Querida comunidad contextataria:
Sin duda lo saben ya, pero tenemos que insistir: estamos dando el sablazo porque necesitamos proporcionarle un andamiaje sólido a la Fundación Contexto y Acción. Lo explicaba Guillem Martínez estupendamente en su carta, y yo aprovecho para recordarles que si hacen su donación antes de este 31 de diciembre se la podrán desgravar en la declaración de la próxima primavera. Con su ayuda mantendremos la labor de ACO en su lucha contra el odio, y también nuestro trabajo periodístico en la revista.
Y ahora sí, tras haber pasado la gorra –en este caso al principio del espectáculo–, vamos con el repaso a lo más destacado de esta semana.
Bernardo Álvarez-Villar cuenta cómo el Grupo Planeta hace caja blanqueando la dictadura de Obiang en Guinea Ecuatorial. El periódico La Razón se ha convertido desde 2024 en el órgano de propaganda del régimen corrupto: sus dirigentes visitan Malabo y organizan encuentros entre empresarios españoles y ministros guineanos, como el que tuvo lugar la semana pasada en Madrid. El medio dirigido por Francisco Marhuenda quiere persuadir a los empresarios para que inviertan en uno de los países más opacos y autoritarios del mundo. Tanto el citado director de La Razón como el Gobierno de Guinea han declinado contestar a esta revista sobre el alcance de este acuerdo de colaboración, y tampoco Exteriores hace comentarios al respecto.
Este domingo, 21 de diciembre, se celebran las elecciones autonómicas en Extremadura. Para Gerardo Tecé, los comicios serán una suerte de “laboratorio” de prácticas para “la gran batalla nacional” entre facciones del PP. “Vox, que es la segunda familia pepera más importante, ya ha dejado claro que quiere mucha azúcar en el futuro inmediato”.
Los ecos de la sentencia al fiscal general siguen resonando, recordándonos que atravesamos un momento sumamente peligroso en lo político. ¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? “El camino ha sido la pugna del Estado con el procesismo cat. Es decir, ha sido un combate, innecesario y a cañonazos, contra una mosca”, según Guillem Martínez.
Sin movernos todavía de nuestro país, Nuria Alabao advierte de que la instrumentalización del feminismo puede hacer gobernar a la derecha a la luz de todos los casos de abusos que se están denunciando dentro del PSOE (¡y no solo dentro del PSOE!). Y la condena al fiscal general del Estado sigue coleando. El magistrado Miguel Pasquau Liaño desgranaba esta semana por qué la sentencia del Tribunal Supremo tendría que haber sido absolutoria.
Las reuniones navideñas se acercan, amenazantes, así que Elena de Sus ha querido escribir una columna, ejem, conciliadora: “Los españoles de bien no deberíamos pelearnos por tonterías. Si Bill Clinton y Donald Trump podían compartir las fiestas de Jeffrey Epstein, nosotros podemos tener la cena en paz, ¿verdad?”.
Internacional
En Chile ocupará pronto la presidencia del Gobierno José Antonio Kast, hijo de un alemán afiliado al partido nazi. Kast llega reivindicando la dictadura de Pinochet, como nos contaban Emiliano Gullo y Paula Sabatés. Pablo Abufom y Karina Nohales, de Jacobin, añaden que la restauración que promete el ultraderechista se centra en la familia tradicional, la propiedad privada y el control patriarcal de las mujeres. Nada nuevo bajo el sol.
En Estados Unidos está teniendo lugar un hecho inédito: los CEOs de las grandes corporaciones tecnológicas se han convertido en una nueva élite de tecnoligarcas que ejercen una influencia directa en áreas tan estratégicas como son defensa, comunicaciones y energía. Lo explican Enzo Girardi y Francesca Cantore en Anfibia.
Se han publicado una serie de imágenes en las que se puede ver a Noam Chomsky junto al pederasta Jeffrey Epstein en un avión privado. La estampa, sorprendente, no esconde más que el hecho de que “Chomsky ha tolerado con demasiada facilidad a los necios, los sinvergüenzas y los delincuentes. Epstein era uno de ellos”. Lo explica Greg Grandin (The Nation), y asegura que el lingüista “no ha estado implicado en ninguno de los delitos de Epstein”.