septiembre 03, 2026

CTXT. “Sinpapeles”, “menas” y derechización del sentido común. Por Nuria Alabao

 Nuria Alabao 2/06/2026

Alentar el miedo contra colectivos que hemos convertido en monstruos sirve para neutralizar el malestar que en otras condiciones podría convertirse en demanda política de cambio estructural

Despliegue policial para enfrentarse a los manifestantes racializados durante las protestas de Handsworth (Inglaterra) de 1985. / West Midlands Police


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A finales de mayo de 2020, en plena desescalada del confinamiento, un grupo de vecinos de Mataró creó en Facebook la página Patrulla Vecinal Mataró. En una semana tenía más de siete mil miembros. Pronto surgieron también canales de Telegram en cinco barrios de la ciudad, algunos con más de doscientos participantes. Su función, decían, era la de afrontar los “robos con violencia” y presionar para desalojar edificios ocupados. Lo que no decían explícitamente es que iban dirigidos expresamente contra los chavales magrebíes, muchos de ellos ya mayores de edad y abandonados, por tanto, por el sistema de acogida, dejados a su suerte sin ningún tipo de ayuda. Entre los impulsores de estas patrullas figuraban antiguos miembros de la ultraderechista Plataforma por Catalunya (PxC) y militantes de Vox Mataró, pero su éxito fue mucho más allá de la extrema derecha. Muchos vecinos se sintieron interpelados y se sumaron a la propuesta vigilantista.

Esta no fue la primera escena de agitación vecinal antiinmigrante, tampoco será la última. La secuencia viene repitiéndose con algunas variaciones desde hace más de diez años, aunque se ha acelerado los dos o tres últimos, espoleada por la crisis de vivienda y la recuperación económica que demanda mano de obra. Llegan más migrantes pero tienen dificultades extremas para encontrar alojamiento, de manera que muchos se ven empujados a ocupar, muchas veces acompañados de otros nacionales pobres expulsados también del mercado de vivienda.

A menudo son los propios vecinos quienes demandan los desalojos de estos espacios ocupados. Sucede con viviendas, edificios o incluso asentamientos precarios –desde tiendas de campaña hasta chabolas– que se extienden por buena parte del territorio. Solo el año pasado se produjeron los casos mediáticos del instituto B9 de Badalona, el del Grand Hotel Callao Sport en Tenerife, la nave La Escocesa en Barcelona, el de Zorrotzaurre en Bilbao, las naves ocupadas de Herrera-Oria en Donostia y el colegio de Martutene de la misma ciudad, entre otros. Mientras que este año han surgido nuevos casos como el de la antigua ikastola Jaso o el convento de Aranzadi, ambos en Pamplona. Cada uno de estos desalojos puede dejar a cientos de personas en la calle. En total son miles, y van a ir en aumento, en un perfecto ejemplo de cómo barrer el problema bajo la alfombra.

Los barrios aledaños a centros de menores también han sido espacios centrales de esta confrontación urbana. Porque las figuras que condensan aquí los “demonios populares”, que aglutinan los significantes monstruosos de descontrol y miedo, son las del menor extranjero no acompañado, el “mena”, o su versión adulta: los migrantes sin papeles. La prensa, la policía, algunos partidos y no pocos ciudadanos los han convertido en metonimia de barbarie, criminalidad y peligro sexual.

Los ataques y las patrullas ciudadanas, sean o no promovidas por los grupos de extrema derecha, acaban prendiendo de forma cada vez más fácil, como si en el imaginario del buen vecino agraviado estuviese incrustado el virus del vigilantismo vecinal. Esta figura ha anidado ya en el repertorio de acción colectiva y cualquier chispa puede incendiar la pradera. Una suerte de protesta invertida en la que la energía social acaba destinada no a reclamar el fin de la crisis de vivienda o más recursos públicos para el barrio, sino a proteger lo de cada uno de una supuesta amenaza fantasmática de piel oscura. Si hacemos un mapa de por qué la gente se moviliza hoy, la demanda de más policía en los barrios, las protestas contra los pobres que ocupan el espacio público y la vigilancia pseudopolicial ciudadana ocuparían una buena parte de las revueltas y acciones colectivas en barrios, ciudades y pueblos.

Las patrullas vecinales no son exactamente una invención de la ultraderecha, aunque pueden estar espoleadas por ella. Surgen del malestar, muchas veces legítimo, de algunos vecinos ante el deterioro del barrio, ante el desempleo, las consecuencias de la crisis, el empeoramiento de las condiciones de vida. Surgen allá donde anida el miedo. Este miedo puede tomar forma entre los pobres, o en las clases bajas al borde siempre de la catástrofe, pero también puede hacerlo en los temores de la clase media a la pérdida de estatus, en la creciente dificultad de reproducir sus condiciones, en el pánico a la proletarización. Si las patrullas de Mataró surgieron en algunos de los barrios más desfavorecidos de Cataluña como Rocafonda y Cerdanyola Sur, la presión vecinal que llevó al desalojo de La Escocesa en Barcelona se produjo en Poblenou, un barrio de clase media en plena transformación urbanística.

Pánicos morales: jóvenes de piel oscura

El libro colectivo Gobernar la crisis (Traficantes de Sueños), publicado en 1978 y dirigido por Stuart Hall, puede proporcionarnos algunos elementos de análisis para entender lo que está sucediendo. En esta obra, el grupo analizó el pánico moral generado en torno a los atracos callejeros –mugging– en la Inglaterra de los años setenta, a partir del caso de Handsworth: un barrio obrero étnicamente diverso del oeste de Birmingham.

La escena estuvo compuesta por muchos pequeños atracos que se construyeron en la prensa como un gran problema social que contaminaba la imagen irreal de una plácida Inglaterra habitada por gente de bien, aunque amenazada por esta inseguridad racializada. Aquí el folk devil –demonio popular– que se construyó fue el del mugger: el pequeño atracador. Esta figura criminal, según el libro de Hall, funcionó como condensador simbólico de una crisis económica severa –el shock del petróleo de 1973– que estuvo acompañada por una crisis de legitimidad del gobierno laborista que no sabía cómo gestionarla. La crisis era de largo alcance, puesto que esos años lo que se puso en cuestión fue todo el modelo de acumulación fordista-keynesiano. El consenso socialdemócrata de posguerra parecía agotado, pero todavía no había emergido lo que después sería la reestructuración neoliberal que cristalizaría con Thatcher en 1979. Y ahí tuvo un papel la derechización social que fue previa al ascenso de la Dama de Hierro, quien se alimentó de estas construcciones mediáticas alrededor de la inseguridad para impulsar su proyecto.

La crisis en marcha producía un malestar difuso en amplias capas de la población, un malestar en busca de una explicación y un culpable. El pánico moral proponía una explicación: la criminalidad desbocada, al tiempo que producía un culpable: el joven negro atracador. La solución, por tanto, solo podía venir de la mano de la represión y del Estado policial; un refuerzo del tipo de Estado que la derecha thatcherista quería construir, y acabó construyendo. La Administración no podía resolver el paro, pero podía meter a atracadores en la cárcel; no podía revertir la desindustrialización, pero podía llenar de policía el barrio.

Así, la figura del joven negro atracador permitió desplazar el debate desde las causas estructurales de la crisis social hacia las soluciones de tipo punitivo, siempre más fáciles de implementar. El uso político del miedo situó el foco en el delito y su respuesta al desplazar las preguntas sobre el paro o la desinversión.

Este caso formó parte del hummus cultural que haría posible levantar el proyecto contrarrevolucionario thatcherista. Pero, evidentemente, la policía no resuelve nada. En el verano de 1981, una ola de fuertes disturbios sacudió a más de treinta pueblos y ciudades británicos. Cuatro años más tarde, el enfrentamiento entre la policía y las comunidades locales racializadas, hartas de la presión sobre ellas, incendió Handsworth.

Casi cincuenta años después, en España, el contexto es muy diferente, pero emerge una nueva figura criminal racializada de usos parecidos: el “mena” –y su hermano mayor, el “sinpapeles”–. Para esta construcción hacen falta vecinos preocupados, sindicatos policiales que filtren datos de detenciones, fiscales de menores que emitan memorias anuales como prueba de la “oleada” de delincuencia juvenil y políticos que traduzcan la queja vecinal en demanda de mano dura.

La comunidad amenazada

En la España de los pánicos sobre los menas/sinpapeles, el sujeto moral del relato no es la víctima individual, como en el caso inglés, sino el barrio amenazado. “La calle está tomada”, “los vecinos tienen miedo”, “los padres no dejan ir a sus hijas al parque” son baldosas de este camino que recorre el miedo. El subtexto en el caso de los menores es el del peligro, el de la amenaza sexual y nunca el de su abandono o el del maltrato que reciben en los centros de menores –incluido el físico–. Cuando se trata de ocupaciones, no se habla del problema de la vivienda, de presión inmobiliaria o del sinhogarismo migrante. El marco es el endurecimiento de la acción policial sobre el orden urbano a golpe de demanda vecinal. Se habla del problema de la ocupación como parte del encuadre discursivo del crimen y el desorden social que amenaza la propiedad, los ahorros de los ciudadanos honrados que han trabajado duramente para poder obtener rentas inmobiliarias. Muy a menudo la amenaza se localiza en territorios ya degradados, pero esta dimensión de clase no hace cuajar ningún tipo de solidaridad –o solo lo hace en lugares donde existe mucha organización previa–, sino más bien la rabia de ser, de nuevo, el barrio que recibe “todos los problemas”. El mena/sinpapeles aparece como causa visible de un malestar cuyas raíces son otras.

De ahí la frase del libro de Hall sobre la función de la “gestión política a través del miedo”. El miedo al atracador –o al mena– canaliza y neutraliza el malestar que en otras condiciones podría convertirse en demanda política de cambio estructural. Sirve para desplazar la ansiedad social desde las causas reales de la crisis –que implican preguntas sobre la distribución del poder y la riqueza– hacia una figura criminal racializada sobre la que es posible actuar de forma visible e inmediata.

¿Quién capitalizará la derechización?

Decíamos que Gobernar la crisis describe una transición hegemónica que triunfa y que permite el paso desde el consenso socialdemócrata al thatcherismo. Hall lo llamó “populismo autoritario” y lo retrató como un desplazamiento que se produce desde abajo, desde el malestar popular, y que distintos actores políticos explotan. La diferencia con Thatcher es que ella consiguió articular ese malestar difuso en un proyecto de Estado que ponía en cuestión los consensos anteriores y que conllevaba una nueva forma de relación de ese Estado con la sociedad, una nueva forma de organización del mundo y que incluso iba a producir nuevas subjetividades. En España difícilmente habrá nada equivalente. Vox toca techo en torno al 15%, Alvise es errático y el PP de Feijóo no tiene un proyecto ideológico de esa envergadura. Ninguno de los tres tiene un programa como el que puso en marcha el neoliberalismo conservador de esos años.

Difícilmente podemos hablar hoy en España de una transición hegemónica liderada por un actor político. Quizás sería más adecuado pensar este fenómeno como una derechización del sentido común que opera en un marco global: el de las derechas radicales. En EEUU, este proyecto trata de tomar la forma propuesta por la “ilustración oscura”: un gobierno de carácter autoritario en alianza con los empresarios y CEOs de las principales empresas tecnológicas –un proyecto no exento de dificultades–. Sin embargo, resulta mucho más difícil describir un equivalente tan claro en Europa.

Aquí la derechización convive con una ausencia de alternativa sólida. Se erosionan los consensos anteriores, pero no se ofrece nada realmente nuevo, sino una sociedad mucho más quebrada, más racista y atrapada en el miedo. El proyecto resultante de esta derechización parece proponer un mantenimiento de los niveles de vida de las clases medias o las poblaciones autóctonas sobre una mayor explotación de los migrantes. Pero recordemos la oleada de disturbios de 1981 en Inglaterra, porque esa también fue, a su manera, una respuesta política.

septiembre 02, 2026

Los datos que desmienten a Vox: España tiene el doble de extranjeros que en 2005 y una tasa de delincuencia más baja

 Raquel Ejerique   1 de septiembre de 2025

En el año 2005, España vivía los estertores del boom inmobiliario, los móviles eran para llamar, no había llegado Facebook, gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero y sonaba Amaral en todas las radios. Entonces, España tenía, según los datos oficiales de población continua del INE, 44 millones de personas, de las cuales, 3,7 millones eran de nacionalidad extranjera (el 8,5%). Ese mismo año, la tasa de criminalidad era de 49,4 infracciones penales por cada mil habitantes.

Los mismos datos de las mismas fuentes desmienten que España sea hoy un país más peligroso, más inseguro y, mucho menos, que eso tuviera que ver con la llegada de migrantes. En 2025 hay el doble de residentes con nacionalidad extranjera (7 de los 49 millones que tiene hoy el país, más dos millones que nacieron fuera, pero tienen la nacionalidad española). Sin embargo, la tasa de criminalidad no ha subido con esa multiplicación de inmigrantes, al contrario: 40,6 delitos por mil habitantes, la banda más baja de la serie histórica, según los datos del primer trimestre de 2025 del Ministerio de Interior. Es decir, mientras sube el número de extranjeros que vive en el país, baja la tasa de criminalidad (-2,8%, según los datos más recientes), una tasa que ha experimentado una tendencia descendente desde hace décadas con algún altibajo después de la pandemia, achacado por Interior a la explosión de delitos de ciberdelincuencia.

Sin embargo, el número de condenas entre personas de nacionalidad extranjera es mayor de lo que les correspondería por peso poblacional (14,2% son extranjeros y son el 28% de condenados, según las estadísticas de 2023, con especial relevancia de los nacidos en América, África y seguidos de cerca por europeos de la UE). Entonces, ¿sí que delinquen más?

Los expertos consultados coinciden en que no tiene que ver con ser migrantes. Por una parte, los datos de condenas son un indicador, pero son parciales porque dan poca información detallada. En cualquier caso, “no es el origen, son las condiciones materiales”, explica Andrea Ruiz, doctora en Antropología y directora de la Fundación Begirune del País Vasco, dedicada a políticas sociales y migraciones. “De hecho, de manera general los estudios demuestran que es al contrario”. En el caso de migraciones económicas, “las familias seleccionan en el país de origen al miembro más apto, al que tenga más posibilidades de adaptarse y conseguir trabajo. En general, quienes migran quieren quedarse y obtener la ciudadanía, no les interesa delinquir porque saben que pueden ser expulsados, no tiene sentido, suelen ser personas más respetuosas con la ley, a tenor de la conclusión de estudios recientes”.

El mantra de los delitos sexuales

Al discriminar por delitos, la media es alta en “delitos contra el patrimonio”, entre los que hay robos y hurtos, donde el 70% de las infracciones fueron cometidas por ciudadanos nacidos en España y el resto fueron cometidas por extranjeros, lo que incluye también ciudadanos de países de la UE o EEUU. Sin embargo, en violencia de género o delitos sexuales –otro de los mantras que agitan los ultras es el de “la seguridad de nuestras mujeres”– hay una evidente mayoría de españoles entre los condenados (por ejemplo, en delitos sexuales, 406 condenados frente a 94, según el INE).

“Claro que hay delincuentes extranjeros, pero la variable nacionalidad que se recoge en las estadísticas es equívoca”, explica Javier Guardiola, profesor de Derecho Penal y miembro del Instituto Universitario de Investigación en Criminología en la Universitat de València, que profundiza en que esos datos incluyen “desde un español que vive fuera y comete un delito aquí, a un extranjero que lleva aquí viviendo 20 años”. O al extranjero que ha venido en avión con droga y, al ser detenido en Barajas, cuenta en la estadística como extranjero que comete un delito España, pero que no vive aquí, especifica Andrea Ruiz, que apunta que además los datos no especifican los reincidentes.

Esa sobrerrepresentación se basa además en varios factores, según esta experta: “Hay un factor edad, porque entre migrantes la media de edad es más joven [y es la franja de mayor violencia]. Además, tienen más tasa de riesgo de pobreza. También los paran más en controles y registros –un latino tiene 3,5 veces más de probabilidad de que le paren, un negro tiene seis veces de probabilidades más y un gitano, 10–”. Ruiz señala también a algunos medios de comunicación que siempre que hablan de migración es en términos negativos y el “imaginario” creado en series y televisión, que contribuye a la idea de que los extranjeros (de algunas razas y nacionalidades concretas) son más peligrosos.

'Ideas zombis' resistentes a los datos

Es lo que Rubén Rumbaut llama “ideas zombis”, como recoge la experta Elisa García España en un artículo sobre la vinculación inmigrante/delincuente: “Estas ideas permanecen vivas de forma persistente en el imaginario popular. Son inmortales y resistentes a cualquier dato objetivo que las contradiga”. Una de esas ideas es que no se hace nada con quien delinque o, incluso que se les dan pagas, como dice Vox. Solo en 2024, el Ministerio de Interior expulsó a 3.031 extranjeros por diferentes motivos de seguridad nacional (más de 8 expulsiones de media al día). Además, el artículo 89 del Código Penal contempla sustituir penas de más de un año por la expulsión de la persona extranjera, incluida la que tiene permiso de residencia, algo que pasa constantemente en el sistema judicial español.

“Se hacen vinculaciones con los extranjeros como delincuentes, pero ¿qué pasa con los extranjeros como víctimas? Nunca se cruza esa idea”, expone Ruiz. Según el CIS de julio, los españoles consideran la inmigración el quinto de los “problemas” que les afectan, por detrás de asuntos económicos, vivienda, sanidad y paro. La sobreexposición por el caso de Torre Pacheco o por la agresión a migrantes los últimos días en Madrid tras una denuncia por violación, los llamamientos ultras y la validación del argumento racista podría hacer subir esta percepción en el próximo barómetro, apuntan los sociólogos.

Respecto a los ataques racistas, los últimos datos disponibles del informe de delitos de odio en España, elaborado por el Ministerio del Interior, supone también una alerta: subieron un 21% respecto al año anterior. Entre ellos, los delitos de odio por racismo y xenofobia, con 856 hechos, fueron los más numerosos y representaron el 41,8% de total de las denuncias.

Lo de Torre Pacheco, Madrid y otros muchos casos “es algo que tiene que ver más con la raza que con la migración”, apunta el periodista antirracista Moha Gerehou. “Se genera una sospecha eterna y se apunta a negros, marroquíes... No es contra población inglesa o francesa. Suele haber una vinculación racial”, explica. El periodista también pone el foco en el peso que han tenido los medios de comunicación: “Cuando el que comete un delito es migrante se pone en el titular o en la noticia. Cuando es un blanco español no se hace referencia. Y ahora ya está pasando que en los medios progresistas especifican que no es migrante, y esto entra en el juego”.

Miedo de ser migrante

El polvorín de Torre Pacheco es un ejemplo claro y hay ataques raciales a negocios y vecinos de allí aunque el agresor del hombre de 70 años, el caso con el que se inició la espiral de violencia, no era de la localidad y ya está detenido. “La primera consecuencia es el miedo, porque el ataque es algo muy aleatorio. Atacaron un kebab, que puede estar regentado por un marroquí o un turco o un español. Nos hace sentir que no estamos a salvo en ningún contexto y eso es muy intimidatorio. La gente piensa que pueden ir al colegio de sus hijos, a su trabajo, como está pasando con las redadas en Estados Unidos. También se percibe indefensión porque no se ve contundencia por parte de las autoridades, no se lo toman todo lo en serio que deberían”, percibe Gerehou.

“Los delitos de odio cuestan de probar porque muchas veces su comisión o difusión es a través de redes, donde hay anonimato, las empresas están fuera de España y no siempre colaboran. Por otra parte, necesitan un componente subjetivo, hay que probar que se incita al odio o que se hace para humillar”, explica Susana Gisbert, fiscal de delitos de odio en la Comunitat Valenciana. También desmiente un mito: “Vemos acciones organizadas como en Torre Pacheco, pero la regla general es que los autores de delitos de odio son personas 'normales' con todas las comillas, que no pertenecen a ningún grupo, que piensan esto y se ven legitimados por las redes o declaraciones de políticos”.

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“La imagen del migrante delincuente es fácil de vender, es la alienidad, pero no se compadece con la realidad”, dice el experto en derecho y criminología Javier Guardiola. Solo hay que mirar alrededor un día cualquiera o fijarse en otros ejemplos igual de reales, pero totalmente positivos, como las cuadrillas de marroquíes que hicieron posible, trabajando hasta en Navidad, resolver el colapso de la red pública de alcantarillado tras la dana de València. Es el mismo colectivo general al que hoy, grupos de ultraderecha quieren “dar caza” y que ha puesto en alerta a policías y guardias civiles en la localidad de Murcia.

La delincuencia es un fenómeno complejo, cambiante, poco perfilado y cuyas estadísticas engloban desde asesinatos a una lesión, tráfico de drogas, prevaricación o ciberestafas (el delito que más está creciendo), explican los expertos, por eso es arriesgado sacar conclusiones. “Simplemente, el binomio extranjería/delincuencia no es real”. Aun así, partidos como Vox coquetean con la idea, como también Isabel Díaz Ayuso con su bulo de Alcalá en 2024, los independentistas de Aliança Catalana o el propio Feijóo, que especificó hace unos meses sobre la inmigración que la gente tiene derecho a vivir “con seguridad”, contraponiendo dos ideas que, a tenor de los datos de criminalidad y población extranjera en España, no son contrapuestas.

Paremos los pies al racismo y la xenofobia. 2 de septiembre ⏰20h 📍 Callao

 Por una Plataforma Electoral de Izquierdas Unitaria para las elecciones

El miércoles nos concentramos en Madrid para solidarizarnos con la vecindad acogedora de Ceuta y con quienes han venido huyendo de la miseria, de la guerra o de la explotación buscando un futuro mejor.
Paremos los pies al racismo y la xenofobia
📆 2 de septiembre
⏰20h
📍 Callao

septiembre 01, 2026

Eriste. Valle de Benasque. Hospìtal de Llanos-Plan dÉstan-Besurta-Ovejas-Zona termal, 16/8/2026

 Las fotos llevan una explicación y al relato lo precede un *asterisco. Lo copiado aparece "entrecomillado". Para VER las FOTOS, sus detalles, DEBEN AGRANDARSE clicando sobre ellas. Crónica de día anterior   https://paqquita.blogspot.com/2026/08/eriste-valle-remune-pleta-ibon-superior.html


1.- Llanos del Hospital. Arriba: Pico Mall Pintrat (2845 m) a izquierda.

* Hoy, 16 de agosto, será la más dulce de las excursiones, es el cumple de la infanta (Niña de corta edad). Aparcamos en el Hospital de Benasque e iremos andando hasta la Besurta.

2.- Poco más adelante, vista a izquierda. Colmenas.


3.- Restos del antiguo hospital del siglo XVI, en  el límite inferior de los pinos.


4.- A derecha del valle, arriba: las tres Hermanas Padernas.


5.- Peña Blanca a izquierda. 

* El Valle de Benasque, en todo su recorrido, es bonito; así que, el paseo es muy agradable. El sendero no presenta dificultades reseñables. Será el día más concurrido de todos, por su accesibilidad. Vemos la Peña Blanca, a nuestra izquierda, adosada al Pico Salvaguarda, el más agradecido de los que he visto en todos mis años. Sólo tiene 2700 m de altura pero su visión es circular, te permite ver en, redondo, las montañas del Pirineo español y el francés. Quizás sea el que más veces hemos subido.


6.- Planta en flor, quizás orquídea.


7.- Lo miro y no lo reconozco.. Debe ser la zona de la Peña Blanca.


8.- Bordeando el Plan d´ Estan.

* Pasamos junto al Plan d´Están     "El Plan d'Están es un hermoso llano y paraje glaciar situado en el Valle de Benasque (Huesca), dentro del Parque Natural de Posets-Maladeta,"  Lo que ahora es un enorme llano fue un lago que se colmató con sedimentos. Tiene dos lagunlllas situadas a nuestra derecha, sentido Besurta. 

9.- Seguimos bordeándolo.

10.- Última lagunilla. Al otro lado, la carretera que une Benasque y la Besurta.

11.- Lagunilla mencionada.

12.- Foto de Otro. Al completo. Pradera. Fondo: Pico Mall Pintrat.

13.- Cercanos a las casetas de madera y piedra mencionadas.

14.- Vista en sentido contrario. La Besurta está donde acaba el arbolado.

* Antes de la cabaña de piedra vemos una de madera, de colocación reciente (menos de 5 años) Un vehículo 4x4 está junto a ella. Atravesamos la última pradera, subimos el repecho obligado y aparece el chiringuito de La Besurta. Son las 15h.  Pedimos unas cervezas, un refresco para compartir y a comer.


15.- A la vista, el chiringuito instalado en La Besurta. 

16.- A derecha de la instalación. Pico La Renclusa, arriba.

17.- Rebaño de ovejas, inusual aquí.

* La aparición de las ovejas fue sorpresiva, no las vimos antes aquí, sí rebaños de vacas pero nunca de ovejas. 

18.- Algunas cabra, con enorme cencerro.

19.- Siguen su camino, hacia abajo.

20.- Cabra gris, ésta sin responsabilidades, no lleva cencerro.

21.- Dos cabras más. Una con y otra sin cencerro.

* Las últimas ovejas que aparecieron, ya el resto había marchado, fueron las cojas, todas ellas tenían una pata rota; pero ahí seguían. Serían como una docena, quizás más.

22.- Última cabra avistada, y con cencerro 

23.- Foto de Blas. Ibón de Villamorta.



24.- Foto de Otro. El mismo. Pico Aneto y Pico Renclusa.

* Álvaro y Blas se van a hacer los lagos de Villamorta, comerán luego, están cerca.


Lagos de Villamorta (1940m - 2060m) y Aiguallut....... 19/9/2010
paqquita.blogspot.com/2005/09/lagos-de-villamorta-1940m-2060m-y.html



25.- Ibón Superior.


26.- Foto de Álvaro o Blas. Acercándose a la marmota, árbol grande. Aguantó el tipo, pero salió por pies.

* La vuelta la haremos en bus, Álvaro y Ana corriendo. Parada en el Hotel Llanos del Hospital, donde aparcamos, y un refrigerio. Precioso lugar tallado a mano por un rumano, o búlgaro, en toda su superficie.


27.- Bañeras metálicas con agua termal y laguna natura de agua fría.  19h. 33´


28.- Dos de las tres cubetas preparadas  19h. 35´


29.- Normas de uso.

* Después, Blas idea subir al antiguo balneario de Benasque, cerrado hace años y vandalizado después. Así lo hace. Para nuestra sorpresa está repleto de coches, más que cuando estaba en funcionamiento. Vemos familias bajar por una cuesta a izquierda, cargados de toallas y otros. Vemos dos baños circulares, como tres metros de diámetro, con gente dentro, más abajo otro. Son aguas termales  canalizadas hasta allí por el ayuntamiento de Benasque. No recomiendan estar más de 20 minutos. Más alejada está una laguna natural, no termal.                                                                                      Mirando, encontramos el edificio en el que deben surgir las aguas, donde hicieron la peroración, dice Blas. Hay excedentes de agua que resbalan por los muros.


30.- Edificio y agua que sale de él

31.- Este.


32.- 32.- Banco con anclajes de obra.   19h. 45´

*  El día siguiente será el de vuelta. Aprovechamos para dar una vuelta por la selva / bosque de Conques, situado al otro  lado del embalse de Eriste. Tras comer, iniciamos la vuelta a casa.

PAQUITA