noviembre 07, 2014

El cuento de la abuelita, de Ignacio Escolar

http://www.eldiario.es/escolar/cuento-Esperanza-Aguirre_6_318178218.html 27/10/2014 - 




Érase una pobre abuelita sexagenaria que presidía un partido
madrileño incompatible con la corrupción. A pesar de su alegría y
su bondad, la abuelita tropezaba una y otra vez con malvados
políticos que se aprovechaban de ella y abusaban de su confianza
para robar. Bajo las faldas de esta sexagenaria de voz temblorosa,
creció un consejero de Deportes llamado Alberto López Viejo, 
que se llevó 5,5 millones de euros en mordidas de la Gürtel.
Y unos consejeros de Sanidad llamados Juan José Güemes y Manuel 
Lamela, imputados por cohecho y prevaricación. Y un presidente de 
la patronal como Gerardo Díaz Ferrán, hoy preso en Soto del Real 
Y un montón de alcaldes, concejales y diputados autonómicos que 
hicieron de la Comunidad de Madrid un lodazal que la pobre abuelita 
se afanaba por limpiar. 
La abuelita se llama Esperanza Aguirre y ayer volvió a tomar el pelo
a los ciudadanos con otro cuento increíble de tragar. A la pobre
sexagenaria la han vuelto a engañar, una vez más. Ha descubierto,
"alucinando en colores", que lo que medio Madrid ya sabía sobre
Francisco Granados era verdad: que su fiel lugarteniente era un
político corrupto, un chorizo, un ladrón que al parecer se forró
cobrando comisiones del 3% aquí y allá. 
"Si hubiera tenido la sospecha más mínima, habría actuado con
prontitud", dice ahora Esperanza Aguirre. No puede ser más cínica.
Descartado que Aguirre sea estúpida, sólo queda pensar que no se
quiso enterar. Francisco Granados es el mismo político  al que le 
quemaron un coche en su garaje que estaba a nombre de un
constructor de su pueblo pero conducía su mujer. En lugar de
sospechar, Aguirre llegó a decir que era "un atentado político". 
Granados es también el político que se construía a su medida una
enorme mansión del tamaño de un centro de salud y que no parecía
tener intención de pagar. Y es también el mismo político siniestro
que escogió a varios de los espías de la Gestapillo, esa agencia de
mortadelos pagada por la Comunidad de Madrid y que en parte
estaba formada por guardias civiles de Valdemoro, el pueblo del
que Granados fue alcalde.
El fétido olor de la corrupción hace años que impregnaba todo lo
que Granados tocaba. Lo sabíamos varios periodistas, que
publicamos muchas de estas historias. Lo sabía la oposición, que le
señalaban como gran conseguidor. Lo reconocían en privado otros
dirigentes del PP, que contaban que desde Génova le habían llamado
la atención. Lo sabía medio Madrid, menos Esperanza Aguirre. Ella no.
Francisco Granados no sólo es el principal beneficiado de  esta 
nueva trama de corrupción, sino también su presunto promotor. La
operación Púnica, como la ha bautizado la Guardia Civil, saca su
apelativo del nombre científico del granado: Punica granatum.
Correa es a la Gürtel como Granados a la Púnica. Como ambas
tramas corruptas, al Partido Popular de Madrid.
Aguirre dice ahora que "no va eludir su responsabilidad". ¿Y cuál
es esa responsabilidad? "Pedir disculpas", nada más. La abuelita
retirada de la política que aún preside el PP de Madrid dice sentir
"una profunda vergüenza", pero no se plantea dimitir. También
seguirá trabajando para una empresa de cazatalentos; es evidente
su buen ojo a la hora de fichar.
Hay que recordarlo: Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la
Comunidad de Madrid gracias al 'tamayazo'; fue el propio Francisco
Granados quien presidió la comisión de investigación parlamentaria
para "aclarar" ese caso de corrupción. Fue la candidata que pagó
gran parte de su campaña electoral a la Gürtel, por medio de "donativos" 
de empresarios como Díaz Ferrán y Arturo Fernández a Fundescam.
Detrás de cada político corrupto hay dos tertulianos, decía una famosa
 pancarta del 15M. Pronto veremos a algunos periodistas justificar el
buen hacer de Esperanza, su mano dura contra la corrupción, su valentía
 al dar la cara y hablar a los ciudadanos para pedir perdón. Dentro de
unos días, lo mismo Aguirre nos cuente que fue ella quien descubrió la
trama Púnica, como antes hizo con la Gürtel. El cuento de la abuelita
crecerá, ya lo verán. Y habrá quien se lo quiera tragar.