agosto 19, 2017

Terrorismo extraño. Por Pepito Grillo


Esto que voy a plantear en público como duda, es algo que me he planteado en privado muchas veces, y que no he conseguido resolver, pero que me sigue resultando inquietante. ¿Son, además de asesinos, bastante obtusos los terroristas actuales?
Vamos a enfocar el asunto de esta manera: imagina que concluyes que una reivindicación que consideras justa no va a poder satisfacerse por vías democráticas, bien porque no existe democracia o bien porque sabes que la mayoría, por equis motivo, no comparte tu criterio. O imagina que eres un auténtico fanático alienado por una creencia metafísica y quieres imponer tu fe al resto de la humanidad, o acabar con ese resto. O simplemente pretendes vengarte de los que han reprimido brutalmente a tu pueblo o han provocado la destrucción de tu país. Imagina también que estás dispuesto a todo para alcanzar tus metas, ya sean de pretendida justicia o de expresa demencia.
Bueno, si ya nos hemos puesto en la piel de esa persona o colectivo, vamos a hacer este ejercicio de inteligencia emocional, y vamos a dar por sentado que aunque pudieras ser incluso un psicópata, lo que no eres es imbécil.
Hay una premisa fundamental antes de abordar estas hipótesis: quieres cambiar el escenario; quieres alcanzar resultados. Existe un objetivo y por eso te la juegas. Y no estamos hablando de lo que quieren los gregarios que se unen a tu causa convencidos, porque aquí sí cabe que te rodees de personas manipulables, sino de la base de tu motivación.
Ahora eres un separatista que reclama la merecida soberanía de un territorio, o un idealista, o ambas cosas. ¿Crees que tendría algún sentido atentar indiscriminadamente contra la población civil que es ajena a tu lucha?, ¿si matas a inocentes no complicarás que alguien pudiera entenderte, o lo que es más importante para ti, que imposibilites definitivamente alcanzar tus objetivos?
Porque lo que no es verdad es que, más allá de la propaganda institucional, la violencia como medio sea siempre rechazada por la sociedad. Dependerá de los objetivos y las circunstancias. Y en este país se sabe mucho de eso, porque socialmente, como además parece lógico, no se juzga de la misma forma el eliminar a un alto cargo de una dictadura o una oligarquía que a los clientes de un hipermercado en un territorio donde además estás logrando apoyos.
Pero demos un paso más, y convirtámonos en un fanático religioso de base, en un gregario con encefalograma plano. Ahora, o estás tarado del todo, o tu misión, que tampoco es que sea el colmo de la cordura pero sí algo más concreta y consecuente, es eliminar la máxima cantidad de infieles, o hacer el máximo daño posible.
¿Te dedicarías, sacrificándote por la causa, a atropellar a un insignificante porcentaje de la ‘población enemiga’ sabiendo que esto te va a costar la vida? ¿No cuestionarías los métodos por necio que seas? Suena raro, incluso estúpido, casi tanto como lo de llevar siempre encima algún documento identificativo, y hemos quedado en que eres un perturbado, pero no eres imbécil. Y si eres el ideólogo, ¿lo harías por costumbre coincidir con periodos electorales o similares? ¿En qué te beneficia? Por el contrario, ¿no facilita precisamente favorecer a los que se postulan con un ideario xenófobo? Provocar lo que más te perjudica y más beneficia a tu enemigo es muy raro incluso para un idiota.
Cualquiera puede entender, y no voy a dar ninguna pista por evidente que sea para el que se proponga hacerlo, que hay fórmulas infinitamente mejores, tan sencillas como las que se han convertido en habituales y mucho menos arriesgadas para, por un lado, hacer mucho mayor daño a la población de un país que atropellar a unas pocas personas, si es que la misión es provocar terror o caos, o simplemente vengarse, y por el otro, si la causa es de otra índole, para no provocar el rechazo frontal y unánime de la sociedad. Porque ni todas las infraestructuras estratégicas, evidentes o no tanto, están bien protegidas, ni lo de la dificultad para atentar contra personalidades relevantes a nivel económico y/o político, y más si uno está dispuesto a pagar con su propia vida, es como lo cuentan o como se percibe. Hasta un niñato puede acabar dando, por decir algo, un buen tortazo a un presidente.
El caso es que siempre acaban pagando los más inocentes. Pero voy a insistir: desconociendo el porqué, lo que sí está claro es que no se debe a que sean los objetivos más sencillos, ni mucho menos los más decisivos.
El actual, y con esto me refiero especialmente al de las últimas décadas, es un ‘terrorismo’ extraño, de malnacidos estúpidos, que juega en contra de sus propios objetivos, y que parece, si atendemos a la lógica que se le supone, pensado con el culo.
Tengo por costumbre no infravalorar el intelecto de mis semejantes, y por eso, si me pongo en la piel de un terrorista por convicción (si es ‘terrorista’ en sentido estricto es siempre descabellada), o por venganza, no entiendo a qué juego sin sentido están jugando los de ahora, y mucho menos me queda claro quién reparte las cartas. Y si intento pensar como un militante envuelto en la lucha armada, máxime con ideas socialistas, pienso que lo último que se me ocurriría es acabar con los inocentes por los que lucho.
Solo conozco un terrorismo de ese tipo, que es el mismo que nunca perjudica intereses empresariales y/o religiosos (y valga también como equivalencia), que ha destruido países directamente o por medio de injerencias, que ha provocado situaciones para justificar sus posteriores acciones, y que tiene los medios y las relaciones para llevarlo a cabo. Ese mismo tipo de terrorismo que nunca ha partido desde la base de la sociedad.
Quizá no lo entiendo porque no soy capaz de pensar, por más que lo intente, como alguien dispuesto a matar. Pero todo lo que está ocurriendo me sigue pareciendo inexplicable e inverosímil. ¿Qué piensas tú?
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OTRO ASUNTO. Hoy en Perroflautas del Mundo:
Charlottesville: Race and Terror
 
 

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