Miquel Ramos Periodista 9/12/2025
Imagen de archivo. Revuelta convoca una manifestación en Valencia contra Sánchez y Mazón por su gestión de la DANA
Las crisis son siempre una oportunidad para los caraduras. Lo vimos con la pandemia del covid, cuando una serie de sinvergüenzas se dedicó a vender material sanitario, mascarillas y todo lo que urgía en aquella situación extrema. Aprovecharon sus contactos con las instituciones o sus vinculaciones familiares para colar ventas millonarias y sacar beneficios estratosféricos en muy poco tiempo. La urgencia del momento y el shock en el que vivíamos todos dejaba una ventana abierta para que estos personajes sacaran tajada. No fueron los únicos; curanderos, conspiranoicos y todo tipo de sabandijas del inframundo sacaron buen provecho de todo aquello, jugando con la desinformación, el miedo y la excepcionalidad del momento. Estos son tan solo un ejemplo reciente, que en algunos casos incluso derivó en varias causas judiciales, pero no el único. En las crisis, como decía, anidan los gusanos.
Otro de los acontecimientos más cercanos que han mostrado esta miserable faceta del ser humano tuvo lugar en mi tierra, en València, tras el paso de la DANA. Esta vez, la catástrofe mostró algo mucho mejor de nosotros mismos como sociedad, algo que siempre sale a relucir en tiempos de crisis, paralelamente a los buitres carroñeros que siempre revolotean al acecho. La ola de solidaridad fue brutal, una lección de humanidad y empatía, que mostró a una juventud comprometida, que se hacía cargo de su responsabilidad para con los demás, alejando el relato nihilista y distópico que algunos se empeñan en imponer. Pero ojo, que aquí también hubo trileros. Y también usaron a los jóvenes para el pufo.
La movilización ciudadana para ayudar a los valencianos ante la riada fue vista por algunos como una ocasión de oro para publicitarse. Y parece ser, según denuncian algunos, para trincar. Esta semana ha saltado por los aires la asociación juvenil Revuelta, vinculada a Vox, por su gestión de la recaudación obtenida, supuestamente, para ayudar a las víctimas de la DANA. Su vicepresidente, Arturo Villarr oya, a su vez asesor del eurodiputado ultraderechista Jorge Buxadé en Bruselas, y Javier Esteban, también de la junta directiva, presentaron su dimisión e hicieron público un comunicado donde anunciaban una denuncia ante la Fiscalía por las "presuntas irregularidades graves, posible estafa en el destino de fondos y en el cobro de cuotas de afiliación sin derechos asociados". Acusan a la cúpula, dirigida por Jaime Hernández, de falta de transparencia, ya que se les denegó ver las cuentas para "conocer el destino de los fondos recaudados para la DANA, presentación de impuestos, posibles pagos directos a Jaime Hernández o su empresa PICAPORTE, posibles retiradas de efectivo y cualquier contratación realizada en nombre de REVUELTA".
Esta organización juvenil organizó una enorme campaña publicitaria publicitaria en medio del fango, exhibiendo su caridad constantemente, y, aprovechando el foco, tratar de extender un relato instrumental para Vox, repartiendo culpas por igual entre Mazón y Pedro Sánchez, a pesar de que el presidente valenciano lo era gracias a ellos, y su legado en las Corts Valencianes continúa gracias a sus votos. Mazón ha estado protegido en todo momento por Vox, por mucho que sus cachorros traten de esparcir mierda para tapar su complicidad con este irresponsable y el PP que lo ampara. Viendo la movilización espontánea que, de manera altruista, acudió a València aquellos días, los ultras quisieron usar la desgracia para promocionarse. Y según denuncian algunos de sus exmiembros, para algo más.
Unos audios de Arturo Villarroya publicados ayer en exclusiva por El Plural desvelan la intención de Vox de tapar irregularidades contables que a su entender habría cometido Revuelta, y liquidar la organización antes de que estallase el caso: "El partido ha perdido la confianza. Considera que hemos utilizado el dinero para la banda. (...) Jorge (Buxadé) se ha comprometido conmigo. Vox me ha dicho que muerto el perro se acabó la rabia. Que en cuanto disolvamos Asoma (la entidad que gestiona los donativos a Revuelta), que no van a denunciar ni hacer nada". Miembros de Revuelta ajenos a Vox sospechaban que el partido pretendía controlar la entidad, y este desencuentro, con las acusaciones de posible fraude, es lo que ha propiciado la ruptura.
Jaime Hernández, cabecilla de Revuelta, que ha salido a defender su gestión y la honorabilidad de la organización, es también un líder de los jóvenes de HazteOir, una organización cuyos jefes, empezando por Ignacio Arsuaga, están relacionados con la secta ultraderechista El Yunque. No son pocas las personas que se acercaron a Revuelta que ahora acusan a esta sociedad secreta de estar detrás de esta trama. No sería la primera vez que miembros de esta secta parasitan otras organizaciones y plataformas, algo que forma parte de su estrategia. Algo similar sucedió quince años atrás cuando, durante la ofensiva neocón contra la reforma de la ley del aborto, la aprobación del matrimonio de personas del mismo sexo o la asignatura de Educación para la Ciudadanía, activistas ultraconservadores denunciaron la injerencia y las malas artes de El Yunque. Expliqué todo, con testimonios de exmiembros incluidos, en el podcast DIOS PATRIA YUNQUE (Podium), así como la vinculación de algunos cargos y miembros de Vox con la secta.

Hoy, lo que ha sucedido en Revuelta, a falta de aclararse, también se presta a la sospecha sobre la sombra de El Yunque en la gestión y la instrumentalización de la campaña, como denuncian activistas conservadores en sus redes, señalando el daño que todo esto causa a la credibilidad de todo el espectro político conservador e incluso católico. En un hecho inédito, miembros de la secta han salido a reconocer su pertenencia y a mostrar su apoyo a Hernández. Según el portal InfoVaticana, "El caso Revuelta ilustra de nuevo lo que sucede cuando ese método se aplica en contextos donde la transparencia es indispensable: la distancia entre la versión oficial y la realidad se ensancha hasta romper la confianza pública." Luego está el papel de Vox en todo esto, pues al parecer, pretendía que Revuelta fuese un instrumento más de captación, recaudación y agitación exclusiva del partido.
Los caminos de Vox y El Yunque se han entrelazado en numerosas ocasiones, incluso hay gente actualmente con cargo público en el partido que es miembro de la secta. Lo que sucede es que ambos entes, a pesar de compartir ideología y objetivos políticos, tienen agendas e intereses propios. Vox es un partido, y El Yunque, una sociedad secreta que teje sus relaciones, sus favores y sus campañas a conveniencia, tanto para crecer como negocio como para ganar influencia. En Vox lo conocen de sobra, y también se han servido de la telaraña yunquera para su propio interés. Ahora, cuando se trata de controlar un artefacto concreto o pasar cuentas, empiezan los problemas.
Más allá de la pugna entre chiringuitos, sean partidos o sectas, la derecha ha demostrado que su buque insignia de la supuesta solidaridad patriotera no era más que un pufo. Si ya daba vergüencita verlos grabándose constantemente representando el papel de oenegé, saber hoy que presuntamente ha habido mamoneo interno ha destruido el castillo de naipes. Los que trataron de apropiarse y resignificar el lema ‘Solo el pueblo salva al pueblo’ (cuyo origen no tiene nada que ver con la extrema derecha ni con la caridad exhibida, sino con todo lo contrario), han quedado en evidencia. El disfraz de solidarios siempre les vino grande a quienes promueven insistentemente el odio y la discriminación. Un artefacto propagandístico con vínculos directos con un partido político de extrema derecha, cuyas caras visibles tenían un buen sueldo, no es ejemplo de nada. Era una campaña más. Y les ha salido rana.
Veremos en qué acaba todo este culebrón, donde más allá de Vox, El Yunque y los que sacan provecho de todo ello, hay mucha gente que se los creyó y que hoy, con razón, se siente estafada. Ellos y ellas son quienes pueden arrojar algo de luz a todo esto. Veremos si prefieren agachar la cabeza y hacer como si nada, o deciden contar lo que ha pasado. Si de verdad creen que pueden ser útiles para el país, su deber sería contarlo, y alertar sobre los caraduras que usan sus causas y sus banderas para su propio beneficio. Pero esto quizás es pedir demasiado.





















