junio 13, 2026

Galicia. El “matorral” calcinado que Alfonso Rueda desprecia: hábitats protegidos, hogar de especies amenazadas y sumidero de carbono

 Beatriz Muñoz   Santiago de Compostela — 5 de septiembre de 2025 

El balance, aún provisional, de la superficie que ardió en los gigantescos incendios de agosto en Galicia deja sobre la mesa 
un máximo histórico. El cálculo que hace la Xunta es que han quedado arrasadas unas 96.500 hectáreas, la mayor cifra del
siglo. El Gobierno gallego ha hecho un primer análisis sobre el tipo de terrenos calcinados y el presidente autonómico, Alfonso
Rueda, lo está usando para intentar minimizar el impacto catastrófico del fuego: “Algo más del 60% de lo que ardió eran
 matorrales, monte bajo, no cultivado, y también había una parte importante, que vemos cuando circulamos desde las carreteras,
de piedras, que también computan en la superficie. Por lo tanto, hay que poner las cosas en su exacto lugar”.

“El valor ambiental de muchos de los matorrales quemados es infinitamente mayor que el de todos los eucaliptales de Galicia juntos”, replica Serafín González, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural (SGNH), que subraya que el monte bajo es “imprescindible” para especies amenazadas o para proteger el suelo de la erosión. Otro biólogo, Xabier Vázquez Pumariño, recalca que era precisamente ese matorral lo que hacía que hubiese una figura de protección sobre buena parte de los espacios que han ardido. Son lugares “valiosísimos”, con un papel fundamental para flora y fauna, dice.

La normativa europea incluye entre los hábitats de interés comunitario matorrales secos y húmedos, prados y turberas que se pueden encontrar en zonas afectadas por el fuego el pasado mes de agosto. Su valor procede de las propias especies vegetales, pero también de la fauna que vive, cría o busca alimento en ese monte bajo. Los expertos coinciden en citar una especie: la gatafornela -el aguilucho pálido-, que cría en zonas de matorral y que está muy amenazada en Galicia y en una situación grave en Europa. Pero la lista no se agota con esta rapaz e incluye también a la tartaraña cincenta -el aguilucho cenizo-, las pocas parejas de águila real que hay en Galicia, perdices, liebres o víboras. También son ricos en insectos porque son plantas con muchas flores y esos insectos sustentan a otros animales.

Los dos expertos consideran que no debe perpetuarse una idea muy extendida: que si lo que arde no son árboles, sino matojos, no importa porque eso es “maleza, suciedad, combustible que hay que eliminar”. Esa visión negativa del matorral “está muy equivocada”, insiste González.

En el primer cálculo por tipo de terreno que ha hecho la Xunta tras los incendios -publicado en el diario La Voz de Galicia- la distinción se hace en función de la vegetación presente. Según la Axencia Galega da Industria Forestal (un ente que depende de la Consellería de Economía), el 35% era matorral y el 28% “terreno desnudo”, que es a lo que se refiere Rueda cuando habla de que han ardido piedras. Hay un 8% de cultivos y pastos y un 11% que suman las áreas que ya habían ardido en los grandes fuegos de 2022, aquellas en las que hubo talas o las que son espacios urbanizados o con infraestructuras y explotaciones como canteras. En cuanto a las áreas arboladas, el Gobierno gallego distingue las de coníferas (el 13%), las de frondosas (el 5%) y las de eucalipto (el 0,2%). Este último dato, el de los eucaliptos, ha sido repetido por el presidente gallego en los últimos días, a pesar de que la especie no conforma un paisaje habitual en la provincia en la que se han concentrado los incendios, la de Ourense.

Rueda defendió el pasado lunes que “igual que está el debate de cuánto ardió, es bueno saber qué ardió”. La única clasificación hecha por la Xunta es la ya citada, que no incluye ninguna evaluación del valor ambiental de los espacios calcinados. Han ardido zonas de parques naturales -y el Gobierno gallego lo ocultó-, áreas incluidas en la escasa Red Natura de Galicia -y la Xunta tardó días en admitirlo en algún caso- y reservas de la biosfera. En las zonas arrasadas en agosto, como el Macizo Central ourensano o el entorno de Pena Trevinca, hay especies arbóreas autóctonas, pero también matorral. En cualquier caso, no hay una estimación del Gobierno gallego de cuántas de las hectáreas calcinadas tenían algún tipo de protección.

Bosques o plantaciones de árboles

Serafín González aclara que conviene distinguir bosques autóctonos de plantaciones productivas de árboles. Terrenos de ambos tipos quedaron calcinados en agosto. En la provincia de Ourense ardió mucha superficie de plantaciones de pinos, una especie que está identificada como un problema en el plan rector del único parque natural que es propiedad totalmente de la Xunta, el de O Invernadeiro, afectado en los incendios de 2022 y también el pasado agosto. En ninguna de las dos ocasiones el Gobierno gallego aclaró cuánta superficie protegida se vio afectada.

El fuego entró también en áreas con especies autóctonas como rebolos -rebollos, Quercus pyrenaica-, abedules, acebos o serbales. También amenazó el teixadal -bosque de tejos- de Casaio, en el área de Pena Trevinca. Aunque el dispositivo profesional y los voluntarios lograron que no ardiese, hay daños. González indica que el bosque se estaba extendiendo y que en este y en otros espacios de árboles autóctonos se han visto afectadas las franjas periféricas.

Más allá de los árboles, tanto González como Pumariño enfatizan la relevancia de los matorrales. Este último recuerda que acumulan mucha flora, adaptada a ambientes duros y muy resiliente. Esto quiere decir que va a volver a aparecer bastante rápido en los terrenos quemados. Además de la importancia para aves amenazadas, mamíferos o reptiles, el biólogo apunta también a las abejas. Y esto tiene incluso un valor económico, dado que la miel de las flores de varias especies de arbustos es muy valorada.

Pumariño agrega que los matorrales también funcionan como sumideros de carbono y que, si se deja que continúe la sucesión vegetal y no se degradan con fuegos o haciendo cultivos, son “prebosques”. “Estamos perdiendo la oportunidad de tener bosques en el futuro”, lamenta y señala que eso hace perder resiliencia al territorio. Apunta otro efecto de los fuegos, que es que provocan que se pierda capa fértil y hay riesgo de que llegue un momento en el que el suelo “no dé para más”. Ocurre en zonas que han ardido de forma recurrente, en las que ya no se recupera la vegetación original.

El experto explica que también las piedras tienen relevancia: “En las afloraciones de rocas, que son un hábitat muy escaso en Galicia, viven muchas especies. No solo plantas, sino líquenes o algunos de los reptiles y rapaces más amenazados de Galicia”.

junio 12, 2026

La Fundación Contexto y Acción se une a la iniciativa Rumbo a Cuba

 Acción Contra el Odio 


La Fundación Contexto y Acción se une al proyecto Rumbo a Cuba, una iniciativa contra el inhumano bloqueo que está poniendo en riesgo la vida de miles de cubanos y cubanas que dependen en su día a día de los recursos energéticos de los que se les está privando para sobrevivir.

Esta acción se pone en marcha con un objetivo concreto: trasladar paneles solares al Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez de La Habana para que su Unidad de Cuidados no dependa de una red eléctrica que cada día presenta un mayor riesgo de sufrir fallos con gravísimas consecuencias para niños y niñas hospitalizados en cuidados intensivos.

Para ello, se contará con la ayuda del barco de la ONG Open Arms, Astral, el cual realizará varias escalas en distintos puertos del territorio español antes de poner rumbo a la isla. Una vez allí, se descargarán los paneles solares que urgen debido al posible colapso eléctrico total que se prevé que sufra Cuba en las próximas semanas ante el silencio y la inacción de gobiernos de todo el mundo, incluido el español.

Desde la Fundación Contexto y Acción llevamos varias semanas informando sobre el terreno y denunciando el brutal recrudecimiento de un bloqueo económico, comercial y financiero de EE.UU. contra Cuba activo desde hace más de seis décadas. Un bloqueo diseñado expresamente para hacer sufrir a la población más vulnerable a través de un castigo colectivo ilegal e incompatible con los derechos humanos.

Por eso, apoyamos la iniciativa de Rumbo a Cuba junto a Open Arms y exigimos al Gobierno español, que hasta ahora guarda silencio, que se posicione y tome medidas para evitar esta violación de los principios básicos del derecho internacional. No podemos normalizar que se utilice la privación de recursos básicos para la vida para asfixiar a la población civil con el fin de doblegar a un gobierno por motivos ideológicos.

  • " Zarpó desde el puerto de Barcelona el 10 de mayo de 2026, realizando escalas en Valencia, Málaga, Cádiz y Las Palmas de Gran Canaria antes de cruzar el Atlántico rumbo a Cuba.

Puedes seguir el estado de la navegación y las actividades de la ONG directamente en el sitio oficial de Open Arms o consultar los comunicados de organizaciones aliadas como Ecologistas en Acción."


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junio 11, 2026

Álvaro. Sierra de Guara. Barrancos, Ferratas y Alquézar, 16 y 17/5/2026



1.- Bajando. Barranco seco. O no.


2.- Los participantes.

3.- El fondo. El agua.

4.- Estrecho, estrecho.

Álvaro: Os mando algunas fotos del barranco de hoy 

PAQUITA: He leído sobre el barranco de Lumos. Se ve bien, estrechito.

[15:41, 16/5/2026]  ALVARO: Ya fuera del barranco. Todo bien

Blas: Ya nos ampliarás qué tal es el barranco?


[20:12, 16/5/2026]  ALVARO: Ahora estamos en Alquézar

Después del barranco hemos hecho una Ferrata


6.- La ferrata.

ALVARO: Un día muy completo

Del barranco no tengo fotos. Ha sido espectacular. Mucho más acuático pero también estrecho. Os mando las que tengo de la aproximación al barranco y de la Ferrata. Y de Alquezar.


7.- Aproximación.


8.- Andreu.


9.- Paredes de escalada. Uno en pared.


10.- Curso del río Vero.

                                       

11.- Siguen.

12.- Otra ferrata.


13.- Esta ferrata. río Vero.

                                          

14.- parque natural de la Sierra y los Cañones de Guara.

15.- Llevan uno pisándoles los talones.

Álvaro: Qué maravilla es toda la sierra de Guara y Alquezar.

                           

16.- Regreso a Alquézar.


17.- Pasadizo usual.

Paquita: Que bien empedrados los pasadizos de Alquézar    

Álvaro: Y tanto!


18.- Vista desde una de sus calles.


19.- Otro de los pasadizos.

20.- Ferrata por  Rodellar

                                  

21.- La misma.

22.- Culminado el paso.


23.- Más arriba.

[12:08, 17/5/2026] Paquita: Las últimas son de Alquézar?  

[14:43, 17/5/2026] AA ALVARO: No, de una Ferrata por Rodellar

Hoy hemos hecho una cerca de  Graus sobre el Río Ésera


24.- Foto.

25.- Río Vero.



Álvaro: Ahora estoy en Alquezar y voy a hacer las pasarelas. Se supone que es un paseo 

Más que Ferrata es una canal equipada. El trazado debía estar de antes y lo que han hecho es protegerla con cable de acero en todo su recorrido.

26.- Pasarela.


27.- Más pasarelas.

PAQUITA

junio 10, 2026

Razones para oponerse a las macroplantas de biogás y biomasa, de Antonio Turiel / Fernando Valladares / Juan Bordera

 Por Antonio Turiel / Fernando Valladares / Juan Bordera   26/11/2025

La megalomanía ibérica solo camufla la falta de escrúpulos, el asalto al dinero público y la agresión sin medida al medio ambiente y a la salud

Planta de biomasa en Puertollano inaugurada en 2020. / José Ramón Márquez, JCCM


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“Ya están aquí los del no”, dirán algunos avispados empresarios. “Pero, ¿no queríais una transición verde?”, dirán algunos audaces emprendedores. “Nunca estáis conformes con nada”, dirá algunos cargos, altos o bajos, de ciertas administraciones.

Pues no. No estamos conformes. Porque nuestro deber ciudadano no es estar conformes, es ser personas críticas con lo que se plantea, sobre todo si hablamos de grandes transformaciones de la sociedad.

Hay que hacer una transición ecológica, que comprende desde la generación de energía hasta su utilización, desde el uso de los materiales hasta el respeto a la vida –toda la vida, no solo la humana–. El cambio climático exige transformaciones urgentes, como también el resto de límites planetarios, de los cuales ya hemos sobrepasado 7 de los 9 identificados. No podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo, y tampoco de errar el tiro. 

Y por eso mismo, cuando observamos una repentina proliferación de proyectos en toda España, sobre todo de macroplantas de biogás, pero también de centrales de biomasa, es lógico plantearse: ¿por qué esto ahora? ¿y por qué a esta escala? 

Fijémonos que hay un prefijo que siempre nos tiene que hacer saltar todas las alarmas: “Macro”. Cuando las cosas se hacen a lo grande, eso quiere decir que se va invertir mucho dinero, ergo hay grandes capitales detrás. Y el gran capital solo se mueve cuando puede generar un gran beneficio. La misma dinámica de maximización del beneficio es la que lleva a lo macro, porque al concentrar se reducen los costes unitarios –o eso dicen los manuales de economía. Se maximiza el beneficio económico, sí, pero se hace al coste (ambiental y social) que sea…

La otra cosa que nos tiene que poner en guardia es la urgencia. Porque urgencia, sin duda, la hay; pero es una urgencia que percibimos y vivimos íntimamente sobre todo las personas que venimos del mundo académico y del activismo, porque cuando percibes esa urgencia no puedes menos que moverte, que actuar. Y no es la misma urgencia la que mueve al capital. Al capital no le preocupan las cuestiones morales o ambientales. Por no preocuparle, no le preocupa ni el futuro de nuestra especie. Al capital solo le interesa la ganancia. Y podría pasar, al menos desde el punto de vista teórico, que por una vez los intereses del capital y los del activismo y la academia coincidiesen. Podría pasar. Pero nunca pasa. 

Quizá porque hacer las cosas bien supone un coste económico que, como dicen los manuales de economía, lo mejor es externalizar, es decir, que lo pague el otro, o el Estado, o los demás, o todos. O nadie. Lo peor es que últimamente se utiliza la noción de “urgencia” para fustigar a los grupos ecologistas que se oponen a estos proyectos desarrollistas y macro, desarrollados por la vía rápida. ¿Qué hay más rápido que obviar la evaluación del impacto ambiental?. Se les acusa, se nos acusa, de “retardistas” o incluso de “negacionistas”. Y para añadir insulto a la afrenta, quienes nos acusan son gente a la que, en realidad, los problemas ambientales y sociales les traen sin cuidado.

Durante los últimos diez años hemos visto una expansión sin igual de los proyectos de Renovable Eléctrica Industrial (REI), caracterizada por los macroparques eólicos y fotovoltaicos, que no siempre han sido bien recibidos (y aún menos veces han sido bien implementados) en numerosos puntos de la geografía española, despertando respuestas para defender lo que empiezan a entenderse como “zonas de sacrificio”. Era la gran Transición Renovable y Ecológica, se nos decía, la Gran Descarbonización, la Electrificación de la Economía, el Gran Salto Adelante de la electrificación y la digitalización. Los fondos NextGenerationEU y los objetivos de reducción de emisiones de la Unión Europea garantizaban el apoyo institucional necesario para que estos proyectos tuvieran una rentabilidad y seguridad garantizadas. Y así, todos se lanzaron hacia el nuevo Eldorado, sin planificación, sin asegurarse de que las tecnologías palanca de la sustitución energética estuvieran allí, o tan siquiera fueran técnicamente posibles…

Han pasado diez años y ahora nos estamos lamiendo las heridas que llevaban tiempo abiertas pero que han terminado por descarnarse desde el gran apagón del 28 de abril de 2025. Se sigue hablando de coches eléctricos y de hidrógeno verde, pero cada vez con menos entusiasmo mientras se liquidan centenares de proyectos de nueva energía renovable y las grandes compañías se van retirando discretamente del escenario (o no tan discretamente). Todo el mundo en el sector sabe que la transición renovable al modelo REI se está acabando, al menos por una larga temporada. El consumo de electricidad está en su punto más bajo en 17 años. Sí, han leído bien: el consumo de electricidad lleva cayendo (y no solo en España) desde 2008, sobre todo por culpa de la desindustrialización. Y a pesar de la evidencia, se siguió instalando más y más potencia renovable para abastecer un mercado eléctrico en contracción. Por eso, el mercado eléctrico está saturado, y la pésima planificación y un modelo técnicamente imposible han llevado a la actual debacle. El REI ha muerto.

Pero, a REI muerto, biogás puesto. Y biomasa, que va justo detrás. El gran capital no está dispuesto a permitir que la megamáquina industrial se pare simplemente porque las leyes de la física, la química y la biología digan que no se puede. No se va a parar la megamáquina aunque lo que se pretende sea algo tan absurdo como crecer infinitamente en un planeta finito. A falta de REI, se pretende hacer lo que siempre hizo la humanidad: quemar. Y dado que ahora mismo la megamáquina industrial es gigantesca, el objetivo es quemar cantidades gigantescas de lo que sea necesario. Y en este caso, de lo que queda por quemar: la propia vida de este planeta.

Se empieza por los residuos, lo cual nos lleva al biogás. Sobre el papel, la cosa parece tener sentido: se toman restos orgánicos, se descomponen en un biodigestor, y se produce cierta cantidad del hidrocarburo más sencillo que existe, el metano o gas natural. Se trata de una molécula con solo un átomo de carbono y cuatro hidrógenos pegados a ella. Es un gas que se produce espontáneamente cuando la materia orgánica se pudre, y como es un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono, resulta mejor extraerlo, aprovechar la energía que da quemarlo –lo cual lo convierte en dióxido de carbono, que, aunque no es bueno, es mejor que liberar metano– y encima la materia no digerida –el digestato– se puede usar, en teoría, como abono. Además, nos dicen que es un gas renovable, porque no tiene emisiones de CO2 fósil asociadas; todo el CO2 proviene del que habían absorbido previamente las plantas que dieron lugar a los residuos, con lo que se trata de CO2 “circulante”, no CO2 extra proveniente de los combustibles fósiles. Para poner la guinda al pastel, estas plantas sirven para dar un valor económico a residuos hasta ahora contaminantes o problemáticos, como los purines. Todo son ventajas… ¿No?

En realidad, todo son mentiras. Para empezar, el biogás no es neutro en emisiones de carbono, porque la materia orgánica usada se hizo crecer usando fertilizantes y mecanización que usó combustible fósil. El digestato sigue causando los mismos problemas de saturación y contaminación que los purines, y algunos nuevos, dependiendo de qué materia orgánica se haya procesado: no es lo mismo usar restos de plantas que purines y restos de animales, inclusive cadáveres. El digestato puede convertirse en un auténtico polvorín de sustancias tóxicas y microorganismos nocivos. En la práctica, el digestato suele estar contaminado con metales pesados y antibióticos, y resulta peligroso su uso como fertilizante o en la recuperación de suelos agrícolas.

Pero hay más. Para que la producción de biogás sea económicamente significativa, los proyectos se ven abocados a lo macro, de nuevo: hay que procesar enormes cantidades de materia orgánica para que la producción de gas sea mínimamente interesante. Pero las zonas de implantación y las comarcas aledañas no producen suficientes residuos para estas macroplantas, y eso hace que, al final, se desplieguen grandes plataformas logísticas, con cientos de camiones que transitan cada día para traer toda esa materia orgánica en descomposición para ser procesada, y luego camiones para llevarse el gas hasta los puntos de recepción, y el digestato a los puntos de procesamiento o de utilización.

Este tipo de planta es conocido por generar un gran volumen de olores nauseabundos, y eso sin contar con el riesgo ambiental en general, y específicamente por contaminación de aguas (los purines, precisamente, son mayoritariamente agua, con lo que se generan enormes volúmenes de líquidos contaminados). Con todo ese tránsito de camiones, a veces hay accidentes, y los residuos se esparcen, se aventan, se filtran… Las plantas que interesan a los promotores son grandes, mayores de 100.000 toneladas al año y esto amplifica los problemas ambientales, el daño a las calzadas, los accidentes de tráfico, los impactos en la salud y la depreciación general del territorio. En plantas grandes acaba resultando casi imposible evitar escapes gaseosos y controlar el destino final del residuo líquido y sólido. Tampoco existe coordinación entre proyectos, de forma que no solo se multiplican los problemas ambientales y sanitarios generados por plantas cercanas unas de otras, sino que no hay suficientes residuos orgánicos en un radio de 30 o 50 kilómetros, como se indica en los proyectos individuales. Dicho de otro modo, los mismos residuos se contabilizan varias veces para usarse en varias plantas. Todo esto compromete incluso la viabilidad económica a medio plazo de estas plantas, que arrancan apoyadas por subvenciones y facilidades fiscales y financieras y que se irán enfrentando a un mercado variable.

Lo cierto es que la operación de estas macroplantas es siempre económicamente ruinosa sin ayudas públicas. Los costes operativos, con toda la logística y procesamiento, son mucho más elevados que el beneficio esperable de la venta del gas. Se subvenciona para garantizar una producción de gas nacional, pero en realidad el coste es tan oneroso que, si todos estos proyectos se llevaran a cabo, se tendrían que reducir muchos programas sociales para poder permitirnos pagar el precio de este progreso

Las plantas de biogás solo tienen sentido a pequeña escala, como se ha hecho en Alemania: una granja que aprovecha su pequeña producción de gas para sus necesidades energéticas. La megalomanía ibérica solo camufla la falta de escrúpulos, el asalto al dinero público y la agresión sin medida del medio ambiente y a la salud de las personas, particularmente en el entorno rural y en los pequeños municipios donde se proyectan estas grandes plantas de biogás.

Además, detrás del biogás ya asoma su siniestra silueta la biomasa. De nuevo, grandes instalaciones; de nuevo, la mentira de la neutralidad del carbono y el sello de “energía verde”; de nuevo, apaciguando miedos diciendo que solo se usarán rastrojos y restos de poda. Estos restos vegetales, como los residuos de almazara, no reúnen las características por sí solos para generar metano de forma eficiente. Deben ser combinados con otros restos orgánicos. Al final, si se quieren conseguir los volúmenes de energía previstos a partir de biomasa, se tendrá que recurrir a la tala y a quemar bosques enteros. Pero el bosque se regenera, nos dirán. Y sí, pero solo si se tala de manera sostenible. No se puede cubrir ni una mínima parte del consumo energético actual de España a partir de la biomasa que genera el territorio. Adentrarse por ese camino nos lleva al peligro de la deforestación (como si nuestros bosques no estuviesen suficientemente amenazados por el extractivismo global, los incendios y el cambio climático). El bosque, recordémoslo, es vida, ya que es refugio de biodiversidad, contribuye al ciclo del agua, evita las escorrentías demasiado intensas y modera las temperaturas. Pero es que, además, los actuales proyectos de biomasa para generación eléctrica (en un país cuyo consumo de electricidad disminuye desde hace 17 años, recordémoslo) ocultan otros aún más siniestros, que pronto emergerán con fuerza, a medida que la escasez de petróleo sea más patente: se va a usar de forma masiva el proceso de Fischer-Tropsch para convertir biomasa en sucedáneos de petróleo, a falta del oro negro fósil. El problema del proceso de Fischer-Tropsch es que no solo es muy ineficiente, es que requiere mucha agua, emite mucho CO2 y es muy contaminante. Sería la puntilla que acabaría de destruir nuestra sociedad, en medio de la actual crisis socioecológica.

Ya está bien de huidas hacia adelante. Ya está bien de tecnofantasías modeladas al gusto de los grandes intereses económicos y el oligopolio energético. Basta ya de poner la vida en peligro. Los proyectos de biogás y biomasa que emergen con fuerza por todo el Estado español son la última amenaza para la supervivencia de nuestra especie. Decir no a esta nueva locura del necrocapitalismo terminal es la obligación de cualquier persona sensata. Paremos ya esta máquina de destruir y sentémonos a dialogar, para construir una sociedad justa y vivible dentro de los límites biofísicos del planeta. Nos va literalmente la vida en ello.