Javier Cuevas Skalagrim 27/7/2026
La Presidenta de la Comunidad de Madrid, la Señora Isabel Díaz Ayuso (a partir de ahora, IDA) explicaba hace algún tiempo, con gran chanza y divertimento de los suyos, la estafa que era el Cambio Climático, un cuento, según ella, de comunistas y hippies a la búsqueda de paguitas y subvenciones. Las carcajadas en la bancada del PP y la cara de satisfacción de los diputados de VOX en el parlamento de la Comunidad de Madrid fueron seguidas, rápidamente, por la defensa acérrima de su postura en artículos y tertulias de la prensa conservadora.
Tampoco es extraño. Madrid gasta más en subvencionar ciertas líneas editoriales y en publicidad institucional en medios afines que en Prevención de Incendios. Se gasta el dinero en lo que es importante. Nadie pregunta importante para quien.
En el mismo instante en que Ayuso hacía sus comentarios sobre los científicos comunistas y los físicos y meteorólogos a la búsqueda de paguitas, la Comunidad de Madrid mantenía congelado el Convenio Colectivo de sus Servicios de Extinción. Lleva, de hecho, años congelado.
Los hombres y mujeres que se juegan la vida luchando contra el fuego ahora mismo cobran unos 1.300 euros al mes, y permanecen en el paro la mayor parte del año, porque según la doctrina oficial, "si no hay incendios no se les necesita". Según los propios técnicos del Servicio de Medio Ambiente de la Comunidad, las plantillas están un 40% por debajo de los mínimos, y, por supuesto, deberían estar trabajando todo el año.
Pero la Señora IDA ha encontrado una fórmula mucho más práctica: perdonar impuestos a la clase alta madrileña, mantener los servicios públicos bajo mínimos, gastar el dinero en lo que a ella le parezca y, cuando vienen mal dadas, pedir al Gobierno de la Nación que haga algo.
"Perro Sánchez, hijo puta, haz algo, que se quema mi casa, cabrón..." grita la gente cuando el presidente acude a las zonas devastadas. Es la misma gente que vota mayoritariamente a las opciones políticas que predican que no pasa nada, que siempre ha habido incendios, que no hay nada que prevenir, ni preparar, porque el Cambio Climático es un invento, y que de existir algún problema cada palo debe aguantar su vela y arreglárselas por sí mismo.
Y la Señora IDA, allí presente, vestida con su traje de excursión y su chaleco que pone "Presidenta", sonríe ante los insultos. Al fin y al cabo, a ella no se le da mal tampoco. Aún se celebra en mucho medios que no le guste la fruta.
A ella en cambio la aplauden, la jalean. Las ancianitas le besan las manos, y ella sonríe aún más: si en general la gente pobre le importa poco, la gente que vive en las zonas rurales de la Comunidad de Madrid le importa aún menos. Si todo eso se quema, urbanizar será más fácil, y hay mucho millonario emigrado de las Américas deseando invertir en ladrillo en Madrid. Hay negocio ahí, negocio para los suyos, para aquellos para quienes gobierna. El resto, directamente, le importa un huevo, y lo gracioso es que cuanto más lo demuestra, más la votan.
Y cuanto más Madrid se queme, más culpa tendrán los demás. Madrid no tiene bomberos forestales, el Gobierno los envía y entonces se puede decir que no envía suficientes. La culpa es de Sánchez, dice Abascal. Los incendios no son el problema, declara Figaredo. Mejor permanecer callada. Ya hay bastantes genios hablando.
Y al otro lado de la demarcación, allí mismo, Castilla arde.
En las últimas elecciones autonómicas de Castilla y León, Vox obtuvo 233.757 votos. La mayor parte de ellos proceden de la zona rural, con mucha diferencia. Las zonas rurales que no podrían vivir sin la Política Agraria Común de la UE son las que más apoyan las posturas anti UE de VOX, del mismo modo que las zonas que viven literalmente de la mano de obra inmigrante son las que más apoyan las políticas anti-inmigración de la gente de Abascal.
Da que pensar.
En esas mismas elecciones, el PP obtuvo 438.096 votos. Cuanto más se aproxima el PP a los postulados de VOX, más votos obtiene en una autonomía que lleva décadas gobernando, y cuyos votantes apoyan mayoritariamente al PP como reacción al envejecimiento, despoblación y abandono que sufren... desde que son gobernados por el PP.
La gente de las zonas rurales de Castilla y León sufre los martillazos y adora a quien lleva el martillo. Si pudieran, ellos también votarían a la Señora IDA, tan simpática, tan resuelta, tan ingeniosa, la única que pone freno en España a esos que quieren poner puertas al campo: Europa, los Ecologistas, los Científicos y toda esa gentuza de ciudad. Me van a decir a mí cuando puedo quemar mi seto y cuando no...
Y mientras miran con admiración a la presidenta de la Entidad agujero negro que verdaderamente los está devorando, llevándose a sus jóvenes y drenando su agua y sus recursos vitales, ninguno se para a pensar en qué ha ocurrido realmente. En por qué se acumulan los desastres; en por qué los veranos son cada vez más terribles, y las sequías más frecuentes, y los incendios incontrolables, y los inviernos más secos.
Para qué pensar, si puedo insultar. Para qué prevenir, si a lo mejor el año que viene hay suerte y "no toca".
Que poca gracia tienen las típica frase de bar cuando le toca a uno. "Siempre ha habido incendios...", se dice con indiferencia, dando un golpe en la barra. Hasta que se quema tu casa, tu finca, tu vida, tu paisaje. Entonces cambia la cosa.
Pero todo va como debiera. No hay de que preocuparse. La Señora IDA lo tiene todo previsto, o lo tendría si tuviera una sola neurona funcional. Pero no importa. Alguien piensa por ella.
Todos esos terrenos devastados serán perfectos para unos molinos eólicos (dentro de unos años) que alimenten de energía al monstruo insaciable que es Madrid. Y toda esa gente que ha perdido su medio de vida tendrá su función como mano de obra barata dispuesta a comprar las viviendas de escasa calidad de Madrid Sur, desde donde viajarán horas cada día para ser camareros, dependientas y limpiadoras en Madrid Centro. Y todo el mundo tendrá su lugar, y sobre todo, será más libre. Sin comunismos climáticos.
Y además, las ciudades no arden.
Porque no arden, ¿verdad?
Nah, no arden.
Sigamos adelante, dice la Señora IDA con su chaleco. Ya hablaremos de esto, dijo ayer. Más tarde. Otro día.
Y mientras tanto, recuerden: mucha terracita, mucha libertad.
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