septiembre 24, 2015

Por todos ellos..., que sufrieron el horror, que descendieron al infierno y lloraron lágrimas de sangre, no podemos hacer como que nada pasa...

COPIADO de la pág de fb de Marisa Peña el 12/9/2015
Por la pequeña Ana Frank, por todos los niños del pijama de rayas, por los hijos huérfanos de los republicanos españoles que fueron enviados, solos, por el mundo y nunca pudieron regresar. Por los héroes de la nueve, por los jóvenes brigadistas que dejaron su juventud y su ilusión en el Ebro, por la resistencia francesa, alemana, sueca, holandesa, griega, que sembró la semilla de la disidencia jugándose la vida. Por los partisanos que liberaron a Italia del terror del duce. Por los deportados, los asesinados, los torturados, los bombardeados en aquel aquelarre de horror, odio y miedo que fue la Europa de los años treinta y cuarenta. Por los que lucharon contra el fascismo superando su miedo y convirtiéndolo en esperanza. Por los que no se rindieron nunca, ni siquiera vencidos y humillados, para que las generaciones futuras pudieran ser libres.
Por todos ellos, nuestros abuelos, tíos, padres, vecinos, desconocidos, conocidos, anónimos o destacadas personalidades, que sufrieron el horror, que descendieron al infierno y lloraron lágrimas de sangre, no podemos hacer como que nada pasa, no podemos cerrar los ojos, no podemos callar, no podemos evadirnos, ni buscar escusas. El fascismo está aquí y sus primeras víctimas extienden los brazos pidiendo ayuda. No digamos, no me importó porque yo no era sirio, no me importó porque yo no era subsahariano, no me importó porque yo no era, yo no era, yo no era... No tengamos que decir, cuando me tocó a mí, ya era demasiado tarde. No te pares a preguntar por quién doblan las campanas, porque siempre, siempre, doblan también por ti.


Amelia Díaz Benlliure Por mi padre, enviado a un hospicio con apenas 3 añitos. Por sus hermanos, que pusieron a servir, o a la mina. Ninguno tenía más de doce años. Pero eran hijos de un maestro republicano al que mataron en Brunete y de una mujer que se mostró orgullosa de su marido y a la cual apalizaron, estando embarazada de su quinto hijo. Porque al fascismo hay que pararle los pies desde su primer paso.