marzo 04, 2015

La basura tecnológica inunda África

¿Adónde van los móviles, ordenadores, microondas o frigoríficos viejos? ¿qué pasa con estos aparatos una vez que los hemos tirado a la basura, o incluso a ‘reciclar’? http://regeneracion.mx/tendencias/la-basura-tecnologica-inunda-africa/ Publicado: 28/1/2015


El camino que recorren no está del todo claro, pero de lo que no cabe duda es de que hay varios lugares en el mundo en los que toda esta basura tecnológica se acumula desde hace años haciendo de estos sitios lugares tan contaminados o más que las mismísimas zonas de extracción ilegal de productos como petróleo, uranio y otros recursos altamente contaminantes.
El más claro ejemplo es el llamado basurero tec-
nológico de Agbogbloshie, en Accra (Ghana)
donde, según algunos estudios, existe una conta-
minación por plomo, cadmio y otros contaminan-
tes perjudiciales para la salud que supera en más 
de 50 veces los niveles libres de riesgo. Lo decía
claramente un informe de 2013 realizado por la
‘Green Cross Switzerland’ y el ‘Blacksmith Institute’
en el que recogían las 10 mayores amenazas tóxicas
del Planeta. Es decir, los 10 lugares más
contaminados del mundo.
Uno de ellos es este basurero, que comparte este
triste honor con lugares como Chernobyl. Oficial-
mente, se trata de un ‘área de procesamiento de
basura tecnológica’. Un eufemismo para definr a
este área al que van a parar miles de toneladas de
residuos tóxicos para, en teoría, ser ‘procesados’.
La realidad es que hasta allí llegan, mezclados, ma-
teriales de todo tipo –entre los que se encuentran
frigoríficos, microondas y televisiones-, tan diversos
 y contaminantes que, “para reciclarlos de manera
segura requeriría un alto nivel de competencias y
protección entre los trabajadores”. Algo que clara-
mente no se da en Agbogbloshie. Y lo peor es que
 esta zona no es ni mucho menos sólo un basurero.
Es un asentamiento informal en el cual conviven zo-
nas industriales, comerciales y residenciales. Una
zona en la que los metales pesados que se expulsan
de estos procesos de quema llegan a las casas y
mercados.
Según este mismo informe, -de 2013-, Ghana impor-
ta cada año unas 215.000 toneladas de residuos 
tecnológicos, principalmente desde Europa del Este (…).
De ellas, aproximadamente la mitad puede ser reutiliza-
da inmediatamente, o reparada y vendida, pero el resto
del material es ‘reciclado’ de forma barata, a costa de
contaminar la tierra que los recibe y perjudicar la salud
de quienes trabajan con ellos. Un ejemplo paradigmáti-
co es el de los buscadores de cobre, que queman las
fundas que recubren los cables para conseguir el cobre
del interior. Para quemarlos utilizan un tipo de espuma,
altamente contaminante, expulsando al aire libre todos
sus contaminantes.
Chatarra, fogatas y humo son el día a día en algunas
zonas del basurero, donde trabajan sobre todo jóve-
nes sin recursos provenientes de familias pobres, que
dependen por completo de lo que obtengan en este
basurero. Personas que saben que el trabajo allí es
basurero, pero que no se quejan porque lo que allí
consiguen es mejor que nada. Porque con el material
que allí obtienen pueden venderlo luego por las calles
de Accra y conseguir así lo necesario para sobrevivir.
A otros también les interesa: el centro de Accra está
repleto de puestos que venden a bajo precio todo tipo
de aparatos eléctricos, buena parte de ellos de segunda
mano. Y la situación no se circunscribe sólo a Ghana,
-que es, por cierto, uno de los países más desarrollados
del continente-.
La misma realidad afecta a otros lugares como Zimbab-
we, donde hace poco se ha advertido de una posible
crisis medioambiental porque no dispone de sistemas
adecuados para eliminar este tipo de residuos. Todo
ello a pesar de la existencia de tratados internaciona-
les, como la Convención de Basilea, que restringe los
movimientos transfronterizos de desechos, y el acuerdo
que se suma al firmado ya en 1993, en Bamako , sobre
el mismo tema. Acuerdos que establecen condiciones,
cantidades y criterios para verificar si la ‘exportación’
de basuras se está haciendo bien. Sin embargo, para
los países más desarrollados sale mucho más barato
deshacerse de ellos en algún puerto remoto de África
que seguir las estrictas normas de reciclaje que ellos
mismos se han autoimpuesto pero que casi nadie quie-
re cumplir. Para los receptores, por su parte, ésta es 
una supuesta fuente de ‘riqueza’ de la que viven
muchos de sus conciudadanos, a pesar de los riesgos
y problemas que conlleva para su salud. Una solución,
en definitiva, que conviene a muchos y que no termina
de regularse.