El género, el origen socioeconómico, la dificultad para comprarse una casa y el deterioro de la educación y del resto de servicios públicos provocan una desigualdad de oportunidades cada vez mayor en España.
Un semáforo en rojo junto al Banco de España.
"El ascensor social se ha derrumbado por completo. Es un hecho". Estas palabras tan contundentes de la escritora y periodista Azahara Palomeque, colaboradora de Público y autora del libro Vivir peor que nuestros padres (Anagrama), son compartidas ampliamente por un número creciente de economistas. Cada vez son más los expertos e instituciones económicas que advierten de que la movilidad social en España ya no funciona como antes.
Aquella sensación de que cada nueva generación iba a vivir mejor que la anterior y de que los hijos podrían ascender en la escala social más rápido y más lejos de lo que lo hicieron sus padres se quebró ya hace unos años, a partir de la década de los 90 del siglo XX. El ascensor social en España tarda más de un siglo en conseguir que una familia de clase baja se convierta en clase media, según calculó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2019.
No hay que buscar mucho para encontrar datos e informes que corroboran que algo está fallando. Un reciente informe de la OCDE, publicado a finales del pasado mes de septiembre y titulado Tener y no tener: Cómo superar la brecha de oportunidades, señala que un 35% de la desigualdad de ingresos en España —aunque también ocurre en otros países como Bélgica, Chile, Irlanda, Luxemburgo, Polonia, Portugal o Estados Unidos— entre las personas "se debe a factores hereditarios, más que a factores que reflejan su propio esfuerzo o mérito". En concreto, el informe de la OCDE afirma que el género, el lugar de nacimiento de los padres y, sobre todo, el origen socioeconómico determinan en buena medida esa desigualdad de oportunidades.
"El ascensor social se ha atascado porque hoy, aunque estudies y te esfuerces, te encuentras con suelos pegajosos y techos de cristal por todas partes: sueldos bajos y precarios, vivienda carísima, dificultad para emanciparse, servicios públicos debilitados… Todo eso hace que el origen familiar pese mucho más que el talento o el esfuerzo", diagnostica Julen Bollain, economista, profesor en la Universidad de Mondragón y colaborador de Público.
"El ascensor social se ha averiado, sí, pero nunca ha funcionado especialmente bien en España. El nivel de ingresos y educación de los padres siempre ha tenido una fuerte influencia en el de los hijos. En España, más de dos tercios de la riqueza que tiene la gente es porque la ha heredado. Ahora que se está celebrando la muerte de Franco, es bastante evidente que hay una continuidad de las élites del franquismo durante la democracia", sentencia a su vez el politólogo Javier Carbonell, coautor del libro La desigualdad en España (Lengua de Trapo) y director adjunto del think tank Future Policy Lab.
En este sentido, un artículo publicado a hace dos semanas en la revista de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) y firmado por Olga Salido, profesora de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, afirmaba que "las clases altas mantienen o refuerzan sus ventajas, mientras que las clases trabajadoras continúan enfrentando barreras estructurales".
El origen socioeconómico
¿Qué ha ocurrido en España para que el origen social y económico sea cada vez más determinante en el futuro de las personas al margen de lo mucho que se esfuercen?
Javier Carbonell maneja una teoría al respecto: "En España hemos tenido tasas de crecimiento bastante bajas durante las últimas décadas y un aumento de la población. Por lo tanto, hay menos pastel que repartir y eso influye en la movilidad social, ya que hay menos oportunidades".
Esa menor proporción de oportunidades afecta especialmente a los jóvenes. Julen Bollain incide en la idea de que ahora más hay más competencia para acceder a buenos estudios y para encontrar trabajo, una labor cada vez más complicada si no se cuenta con un respaldo económico por parte de la familia: "En vez de un ascensor, muchas personas jóvenes sienten que están subiendo a pie por las escaleras mientras otras están instaladas en el ático familiar".
Azahara Palomeque también comparte la idea de que los jóvenes son quienes más sufren la avería del ascensor social: "Los datos lo corroboran: las generaciones más jóvenes tienen peores sueldos que sus padres. Los sueldos de gente sin estudios de más edad son más altos que los de los jóvenes con estudios. Hay una imposibilidad social de acceder a un modo de vida, no digo lujoso, sino más amable y más tranquilo".
Carbonell apunta otro factor en su análisis: la desigualdad ha crecido mucho en España en los últimos 25 años. Este analista explica que diversos estudios sociológicos acreditan que cuanto mayor es la desigualdad económica, menor es el nivel de movilidad social. "Hasta los años 2000, la tasa de crecimiento medio por persona en España era básicamente la misma para todos los niveles de ingresos, pero desde entonces ha crecido más la de los ricos, con tasas espectaculares", cuenta Carbonell.
La vivienda, un obstáculo casi insalvable
El desorbitado precio de la vivienda también ha influido notablemente en el deterioro del ascensor social. Todas las personas consultadas para este reportaje lo citan antes o después como una razón determinante. La ciudadanía se ve forzada a hacer un esfuerzo económico cada vez mayor para comprar una casa. Según los últimos datos publicados por el Banco de España (PDF), las familias españolas necesitan 7,7 años de salario para pagar una vivienda. Es el mayor nivel registrado en 14 años y confirma una tendencia que se mantiene por encima de los siete años desde junio de 2020. Además, las familias dedican el 34,6% de sus ingresos a la vivienda: ahí se produce una desviación de recursos que dificulta poder ascender en el ascensor social.
"El precio de la vivienda sin duda es decisivo. Si buena parte del salario se va en ella, no queda margen para nada. No queda margen para ahorrar, estudiar, tener hijas e hijos o cambiar de trabajo. No queda margen para formar tu propio proyecto de vida. El precio de la vivienda es una trampa que inmoviliza", confirma Julen Bollain.
"La actual crisis de la vivienda afecta de lleno a los jóvenes. La vivienda funciona como una especie de impuesto regresivo en el que la gente joven y más pobre le paga a la gente mayor y más rica. Este es un ejemplo de que en España tú generas más dinero cuanto más dinero tienes. Las rentas del capital son más rentables que las rentas del trabajo", apunta Carbonell.
Azahara Palomeque comparte ese diagnóstico: "La vivienda es un factor que desequilibra la economía hacia el lado de la desigualdad. La escritora matiza que el prohibitivo precio de las casas también está afectando a otro aspecto fundamental que siempre ha hecho funcionar el ascensor social: el acceso a la educación. "La vivienda influye negativamente en las posibilidades de estudiar fuera de tu casa. Se dan paradojas como que el Gobierno amplía el número y la cuantía de las becas, pero éstas no dan para cubrir el alquiler. Esto no pasaba antes. La vivienda se lo está comiendo casi todo", se lamenta Palomeque.
El deterioro de la educación pública
El deterioro de la educación pública es otro elemento determinante a la hora de explicar por qué el ascensor social ha dejado de funcionar. La universidad pública, tradicional motor de la igualdad de oportunidades, está empezando a resquebrajarse y a notar el empuje de las universidades privadas. Lo que ocurre en la Comunidad de Madrid es un ejemplo perfecto: en este territorio han proliferado en los últimos años hasta 14 universidades privadas frente a las seis públicas, la última fundada hace 30 años, que sufren un continuo desmantelamiento por parte del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, la presidenta madrileña.
Políticas como las de Ayuso tienen consecuencias. "Cuando se deteriora, se infrafinancia y se recorta en la educación pública, lo que ocurre es que muchos, los que pueden permitírselo, acceden a una buena educación en el sector privado, pero quien no puede se queda con menos oportunidades. Eso convierte la escuela en una fotocopiadora del origen social, en vez de ser una máquina de mezclar y abrir caminos", apunta Bollain.
"Si tú no tienes acceso a la universidad, obviamente el ascenso social se va averiar, antes de tiempo incluso", corrobora Azahara Palomeque.
"Tenemos servicios públicos que no corrigen desigualdades de origen. Si la calidad de la educación, la sanidad o los cuidados depende cada vez más del bolsillo, quien nace pobre, morirá pobre" añade Bollain.
Julen Bollain: "Si la calidad de la educación, la sanidad o los cuidados depende cada vez más del bolsillo, quien nace pobre, morirá pobre "
Al hilo de los servicios públicos, Bollain apunta otro motivo que impide un mejor funcionamiento del ascensor: "Un sistema de protección social poco ambicioso en un contexto de costes básicos muy altos". "Contamos con ayudas muy condicionadas, que llegan tarde, mal y a pocas personas, y que hacen que mucha gente viva permanentemente al borde del abismo", señala el colaborador de Público.
"España tiene una cosa curiosa: una desigualdad de oportunidades educativas baja y una población bastante educada, pero hoy en día con una carrera universitaria no llegas a nada. Hay que pagar un máster que cuesta bastante dinero. El problema es que la universidad en España es más cara que en muchos países europeos", tercia Javier Carbonell.
El problema del mercado laboral
Carbonell, sin embargo, sostiene que "una grandísima parte del problema" está en el mercado laboral. "La entrada de los jóvenes al mercado laboral deja unas grandes cicatrices", argumenta el experto. Entre esas cicatrices cabe mencionar los bajos sueldos y la precariedad.
"En España tenemos un mercado de trabajo débil, con salarios que no dan para un proyecto de vida, temporalidad y dificultad para progresar profesionalmente", matiza Bollain.
Soluciones complejas
Es evidente que el ascensor social en España ya no funciona, pero puede volver a hacerlo si se implementan políticas sociales ambiciosas. Algunos creen que el ascensor social está completamente averiado y que ya no volverá a funcionar; otros, más optimistas, sostienen que aún puede hacerlo, pero solo si se implementan políticas sociales ambiciosas, en la línea que señala Bollain.
"Si queremos que el ascensor social vuelva a funcionar, necesitamos políticas fuertes de vivienda y de educación pública, pero también una seguridad económica que permita a cualquier persona decir no acepto cualquier empleo en cualquier condición solo por miedo a quedarme en la calle. En ese contexto, medidas como una renta básica pueden actuar como un suelo firme sobre el que construir proyectos de vida y asumir riesgos –estudiar más tiempo, emprender, cambiar de empleo– sin miedo permanente a volver a caer", alega Bollain.
"Hay un montón de medidas para mejorar el ascensor social", afirma Carbonell. Este experto en desigualdad apuesta por invertir más en educación, aplicar políticas más redistributivas, aumentar los salarios, intervenir en la vivienda gravando a los que tienen varias casas o invertir en la llamada España vaciada. "La movilidad solo funciona un poco en Madrid y Barcelona, con todos los problemas que eso conlleva en saturación de servicios públicos, acceso a la vivienda, tráfico, polución, etcétera. Es necesario apostar por el desarrollo económico de todas las zonas rurales en España y de aquellas que no son Madrid y Barcelona", advierte Carbonell.
"Hay un caldo de cultivo perfecto para una desafección total", sostiene Azahara Palomeque
Carbonell también propone lo que él considera "la medida más llamativa": la herencia universal. "La idea es dar un dinero a los jóvenes de 25 años que se sacaría de un impuesto a la riqueza. Pero no sería un cheque en blanco, sino un dinero condicionado a algún tipo de proyecto profesional, social o personal. Esta medida mejoraría el acceso al mercado laboral de los jóvenes al darles una oportunidad y ejercería un labor distributiva".
La tarea de recomponer el ascensor social. Azahara Palomeque no es precisamente optimista porque no cree que las soluciones sean solo económicas, ni tampoco fáciles. La escritora apunta que en un escenario con pocas expectativas económicas y con una crisis climática llamando a la puerta "hay un caldo de cultivo perfecto para una desafección total".
"Estamos en un momento de desencanto generalizado en el que ideologías fuertes prometen soluciones fáciles a problemas complejos. Eso explica el auge de la ultraderecha", concluye Palomeque.



