septiembre 16, 2026

Extremadura desprotege 7.500 ha de espacios naturales y “salva” así una urbanización ilegal

    Barcelona   11/04/2026 

La desclasificación prevista afecta a 52 enclaves de la Red Natura 2000

El Gobierno extremeño persigue “legalizar” la urbanización Marina Isla de Valdecañas, cuyo derribo ha sido ordenado por la justicia

Embalse de Valdecañas que alberga la urbanización que debería ser derribada por orden de los jueces

LV


Este es el plan de mayor alcance registrado ahora en España para desclasificar espacios protegidos de la Red Natura, el listado de enclaves de valor ecológico tutelado por la Comisión Europea. La Junta de Extremadura ha publicado (el pasado 7 de abril) un decreto que supone la desclasificación de casi 7.500 hectáreas de terrenos hasta ahora dedicados a la conservación. 

Estos espacios se reparten en 52 enclaves protegidos de la Red Natura 2000: son concretamente, 13 Lugares de Interés Comunitario (LIC) y 39 Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Esta la fórmula que finalmente utilizará el Gobierno extremeño para “legalizar” la urbanización Marina Isla de Valdecañas, cuyo derribo ha sido ordenado repetidamente por la justicia.

La junta ha decidido desclasificar estas zonas invocando el hecho de que cuando fueron protegidas se dieron “errores científicos” en su delimitación (es decir, se pensaba que albergaban unos valores naturales que luego resultaron ser inexistentes). 

Entre las zonas excluidas se encuentran Los Llanos de Cáceres, cuya protección data de la década de 1990. La Juna invoca un supuesto el error; pero la organización conservacionista SEO/BirdLife considera que con esta decisión la administración regional “está eludiendo requisitos esenciales para justificar la exclusión de estas zonas”, con lo cual “coloca a la comunidad autónoma en una delicada situación de incumplimiento grave de sus compromisos con la Unión Europea”.

La Comisión Europea permite la desclasificación de determinados enclaves de la Red Natura si esta pérdida de valores es fruto de una degradación por causas naturales, pero no si esa pérdida de valores se debe a causas relacionadas con la propia intervención humana, según explica Marcelino Cardalliaguet, delegado de la Sociedad Española de Ornitología (SEO BirLife) en Extremadura. 

Si la razón de esta degradación es la intervención del hombre, “esto quiere decir que ha habido un fallo en la gestión y que, por tanto, esta debe ser mejorada”, añade Cardalliaguet.

Informes científicos requeridos 

SEO/BirdLife señala que cualquier recorte en áreas protegidas basado en “errores iniciales” debe sustentarse en informes científicos rigurosos que demuestren que dichos terrenos carecen, y siempre han carecido, de valores ambientales.

Sin embargo, “estos informes no se han facilitado durante el periodo de participación pública, pese a haber sido solicitados en varias ocasiones por SEO/BirdLife·.

Esta organización sostiene que intentar sortear estos procedimientos mediante la desprotección masiva del suelo “no solo carece de base científica, sino que supone eludir la responsabilidad de gestionar el territorio con rigor”, dice Cardalliaguet.

Muchas zonas que se quiere desproteger mantienen sus valores naturales, dice SEO

Por otra parte, SEO/BirdLife ya ha verificado con la información disponible que muchas de las zonas que se pretenden desproteger mantienen valores naturales al amparo las directivas de Aves y de Hábitats o forman parte de perímetros de protección de las mismas.

 En otros casos, la pérdida de biodiversidad se ha debido a causas no naturales, un supuesto que la legislación europea no admite como motivo válido para desclasificar terrenos incluidos en Red Natura.

Las razones de fondo y las trabas urbanísticas

El propio decreto de la Junta admite en segunda instancia que la desclasificación promovida responde a la necesidad de solventar las trabas urbanísticas que suponen para los municipios la inclusión de sus suelos en la Red Natura 2000.

En la práctica, estos obstáculos afectan principalmente a grandes proyectos de urbanización, como el complejo ilegal Marina Isla de Valdecañas, cuyo derribo fue sentenciado por los jueces al situarse en suelos protegidos de la Red Natura 2000.

A finales de septiembre de 2025 el Tribunal Constitucional decidió rechazar el recurso de la Junta de Extremadura contra su derribo, con lo que se mantiene así la sentencia del Tribunal Supremo de 2022, que ordenó su derribo.

Quejas de que la Red Natura es un estorbo

La junta ha ido quejándose reiteradamente de que la Red Natura 2000 era un estorbo para los planes de desarrollo urbanístico de muchos pueblos y que, incluso, bloqueaba la implantación de servicios y equipamientos básicos.

Cardalliaguet recuerda en este punto que la normativa permite levantar edificaciones de interés público o social en las inmediaciones de los núcleos urbanos aunque estén en Red Natura; y que incluso es posible crear pequeñas unidades urbanizadoras si no hay alternativas de suelo sin protección al tratarse de actuaciones puntuales de interés general. 

Sin embargo, “parece que la Administración regional está aplicando un exceso de celo en varios casos de residencias de ancianos y otros edificios de interés público, cuyas autorizaciones están siendo denegada sistemáticamente con el argumetno de estar en Red Natura, lo que genera un conflicto interesado”. Se trataría de “justificar su empeño en recortar esta red de espacios protegidos”.

Esta organización sostiene que “recurrir a la desclasificación para facilitar el crecimiento revela una deficiente planificación territorial y un fracaso en la gobernanza, pues intenta convertir un problema de gestión administrativa en una inexistente incompatibilidad del modelo de conservación con el bienestar social y económico”, señala Cardalliaguet.

Pérdida de oportunidades

SEO/BirdLife sostiene que la desprotección de un espacio integrado en la Red Natura 2000 supone para la población local la pérdida de importantes oportunidades ambientales, sociales y económicas. “En primer lugar, se reducen los beneficios derivados de los servicios ecosistémicos, como la regulación del agua, la fertilidad del suelo o la mitigación del cambio climático, que sostienen actividades tradicionales como la agricultura, la ganadería o la pesca”. Además -añade esta organización- se debilita el potencial desarrollo ligado al turismo de naturaleza, la educación ambiental y la investigación científica, sectores generadores de empleo estable y compatible con la conservación”. A ello se suma la pérdida de identidad territorial y de patrimonio natural, así como un mayor riesgo de degradación ambiental que puede traducirse en costes económicos futuros, menor calidad de vida y capacidad de atraer inversiones sostenibles y población joven.

Más de 27.000 espacios naturales de alto valor ecológico en toda Europa forman parte de la Red Natura 2000. La protección de estos espacios pretende garantizar la supervivencia a largo plazo de las especies y hábitats europeos más valiosos y amenazados. SEO/BirdLife sostiene que la protección de la biodiversidad y el progreso de los municipios no son objetivos excluyentes y que la Red Natura 2000 ofrece un marco de gestión flexible que permite la ejecución de infraestructuras y proyectos de interés público siempre que se justifiquen debidamente.

septiembre 15, 2026

Marisa Peña, Enredando palabras

 Marisa Peñao

El franquismo fue un tiempo de espanto y horror, por más que muchos lo tilden de pacífico y tranquilo. Cárceles, cunetas, preventorios. Silencio, miedo, hambre, tortura y muerte. Cuatro largas décadas de piedra y dolor. Generaciones educadas en la sumisión, la intolerancia, la delación, la beatería y el olvido. Eso fuimos, eso somos, por más que muchos cierren los ojos. Nunca viviremos en paz mientras no se limpien las cloacas y se curen las heridas. Somos un país lleno de heridas mal curadas, de cicatrices oscuras y vergonzosas, de silencios impuestos, de vendas en los ojos, de negacionismo y de necedad.

Marisa Peña, Enredando palabras, 14 de junio de 2017.

"Adiós. muchachos que no seréis nunca compañeros de mi vida, Adiós." L. Cernuda

 Marisa Peña   15/2/2026

"Adiós.
muchachos
que no seréis nunca compañeros de mi vida,
Adiós." L. Cernuda.
Os dejo el mundo,
yo ya no puedo sostenerlo.
Os dejo el sol, la lluvia,
los árboles desnudos,
los incipientes brotes solitarios.
Os dejo los caminos,
las veredas, las amplias alamedas, los recodos.
Os dejo el viento,
la brisa, las tormentas.
Os dejo los abrazos,
las risas, la ternura.
Os dejo mis compañeros de viaje:
libros, versos, canciones y palabras.
Os dejo la esperanza, la alegría,
la osadía de vivir
y el coraje de amar sin certidumbres.
Os dejo hilo, aguja
y telas de colores
para seguir cosiendo las costuras.
Os dejo lo que queda de mí misma.
Adios, muchachos,
vuestro es mi legado y mi equipaje:
y si podéis, salvadlo del olvido.
Marisa Peña.

septiembre 14, 2026

Pedriza. Río Manzanares-Arroyo Chivato-Tejo centenario (árbol singular), 2/9/2026

 Las fotos llevan una explicación y al relato lo precede un *asterisco. Lo copiado aparece "entrecomillado". Para VER las FOTOS, sus detalles, DEBEN AGRANDARSE clicando sobre ellas. Crónica de vez anterior que hicimos este recorrido: Pedriza. Cto. Cno.-Manzanares-Arroyo Chivato-Cascadas-Tejo, 22/5/2026   https://paqquita.blogspot.com/2026/05/pedriza-cto-cno-manzanares-arroyo.html

1.- Al otro lado del río.  13h. 15´, a la altura del vivero.

2.- Río Manzanares, tras dejar atrás Charca Verde. 13h. 20´. Fondo: Cabezas de Hierro.

3.- Reagrupamiento. 14h. 13´

4.- Reagrupamiento realizado, más arriba.  14h. 17´


5.- Última cascada de foto 2.   14h. 30´

* El miércoles 2 de septiembre volvemos a la Pedriza. Hace un calor infernal, al menos para mí. La idea es ir hasta el tejo centenario, del arroyo del Chivato. Yo intuyo que llegaré poco lejos. Salimos del segundo de los aparcamientos, anterior al de las Ranas. Pasados los dos puentes que cruzan el Manzanares, entre esta zona y Charca Verde, comunico mi abandono. Me afecta mucho el calor, aquí me quedo, en esta plataforma con vistas al río, en la parte más bella, o de las más bellas. Continúan la excursión, van tres.

6.- Geometrías en la foto realizadas por el móvil.  14h. 31´

7.- Geometrías en la foto realizadas por el móvil.  14h. 31´

* Y allí me quedo, tan tranquila. Hemos quedado n reunirnos en el Bar la Montaña, el único que queda en la Pedriza, tras la demolición de los demás por parte de la Comunidad de Madrid.

Tengo mucho tiempo, me tumbo, escucho a unos jóvenes que parecen ir con un adulto. Se divierten. Finalmente, se reunen todos y abandonan el lugar.

Ceca de las 15h. me reincorporo e inicio la vuelta, voy cerca del río, para ver su cauce. Es el peor momento del Manzanares, cuando va más escaso de agua.

8.- Vista en sentido contrario. Vivero de La Pedriza.  14h. 38´

9.- Camino río abajo.   14h. 56´

10.- Sigo.  15h. 1´

11.- Y más abajo. 15h. 8´

12.- El mejor de los dos plátanos de sombra de la terraza del bar La Montaña. 18h. 42´

13.- Pino silvestre centenario. A derecha de foto anterior.  18h. 45´

* A las 16h. ya estoy en el bar. No pensaba beber cerveza hasta que legaran  los demás, pero estoy sedienta ¡Cerveza!

Hay un muchacho, 50-55 años, y un señor mayor sentado con un joven, vinieron en bici. Están de charleta, me incorporo a la misma. Tras estos vendrán otros dos adultos, 60-65 años. Y, finalmente, un pareja, él mayor que ella. Comento que hay bastante coches que han entrado después de las 18h 30  minutos, cuando levantan la barrera por la tarde. Ellos son de ese grupo, trabajan y sólo pueden hacer una  breve excursión.

14.- Vaca arrancando briznas de hierba seca, junto a un enebro.   18h. 50´



15.- Otra, al lado,  haciendo lo mismo. 18h. 56´

* A las 19h. aparecen los esperados. Vienen tan  contentos.

16.- Perico y Monse en la garganta del Chivato.

17.- Tejo pluricentenario, junto al arroyo, que no se ve.

18.- Adoquín de Árbol Singular.

PAQUITA

septiembre 13, 2026

Recursos: Antes de que lleguen las lluvias, de Antonio Turiel / Juan Bordera / Irene Calvé

 Antonio Turiel / Juan Bordera / Irene Calvé 16/03/2026

El 80% de los pozos de petróleo y el 90% de los de gas han superado ya su máximo de extracción. Si no construimos una alternativa, la decadencia del capitalismo puede arrastrarnos a la barbarie más absoluta

Un pozo petrolífero en la puesta de sol. / Zbynek Burival (Unsplash)

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Estados Unidos e Israel se han embarcado en una campaña militar en Irán de incierto futuro, que va a arrastrar al resto del mundo con ellos. Puede que el mundo nunca vuelva a ser el que conocíamos.

Enfrentado a un riesgo existencial para el que ya se había preparado durante décadas –casi las mismas que lleva Netanyahu avisando de que a Irán le faltaban “pocas semanas para ser una amenaza para el mundo libre”– el régimen iraní ha reaccionado con contundencia, atacando ahí donde sabe que más le duele al imperialismo occidental y a aquellos que lo apoyan: el petróleo, el gas natural y el comercio mundial, en definitiva, la oligarquía mundial.

Estos días oímos sesudos comentarios de analistas que poco o nada vieron venir, y que nos explican las consecuencias para la economía mundial del cierre del Estrecho de Ormuz o del aumento del precio de un barril de petróleo que probablemente llegará en breve a los cien dólares. Pero a pocos de ellos les interesa el sufrimiento de las personas que están muriendo en estos bombardeos o de aquellas que no llegan a final de mes en Estados Unidos o Israel. O del que se viene para la inmensa mayoría de los españoles y españolas.

Por eso mismo, hemos creído necesario escribir esta reflexión sobre la cruda y simple realidad que vamos a afrontar en los próximos tiempos, y por qué es imprescindible pensar en cómo proteger a la gente corriente del diluvio que viene. De cómo guarecernos ante el desastre en ciernes. Ahora, antes de que lleguen las lluvias.

En septiembre de 2025, la Agencia Internacional de la Energía publicó un informe muy revelador sobre lo que cabe esperar para la extracción de petróleo y gas durante los próximos años. El 80% de los pozos de petróleo y el 90% de los pozos de gas han superado ya su máximo de extracción, su pico productivo. Cada año se descubren en nuevos yacimientos unos 3.000 millones de barriles de petróleo, pero se consumen unos 30.000: no se repone ni el 10% del consumo. Desde hace más de una década, la inversión anual en el sector de los hidrocarburos alcanza la exorbitante cifra de 500.000 millones de dólares, pero el 90% de eso simplemente sirve para evitar la caída de la producción, no para poner más petróleo o gas en el mercado. Los tiempos se acortan. El tiempo se agota.

Hace un par de meses, la Administración de la Información de la Energía, dependiente del Departamento de Energía de Estados Unidos, proyectó que la producción de petróleo de EEUU, que gracias al fracking había crecido espectacularmente desde 2010, iba a empezar a decrecer –la palabra maldita para la religión dominante– en los próximos años. De hecho, octubre de 2025 marcó probablemente la máxima extracción de petróleo estadounidense, y con ella la de todo el planeta. He ahí la razón profunda del actual apresuramiento norteamericano por controlar los recursos de petróleo. Primero en Venezuela, para asegurar reservas estratégicas y rutas seguras de suministro, y así poder luego intentar la enajenada aventura bélica en Irán.

Nada de esto es en realidad novedoso para muchos: hace años que sabíamos que llegaríamos a este punto.

El petróleo es la base de casi todo, sobre todo, de lo que comemos. Los combustibles fósiles representan aún el 80% de todo el consumo de energía mundial, y los únicos modelos de transición renovable que se están discutiendo, todos ellos de carácter extractivista y privado, no son capaces de reemplazar esa cantidad de energía. Además, ya no hay debate alguno, el cambio climático se está acelerando y va a hacernos mucho más daño justo cuando menos recursos disponibles tengamos. Apunten al otoño de 2026, con la previsible visita de otro El Niño, como un momento en el que se pueden producir nuevos y devastadores eventos extremos como el que sufrimos en Valencia en 2024, o incluso peores. Es, físicamente, solo cuestión de tiempo.

Y por eso necesitamos con urgencia dotarnos de una hoja de ruta común, un manual para pilotar este tiempo convulso. Para empezar, reconociendo la deriva que van a tomar los acontecimientos. Poco importa si estamos hablando de meses o de años.

En Valencia, tras el desastre, casi en cada pueblo afectado surgieron espontáneamente los CLERs Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción, asociaciones de vecinas y vecinos afectados que se juntaron para hacer el trance lo más llevadero posible y, a la vez, fiscalizar y presionar a las autoridades sobre los procesos de reconstrucción que les afectaban más directamente. Ese modelo de comunidad que se autoorganiza para cuidarse desde abajo, mientras sigue mirando con lupa y apretando hacia arriba es la mejor receta que tenemos.

En la situación de descenso de la producción de petróleo, primero veremos un shock de precios. Después, a medida que la actividad económica se detenga y quiebren empresas, veremos oscilaciones en el precio, debido a la caída de la demanda primero, y luego nuevas subidas de precio cuando la producción caiga aún más: es la famosa espiral de destrucción de oferta–destrucción de la demanda. La tónica en esta fase es el encarecimiento de todo tipo de productos y los primeros desabastecimientos de bienes aún no tan esenciales. Las bolsas pueden entrar en pánico y una fuerte recesión económica está bastante asegurada.

Estanflación es una palabra que puede volver a ponerse de moda. Probablemente en los países del norte global la situación empeorará, pero aún se mantendrá el abastecimiento de los bienes fundamentales. En el sur global, con sus diferentes contextos, habrá más situaciones de desabastecimiento, hambrunas y/o revueltas.

A medida que el problema se vaya haciendo más estructural, comenzará a haber dificultades más serias en los países del norte. No es que no vaya a haber nada en absoluto: es que habrá menos de lo que estábamos acostumbrados a consumir. Se tendrán que imponer las primeras medidas de racionamiento, presumiblemente por el sacrosanto mercado, esto es el que no pueda pagar se quedará fuera. Esas medidas pretenderán vestirse de técnicas cuando son fuertemente políticas, como ya discutimos en su día.

Será en estos momentos cuando más fuerte resonará la cacofónica algarabía tecno-optimista que lo impregna todo en nuestra sociedad, la misma que nos ha traído indefectiblemente hasta aquí.

Los grandes expertos –y los grandes poderes económicos– pretenderán tener una solución, entendiendo como “solución” una fórmula mágica para “volver a lo de antes”. En esencia, un milagro tecnológico para que nada cambie, para poder seguir adelante con el capitalismo. El problema es que tal solución no existe, ni existirá. No entraremos ahora a detallar el por qué. Hemos escrito mucho sobre el tema: baste decir aquí y ahora que, con el contexto que tenemos y el que se avecina, si fuera tan fácil, hace tiempo que alguien lo habría puesto en marcha, ¿no creen?

En una situación de creciente descontento e inoperancia del poder público, con protestas y revueltas en las calles pero sin una sociedad organizada y consciente, tendremos el campo abonado para la emergencia del fascismo que estaba latente en nuestro sistema imperial de crecimiento pretendidamente perpetuo. Decía Naomi Klein que la política odia el vacío, o lo llenas tú o alguien va a llenarlo por ti.

Por eso nos resignamos. Llevamos muchos años alertando para evitar la llegada de este desastre, y ahora que los fieles gestores de este sistema lo están precipitando, proponemos otra manera diferente de gestionar ese desastre. De evitar que la decadencia de la globalización capitalista sea el descenso a la miseria que aparenta y pueda ser quizá un dolor que nos empuje, un parto necesario para dar luz a una sociedad que sí sepa gestionar mejor sus recursos, y sobre todo, sus límites.

En primer lugar, tendríamos que reconocer y aceptar que el modelo capitalista con su expansión infinita ha llegado a su fin, y ninguna quimera de renovables, ya en el modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, ni en el del biogás o la biomasa, va a poder mantenerlo. Hay que trabajar activamente en modelos económicos alternativos, basados en la proximidad y en la satisfacción primero de las necesidades reales de la gente: alimentación, agua, vivienda, vestimenta, salud, comunidad, educación, tiempo y cuidados. La sociedad debe organizarse para garantizar que todo el mundo tenga acceso a esas necesidades básicas. Esa es la prioridad.

No tenemos ningún modelo energético que permita mantener la expansión energética que ha definido a las sociedades occidentales durante los últimos 250 años. Tenemos que reconocer que la escasez de energía es estructural, que ha venido para quedarse y que solo puede ir a peor. Cualquier otro marco mental más “optimista” en el fondo está retrasando las medidas necesarias y hasta el cabreo que puede hacerlas posibles. La rabia ha movilizado más que la esperanza a lo largo de la historia para la transformación social y solo hay que hacer un breve repaso a la historia para entenderlo.

Hay que invertir tiempo y recursos en la reformulación de la producción y la propiedad de esta, el transporte y la urbanización, priorizando la eficiencia y la justicia en el consumo de energía y de recursos. Y todo eso fuera de una óptica del beneficio privado: la prioridad es la vida de las personas y de la sociedad, no el negocio. En particular, no se puede mercantilizar la gestión del acceso a los recursos. Se debe priorizar el bienestar colectivo sobre el beneficio privado. Se debe anteponer el bien común al interés individual legítimo.

Volviendo al futuro: va a faltar combustible para los vehículos y maquinaria agrícola e industrial. Va a haber más apagones. Van a faltar piezas de recambio, a veces máquinas enteras. Si recuerdan la disrupción que se produjo en la cadena de suministros con la pandemia y la guerra en Ucrania, esperen a ver qué tal aguanta ahora.

Se tendría que hacer de urgencia un análisis estratégico de qué cosas necesitamos producir para abastecernos aquí. Y cuáles de ellas podemos implementar rápido. Las chatarrerías son un depósito estratégico de materiales de alta calidad muy aprovechables y eso implicaría, por ejemplo, dejar de exportar nuestra chatarra a China y EEUU como está sucediendo ahora.

Tenemos que renaturalizar tantos espacios como sea posible, para dotarnos de resiliencia hídrica y térmica en una situación de creciente y acelerado caos climático y a la vez quizá porque algún día descubramos que debajo del asfalto no había arena de playa, como pensaban los ingenuos, lo que había era tierra cultivable.

Tenemos que hacer todo esto y muchas cosas más. Y tenemos que hacerlo ya, porque los tiempos se acortan y cuanto más tardemos, peor estaremos. Hay que dejar de perder el tiempo con ensoñaciones tecnólatras, que no son más que onanismo mental –muy cómodo e incluso reconfortante– para negarse a reconocer que el capitalismo, en su fase imperialista, ha entrado en una etapa de descomposición y que, si no construimos una alternativa organizada, su decadencia puede arrastrarnos a la más absoluta de las barbaries.

Quizá, después de todo, lo primero sería abrir un gran debate público en el que se exponga clara y honestamente cuál es nuestra situación, y qué es lo que podríamos hacer. Porque, digan lo que digan, las lluvias van a venir y no estamos preparados para enfrentarlas.