enero 30, 2026

Andrés Cortabitarte, Ana Pastor y Oscar Puente y más...

 Francoise Dupont   22/1/2026


 
Me hace mucha gracia como ahora defienden a los maquinistas los mismos hipócritas que hace una década le echaron la culpa al maquinista en el accidente del Alvia de Santiago para encubrir a su amigo Andrés Cortabitarte, jefe de seguridad de Adif puesto a dedo por el PP como premio por mentir sobre el accidente de metro de Valencia cuando era perito judicial.

El muy hijo de la gran puta desconectó el sistema de seguridad ERTMS del tren para evitar que Renfe tuviera que pagar indemnizaciones por los retrasos causados por los falsos positivos. Eso hizo por un lado que el maquinista se tuviera que guiar a través de las referencias visuales del paisaje y se desorientase espacialmente cuando el interventor del tren le llamó para solicitar una parada extraordinaria para que se bajase un viajero, pensando que se encontraba todavía en un tramo anterior de alta velocidad. Y por otro el tren no se detuvo automáticamente cuando el maquinista supero ese tramo porque el ERTMS que debería haberlo detenido estaba desconectado.



Pero claro, todos los cuñados saben quien es Oscar Puente pero no saben quienes son Ana Pastor y Andrés Cortabirtarte porque ya se han encargado los pseudo-periodistas de pensar por ellos.

+   Mar Merino Fernandez    22/1/2026
9:i23m Estoy harta de los tertulianos que, con voz grave y ceja fruncida, repiten el mismo mantra: “es importante que se investigue el accidente de Adamuz y se depuren responsabilidades”.
¿Pero en qué país viven? Si ahí tienen el juicio del accidente de Angrois. Investigado, juzgado y sentenciado.
Sin resonancia mediática.
¿Y qué responsabilidades políticas han exigido?
Ninguna.
¿Y qué parte no entienden de lo que pasó, si hablamos de una tragedia con el doble de víctimas que Adamuz?
El sistema de seguridad ferroviaria fallaba y provocaba retrasos. Un año antes del accidente, siendo ministra de Fomento Ana Pastor, se autorizó la desconexión del sistema ERTMS embarcado en los trenes Alvia. No para arreglar los fallos, sino para quitárselos de encima. Apagar la alarma en lugar de arreglar el incendio.
En julio de 2024 llegó una sentencia (recurrida y aún no firme): condena de dos años y medio de prisión tanto al maquinista como al exdirector de Seguridad de Adif, por 79 homicidios y 143 lesiones por imprudencia profesional grave.
Un detalle nada menor: el fiscal cambió de criterio al final del juicio y decidió acusar solo al maquinista.
Así que ya tenemos las causas probadas en un juicio.
Y ahora, ¿qué?
Insisto, ya tenéis las causas del accidente, Y ahora, ¿qué?
El conductor se despistó, sí. Pero el sistema no estaba diseñado para proteger frente a un error humano perfectamente previsible.
Durante todos estos años, Francisco José Garzón el conductor ha sido el villano perfecto.
Es fácil señalar al hombre que iba al mando. Es cómodo culpar al dedo que no pulsó el botón a tiempo.
Pero reducir Angrois a un “despiste del maquinista” no es solo injusto: es una cortina de humo.
Garzón no era un temerario, ni un borracho, ni un suicida. Era un profesional con experiencia que cometió el error más humano posible: distraerse.
Atendió una llamada de servicio de un compañero, una práctica habitual y no prohibida entonces.
En cualquier sistema de alta velocidad real, un despiste así se corrige solo: una alerta sonora, un frenado automático. Para eso existe la tecnología: porque las personas fallan.
Pero en la curva de Angrois, la tecnología no estaba, la quitaron porque producía retrasos.
A Garzón lo lanzaron a un auténtico túnel de la muerte: pasar de más de 200 km/h a 80 en segundos, sin balizas de protección y con el ERTMS desconectado por decisiones burocráticas y políticas.
Se le exigió infalibilidad en una vía que no perdonaba ni un segundo de error.
La ingeniería de seguridad moderna se basa en una idea elemental: el sistema debe ser más inteligente que el operario.
Si la vida de 200 personas depende de que una sola persona no parpadee en el momento equivocado, el problema no es la persona. Es el diseño.
Garzón ha sido condenado por la justicia. Pero su verdadera condena empezó el mismo día que salió de entre los hierros, cargando para siempre con el peso de 80 muertos.
Fue el último eslabón de una cadena que ya estaba rota mucho antes, en despachos donde se decidió inaugurar una línea incompleta y apagar sistemas de seguridad.
Francisco José Garzón fue la mano que ejecutó el accidente.
Pero la tragedia la diseñaron otros.
Así se protegen los políticos en este país: cuando todo funciona, se apuntan la medalla; cuando todo falla, nunca tienen responsabilidad.
La diferencia de Adamuz y Angrois, es el rencor institucional del PP por la DANA , y que no le perdonan a Oscar Puente el "de ganador a ganador".
Para eso tienen a las cloacas mediáticas que pagan con el dinero de todos, para silenciar Angrois y amplificar Adamuz.

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