septiembre 30, 2016

El ministro Margallo se sometió a una operación de hernia en el Hospital Gregorio Marañón / Tania falleció esperando por la ambulancia que no existía

COPIADO de su pág de fb el 3/8/2016 Pelayo Martín
El ministro Margallo se sometió a una operación de hernia en el Hospital Gregorio Marañón. Fue alojado en una zona cerrada y sin dotación (URPA), para lo que hubo que pagar a un intensivista 24 horas extras de guardia y mover a personal de enfermería. La intervención, que oficialmente se realizaba a causa de una hernia abdominal, se transformó en una abdominoplastia (reducción de grasa en el abdomen), que no figura en la cartera de servicios sanitarios públicos, El ministro no pasó por la lista de espera. Las habitaciones contiguas a la del ministro permanecieron cerradas: tres habitaciones de dos camas cada una mientras los pasillos se encontraban atestados de pacientes a la espera de cama. “en un momento en que escasean y en el que muchos pacientes se ven relegados a los pasillos de los hospitales. Uno de los trabajadores que le atendió durante su estancia en el hospital publicó en Twitter: “Por cierto, sr (?) ministro: no se le tiran almohadas ni se les grita a quienes te están limpiando la mierda, ¡mamón!” 
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Tania falleció esperando por la ambulancia que no existía

David Monserrat  / Puerto del Rosario. Fuerteventura
Nadie sabe -y nadie lo sabrá ya- si Tania Arocha hubiera tenido alguna posibilidad de sobrevivir al infarto que sufrió el pasado 26 de junio si hubiera estado en servicio una ambulancia medicalizada en el Sur. El servicio se eliminó en diciembre de 2015 y se vuelve a prestar desde el pasado domingo.
http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=429987

El pasado 26 de junio, Tania Arocha, docente de 33 años en el IES Jandía, estaba en su casa de Morro Jable cuando en torno a las 18.30 horas de la tarde dijo sentirse mal. Era domingo y acababa de llegar en barco de Las Palmas, adonde había ido el fin de semana a visitar a unas amigas; al llegar comió, se lavó los dientes y dijo que iba a echarse un rato porque estaba mareada. No le dio tiempo de llegar a su habitación, quedando tendida en el suelo a causa de un infarto.
La madre de Tania, Pilar Saavedra, llamó ipso facto al 012: «Me decían: ¡Tranquila señora, tranquila!, una ambulancia va ya». Pero no llegaba. Avisaron a un amigo enfermero que llamó al 012 de nuevo para preguntar qué pasaba con la ambulancia: «Va en camino», le aseguraron.
El centro de salud de Morro Jable, donde debería tener base una ambulancia, se halla a cuatro minutos de la vivienda. Llamaron al centro de salud y les dijeron que no tenían aviso del 012 para mandar una ambulancia. «La ambulancia que llegó a mi casa fue la que llamó la Guardia Civil, porque yo había llamado a la Guardia Civil desesperada. Y el cabo se acercó al centro de salud a traer al médico», dice Pilar. Otro facultativo del centro médico Jandía llegó al domicilio.
Los dos médicos llegaron a la par y realizaron la primera asistencia, con masajes y choques eléctricos, a la hora del desvanecimiento. Pero era tarde. La ambulancia medicalizada (soporte vital avanzado) que necesitaba Tania nunca llegó, básicamente porque no existía; se eliminó en el Sur a finales de 2015 y se volvió a poner el pasado domingo.
Una hora y cuarto más tarde llegaron dos ambulancias de soporte vital básico, sin equipos ni personal para este tipo de emergencias. La duda que atormenta a la familia es si Tania estaría viva si no se hubiera eliminado la ambulancia medicalizada en el Sur o si se le hubiesen prestado los auxilios necesarios antes.

Carencias sanitarias en el Sur. El caso de Tania pone sobre la mesa la falta de servicios sanitarios en el Sur. Entre Morro Jable y el Hospital hay 100 kilómetros, distancia insalvable ante emergencias graves. Aun así, los vecinos del Sur y los turistas han pasado los últimos seis meses sin ambulancia medicalizada. A Pilar, madre de Tania, se le saltan las lágrimas al pensar que quizás su hija podría haber sobrevivido si el servicio no se hubiese eliminado: «Me queda la duda pero voy a luchar por mi hija, llegar adonde tenga que llegar porque no se puede quitar un servicio como este. Mi hija hubiera podido recibir la asistencia, si no a los cuatro minutos, a los diez minutos».
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OTRO ASUNTO. Hoy en Perroflautas del Mundo:
¡Viva mi dueño!, de Miguel Sánchez-Ostiz *