilegal por la prescripción de la infracción. A través de este decreto, se reconoció la existencia en la normativa de estas viviendas, aunque se sigue sin permitir la construcción en el suelo rústico.

Con la Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (Lista) aprobada en 2021 por la Junta de Andalucía de Moreno Bonilla, se empieza a recoger una mayor flexibilización de este tipo de construcciones. El artículo 22 recoge que “en los términos que se establezcan reglamentariamente podrán autorizarse viviendas unifamiliares aisladas”. Además, el artículo 23, dedicado específicamente al hábitat rural diseminado, expone que reglamentariamente se establecerán determinaciones para la ordenación de estos ámbitos y las condiciones de implantación de nuevas edificaciones“.

Aunque la normativa recoge que estas viviendas tienen que seguir vinculadas a la actividad agrícola, Yyesca considera que esto puede ser muy flexible: hay trucos, puedes decir que tienes un huerto, pero lo primordial es que es tu vivienda. El pacto de PP y Vox para los próximos cuatro años en Andalucía recoge, además de una postura “contra el fanatismo climático”, una serie de medidas para desregular trámites administrativos como la edificación.

Un cambio de paradigma

El Levante almeriense, donde se encuentra Los Gallardos y su población diseminada, está rodeado por un monte. Como expone Jorge, “un monte abandonado, que durante años ha sido domesticado y ahora no tiene la vida que tenía hace años, por lo que aumenta más el descuido”, una falta de cuidado que es esencial para entender cómo actúan los incendios forestales. 

“La tragedia de Almería es una prueba de los graves riesgos asociados al estado de abandono de nuestros montes”, exponen desde la Asociación Forestal Andaluza (AFA).

“La tragedia de Almería es una prueba de los graves riesgos asociados al estado de abandono de nuestros montes”, exponen desde la Asociación Forestal Andaluza (AFA).  Desde la organización insisten en la necesidad de que se implementen los recursos dedicados a la prevención: “La ausencia de gestión está en la raíz del problema de los incendios”. La situación actual de grave abandono que sufren nuestros montes nos aboca a veranos durísimos, en los que se pone en riesgo no solo nuestro patrimonio natural, sino también el bienestar y la seguridad de los habitantes de Andalucía”.

La organización denuncia que la inversión forestal ha alcanzado un mínimo histórico en 2025, donde apenas se dedicó un 0,3% de su presupuesto, apenas un 30% de lo que establece el Plan Forestal Andaluz.

Las organizaciones piden un cambio de foco para poder evitar las oleadas de incendios que atraviesa el territorio. Moreno Bonilla expuso el pasado lunes desde el terreno calcinado que “será un verano duro y que habrá más incendios”; la ecologista Lola Yllescas le responde: “Nos va a pasar de todo mientras haya un gobierno que niegue el cambio climático”.