- Víctor López Madrid-
"Las cosas han cambiado mucho y no han cambiado tanto", afirma Sònia Farré, militante por aquel entonces de la Plataforma Auditoria Ciudadana de la Deuda (PACD). "Lo que sí tengo claro es que ahora más que nunca sería necesario otro 15M", señala Kike Castelló, portavoz en 2011 de Democracia Real Ya.
"El 15M supuso una profunda revolución en las élites de nuestro país. Las dos grandes formaciones lograron resistir, pero el sistema de partidos saltó por los aires", detalla la socióloga Cristina Monge.
Marcha por el primer aniversario del 15M, en el centro de Madrid.
"No me creo que hayan pasado 15 años...", responde Kike Castelló, entonces portavoz de Democracia Real Ya Madrid. "Lo que sí tengo claro es que ahora más que nunca sería necesario otro 15M", continúa el activista. "Lo recuerdo como algo masivo, emocionante y con potencial de cambio porque recogía el descontento de la mayoría de la población", desliza Sònia Farré, miembro de la Plataforma Auditoria Ciudadana de la Deuda (PACD). "Las cosas han cambiado mucho y no han cambiado tanto", añade la también militante de Anticapitalistas. "Los problemas persisten y las recetas están encima de la mesa. Los responsables políticos tienen la obligación de hacerse cargo", sostiene Enrique Maestu, miembro de Juventud Sin Futuro. "Lo que pasó hace 15 años debería servirnos para tomar nota, demuestra que la política no solo se hace desde los partidos políticos, sino también desde las organizaciones y las calles... todo el mundo recuerda dónde y cómo estaba en aquel momento", insiste.
El 15M está de aniversario. Los toldos, las pancartas y las tiendas de campaña inundaron las plazas y calles de todas las capitales del país. El cóctel de lemas y reivindicaciones era -ligeramente- ácido, también alentador. La revolución empezó con "una manifestación al uso que tenía un principio y un final". La represión policial fue lo que terminó de prender la llama. "Los agentes cargaron contra un pequeño grupo que decidió quedarse tras la mani en la Puerta del Sol. Los participantes lo retransmitieron a través de unas redes sociales incipientes y las imágenes causaron mucha indignación, hicieron que muchos regresáramos al día siguiente. Y ahí se fraguó un poco la acampada", señala Kike Castelló. El contexto internacional era relativamente favorable. La Primavera Árabe venía de desbordar los principales países del norte de África. Los recortes sociales y la crisis económica que hundió a miles de familias españolas le pusieron el toque final a un menú que llevaba meses en la cocina.
La indignación venía de atrás. Y para prueba, las multitudinarias manifestaciones contra la bajada de las pensiones, la implementación del Plan Bolonia o las corruptelas del sistema que desbordaron las calles entre enero y abril de ese mismo año. "La palabra desbordar no la habíamos pronunciado hasta entonces. El lema de una de las movilizaciones era precisamente Juventud Sin Futuro. Y luego se quedó como nombre de una plataforma que reunió a toda una generación que estaba recién salida de la universidad y comprendió que la crisis social iba más allá de las facultades", matiza Ramón Espinar, miembro de lo que terminaría siendo Juventud Sin Futuro. El Patio Maravillas de Madrid sirvió para acabar de darle forma a lo que culminó con miles de personas buscando refugio en la Puerta del Sol.
"La gente terminaba la carrera y no encontraba trabajo. El Gobierno de Zapatero venía de aplicar una serie de recortes en sanidad y educación que supusieron un golpe para muchas familias. Los desahucios se multiplicaron. El paro se disparó. Y mientras tanto, salían a la luz casos de corrupción en la arena política. La cadena de acontecimientos no era nada positiva para la población", recalca Kike Castelló. El escenario sigue siendo cuestionable. La vivienda, un lujo al alcance de pocos bolsillos. El empleo ha crecido, sí, pero ahora preocupa la calidad de los puestos. Las pensiones, todavía son un abanico de dudas. Y el miedo a la ultraderecha, pesa ahora más que hace una década. ¿Qué queda del 15M? ¿Cómo han cambiado las reivindicaciones en estos 15 años? ¿Y cómo recuerdan el movimiento sus protagonistas? ¿Qué posibilidades ven de repetir una hazaña que puso en jaque al bipartidismo y cuestionó la continuidad del régimen de la Transición?
El golpe al bipartidismo
El 15 de mayo de 2011 los españoles tomaron las calles para pedir una democracia más participativa y reivindicar un futuro mínimamente digno. Los lemas lo decían todo. "No nos representan". "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros". "No hay pan para tanto chorizo". Los manifestantes criticaban que populares y socialistas defendieran "políticas similares en términos económicos" y protegiesen los intereses financieros y empresariales, los intereses de la casta política. El 15M les ponía cara a los responsables de la crisis que sufría el sistema. Y vino a interpelar directamente a las víctimas de "una lógica completamente elitista y alejada de la realidad", recuerdan las fuentes consultadas por Público. "Lo que veíamos era que a la hora de tomar decisiones para salir de la crisis, [los dirigentes políticos] ponían por delante a las empresas y a los banqueros, no miraban por el pueblo. La falta de oportunidades no era un fenómeno atmosférico, sino político. Y tenía unos claros culpables", sostiene Enrique Maestu.
El bipartidismo estaba en el centro de la diana. Los manifestantes no se sentían representados por un sistema que había nacido en 1978. "El 15M fue un momento democrático con todas las letras de la palabra democracia, permitió la irrupción en la vida pública de quienes estaban fuera de la vida pública", destaca Ramón Espinar. "Los bloques izquierda-derecha se mantuvieron pero divididos en varios subbloques. El PP y el PSOE perdieron su hegemonía gracias al 15M", matiza Kike Castelló. "Las movilizaciones supusieron una contención de la extrema derecha durante bastante tiempo, retrasaron su irrupción en España. Francia, Grecia o Alemania empezaron por aquel entonces a ver cómo emergían partidos nazis y ultraconservadores", continúa el portavoz de Democracia Real Ya Madrid.
El 15M también sirvió como una suerte de trampolín para la consolidación del independentismo en Catalunya. El movimiento no solo era soberanista, sino que llegó a rodear el Parlament para protestar contra los recortes presupuestarios del entonces president, Artur Mas. Los diputados tuvieron que acceder al edificio en helicóptero, cuando no lo hicieron escoltados por la Policía. "Los dos movimientos se retroalimentaron, porque ambos tenían una hipótesis de cambio que implicaban una ruptura con el régimen de 1978. El 15M no incorporó las reivindicaciones nacionales, pero el independentismo que culminó con el referéndum y la huelga del 3O sí incorporó las reivindicaciones sociales y de derechos civiles que había puesto sobre la mesa el 15M", señala Sònia Farré. ¿Qué queda de todo esto en la política española?
"El 15M supuso una profunda revolución en las élites de nuestro país. Las dos grandes formaciones lograron resistir, pero el sistema de partidos saltó por los aires", detalla Cristina Monge, socióloga y autora de Contra el descontento: por una alianza para construir futuros deseables (Paidós Editorial). Los partidos que surgieron de las acampadas de hace 15 años llegaron incluso a gobernar decenas de municipios y ciudades. Los ayuntamientos del cambio. Y más tarde, formaron coaliciones en comunidades autónomas con el PSOE, una lógica que seguirían también para mantener un Ejecutivo de izquierdas en La Moncloa. "El problema es que estas formaciones llegaron con muchas expectativas y vieron que el mundo institucional tenía unas complejidades que no eran compatibles con las máximas del movimiento", continúa la también profesora en la Universidad de Zaragoza. "El 15M no cumplió todos sus objetivos, pero sí supuso un punto de inflexión y consiguió canalizar la indignación a través de dos partidos: Podemos y Ciudadanos. El problema es que ahora esta indignación la está recogiendo una extrema derecha que no busca mejorar la democracia, sino erosionarla", termina Cristina Monge.
Los problemas sociales, ¿iguales que en el 15M?
El desempleo, los desahucios y los recortes en educación o sanidad pusieron en la misma plaza a miles de manifestantes hace ahora 15 años. "Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo". El panorama entonces era desolador. España tenía esa primavera una tasa de desempleo en torno al 22,85%. El paro juvenil rondó a finales de 2011 el 50%. "Los datos han mejorado, pero los sueldos crecen menos que el nivel de vida. Y tenemos que tener en cuenta otra cuestión: ahora valoramos temas que hace una década no hacíamos, como la conciliación y la salud mental. La realidad es que tenemos más gente trabajando, pero habría que ver cuanta está en el umbral de la pobreza pese a recibir una nómina todos los meses", lamenta Kike Castelló. "No podemos negar que ser joven sigue siendo deporte de riesgo en España. El ascensor social solo se ha roto para unos pocos. Y los primeros años de trabajo nadie te asegura un salario y unas condiciones de vida dignas", añade Enrique Maestu.
El precio medio del metro cuadrado de la oferta en alquiler era hace 15 años de 8,2 euros. Y cerró 2025 en torno a los 14,2. España tiene un parque de vivienda social prácticamente inexistente, todavía por debajo del 3,4%. "Las reivindicaciones más fuertes tenían que ver con el problema de la vivienda, un problema que no solo no ha mejorado sino que se ha intensificado", denuncian los distintos activistas que han hablado con Público. Las mismas fuentes coinciden al destacar el legado del movimiento en "la cultura asamblearia y voluntarista", la proliferación de los sindicatos de inquilinas y "la idea de que se pueden conseguir cosas concretas como frenar un desahucio".
El feminismo es otra de las causas que más recorrido ha tenido antes y después del 15M. Las activistas pedían entonces "una vida libre de violencias, libertad sobre nuestros cuerpos y un acceso real a la materialidad", señala Ruth Caravantes, militante del movimiento. "El feminismo estaba organizado previamente, pero las acampadas consiguieron perpetrar una serie de movilizaciones históricas durante los años posteriores, como la lucha por el derecho al aborto que culminó con la dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón o las concentraciones del yo sí te creo por la sentencia de La Manada", insiste la activista. Los cambios no se han materializado tanto en el papel, sino en "una visión del mundo mucho más feminista", matizan las mismas fuentes. El 15M se colgó la siguiente pancarta en la Puerta del Sol: "La revolución será feminista o no será".
Las redes sociales jugaron además un papel fundamental en las movilizaciones de hace una década y media, unas redes sociales que aún no habían sido conquistadas por la extrema derecha. "El 15M sirvió como ruptura de los cuellos de botella para acceder al espacio político y penetrar en la conversación pública. Las redes eran lugares sin tantas trampas como ahora. Internet estaba mucho menos intervenido y era más espontáneo", recuerda Ramón Espinar. "La agenda la marcábamos nosotros. Los algoritmos ahora han evolucionado y le han traspasado ese poder a la extrema derecha, una extrema derecha que aprendió mucho de lo que hicimos el 15M. El problema es que los ultras no solo marcan agenda en las redes, sino que te expulsan de ellas si no comulgas con sus ideas", sentencia Kike Castelló.
¿Es posible otro movimiento similar?
El 15M cumple 15 años y muchos de los problemas que aceleraron las protestas entonces siguen ahora encima de la mesa. La vivienda. La corrupción. La crisis de representatividad. La calidad de los puestos de trabajo. Las fuentes consultadas por este diario, preguntadas por la posibilidad de una nueva ola de movilizaciones, reconocen sus discrepancias. "Las condiciones actuales no son las de hace 15 años, pero tenemos que seguir construyendo poder popular a través de organizar el conflicto y ampliar la base de personas politizadas", responde Sònia Farré. "El 15M es un proceso político que ha tenido su auge, pero no sé si tratar de repetirlo puede sonar absurdo, incluso poco realista. La próxima movilización de masas que surja de la mano del progresismo lo hará en cualquier caso para dar la patada a las élites políticas que emergieron precisamente del 15M", señala Ramón Espinar.
"La polarización sinceramente creo que dificultaría un nuevo 15M. Lo que caracterizó aquel movimiento fue precisamente la transversalidad, muchas personas de izquierdas y de derechas nos pusimos de acuerdo para reivindicar cuestiones como una vivienda digna o un salario decente, cuestiones de sentido común. El espíritu de entonces sería por supuesto necesario, pero no sé si la iniciativa tendría el mismo éxito", apunta Kike Castelló. Cristina Monge, por su parte, termina: "El 15M volverá a surgir en algún momento, pero no creo que ese momento sea el actual. La situación económica no es la que era y los datos de desempleo afortunadamente tampoco. Esto no quiere decir que no haya problemas, pero sería complicado tener un nivel de movilizaciones tan masivo".
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