junio 01, 2026

Los socialistas vascos piden “perdón” a las víctimas de los GAL y denuncian la “desfachatez” de Felipe González

 Iker Rioja Andueza  Donostia —29 de septiembre de 2025

La parte del PSE-EE del Gobierno vasco, que desde 2024 dirige las políticas de Derechos Humanos, ha realizado en la noche de este lunes, en Donostia, el gesto más significativo de los socialistas hacia las víctimas de los GAL, un grupo terrorista que, según se ha remarcado, fue organizado por el equipo de Felipe González. La consejera María Jesús San José ha pedido “perdón” a las familias de los asesinados por esa organización, ha pronunciado una “firme condena” por sus acciones, ha lamentado que altos cargos del Estado decidieran “financiar” y “mantener” la guerra sucia y, finalmente, ha denunciado la “desfachatez” de quienes, todavía ahora, se jactan de aquellos años oscuros. “Ensucian las siglas de un partido que hunde sus raíces en la defensa de los derechos humanos”, ha añadido San José, que ha repetido estas ideas en castellano y en euskera, para que no cupieran dudas. No ha mencionado nombres propios en ningún momento.

“Ninguna violencia podrá jamás justificar el uso de otra en sentido contrario. Nada puede justificar, minimizar o relativizar la violación de los Derechos Humanos. Por eso, quisiera dirigirme a todos aquellos cargos políticos que alguna vez tuvieron la desfachatez de mostrarse orgullosos del daño que causaron a tantas personas, usando para ello las herramientas del Estado. Quisiera dirigirme a ellos para condenar sus palabras, para decirles que sus palabras solo sirvieron para causar aún más dolor, para erosionar la credibilidad de nuestra democracia y ensuciar las siglas de un partido político que hunde sus raíces en la defensa de los Derechos Humanos y de los valores democráticos. Ése no es ni será jamás nuestro camino”, ha señalado la responsable vasca de Justicia y Derechos Humanos.

El contexto del discurso ha sido la inauguración de una exposición con motivo del cuadragésimo aniversario del atentado más sangriento de los GAL, el del Hôtel Monbar de Baiona. Dos mercenarios de nacionalidad francesa, contratados 'ad hoc', asesinaron a cuatro miembros de ETA en ese establecimiento al otro lado de la frontera hispanofrancesa mientras veían por televisión un partido de fútbol entre España e Islandia, según contó 'El País' en la crónica de la época. Hirieron a una quinta persona. Los asesinos eran Lucien Mattei y Pierre Frugoli, “ligados al hampa marsellesa”, según se probó. Las víctimas, José María Etxaniz Maiztegi, Iñaki Astiasuinzarra Pagola, Agustín Irazustabarrena Urruzola y Sabin Etxaide Ibarguren. El herido en el atentado fue Jean Iriarte.

“Esta exposición pretender paliar, en la medida de lo posible, el dolor de tantos años de silencio. Por eso hoy aquí, ante ustedes, quisiera pedirles perdón a las familias por cuatro décadas de ausencia institucional y silencio social. Sé que esta exposición no puede más que aliviar mínimamente su dolor, pero estoy convencida de que es el primer paso de lo que espero sea un largo camino”, ha dicho también San José.

La pasada semana, coincidiendo con la fecha pero opacado por el quincuagésimo aniversario de los fusilamientos de Juan Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi, los últimos de la dictadura, ya hubo un primer acto de homenaje a estas víctimas en la propia Baiona. Ahora, el Instituto de la Memoria (Gogora) ha presentado una exposición que hasta octubre mostrará, con apenas una docena de paneles, el contexto de creación de los GAL, su organización, sus víctimas y, en particular, el caso del Monbar, para el que las familias han grabado un vídeo de unos diez minutos en el que denuncian haber estado ninguneadas por las instituciones todos estos lustros.

En los paneles se menciona que en la legislatura de 1982 a 1986, el primer gabinete de González, fue el origen de la “estrategia de guerra sucia”. Se reproduce un informe secreto de la CIA, ya desclasificado, que apunta que el presidente socialista “estuvo de acuerdo” ('agreed to') en crear un “grupo de mercenarios” para combatir de forma no ortodoxa el terrorismo de ETA. Incluso hay un organigrama de la organización con tres colores, el GAL verde de la Guardia Civil, el azul de la Policía y el marrón militar. Entre los nombres que aparecen están los de los exministros José Barrionuevo y Narcís Serra, pero también los de Rafael Vera, Julián Sancristóbal, Julen Elgorriaga, Juan Alberto Perote o José Amedo, entre otros.

El acto ha logrado concitar, en una misma sala, a las cinco grandes familias políticas vascas y a víctimas de todos los terrorismos. El PSE-EE ha estado representando por su secretario general, Eneko Andueza, por su líder en Gipuzkoa, José Ignacio Asensio, y por cuatro de sus cinco consejeros en el Gobierno de Imanol Pradales, Javier Hurtado, Susana García Chueca, Denis Itxaso -exdelegado del Gobierno de España- y la propia San José. También había una nutrida representación de parlamentarios y otros cargos, como el exalcalde de la ciudad, Odón Elorza.



La delegación de EH Bildu estaba encabezada por el también exalcalde Juan Karlos Izagirre, ahora portavoz municipal, y por, entre otros, la coordinadora del grupo parlamentario, Eraitz Sáez de Egilaz. Por parte del PNV estaban las consejeras María Ubarretxena y Nerea Melgosa, el dirigente del Euzkadi Buru Batzar responsable de Derechos Humanos, Jon Gambra, la parlamentaria Olatz Peón y otros alcaldes. Por parte del PP han participado la presidenta en Gipuzkoa, Muriel Larrea, y el edil Ángel Mota, hermano de un asesinado por ETA. Otras víctimas de ETA como Gorka Landaburu, Patxi Elola o Iñaki García Arrizabalaga también han acudido. Víctor Lasa, concejal de Podemos en Donostia, ha representado a la coalición Elkarrekin.

En la sala había, en todo caso, una amplia representación de víctimas del terrorismo de Estado, como los allegados de Joxean Lasa y Joxi Zabala. Ainara Esteban, de la plataforma Egiari Zor, ha ejercido de portavoz de las familias de Monbar y, en general, de todas las víctimas de los GAL. Ha calificado este tributo como “un paso adelante” y se ha felicitado de que haya al fin una “convergencia” en el relato “ante unos gravísimos hechos” del pasado reciente de Euskadi. Ha indicado que el proceso para llegar hasta aquí arrancó con “profunda desconfianza hacia las instituciones” porque se mantiene hoy la “impunidad” del terrorismo de Estado pero el camino ha acabado con “cercanía” hacia Gogora. Ha tenido también un recuerdo para las víctimas del genocidio en Palestina. Todo el mundo ha aplaudido todo en todo momento.

En el vídeo que se proyecta en la exposición, íntegro en euskera, las familias insisten en los “cuarenta años de silencio”, denuncian la “asquerosidad” de aquel PSOE de Felipe González y abogan por que las nuevas generaciones conozcan estos hechos. Agradecen especialmente que provenga de los socialistas el reconocimiento aunque Egiari Zor ha deslizado que les había gustado que el acto lo hubiera presidido el lehendakari, que es del PNV. El director de Gogora, Alberto Alonso, que ha contado que inició la preparación de este acto en su primer día en el cargo, ha considerado lo ocurrido algo muy “especial”. Ha agradecido la “generosidad” de las familias y ha planteado que esto “no sea el final del camino”. “Este país tiene que seguir por este camino”, ha recalcado. Su alocución también ha sido íntegra en euskera.

El acto y la exposición están ubicadas en el espacio cultural Ernest Lluch de Donostia, encajonado bajo las gradas del estadio de Anoeta de la Real Sociedad, reformado recientemente. Las propias víctimas de los GAL han querido que sea en ese espacio tan simbólico, cuyo nombre es el de un socialista asesinado por ETA.

mayo 31, 2026

Fundación Contexto y Acción. El imperio virtuoso, de Rafael Poch

 Rafael Poch 28/01/2026

La historia colonial europea es el nexo entre los gobiernos occidentales y el genocio de Israel en Gaza

Representación del interior de un “buque ataúd” transportando migrantes irlandeses a América (Rodney Charman, 1970). / Maritime Enyclopedia Fandom


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La industria del entretenimiento es una herramienta fundamental del hegemonismo occidental. En estrecha colaboración con el complejo político, militar, financiero y mediático, su producción penetra diariamente en todos los hogares desempeñando una función ideológica clave, perfectamente identificada y conocida. Vista en retrospectiva, la industria de Hollywood logró convertir en proezas, epopeyas y románticos relatos esa enciclopedia universal de la infamia que contiene la historia del colonialismo europeo, y muy particularmente la de los británicos, parientes directos del actual hegemón. La lista de las películas que ensalzan los grandes crímenes coloniales está aún por completar, pero basta citar clásicos como Lawrence de Arabia (1962), 55 días en Pekín (1963), Zulú (1964) o Kartum (1966) para recordar cómo toda una generación creció arrullada y entretenida por ese género exaltador cuya leyenda interiorizó. 

Resulta ilustrativo cotejar la lectura de cualquier obra seria sobre la acción del imperio británico en India o China con películas como Victoria y Abdul (2017), de Stephen Frears, o Tai Pan (1986), de Daryl Duke, para mesurar el nivel de vileza de tal bombardeo. Frears presenta la relación de cálida amistad entre la reina Victoria y su criado indio en una época en la que los indios morían de hambre en espantosas crisis directamente relacionadas con la gestión colonial. La película de Duke se inspira en la figura de William Jardine (1784-1843) para montar una ficción romántica, erótica y heroica alrededor del principal narcotraficante de la historia que condenó a la drogodependencia a 150 millones de chinos, y se convirtió en uno de los hombres más poderosos y ricos de su tiempo. 

Mantenido durante más de dos siglos de violencia, racismo y explotación, el imperio británico todavía se presenta de la forma más altiva y arrogante como una empresa civilizadora y modélica, al lado de los imperios francés, español, portugués etc., declarados defectuosos o manifiestamente fallidos.

“Para algunas naciones, España por ejemplo, la apertura del mundo fue una invitación a la prosperidad, al boato y la ambición, un antiguo modo de proceder. Para otras, como Holanda e Inglaterra, fue la ocasión de hacer cosas nuevas, de subirse a la ola del progreso tecnológico”, escribe David S. Landes (La riqueza y la pobreza de las naciones, 1998). Esa coherencia con el más que ambiguo “vector del progreso”, que apunta con satisfacción el ilustre historiador de Harvard, quizá explique la actual y renovada nostalgia por el imperio británico, sobre la que advierten dos autores críticos con el fenómeno (Hickel y Sullivan). “Libros de gran repercusión como Empire: How Britain Made the Modern World, de Niall Ferguson, y The Last Imperialist, de Bruce Gilley, han afirmado que el colonialismo británico trajo prosperidad y desarrollo a India y otras colonias. Hace dos años una encuesta de YouGov reveló que el 32% de los británicos se sienten orgullosos de la historia colonial del país”, apuntan. 

Ese mismo orgullo hacia el pasado colonial está, sin duda, vergonzosamente vigente en muchas otras viejas naciones imperiales, pero en ninguna parte como entre los “ingleses de ambos lados del Atlántico”, que Benjamín Franklin definió como “el núcleo más importante del pueblo blanco”, tiene ese sentir más consecuencias para el presente. 

“El imperio, tal y como había sido, llegó a su fin formalmente en la década de 1960, pero su infeliz legado sigue presente en el mundo actual, donde se producen numerosos conflictos en los antiguos territorios coloniales”, observa Richard Gott en su compendio sobre el imperialismo británico (Britain´s Empire, 2012). “Si Gran Bretaña tuvo tanto éxito con sus colonias, ¿por qué muchas de ellas siguen siendo fuentes importantes de violencia y disturbios?”, se pregunta. Los británicos –reducidos ahora a la humilde categoría de ayudantes del sheriff, en mayor medida que el resto de los europeos– “han seguido librando guerras en las tierras de su antiguo imperio en el siglo XXI, y gran parte de la población británica ha regresado sin cuestionamientos a su antigua postura de aceptar sin pensar lo que se hace en su nombre en lugares lejanos del mundo”, dice Gott. El papel, que en el siglo XIX desempeñaron la “civilización”, el “comercio” y el “cristianismo” impuestos a los “salvajes”, lo desempeña ahora la ideología de los derechos humanos, la igualdad de géneros y otras nobles causas. Por todo ello, recordar las ejemplares hazañas de tan virtuoso imperio no es un ejercicio histórico, sino un imperativo para la comprensión del presente y muy en particular para la comprensión de la complicidad europea (política, financiera, comercial, militar y mediática) con el genocidio palestino.

El Gulag británico

El imperio británico era una dictadura militar en la que los gobernadores coloniales imponían la ley marcial a la menor disensión. Durante más de 200 años fue escenario de constante revuelta y violencia represora. En la propia metrópoli, centenares de miles fueron confinados en el Gulag insular de su majestad. Especialmente después de que la independencia de Estados Unidos cerrara aquel territorio colonial del nuevo mundo –en los treinta años anteriores a 1776 la cuarta parte de los emigrantes llegados a Maryland eran convictos–, islas del Caribe como las Bermudas y Roatán, en Honduras; de Asia, como Penang, en Malasia, o del Índico como las Seychelles o Andamán, formaron parte del presidio insular británico, que también envió a muchos reclusos indios y chinos a Singapur. En el XIX, las Seychelles fueron prisión para líderes de revueltas y notables locales, de Zanzibar, Somalia, Egipto o Ghana, que por una u otra razón no podían ser ejecutados. El arzobispo Makarios, líder del nacionalismo helénico de Chipre, estuvo allí recluido en fecha tan cercana como 1956. Pero fue Australia, la gran isla-continente, que ofrecía espacios ilimitados, el gran destino que el gobierno necesitaba para los “detritos sociales” de su catastrófica revolución industrial, gran hito de ese “progreso” glosado por Landes.

En 1840, la mitad de la población de Tasmania, unos 30.000, la formaban reclusos. Como mantener a los presos en las cárceles metropolitanas era caro, las sentencias mínimas de deportación a Australia para quitárselos de encima, incluso por pequeños hurtos, eran de siete años. Entre 1788 y 1868, 162.000 condenados fueron enviados a Australia, entre ellos 4.000 sindicalistas, cartistas, luditas, las famosas “hijas de Rebeca” de Gales, que rompían peajes y barreras para protestar contra la privatización y los peajes en las carreteras, así como 2.000 revolucionarios irlandeses. 

La terrible situación de represaliados y condenados de la metrópoli represaliando y masacrando a su vez a la población nativa en las colonias, que tan vivamente se dio en los Estados Unidos con las naciones indias, se repitió en otras colonias europeas y también en Australia. En 1824, el gobernador militar de Nueva Gales del Sur dio licencia a los colonos, muchos de ellos exconvictos deportados, para matar aborígenes a discreción. El gobernador se llamaba Thomas Brisbane y su apellido da hoy nombre a una de las grandes ciudades australianas.

La hambruna de Irlanda

Algunos consideran la hambruna de China durante el Gran Salto Adelante (1958-1962) como la mayor de la historia. Un siglo antes, la hambruna de Irlanda (“An Gorta Mór”) fue bastante peor que la china si se tiene en cuenta la proporción de población implicada. Con ocho millones de habitantes, el hambre y sus consecuencias se llevaron a entre uno y dos millones de irlandeses. Algunos lugares perdieron la tercera parte de su población, la mitad muerta y la otra mitad por emigración. (Patrick Joyce, 2024. Remembering Peasants. A personal History of a Vanished World).

“He visitado los desoladores restos de lo que en su momento fueron nobles pieles rojas en sus reservas de Norteamérica y he explorado los barrios negros donde están degradados y esclavizados los africanos”, escribía en 1847 James Hack Tuke, un filántropo cuáquero inglés en una carta tras su visita a Connaught, “pero nunca he visto tanta miseria, ni una degradación física tan avanzada, como la de los moradores de los lodazales de Irlanda”.

Otros países como Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Rusia, también sufrieron plagas de la patata en 1846 y 1847 pero, a diferencia de lo que ocurrió en Irlanda bajo el dominio británico, paralizaron las exportaciones de los demás alimentos para compensar la pérdida. La política inglesa destinaba a la exportación los alimentos producidos en Irlanda, una estrategia cuyo mantenimiento se consideraba más importante que la vida de los irlandeses. Uno de los protagonistas de esa política, el subsecretario de Hacienda Charles Trevelyan, estaba más preocupado por “modernizar” la economía irlandesa que por salvar vidas, así que vio en la hambruna una oportunidad para aplicar reformas radicales de libre mercado.

“No nos cabe la menor duda de que, por causa de las inescrutables pero invariables leyes de la naturaleza, el celta es menos activo, menos independiente y menos trabajador que el sajón. Esta es la arcaica condición de su raza”, escribía The Times, el diario central del establishment imperial.

The Economist, el mismo semanario que en los años noventa del siglo XX predicaba las virtudes de la terapia de choque rusa, que dejó por el camino una factura demográfica de medio millón –sobre todo hombres en edad laboral– mientras denostaba la mala reforma china, publicaba el 30 de enero de 1847 un editorial dedicado a la crisis irlandesa: “Que los inocentes sufran junto con los culpables es una triste realidad”, decía, “pero es una de las grandes condiciones en las que se basa la existencia de toda sociedad. Cada violación de las leyes de la moral y el orden social conlleva su propio castigo. Esa es la primera ley de la civilización”. (En The Economist and the Irish Famine, Crooked Timber).

Desde el siglo XVI, en Irlanda, estaba vigente un diezmo por el cual los irlandeses mayormente católicos debían pagar la décima parte de sus ingresos anuales para financiar la iglesia protestante. Hasta 1829, los católicos que rechazaban el juramento protestante de lealtad a la corona no podían acceder a empleos públicos. Durante la hambruna, los teólogos protestantes ingleses atribuían la plaga de la patata al “papismo”, es decir al catolicismo, que había “provocado la cólera de Dios”. El semanario satírico Punch publicaba constantemente caricaturas que presentaban a los irlandeses como simios brutos, sucios, perezosos, violentos y únicos responsables de su propia desgracia.

En 1847, mientras el Times ignoraba los desastres de la hambruna, en Estados Unidos se puso en marcha una campaña de ayuda que dejó en evidencia al gobierno de Londres. Los paquetes en los que ponía “Irlanda” eran transportados gratuitamente en ferrocarril y se fletaron 114 barcos con ayuda.

El holocausto irlandés continuaba para los que lograban emigrar. En el último de los tres siglos de la trata negrera, a lo largo de la cual unos diez millones de africanos fueron transferidos al Nuevo Mundo, con la mitad de ellos muertos en el proceso de captura y transporte, según uno de los grandes historiadores de ese tráfico (Joseph Miller, 1988, en Way of Death), los emigrantes irlandeses conocieron un destino no muy diferente. En los barcos ingleses que transportaban a los emigrantes irlandeses a América, las condiciones eran tan espantosas que uno de cada cuatro moría durante el viaje o en los seis meses posteriores a su llegada al Nuevo Mundo. La mortandad registrada en lo que fue descrito como “buques ataúd” no era inferior a la de los barcos que transportaban esclavos africanos a las colonias. Que esa mortalidad fuera particularmente alta en los barcos ingleses, describe una clara negligencia criminal: por cada muerte de un emigrante a bordo de un barco americano, había cuatro en uno británico y por cada enfermo que llegaba a Estados Unidos en un barco norteamericano, llegaban cinco en un buque británico. En 1847, de los 98.000 emigrantes que llegaron a Canadá en barcos ingleses, 25.000 murieron en el viaje o a los seis meses de su llegada. Todo esto fue noticia en la prensa de Estados Unidos y de Canadá, pero el Times de Londres lo ignoraba. El gobierno británico solo comenzó a tomar medidas en 1854, siete años después. (Thomas Gallagher. Hambre en Irlanda: la elegía de Pady, 2007).

La industria del entretenimiento ha ignorado por completo la hambruna de Irlanda, pero en 2018 una rara excepción irlandesa producida en Luxemburgo presentó Black 47, del director y guionista Lance Daly, una película de acción con trepidante ritmo de western construida sobre el entramado de aquella histórica tragedia. The Times resaltó esta vez la “machista teatralidad” del film, del que apuntó que “todo es profundamente absurdo, pero dentro de un entorno inquietantemente profundo”. The Independent destacó el carácter “excesivamente sombrío” de lo que calificó como “western de patatas” en alusión a los spaghetti western, y The Guardian lamentó que “la caricaturización de los villanos disminuya el impacto” de esa estupenda película que de todas formas fue un éxito de taquilla... 

Irlanda en Occidente y Birmania en Oriente fueron los territorios más potentes y tenaces en su resistencia a los ingleses, por lo que la represión fue allí particularmente cruda, pero también en India las convulsiones, hambrunas y revueltas fueron crónicas. 

India 

Según una estimación reciente, solo en los cuarenta años que van de 1880 a 1920 la colonización británica causó en la India unos 100 millones de muertes provocadas por el empobrecimiento de la población y la mayor frecuencia y mortandad de las hambrunas. (Jason Hickel, Dylan Sullivan, How British colonialism killed 100 million Indians in 40 years). “Se trata de una de las mayores crisis de mortalidad inducida por políticas de la historia de la humanidad”, señalan los autores. “Es mayor que la suma combinada de muertes que se produjeron durante todas las hambrunas de la Unión Soviética, la China de Mao, Corea del Norte, la Camboya de Pol Pot y la Etiopía de Mengistu”, todas ellas en el siglo XX, dicen. Antes de eso, en 1770, una gran hambruna asoló Bengala matando a unos diez millones de sus habitantes, la tercera parte de la población. La situación fue agravada por el monopolio del arroz y otros productos impuesto por la Compañía Británica de las Indias Orientales que gobernaba el territorio. El colapso y los impuestos, combinados con la sequía y el hambre, marcaron el inicio del dominio inglés en India, un cuadro que se mantendría durante 200 años.


Desde su llegada al subcontinente en el siglo XVII, Gran Bretaña destruyó el sector manufacturero de la India, que exportaba tejidos a todo el mundo. El régimen colonial eliminó los aranceles para los productos textiles británicos y creó un sistema de impuestos y de barreras internas que impedían a los indios vender sus productos dentro del país y mucho menos exportarlos. “Si la historia del dominio británico de India tuviera que condensarse en un único dato, sería este: entre 1757 y 1947 no hubo incremento del ingreso per cápita y en la segunda mitad del XIX los ingresos se redujeron seguramente en más de un 50 por ciento”, dice Mike Davis (Late victorian Holocausts, 2002). La nueva economía colonial fragilizó a las poblaciones ante las sequías y fenómenos naturales adversos que propiciaban el hambre. Según el historiador Robert C. Allen (Global Economic History: A Very Short Introduction, 2011), bajo el dominio británico, la pobreza extrema pasó del 23% en 1810 a más del 50% a mediados del siglo XX, los salarios reales disminuyeron y las hambrunas se hicieron más frecuentes y más mortales. ¿Pasado remoto?

El político inglés más importante de la Segunda Guerra Mundial, Wiston Churchill, fallecido en 1965, era un racista confeso. En los años cuarenta del siglo XX se refirió a los indios como “un pueblo bestial con una religión bestial” y de la hambruna de 1943 en Bengala, que dejó tres millones de muertos, afirmaba que “fue culpa suya por reproducirse como conejos”. En 1919, Churchill se declaró “totalmente a favor del uso del gas venenoso contra las tribus incivilizadas”. En los años treinta definía a los palestinos como “hordas bárbaras que solo comen estiércol de camello”. Antes de la guerra fue un admirador de Mussolini (“no pude evitar sentirme encantado por su porte gentil y sencillo y su sereno aplomo”) y tenía palabras de elogio para Hitler en 1937, el año de Gernika: “A uno le puede disgustar el sistema de Hitler y, sin embargo, admirar sus logros patrióticos. Si nuestro país fuera derrotado, espero que encontremos un campeón tan admirable que nos devuelva el valor y nos conduzca de nuevo a nuestro lugar entre las naciones”. En la campaña electoral de 1955, Churchill propuso para el partido conservador un lema que muchos europeos suscriben hoy: “Mantener a Gran Bretaña blanca”. 

mayo 30, 2026

Gerona. Camino de Ronda. Begur. Cala Sa Tuna-Calas: Fonda-Fornells-Aiguablava-Tamariú, 11/5/2026

  Las fotos llevan una explicación y al relato lo precede un *asterisco. Lo copiado aparece "entrecomillado". Para VER las FOTOS, sus detalles, DEBEN AGRANDARSE clicando sobre ellas. Crónica día anterior   https://paqquita.blogspot.com/2026/05/gerona-la-garrotxa-volcan-croscat.html


1.- Andando por otro Lloret. Árbol de mango.


2.- Vistas desde mi enclave.


3.- Pintura sobre pared. Calle de Peligros. Día 10 -  18h.

* El domingo 10 Blas se siente resfriado, muy resfriado, descansamos de nuevo. Se queda en el hotel y yo, salvo imponderables, me voy a caminar. Nos veremos de nuevo en la comida.
A la tarde salimos a tomarnos un refresco por la calle principal. vamos buscando, también, una sombra.
Blas elige uno llamado "Blanco y Negro" Pedimos dos tónicas, nos las cobraron como gin tonic, 4 euros cada una.

4.- Plaza del Lloret antiguo.





5.- Bolardo de Lloret, con árbol estampado en la parte superior.



6.- Reja artesana.

* El lunes ideamos ir de Sa Tuna, cerca de Bagur, a Palamós. El tramo de Tossa de Mar a San Feliú de Guisols lo tenemos pendiente, excluido por considerarlo muy largo.
No hay bus que enlace, directamente, ambas poblaciones, optamos por el taxi. Quedamos en llamarla cuando estemos en Palamós, donde dejaremos nuestro vehículo. Así hacemos y aparece al poco. El recorrido en coche no pasó de 30 minutos, nos deja en Cala Sa Tuna. Nos indica por donde debe ser el inicio y lleva razón. El coste es de 57 euros.


7.- Cala Tuna. Ancla. Cabo de Begur a derecha. 


8.- Casas de Cala Sa Tuna


9.- Litoral.


10.- Como península. Aquí vegetación de matorral bajo.


11.- Detrás: las Islas Medas.


12.- Foto de Blas. Zona de vegetación baja, sin árboles. Mucho calor. Islas Medas.

* La ruta al sol es infernal, no hay  sombra que te cobije.


13.- Foto de Blas. Península anterior: foto 11.


14.- Seguimos a pleno sol.


15.- Zona no urbanizada.


16.- Foto de Blas. Demostración de mis habilidades.


17.- Foto de Blas. En pie.


18.- Flores asteráceas, color lila rosa.


19.- Poste de caminos. A izquierda: Sa Tuna, de donde venimos 40´. Para donde vamos Aiguablava y Tamaríu, a ésta última  vamos. Faltan 3h. 24´


20.- Jara Alba en flor.


21.- Madreselva.


22.- Foto de Blas. Población a derecha. Posible Puerto de Fornells.


23.- Foto de Blas.


24.- Barco pesquero volviendo a puerto.

25.- Ignoro que planta es. Es enredadera.


26.- Bajando a la población.

* Llegamos a una urbanización, tiene dos bajadas: a Cala Fonda y Cala Fornells. Elegimos la segunda.


27.- Pasillo entre fincas, escalera de bajada al puerto..


28.- Foto de Blas. Muro de finca. Cerca del mar.


29.- Cala, una de ellas. .


30.- Entrada de agua, aprovechada para meter las barcas.


31.- Puerto pesquero de Fornells.


32.- Al otro lado del puerto.


33.- Otra entrada de agua aprovechada para meter las barcas.


34.- Otra cala. Aiguablava. Arriba: Parador Nacional.

* En esta zona encontramos otro poste de camino, nos indica: Tamaríu 52´  Sa Tuna 3h. 12´


35.- Foto de Blas. Mirando atrás.


36.- En la urbanización, una de ellas.


37.- Foto de Blas

                             

38.- Foto de Blas.


39.- Más mar, más costa, más calas.


40.- Algo más a derecha. Zona de Aiguablava.

41.- Cala pequeña.

* Llegar a Aiguablava fue una decepción, la más domesticada de todas. Parte positiva, tiene bares, luego podremos tomarnos un refresco. Blas le pregunta a un empleado, que está sacando bolsas de uno de los establecimientos.  ¡No! salvo que sólo sea bebida. ¡Nos vamos! y nos fuimos, sin beber, sin fuentes, sin agua en la cantimplora.
Vamos por la carretera, monte arriba, voy deshidratada, entramos en una urbanización fantasma, como todas. Son las 19h.  No vemos ni a dios. Por fin veo a un señor trabajando, le cuento mis penas, sedienta y sin fuerzas para seguir el camino. Contesta: el conductor es... y aparece alguien más joven (44 años)  nos interpela y dice que nos lleva a Palafruguel, donde vive. Estamos de acuerdo, faltaría más. Sobre la marcha, charlando y charlando, cambia de idea y nos lleva hasta el coche. Una Joya y rumano. Blas le entrega 20 euros para cerveza que no quiere coger, luego dice que lo repartirá con el que se quedó.
La extensión de la excursión se me ha hecho grande, pese a conocer los kilómetros. Nunca valoramos adecuadamente el impacto del sol sobre nosotros.

Mañana 12 volvemos a casa

Vez anterior en que tocamos Palamós, que no ahora: Gerona. Costa Brava. GR 92: San Feliú de Guixols-Palamós, 31/3/2025   https://paqquita.blogspot.com/2025/04/gerona-costa-brava-gr-92-san-feliu-de.html

DATOS  ECONÓMICOS    

Hotel y manutención........ 500 eu. (estemos con Imserso)
Combustible.....................  160 eu.
Taxi...................................   57 eu.
Cervezas y otros................ 113 eu.
TOTAL.............................  850 eu.


PAQUITA