julio 15, 2016

La muerte NO SE CELEBRA. Nunca. A los que lo hacen, oídos sordos, de Javier Nix Calderón.

COPIADO de la pág de FB de Javier Nix Calderón  el 12/7/2016
Sufrimos una invasión de todólogos y opinólogos. La multiplicación de voces que da como resultado cero, produce una cacofonía contra la que no sirve cubrirse manos u oídos. El poder estuvo siglos dando vueltas a cómo acallar el ansia de conocimiento de las masas, usando la censura, prohibiendo la palabra escrita o persiguiendo al disidente, cuando la fórmula magistral era precisamente la contraria: dale a todo el mundo la posibilidad de opinar, de eructar sus ideas con poco o ningún rigor, y tendrás un gallinero en el que nadie escuchará las ideas de los otros. Estos días he visto juicios y prejuicios esgrimidos con una simpleza y banalidad asustantes. Facebook no es una red social; es un mentidero, o algo incluso peor, una cloaca por la que desaguar la bilis. Hay palabras en este espacio que asemejan regueros de mierda, ríos de vómito con tropezones, aderezados con los peores ingredientes sacados de la huerta humana: odio, cainismo, inhumanidad, inquina. La muerte de un torero ayer en la plaza, producida por una cornada en el corazón, ha sacado a la luz la auténtica dimensión de algunos, quienes por amor a los animales han paseado su odio de barra de bar y carajillo hacia los que los maltratan. Una muerte en la plaza es una muerte en la plaza, y todas nos disminuyen como pueblo. Todas son un reflejo de nuestra incapacidad para regirnos por comportamientos éticos y ponen de manifiesto que estamos en las antípodas de la mayoría de países de nuestro entorno. Cuando muere un toro, algo nuestro muere con él. Cuando muere un torero también. No cabe discusión, por otro lado, en cuanto a la voluntariedad del acto que lleva a unos y otros a la plaza. El toro sale desorientado a una superficie barrida por una luz cegadora. El torero sale a un posible patíbulo, en el que ofrece su cuerpo a la inmolación para ganarse una gloria que le conceden siempre otros. El toro no elige estar allí. El torero sí. Pero el acto, el acto en sí, es una tragedia desde que los primeros espectadores ocupan los tendidos. En España hay 12.000 tragedias anuales, con más de 70.000 toros muertos. Es un dato estremecedor, como lo es la muerte de ese muchacho de 29 años. Pero una tradición que en España se remonta más de 500 años no se combate vomitando odios, ni agitando las hoces y las antorchas de la Inquisición. No se hace así. Se hace con pedagogía, con razones, seduciendo, amando. Se hace con leyes, a las que se llega a través de consensos y que son el triunfo de cualquier Estado de derecho. La muerte NO SE CELEBRA. Nunca. A los que lo hacen, oídos sordos. No representan a nadie, salvo a su propio odio. Que cabalguen solos a lomos de su cólera. Ningún país llegó lejos sobre ese caballo, ni siquiera cuando se persiguen las causas más justas y nobles.
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MI COMENTARIO:  Paquita Caminante
Gracias por poner palabras a lo que muchos, supongo, sentimos. Cuando leí que "eso" eran opiniones de un "animalista" no lo entendí. Gente estúpida la hay en todos los colectivos Javier Nix Calderón
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AÑADIDO el 15/7/2016: Javier Nix Calderón

Niza es la constatación de que vivimos en un mundo globalizado: hace dos semanas, casi 200 muertos en Bagdad. Anoche, más de 80 en Niza. Camión o coche bomba, el terror no entiende de medios, fronteras, religiones o razas. Todos somos carne que tiembla ante el odio.
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OTRO ASUNTO. Hoy en Perroflautas del Mundo: Tetas, sangre e historia patológica