Varios médicos y organizaciones provinciales piden regular el uso de
pesticidas cerca del trazado urbano de los pueblos, y alertan sobre la
multiplicación de problemas de salud entre quienes viven cerca de las
zonas fumigadas
En
el país los campos se fumigan con pesticidas, como en la mayor parte
del planeta. Pero aquí tenemos una particularidad: el mapa de salud de
los pueblos fumigados está manifestando grandes diferencias con el mapa
epidemiológico nacional.
El Dr. Damián Verzeñassi, Profesor
Titular de la Práctica Final de la carrera de Medicina en la
Universidad de Rosario, viene visitando 26 localidades desde 2010 y
observó algo inusual: los perfiles epidemiológicos se repiten entre
ellas. Mientras que a nivel nacional la primera causa de muerte son los
problemas cardiovasculares, en estas regiones un tercio de las muertes
llega por alguna forma de cáncer, lo que representa un 50% más que en el
resto del país. Estos estudios fueron presentados como prueba en
juicios, en congresos nacionales e internacionales y ante toda autoridad
científica que lo ha requerido.
"Cuando estudiamos
qué ejes en común unían a todas estas localidades, observamos que eran
pueblos que habían comenzado con la producción sojera a gran escala hace
20 años. De hecho, muchos de ellos tenían tradición ganadera, pero con
las perspectivas de rendimiento que prometía la soja y las políticas
ganaderas tan poco favorables del gobierno anterior, se aseguraban una
rentabilidad muy alta a corto plazo con el ingreso de los transgénicos.
Por ello, cambiaron su cultura centenaria de producción por el
monocultivo sin rotación. Las enfermedades que prevalecen en estas
localidades, según los datos observados, coinciden con los problemas de
salud asociados a los agroquímicos, de uso obligatorio en el paquete de
transgénicos", dice Verzeñassi.
Casos que se multiplican
En
2010 se formó la Red Universitaria de Ambiente y Salud, para coordinar y
potenciar el trabajo de investigación científica, asistencia sanitaria y
divulgación de los médicos de pueblos fumigados.Es una situación que no
afecta sólo a la cuenca sojera, sino también a otras provincias como
Chaco, Santiago del Estero, Salta y Formosa. El Dr. Medardo Ávila es
coordinador general de la red y su posición es clara. "Los agroquímicos
no sólo afectan la soja, sino también el arroz, la yerba y el algodón.
Durante el gobierno anterior nos cortaron los subsidios a la universidad
para realizar estas investigaciones y apoyaron la construcción de una
nueva planta de Monsanto en la provincia. Finalmente, se fueron, hicimos
un bloqueo en la puerta que no permitió entrar ni un ladrillo",
denuncia Ávila, y lista algunos casos conocidos.
Leila
Derudder falleció de leucemia en el hospital Garrahan a los 14 años.
Los profesionales relacionaron su enfermedad a las reiteradas
exposiciones a las fumigaciones. Nicolás Arévalo, de 4 años, murió por
envenenamiento tras pisar descalzo un charco de agroquímicos entre las
tomateras de Lavalle, provincia de Corrientes (hay un juicio en marcha
por ese fallecimiento). También resultó envenenada Celeste, la prima de
Nicolás. Y un año después murió José Carlos Rivero, de 4 años, en el
mismo lugar y por la misma causa.
Los médicos también
evalúan a diario niños con malformaciones, abortos espontáneos,
problemas endócrinos, dificultades respiratorias y problemas de
desarrollo."Tengo pacientes que son hijos de productores; ellos tratan
de pensar que las enfermedades o, inclusive la muerte de sus hijos, son
por algo ajeno a esta problemática, que les podría haber pasado en otro
lugar, siguen creyendo en el discurso de la industria, pero desde hace
algún tiempo también tienen que escucharnos a nosotros", agrega.
Fabián
Tomasi, de Basavilbaso, Entre Ríos, tiene una pensión otorgada por la
Anses tras constatarse que sufre una polineuropatía tóxica por efecto de
cargar agroquímicos en los aviones fumigadores. Los casos se
multiplican y están muy cerca. Fueron expuestos ante la Cámara de
Diputados de la Nación, este año, por Patricio Eleisegui, autor del
libro Envenenados, una investigación sobre los efectos de las
fumigaciones en el país. Fue invitado para disertar en las Jornadas por
la primera Ley Nacional de Agroquímicos.
Valeria Katzman
vive al lado de una chacra pequeña que hasta hace pocos meses se
fumigaba sin control, intoxicando a los vecinos. "Yo sabía los daños que
provocaban los agroquímicos, pero mi vecino me decía que no pasaba
nada. En 2012, a mí me detectaron cáncer en el sistema linfático; al
tiempo, mi yegua tenía un cáncer en la vulva y una de mis perras, cáncer
en la pata. Mi vecino suspendió las fumigaciones temporalmente, ante
las numerosas denuncias que se venían acumulando, pero un día volvió
clandestinamente mientras yo estaba con quimioterapia. Lo denuncié y lo
multaron. Finalmente, abandonó el campo, aunque nunca supe qué químicos
usaba. Mis vecinas, que trabajaban en ese campo, tienen trastornos
tiroideos. Es demasiada población enferma en un radio reducido para ser
coincidencia", cuenta Katzman.
Los chicos, afectados
Las
escuelas rurales son afectadas en forma directa por las fumigaciones de
agroquímicos, en horarios de clase y sin previo aviso. "Paren de
fumigar escuelas" decían los carteles de asociaciones docentes, padres y
organizaciones ambientalistas que se movilizaron contra esta práctica.
Al igual que Ana Zabaloy, también la docente Estela Lemes sufrió
fumigaciones mientras daba clases en la escuela Bartolito Mitre, en
Gualeguaychú, en 2012. Luego de eso, comenzó a padecer mareos, problema
de respiración y dolor en los músculos. Los estudios realizados
detectaron glifosato en sangre, lo que sería la causa de su problema
neurológico. Tres años después, sigue en discusión con la ART para que
le cubra el tratamiento, ya que no reconocen el diagnóstico.
Un
informe realizado entre 2014 y 2015 por el sindicato docente en la
provincia de Entre Ríos destaca que sobre 82 escuelas, con un total de
447 docentes, 82 de personal no docente y bajo una población de 2452
alumnos, aseguran haber sido fumigadas en horarios de clase y la mayoría
de los casos no son denunciados. En el departamento de Uruguay
sufrieron aspersiones 15 escuelas de las 28 censadas. En Nogoyá, 18
sobre 23. Y en Gualeguaychú fueron fumigadas 19 escuelas sobre 23
relevadas. Confirmaron casos de afecciones en la piel y vías
respiratorias de chicos y maestros, vómitos y problemas
gastrointestinales.
Lo mismo sucede en Córdoba, según
Medardo Ávila, donde hay 1500 escuelas a menos de 1000 metros de campos
fumigados, con 12 mil alumnos y 900 maestros que están expuestos a los
agroquímicos. Esta realidad se repite en todas las provincias expuestas a
fumigaciones de este tipo. Todos los que luchan por cambiar esta
realidad coinciden en que algunas leyes se van logrando a nivel
municipal, pero no se cumplen y los docentes tienen miedo a denunciarlo.
Cañuelas, un caso emblemático
Diana
Iceruk es periodista. Se mudó a Cañuelas en el 2006 para formar parte
del Canal 5 de esa ciudad. Al lado de la escuela donde concurría su hija
había campos donde se sembraba soja y se fumigaba en horario escolar.
Al lado de la casa donde ellos vivían también sucedía lo mismo. Entre
2008 y 2013, toda la familia pasó por un episodio de salud relacionado a
las enfermedades que provoca el contacto con agroquímicos: el marido
tuvo cáncer de colon, ella tuvo problemas endócrinos y su hija, luego de
una fumigación durante horario de clases, tuvo una intoxicación aguda
con derrame ocular.
En 2010 en Cañuelas promulgaron una
ordenanza que prohíbe las fumigaciones aéreas y otorga un resguardo de
20 cuadras para fumigar por vía terrestre. Fue muy difícil lograr el
apoyo de la gente, cuentan, porque los mismos que se enferman viven de
lo que les produce la enfermedad y prefieren no denunciar por miedo a
perder su trabajo. Recuerda Eliana Muñoz, vecina de la zona: "Nos
fumigaban al lado de donde estábamos comiendo asado o con los chicos, en
las piletas. Uno asocia después las cosas y se pregunta por qué tantos
enfermos de cáncer tan cerca. Así fue cómo empezamos a movilizarnos".
Legislación y agroecología
El
actual gobierno carece de estadísticas oficiales. Ha recibido a
organizaciones vecinales, profesionales, docentes y voluntarios que
trabajan hace años para denunciar estas realidades y redactan proyectos
de leyes para proteger la salud de la población. Diego Moreno, el
Secretario Nacional de Medio Ambiente, le manifestó a LA NACION su
compromiso por cambiar el rumbo de esta tendencia. "Creo que tenemos que
ir a sistemas biodiversificados de producción. No es lo mismo producir
cerca de lugares poblados y tendríamos que tener sistemas productivos
que requieran menos uso de insumos agroquímicos. Hemos presentado un
proyecto para trabajar el ordenamiento medio ambiental del territorio y
eso incluye al tema de las fumigaciones en zonas urbanas y
periurbanas.", afirma.
Mientras que en Europa se está
discutiendo prohibir las fumigaciones aéreas en todos los países de la
comunidad, acá recién se está estudiando redactar una ley nacional que
unifique los criterios para las legislaciones provinciales y
municipales. En la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires
se está analizando la propuesta del senador Carlos Coll Areco, rechazada
por los ambientalistas: "definimos una especie de división de zonas y
de amortiguamiento, de acuerdo a su cercanía al casco urbano, escuelas y
hospitales. La distancia de fumigación es lo menos importante. Las
diferencias están dadas en el tipo de producto a utilizar y cómo lo
clasifica las OMS y en las condiciones climáticas del día de la
aplicación.El productor tiene que pedir permiso al municipio para
hacerlo y ese día tiene que ir un inspector a verificar que se cumpla la
ley", explica Coll Areco.
En la ciudad de Buenos Aires, la
ley prohíbe fumigar los parques y jardines públicos; la Cámara de
Diputados de la Nación, luego de 20 años, se apresta a debatir la
primera ley nacional de agroquímicos.
Parte de la discusión
está en definir con certeza el impacto de los agroquímicos en la salud,
sobre todo cuando se usan cerca de los poblados. Son múltiples las
organizaciones que piden que se prohíba su uso cerca de plazas,
jardines, escuelas o donde haya chicos.
En 2015, la Agencia
Internacional del Cáncer (IARC), que pertenece a la Organización
Mundial de la Salud, recategorizó al glifosato como "probablemente
cancerígeno"; es el mismo status que tiene tomar mate (en ese caso, el
problema viene por la temperatura del agua y su efecto sobre la
laringe). Pero ese mismo año la Autoridad Europea de Seguridad
Alimentaria (EFSA) desautorizó al IARC: considera que el glifosato no es
ni carcinogénico ni mutagénico.
El 29 de junio último, un
mes después de que la Organización Mundial de la Salud y la Organización
de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura publicaran
un estudio conjunto en el que sostienen que el glifosato no es
cancerígeno, la Comisión Europea renovó el permiso de uso del glifosato
en su continente hasta el último día de 2017; para entonces la Agencia
Europea de Productos Químicos tendrá -se espera- una conclusión
definitiva sobre el efecto de esta sustancia en las personas.
La agroecología, una solución sustentable
Es
claro que el uso de agroquímicos responde a una necesidad de generar
más alimentos, con más eficiencia y menores costos. Ese es el argumento
más importante que sostienen quienes los defienden.
La
agroecología es una alternativa posible. No se trata de soluciones
hippies a problemas serios, sino de soluciones científicas a problemas
de salud y al deterioro del suelo y del medio ambiente cuya reparación
llevaría muchas décadas. El ingeniero agrónomo Javier Souza es
investigador y un referente en este tema. "Desde siempre, la humanidad
pudo alimentarse sin usar plaguicidas. Hoy tenemos estrategias que se
basan en la diversidad biológica y en cómo trabajar la nutrición
adecuada de los suelos. La rentabilidad es lícita, pero debe ser
razonable y sustentable. La agroecología te propone trabajar, planificar
y pensar en las futuras generaciones, como hicieron muchos siglos antes
los productores de todo el mundo. Luego de la revolución tecnológica,
se tendrá que volver a estas soluciones porque son mucho más viables
desde una mirada humana, donde se pone al ser humano por delante de las
ganancias", reflexiona Souza.