La Palma: Yacimiento de La Zarza
Hay que comer. En el pueblo de Los Sauces una empleada del mantenimiento de los jardines nos recomienda que bajemos hasta el de San Andrés, allí cerca, y a su restaurante. Será todo un acierto, situado junto a la iglesia. Pueblo, iglesia, plazoleta y restaurante tienen el mismo nombre. Los pescados a la plancha, lo mejor.
Hacemos ruta, en una zona denominada La Tosca, cercana a Barlovento, menciona que hay dragos, veremos dragos.
Son árboles del tipo de las palmeras que crecen en ramilletes, salvo que sean de plantación, entonces se verán aislados, su corteza es lisa y clara. Más que nada, curiosos, y creo que son un endemismo de las islas Canarias.
Si uno quiere verlos de cerca, allí, en La Tosca, prepárese de buen calzado y a derrapar, puesto que están abajo, abajo, siguiendo la indicación de "fuente".
Continuamos en coche, de este a oeste, hay diferentes indicaciones pero como hay que discriminar, que el tiempo es limitado, pasamos de largo por muchas de ellas, pero ... ahí ponía parque arqueológico. Media vuelta y al yacimiento de La Zarza, donde hay "petroglifos", o sea: gráficos en piedra.
Cierran a las 7 y media de la tarde y son las 7 menos cuarto. Entramos. Dentro, el encargado nos cuenta en qué consiste la visita. Vista rápida a la parte teórica y salimos al exterior, a hacer el recorrido tipo circuito que han preparado. Se inicia por la izquierda, caminando por un sendero limitado por pequeñas piedras a ambos lados, los árboles que nos rodean me recuerdan a los madroños, más adelante entramos en zona de laurisilva para acabar en una zona plagada de tamarindos y helechos. Allí una gran pared está completamente grabada con ellos, los petroglifos, cuando ésto fue grabado ya habían pasado los romanos por el norte de África y constituido su imperio en Europa. Me gustan, es más me encantan, soy una enamorada de las piedras, ya estén en bruto en la naturaleza, formando parte de un hermoso edificio o de las ruinas de lo que fue y ya no es, pero que te hace pensar, meditar, tal vez, soñar.
Continuando la senda llegamos a La Zarzita, más pequeño, y de vuelta a la entrada.
Son las 7 y media. Le consulto al guarda por una duda que se me había planteado durante el recorrido y que era lo raro que encontraba los madroños, ninguno tenía fruto ¿qué madroños? ¿? explicaciones mías, él, indicándome un árbol cercano, dirá ¿no será ése? ¡claro! son fayas, a su vez me señala un madroño canario, lo reconocemos por el fruto rojo, pero la hoja me recuerda más bien a los castaños. Seguimos hablando, lo que me parecieron tamarindos eran brezos, pero ¿cómo? ¡si son árboles! la explicación estará en que son de la variedad arbórea, llegando incluso, allí en la isla, a conseguir los 20 metros de altura. Yo doy fe de que los vi de cerca de 10 metros. En una breve conversación me cambió el nombre de todos los vegetales que creía haber reconocido. Es educador ambiental, su casa da a un barranco -nada difícil allí-. Su conversación resultó de lo más instructiva. El Parque Cultural La Zarza está camino de Garafía.
Seguimos bordeando la costa, son cerca de las 9 y está anocheciendo, así que planteo que volvamos por la carretera que pasa por el Roque de los Muchachos, situada más cerca y que supongo será más breve. Deshacemos algo de camino, pasamos por Hoya Grande y tomamos la variante al Roque mencionado. La carretera es empinada, todas son empinadas, pero ésta más, en un par de curvas, totalmente cerradas, el coche se situó en el lado contrario, la circulación es ninguna ¡menos mal! Vamos entre pinos y viñas, éstas aprovechan las zonas más soleadas. Se nos hace de noche y al observatorio astronómico del Roque de los Muchachos llegamos a las 10 de la noche, hora canaria.
Cuando queramos llegar a nuestro alojamiento de cena nada de nada, así que, nos pareció una estupenda ocasión para disfrutar de un cielo de los más limpios, en cuanto a contaminación lumínica se refiere, y allí que nos apalancamos. Pan, queso, falta vino, pero tenemos tomates y manzanas ¡ahí es ná!
De bajada por la carretera iremos viendo, de cuando en cuando, conejitos deslumbrados por los faros de nuestro vehículo, siempre pequeñitos. Al parador llegamos a las 11 y media de la noche.
PAQUITA
Etiquetas: CRÓNICA EXCURSIONISTA Y CUADERNO DE VIAJE


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