julio 24, 2024

Desahucian a una anciana de 94 años de su casa en Lavapiés por no poder pagar un alquiler 200 euros más alto que su pensión

 ROCÍO CRUZ   11/7/2024 

Según informa su sobrino, los agentes ingresaron a su domicilio exigiendo a gritos que abandonara la vivienda. Finalmente, los trabajadores del Samur la han trasladado a la residencia Los Nogales de Madrid. 




"Me quiero tirar por la ventana", ha confesado Marina, de 94 años, a su sobrino Alejandro, al escuchar los pasos de los antidisturbios poco antes de invadir el que ha sido su hogar durante 35 años. Ni los atrincheramientos de sus vecinos ni su vulnerable estado de salud han logrado detener su desahucio, que se ha producido este miércoles a las 9.30 horas en la calle Doctor Fourquet del barrio madrileño de Lavapiés.

Marina estaba sentada en su cama cuando seis antidisturbios y la comisión judicial irrumpieron en su casa, ordenando a gritos que abandonara la vivienda, según informa su sobrino. Otros siete agentes esperaban en las escaleras del edificio y cerca de 30 policías ocupaban la calle del barrio madrileño. Alejandro describe a Público la angustia que sintió al ver cómo los agentes trataban a su tía: "Me pedía que la encadenara, estaba nerviosa. Me sacaron de la habitación. Pensé que si la echaban a la fuerza, se iba a morir".

Carola Yagüe, amiga y vecina de Marina, cuenta a este medio que los agentes no permitieron que nadie entrara en la casa para apoyarla. "La vida es así", le respondió un agente cuando insistía en acompañar a su amiga. Yagüe replicó: "La vida la hacemos así los que participamos de ella. Vosotros tenéis una actitud y yo otra". "Hay cosas que son inadmisibles y esta es una de ellas. El sistema ha sentenciado la muerte de Marina", lamenta.

La inmobiliaria GUIGA SL, propietaria de todo el bloque, ha echado a Marina por un impago del alquiler de 14 meses, lo que equivale a 10.200 euros. La anciana ingresa al mes una pensión no contributiva de 517 euros y solo el alquiler ronda los 700. Finalmente, debido a sus problemas de movilidad, los trabajadores del Samur la han trasladado a la residencia Los Nogales de Madrid. Allí cuenta su sobrino, "está desesperada, dice que no se quiere quedar".

Unas paredes que encierran medio siglo de vida

Un día antes del desahucio, la anciana recordaba con Carola momentos felices de su vida. Marina, migrante cubana, llegó a España como refugiada política. Es la menor de sus hermanos y permaneció en Cuba cuidando de su padre hasta los 52 años. Ha dedicado toda su vida a la arquitectura y a la pintura. Llegó a Madrid sola y, con lo que ganaba vendiendo sus cuadros, pagó el alquiler de un piso en Lavapiés. Actualmente, tiene una dependencia de segundo grado.

La vivienda de Marina, de aproximadamente 60 metros cuadrados, cuenta con dos habitaciones, un salón y una cocina. La cocina fue reformada gracias a una pequeña herencia que recibió tras la muerte de su hermano, que le alcanzó también para cubrir algunos meses de alquiler. El techo presenta grietas y la pintura está descascarada.

Entre las paredes que encierran medio siglo de vida, Marina pasa el tiempo leyendo, viendo películas y observando desde su balcón la actividad del barrio madrileño. Su amiga, con la voz entrecortada, confiesa que la anciana se está muriendo −el último año ha sido hospitalizada en numerosas ocasiones− y teme que sus últimos años los pase lejos de Lavapiés.

Suspensión de desahucios hasta 2028

La especulación inmobiliaria de los fondos buitres se está extendiendo en los barrios madrileños. En los últimos meses, Lavapiés ha visto cómo varios vecinos enfrentan la amenaza de ser expulsados de sus viviendas. "Estamos sometidos a un proceso de gentrificación despiadado que está arrasando con la vida de muchas personas", afirma Carola Yagüe.

En los dos intentos anteriores de desalojar a Marina de su casa, decenas de personas de colectivos vecinales y sociales por el derecho a la vivienda se concentraron frente al portal para frenar a la Policía y a la comitiva judicial. La presión social logró paralizar ambos intentos.

El desalojo de Marina se ha producido en el marco del real decreto-ley 11/2020, que estará vigente hasta el 31 de diciembre de este año y que prohíbe el desalojo de personas vulnerables en procesos de alquiler. Además, hace un mes el Pleno del Congreso aprobó por unanimidad el decreto ley para extender por cuatro años más, hasta 2028, la suspensión de desahucios de la vivienda habitual. Esta prórroga, que se aplica en casos de "especial vulnerabilidad", fue aprobada por el Consejo de Ministros con entrada en vigor urgente.

La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, consideró crucial extender la suspensión de los desahucios para prevenir situaciones de exclusión social entre personas que podrían perder sus viviendas si no pueden hacer frente a la subida de las hipotecas.

julio 23, 2024

¿Te han hablado Abascal y Alvise de la tasa de criminalidad?. Por Gerardo Tecé

 9 jul 2024   Gerardo Tecé 

Vivimos probablemente en el lugar y en el momento más seguro de la Historia por muchos ‘likes’ que los agitadores del miedo y el racismo reciban en su canal de Telegram

Manifestación en Canarias contra los migrantes el sábado 6 de julio. / Europa Press


En estos tiempos en los que la derecha moderada propone frenar la inmigración con buques de guerra, y los alvises y abascales aseguran que uno no puede salir a la calle sin arriesgarse a que un inmigrante le muerda el cuello, no hay nada más bochornoso que observar los datos. Corría el 2004, Abascal padre le había conseguido a Abascal hijo su primer carguito público en las Juntas Generales de Álava y el Ministerio del Interior informaba de que la tasa de criminalidad en España, es decir, los delitos penales cometidos ese año por cada 100.000 habitantes, era de 49,6. Un buen dato que ponía a España entre los lugares más seguros del mundo. Nada que ver con las décadas anteriores en las que, sin apenas inmigrantes que molestasen la vista de los más racistas del lugar, la heroína causaba no sólo estragos en la salud de docenas de miles de jóvenes, sino también en la seguridad de la población. A principios del milenio, cuando el Abascal sin barba empezaba a cobrar sueldazos públicos y Alvise fantaseaba en su cuarto con ser emperador de algo, la palabra ‘mena’ no significaba peligroso delincuente, sino menor extranjero no acompañado, es decir, un niño que había llegado a nuestro país solo y necesitaba ayuda. 

Pasó el tiempo, y en 2010 Esperanza Aguirre le ofreció al hoy líder de Vox presidir un chiringuito del PP sin actividad a cambio de un sueldo que usted probablemente nunca haya visto ni vaya a ver en su vida. En aquel año, la tasa de criminalidad se mantenía en los mismos márgenes. Era de 49,3. Siempre se mueve en esas cifras. Hoy, con Nico Williams representando a España en banda izquierda y Lamine Yamal por la derecha, también lo hace. En 2022, último dato disponible en el INE, ya con Abascal y Alvise sembrando el miedo entre los más miedosos de cada pueblo, la tasa de criminalidad fue algo inferior: 48,6. Vivimos probablemente en el lugar y en el momento más seguro de la Historia por muchos likes que el racista Alvise reciba en su canal de Telegram. Por mucho que Ana Rosa haga informativos especiales y breaking news porque un argelino ha robado en un supermercado, y ahora conectamos con nuestra unidad móvil en Talavera de la Reina, que tenemos a un vecino concejal de Vox que nos va a contar lo que ha pasado. 48,6 delitos penales por cada 100.000 habitantes que, según el Ministerio de Interior, incluyen el crecimiento exponencial de los delitos informáticos y las estafas telemáticas que tan poco tienen que ver con la seguridad en las calles. 

El dato, que debería abochornar a los mentirosos líderes del movimiento del miedo –tienen miedo de niños negros, de mujeres feministas o de banderas homosexuales–, no supone sin embargo mayor problema. Sólo hay que afinar un poco más. Si cuatro mujeres y dos niños son asesinados en España en un solo día por violencia machista –esa que no existe–, destaquemos que uno de los crímenes fue cometido por un tipo nacido en el Magreb. La falta de escrúpulos y lo miserable siempre van de la mano. La tasa de criminalidad se mantiene, pero la tasa de sinvergüenzas con sueldo público está por las nubes.


Ctxt.es

julio 22, 2024

La 'tropicalización' del Mar Mediterráneo y el turismo: las amenazas para la posidonia, los corales y las tortugas, de Nicolás Ribas

 7 jul 2024   Nicolás Ribas  Eivissa 


La comunidad científica sigue alertando que el Mar Mediterráneo se está calentando a un ritmo superior a la media global. Este aumento de las temperaturas está teniendo graves consecuencias para los hábitats y especies marinas que habitan el mar balear, perjudicando especialmente a la posidonia -que muere cuando el mar supera los 28Cº-, así como a las poblaciones de corales y gorgonias. Asimismo, esta época de ebullición global, ligada a la crisis climática, está afectando también a las tortugas, que han empezado a poner huevos en las playas del levante español en los últimos años. 


La gorgonia roja (Paramuricea clavata) es una de las especies más amenazadas por el aumento de las temperaturas del mar. Las poblaciones que están en Eivissa y Cabrera se están viendo muy afectadas por ello, lo cual provoca que no puedan vivir en aguas poco profundas, según apunta el Informe Mar Balear. Los fondos coralígenos son importantes porque en ellos se encuentra el hábitat de muchas especies tanto para refugiarse como para alimentarse. “Protegen la costa de la erosión de las olas. Además, son grandes indicadores del cambio climático porque les afecta gravemente el cambio de temperatura”, afirma Sandra Espeja, coordinadora del Programa de Ciencia Ciudadana en la Fundación Marilles.

También se ve afectado el coral bambú (Isidella elongata), que vive a más de un kilómetro de profundidad, y se encuentra en grave peligro de extinción. Esta especie prolifera, sobre todo, en las zonas sin pesca de arrastre. De hecho, entre las principales amenazas a las que se exponen los hábitats coralígenos, cabe destacar también la pesca artesanal (trasmallo y palangre de fondo); la proliferación de las algas invasoras; los fondeos, las actividades recreativas de buceo y la eutrofización (un fenómeno que se produce cuando un ecosistema acuático recibe un aporte muy elevado de nutrientes inorgánicos, principalmente nitrógeno y fósforo).

Las poblaciones de coral, además, sufren el impacto y las consecuencias de la explotación en determinadas zonas costeras, la presión turística -especialmente entre junio y septiembre- o la pesca furtiva. Entre las especies más afectadas por episodios de mortalidad masiva en el Mediterráneo, el presidente de la Fundación Blue Life, Óscar Caro, recuerda que en el caso de las poblaciones de coral, la gorgonia roja se encuentra sobre fondos rocosos o coralígenos y puede llegar a los 130 centímetros de altura en el equivalente a 100 años de edad. En cuanto a la gorgonia blanca, que se encuentra en una situación igualmente delicada, alcanza los 55 centímetros.

El Mar Mediterráneo se está calentando más rápido que el resto del océano, con un aumento de las temperaturas de más de dos grados centígrados, según los científicos. Este calentamiento tiene “múltiples efectos para los organismos marinos, los hábitats y el funcionamiento de los ecosistemas”. Hay que señalar varias consecuencias: pérdida de biodiversidad, cambios en el funcionamiento de los ecosistemas, en los ciclos biogeoquímicos y proliferación de especies invasoras.

Esta etapa de ebullición global afecta también la supervivencia de la Posidonia oceanica, que muere cuando el mar registra temperaturas superiores a los 28ºC. Considerada como el pulmón del Mediterráneo –es una de las principales fuentes de oxígeno y de captación de CO2–, es uno de los organismos vivos más grandes y longevos del mundo. En las Pitiüses, con una extensión de cerca de ocho kilómetros de largo y unos 100.000 años de antigüedad, la planta marina se sitúa en el interior de una pradera que se extiende unos 700 kilómetros cuadrados desde la zona de Es Freus, en Formentera, hasta la playa de ses Salines, en Eivissa, dentro del Parque Natural.

Esta impresionante riqueza para la biodiversidad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. No solo es la responsable de las aguas limpias y cristalinas de las Balears: también actúa como una ‘muralla’ para evitar la erosión de la costa, especialmente, de las playas. Algunos estudios apuntan, sin embargo, que esta planta podría extinguirse funcionalmente a mediados de este siglo. Se perderían, entre otros beneficios, la protección de las costas, la transparencia de las aguas y el incremento de la biodiversidad asociada a estos ecosistemas. Además de ser una gran fuente de oxígeno, la posidonia es un sumidero muy importante de carbono, pues absorbe el 7% de las emisiones del archipiélago balear.

Las praderas de posidonia, cuyo hábitat se encuentra hasta a 40 metros de profundidad de la superficie del mar, están en un “proceso de recesión alarmante” en todo el Mediterráneo, pese a todos los esfuerzos que se han hecho tanto en el ámbito europeo como en el autonómico y estatal, destaca el Informe Mar Balear. A escala europea, cabe destacar la inclusión de las praderas de posidonia como hábitat prioritario. El objetivo global es contribuir “a garantizar la biodiversidad mediante la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres en el territorio europeo”. Como en los anteriores casos, hay amenazas compartidas. La posidonia se ve afectada por las obras marítimas, la contaminación del agua, la eutrofización, el progresivo embarrado de los fondos litorales, la regeneración y la implantación artificial de playas, la gestión incorrecta en la limpieza de las playas, el fondeo masivo e incontrolado de embarcaciones de recreo y el cambio climático.

La posidonia es importante para la producción de arena

Las Illes Balears son la comunidad autónoma con mayor superficie de praderas de Posidonia oceanica, concretamente, el 50% del total inventariado en España. Además de los beneficios mencionados que aporta, las praderas de posidonia son importantes productores de arena. En Mallorca, el 67% de los sedimentos litorales son de origen biológico, y las praderas tienen un papel fundamental en esta producción de arena biogénica y en la protección del litoral. La hojarasca que se acumula en las playas durante el otoño y el invierno actúa como barrera física que “impide la erosión de las playas, fija en ellas el sedimento y evita que los temporales se lleven la arena mar adentro”. Asimismo, amortiguan la fuerza de las olas, disminuyendo su altura y reduciendo su velocidad.

La crisis climática también puede afectar a la migración y distribución de las comunidades de peces. Hay que tener en cuenta que en las últimas décadas se está produciendo un fenómeno conocido como la “tropicalización” del Mediterráneo debido a la proliferación y establecimiento de especies de origen tropical. Por ejemplo, la macroalga invasora Halimeda incrassata ha colonizado rápidamente hábitats de arena en Balears desde el año 2011 “produciendo cambios en la abundancia y distribución de las especies de peces”.

El Mar Mediterráneo también es una región especialmente vulnerable al aumento de la temperatura global debido a que es un mar semicerrado. A través del estrecho de Gibraltar, se encuentra conectado con la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico Norte (conocida también como AMOC, por sus siglas en inglés), el motor atlántico de conducción de calor en el planeta. Los científicos afirman que se ha observado, en toda la cuenca mediterránea, que el aumento de la temperatura superficial del agua está correlacionado con la subida de la temperatura superficial del planeta.

Las tortugas buscan altas temperaturas para poner huevos

En los últimos cuatro años también se ha experimentado un fenómeno nuevo: se han localizado hasta 11 nidos de tortuga boba o común en las playas del mar balear. Fue durante la madrugada del 24 al 25 de julio de 2019 cuando por primera vez se detectó un ejemplar de tortuga boba poniendo huevos. Ocurrió en Platja d’en Bossa, en el sureste de la isla de Eivissa, donde se encontraron 58 huevos. Al día siguiente, otra tortuga puso 102 huevos en la playa de Es Cavallet, en el Parc Natural de ses Salines d’Eivissa i Formentera.

Un fenómeno que se explica también por el aumento de las temperaturas. Un factor importante para las tortugas marinas -que no regulan sus temperaturas corporales por sí solas- es precisamente la temperatura en que se encuentra la arena en la que ponen los huevos. Por encima de los 28 grados y medio, nacen hembras. Por debajo, machos. Para ellas, las playas del Mediterráneo son, en general, todavía frías. “Si nacen muchas más hembras que machos se desequilibra la población”, explica Marta Muñoz, veterinaria de la Fundación Oceanogràfic de València. Las tortugas marinas también se ven afectadas por el enmallamiento en plásticos o artes de pesca fantasma, según los datos de la Fundació Palma Aquarium, recogidos en el Informe Mar Balear (...)

julio 21, 2024

CTXT. Carta a la comunidad 365 | Irene Zugasti: El derecho al verano

 

El derecho al verano

IRENE ZUGASTI 


Querida comunidad de CTXT:

 

Esta noche de canícula e insomnio –la tercera ya, de las muchas que nos quedan– transcurre entre el traqueteo del ventilador en el techo, el sudor que me pega el trasero a la silla, y los viajes a por el agua que nadie ha rellenado en la nevera. Noches así me recuerdan cómo año tras año el calor se vuelve determinante para estructurar la vida: las horas de sueño, los trayectos por la calle saltando de sombra en sombra, de refugio en refugio, sorteando el día mientras las aceras arden.

 

        Atravieso el desvelo cayendo en Instagram, donde ya asoman las vacaciones ajenas que no puedo evitar mirar. Qué cala tan bonita. Qué terraza tan agradable. Qué bien le queda el bikini. Qué alto ese rascacielos. Qué bohemio ese museo. Qué guapos esos amigos. Vaya pinta tiene ese mojito. Me imagino una red social paralela con otros veranos que no tienen foto: el de los camareros de las terrazas del centro a los que les chorrea el sudor por la cara; el de esa señora mayor aplastada en su sofá, que tiene aire acondicionado porque se lo pusieron sus hijos pero no lo enciende porque no puede pagarlo; el del viaje pegajoso en metro espalda con espalda; el de los salones a oscuras con un ventilador que solo remueve el bochorno; el de los cuarenta y tantos grados que asfixian las orillas a un lado y al otro del Estrecho, o los de una tienda de campaña de plástico a pleno sol en Gaza. El calor, como todo en esta vida, no es igual para todos.

 

        Hace un par de semanas, Javier Milei volvió a visitar Madrid. Disculpadme de nuevo el madrileñocentrismo, pero por favor, no lo entendáis como esa tendencia natural capitalina de mirarnos al ombligo, sino casi como un ejercicio de desahogo. La primera vez que vino, Milei acudió a presentar un libro, El camino del libertario, en la sede de La Razón, propiedad, por cierto, del ínclito grupo Planeta. En la segunda ocasión regresó invitado por Isabel Díaz Ayuso para recibir no sé qué absurda medalla y vomitar su ideario desde el atril de la presidencia de la Comunidad de Madrid mientras ella le contemplaba ufana. Al fin y al cabo, el equivalente ideológico a Milei en España está mucho más cerca de MAR y Ayuso que de Santiago Abascal, y ambos lo saben.

 

        El caso es que el insomnio, ya os digo, es malísimo, y anoche me adentré en el primer capítulo del polémico librito que paseó Milei por Madrid y que las malas lenguas dicen que estaba medio plagiado. Os ahorro la experiencia, porque no da ni para plagio: es un refrito de neoliberalismo para púberes, un popurrí de tópicos y autores mal citados de la escuela austriaca, rematados con bulos en forma de enunciados simplones hechos para publicarse en Twitter. “Cuanto mayor el éxito, más que proporcional será el castigo fiscal”, afirma, por ejemplo. Pero en Madrid bien sabemos que no es así, ya que el paraíso fiscal de Ayuso ha construido un sistema de tributación que exime cada año de pagar más de 5.000 millones de euros en impuestos a base de beneficios fiscales a las 45.000 personas más ricas de la Comunidad. La libertad avanza… si no se la combate.

 

         “La justicia social es aberrante”, decía Milei. Una cosa de envidiosos y de perdedoras, de fracasados y de resentidas. “A unos les quita y a otros les da. Los impuestos se pagan a punta de pistola”. Mientras, Ayuso movía la cabeza y contemplaba su circo, vestida como de invitada en una boda de cortijo, que es, últimamente, su forma de decirnos que todo esto es suyo.

 

        Pero no, no lo es. Y que lo grotesco no nos desvíe de lo neoliberal, ni de lo importante: según el Estatuto Autonómico de la Comunidad de Madrid, Ayuso ostenta el cargo de “quien preside y dirige la actividad del Gobierno y coordina la Administración”. Es decir, es la máxima figura de la gestión pública del territorio. Y que la máxima figura de la gestión pública madrileña asienta con entusiasmo a las bravatas de alguien que está destruyendo a cañonazos el estado de bienestar argentino, alguien que se jacta de haber desintegrado ministerios, de querer mandar a calle a miles de empleados y empleadas públicos, de privatizar empresas estatales y de regalar el suelo argentino a los grandes inversores extranjeros, de haber sembrado el caos en la administración del Estado –con los medios y el macrismo de la mano–, es sumamente preocupante.

 

        Pero esto no debería preocuparle solamente a los sospechosos habituales que llevan años dando la batalla y poniendo el cuerpo, como la marea blanca por la sanidad, el movimiento por la educación pública o las vecinas que frenan desahucios, por ejemplo. Todas esas personas, por desgracia o por principios, ya saben las consecuencias del recetario liberal-libertario. A quienes debería preocupar –e interpelar, de paso, de una puñetera vez– es a quienes trabajan cada día en la gestión de estas políticas públicas que sostienen la  justicia social en Madrid. Me refiero a los empleados y empleadas públicas por cuyas manos y pantallas pasan subvenciones, ayudas, impuestos, contratos o servicios destinados a materializar el bienestar social, a hacer carne los derechos sociales, a sostener el precario armazón que gente como Ayuso o Milei pretende devastar a martillazos. Políticas de ayuda a la dependencia, por ejemplo. O prestaciones sociales como el Ingreso Mínimo Vital. La gestión de los servicios de asistencia a menores o a víctimas de violencia machista. Los centros y servicios comunitarios que estructuran el día a día de muchas personas vulnerables. Las becas de comedor, la atención primaria de los servicios sociales, los centros de primera acogida, las medidas de accesibilidad, la enfermera de tu centro de salud, el aula TEA del colegio, los contratos de las educadoras sociales del distrito. Todos ellos pasan de la política al papel, a los despachos y oficinas, y de ahí al procedimiento que convierte la burocracia en servicio, en derecho, en alivio, en cuidado. Ese servicio público no es ajeno de quienes lo ejecutan e implica algo más que aprobar oposiciones y pelear por el qué hay de lo mío. Implica su defensa activa para que la justicia social, ese monstruo que asusta a Milei y que desprecia Ayuso, se imponga a la desolación del neoliberalismo autoritario de la motosierra. Si la máxima figura de la gestión pública en que trabajan miles de personas aplaude y celebra las recetas de quien pretende derruirla, quizá sea hora de que quienes convierten sus delirios en papeles y sus papeles en derechos (o en la ausencia de ellos) también tomemos partido. Partido frente a quien desprecia y denigra ese trabajo ante los ojos del mundo. Partido porque nunca fue solo gestión, siempre fue política. La banalidad del mal tiene muchas formas, y una es el procedimiento administrativo.

 

        En fin, querida comunidad contextataria: gracias por leer este desahogo. No sé si tendréis la suerte de tener frente a vosotros y vosotras un verano que merezca salir en Instagram, o si esta vez no os toca hacer las maletas ni una siesta de consuelo. Solo espero que sigamos leyéndonos y encontrándonos por aquí, en esta redacción que no cierra, en estos meses de calor compartido, en la batalla contra los monstruos, y por el nada banal derecho (de todos, de todas) al verano.

Irene Zugasti

Hay dos opciones: fabricar menos plásticos o envenenarnos con ellos. Ni el reciclaje por pirólisis solucionará el problemón que tenemos