junio 21, 2026

El papa visita el penal con más denuncias por malos tratos: radiografía de la realidad carcelaria en España

 Raúl Bocanegra   09/06/2026 

  • Las entidades que trabajan con presos lamentan que el objetivo de la reinserción declarado por la Constitución está muy lejos de cumplirse: "Es todo teoría". 

  • Según un trabajo académico titulado 'Prisión y suicidio' entre 2000 y 2020 han muerto por suicidio en las cárceles españolas 751 presos. 



La visita del papa al penal de Brians I, en Barcelona, prevista para este miércoles, permite a las entidades que trabajan en la ayuda a los presos visibilizar y poner de relieve la situación que estos viven en las cárceles en Catalunya y en el resto del país. León XIV tiene previsto mantener un breve encuentro con unos 80 internos del penal, quienes habitualmente acuden a misa los domingos, según explicó José María Carod, director del departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española, en una entrevista en RTVE. La Iglesia mantiene 159 capellanes y 84 capellanías en las cárceles del Estado, según la memoria de 2024 de los obispos. A estos el Estado les paga los salarios. En el último proyecto de presupuestos, la partida llamada "transferencia a la Conferencia Episcopal para atención del culto en centros penitenciarios" ascendía a 608.500 euros, una cifra similar a la de años anteriores.


    "Sobre las causas —añade Argudo—, podemos hablar de una acumulación de factores de riesgo. Es decir, el contexto penitenciario concentra muchas variables que sabemos que pueden aumentar la vulnerabilidad a cometer conductas autolíticas. Cuando hablo de este tema en algún foro, suelo decir que la persona privada de libertad entra en una especie de modo avión. De repente se cortan los apoyos familiares y sociales, hay pérdida de autonomía, aislamiento, desesperanza, consumo de sustancias, incertidumbre personal, social y procesal… A eso se suma que la prisión tiene serias dificultades para facilitar el acceso a recursos de salud mental".

    La realidad de las prisiones, según corrobora la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, con amplia experiencia en el campo, es muy dura y está completamente alejada del objetivo de reinserción, declarado en el articulo 25.2 la Constitución Española. La principal carencia que detecta esta ONG es "la falta de atención sanitaria". "En el ultimo informe —señalan en la APDHA— del Defensor del Pueblo se recoge que el 69% de las plazas médicas están desiertas. El derecho a la salud de las personas presas no está garantizado en prisión. No existen recursos para abordar la salud mental en prisión, teniendo en cuenta que aproximadamente la mitad de la población penitenciaria tiene algún problema de salud mental y/o trastorno por consumo de sustancias. En torno al 4,2% tienen trastorno mental grave. Son personas que no deberían estar en prisión".


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    El coste mensual de mantener a una persona en un Centro Penitenciario supera los 6.000 euros", según la Xarxa. "Los resultados en cuanto a rehabilitación son claramente insuficientes, el estigma social, la degradación personal, la salud mental y los efectos colaterales sobre las familias son, casi siempre, definitivos", añaden.


    "Cuando se comportan irregularmente, los encierran y ya está. Una cosa es que la legislación en sí tenga unos principios interesantes. Los programas de reinserción son claves, pero al final hay pocos recursos y al final se opta por encerrar a la gente y mantenerla al margen de la sociedad. Esa es la conclusión. Es todo teoría", aseguran en la APHA.

    El artículo 25.2 de la Constitución Española

    junio 20, 2026

    CTXT. Cualquier decisión que tome Cuba, de Belén Gopegui

     Belén Gopegui 16/03/2026

    El país no es perfecto, ni tiene obligación de serlo. Las revoluciones se hacen para intentar que existan lugares que sean habitables para todas

    Edificio en la plaza de La Revolución, en La Habana, Cuba. / Alex Proimos

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    A veces escucho o leo argumentos que no comprendo. A veces un periodista pregunta escandalizado: ¿y qué va a hacer el gobierno cubano para dar soluciones a su pueblo? Es algo así como si en un patio de recreo donde un grupo grande estuviera pegando a un menor solo porque es distinto apareciera un periodista y en lugar de preguntar: ¿y qué vamos a hacer para que dejen de pegarle?, preguntara a la criatura agredida: ¿y qué vas a hacer para que dejen de pegarte?

    A veces otros periodistas lamentan que, después de tantos años de revolución, Cuba no tenga más petróleo, olvidando que lo que se le ha prohibido ya no a Cuba, sino al país desde el que habla ese periodista, cualquiera que sea ese país, es vender petróleo a Cuba. Olvidando que cualquier país del mundo no productor de petróleo que sufriera las consecuencias de una prohibición semejante entraría en crisis. Olvidando que la palabra crisis, en este caso, no es una abstracción, son vidas con nombres y apellidos bombardeadas sin bombas, con el asedio, con el hambre de comida y de los recursos que alivian el dolor de las personas más frágiles, recién nacidos, personas ancianas, personas enfermas. El pueblo cubano, acostumbrado como está a los sistemas de protección institucional y comunitaria cuando llegan los huracanes y otras catástrofes, se organiza, se cuida, comparte la escasez, pero a veces todo eso no es suficiente contra un ciclón deliberado de muerte lenta, impuesto por la fuerza y consentido por la comunidad internacional.

    El pueblo cubano, acostumbrado a los sistemas de protección institucional y comunitaria, cuando llegan los huracanes se organiza, se cuida, comparte la escasez

    Si esta misma prohibición se aplicara a cualquier país europeo, habría, pienso, algunas diferencias. Por un lado, es muy probable que en su población se desatara el resentimiento de los unos contra los otros, porque la convivencia europea se apoya en el abuso y el trato desigual que unos sectores de la población ejercen sobre los que recogen sus cosechas, los que cuidan a sus mayores y a sus hijos, los que limpian sus casas, los que reciben salarios en negro o ridículos para que otros puedan cobrar diez, veinte, cien veces más.

    Por otro lado, desde ningún país se organizarían movimientos de solidaridad como los que organizan con Cuba, porque en Europa si algunos países dieron algo fue siempre de lo que les sobraba. Porque en el interior de esos países las prioridades de la economía estuvieron siempre subordinadas a dar más a quién más tenía y no al revés. Porque a la desigualdad interna se suma la externa, dado que la riqueza europea procede en parte de un colonialismo que aún dura bajo la forma de tratos desequilibrados. Y porque desconocemos, o hemos olvidado, aquello que ha sido llamado “sentido del momento histórico” y que hace que las personas se unan pues saben que de su acción depende la posibilidad de acabar con un pedazo de realismo capitalista.

    Claro que Cuba no es perfecta, ni tiene obligación de serlo. Las revoluciones no se hacen para conseguir lugares perfectos, porque las personas no lo somos, sino para intentar que existan lugares que sean habitables para todas, y evitar así que el placer de un tanto por ciento de la población se compre con la angustia, la fatiga, el agotamiento y la humillación de otro tanto por ciento. Para intentar construir aspirinas del tamaño del sol y que todas las personas puedan celebrar la suerte de estar vivas. No es posible saber si habrían podido lograrlo, ni si aún podrán. Desde el principio y hasta el día de hoy Estados Unidos les ha estado impidiendo tener relaciones comerciales justas, a veces simplemente tenerlas, por el pánico a que la revolución avanzara y pudiera ser un camino a seguir.

    El regodeo y el regocijo que, al hablar de las negociaciones en marcha entre el Gobierno de Cuba y el de Estados Unidos, emplean determinados opinadores sólo les describe a ellos mismos, y sólo anuncia que, cuando un matón nos pise los talones, esos opinadores estarán ahí, para rendirle pleitesía. Son ellos los que sostienen al matón, los que callan, los que asienten, los que contemplan el abuso y ante los golpes se burlan y le dicen a la persona golpeada: “¿Lo ves?”.

    Si hay que hablar de cobardía con respecto a lo que pasa en Cuba, sepamos que cualquier decisión que tome ese país sólo cuestionará a quienes, desde fuera, asisten impasibles a la injusticia y después se miran, quizá nos miramos, preguntándonos con supuesta perplejidad: ¿por qué está pasando lo que está pasando en tantos ámbitos de la política y la vida? Porque hemos callado y hemos aceptado. Qué cobardía, sí, qué tristeza que ningún país europeo haya enviado petróleo a Cuba. Corre por ahí un vídeo de niñas y niños cubanos cantando a oscuras la canción de Silvio Rodríguez:

    Me acosa el carapálida norteño por el sur el este y el oeste, por cada latitud,

    me acosa el carapálida que ha dividido el sol

    en hora de metralla y en hora de dolor.

    La tierra me quiere arrebatar

    el agua me quiere arrebatar

    el aire me quiere arrebatar

    y sólo fuego, y sólo fuego voy a dar

    Yo soy mi tierra, mi aire, mi agua, mi fuego. 

    Lo que se ha aprendido en y de Cuba, lo que se aprende, forma parte de lo que somos, sigue y seguirá dando tierra, aire, agua y fuego, a una forma de vivir posible, distinta, una forma de vivir sin pisar el cuello de nadie sólo porque se haya apropiado de menos recursos. Quedan muchos días por delante, cualquier acto de solidaridad es imprescindible, no para ayudar a Cuba sino para ayudarnos, para ayudar a que pueda existir una clase de mundo donde la palabra justicia no haya desaparecido y donde no haya que vivir con vergüenza, miedo y soledad.