octubre 08, 2016

La furia de los necios atruena el mundo, de Javier Nix Calderón

COPIADO de la pág. de fb de  Javier Nix Calderón · el 3/10/2016
La furia de los necios atruena el mundo. Están ahí, cuando abro esta ventana, y me llegan sus gritos. El mundo está tomando una deriva peligrosa. Confiamos en el criterio de las mayorías, pero las mayorías sufren los estragos de la desinformación, de los intereses cruzados de los medios de comunicación y de las luchas por el poder. Confiamos en el criterio del 50,1%, pero no vemos (o no queremos ver) que la educación está sufriendo un retroceso generalizado en todos las partes del globo. Asistimos impávidos a la eliminación de asignaturas como Filosofía en la etapa de bachillerato, o a la segregación del alumnado en función de su habilidad para hablar una lengua distinta a la materna en el aula.
Estoy cansado de escuchar discursos en chavales de 15 años que jamás escuché en mi abuelo de 80. Los chicos y chicas hoy viven en una burbuja desde la que observan un mundo deformado por sus prejuicios y por los prejuicios de sus padres. Reproducen en sus palabras ideas clasistas, falacias meritocráticas en las que brilla por su ausencia la compasión, la empatía y el amor por los más necesitados. Estamos enseñándoles a luchar como soldados por un puesto de trabajo bien remunerado, para esquivar las balas de la precariedad y estamos convirtiendo la educación en un período de instrucción académico, no humano, del que deben salir bien moldeados para encajarse en el sistema productivo.
Cuando ayer leí que había triunfado el NO en Colombia por un 0,5% frente al SÍ, y que la abstención había llegado al 60% de la población, sentí lo mismo que cuando ganó el Brexit en el Reino Unido. Si bien es cierto que la UE no es santo de mi devoción, y que las FARC me producen el mismo asco que los terroristas de Estado que han manejado Colombia como una de las antiguas encomiendas españolas, al conocer los motivos del NO me asusté. Muchos defendían que Jesucristo debía estar situado en el medio del debate, y atacaban el acuerdo de paz por estar promovido por Cuba y Venezuela. Los populismos de derechas, peligrosos y atrevidos, apoyados desde la oscuridad por intereses económico-financieros innombrables, utilizaban el término "anticomunismo" para defender el NO. No hemos entendido nada, ninguno de nosotros. Reducir una conflicto de 50 años a una simple dimensión ideológica, cuando lo que hay detrás es una pugna electoral por parte de los partidarios de Uribe, ese encomendero que vendió su país a los intereses norteamericanos, y que más de la mitad de los votantes haya comprado esta idea nos permite entender la profundidad de este acontecimiento.
Estamos enfermos de literalidad. Nuestro sustrato crítico es inexistente. Además, si miramos los datos de participación, vemos con sorpresa (aunque cada vez con menor sorpresa) que quienes han rechazado el acuerdo de paz son las personas que menos han sufrido los estragos de la violencia en Colombia. Al igual que en el Reino Unido, donde votaron por el Brexit una mayoría de personas de más de 50 años, que sufrirán en menor medida los efectos de la salida del país de la Unión Europea. El ruido de los necios atruena el mundo y no nos deja escuchar los discursos fundamentados, la crítica consciente, la razón. Y aunque siempre habrá espacio para el debate, la paz debería estar por encima de cualquier partidismo, de cualquier ideología, porque la sangre se alimenta de la sangre y el perdón y la reconciliación son los únicos alimentos para los que tenemos hambre de paz.
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