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Como decíamos ayer, durante el procés de 2017, los demócratas defenderemos siempre el derecho a ser independentista catalán o gaditano, si hubiere, pero denunciaremos con la misma contundencia y rechazo la propaganda xenófoba y a favor de las violaciones de los derechos humanos. Efectivamente, y aunque suene pesimista citar a Santayana otra vez, si los partidos democráticos no toman medidas radicalmente democráticas, valga la redundancia, parece que estamos "condenados" a repetir nuestra historia. Y no, cuando hablamos de "partidos democráticos" no nos referimos a los que acceden a las instituciones aprovechando estas vías para imponer sus ideas autoritarias. El mejor y más estrambótico ejemplo, ya saben, lo tenemos hoy en Donald Trump, pero sus réplicas se reproducen por todo el mundo.
Los partidos de ultraderecha -y por extensión los timoratos de las derechas democráticas- inventan, mienten, manipulan y reparten miedos y odios de unos contra otras y otros contra unas como núcleo de sus campañas de captación de electorado, no es nada nuevo en las maltratadas democracias; y Catalunya no iba a ser una excepción. Aliança Catalana, en su independentismo catalán legítimo, siempre presente en el territorio vote más o menos, ha colado la xenofobia como núcleo de sus propuestas, en su caso, como acicate independentista. La formación ultra que preside la diputada en el Parlament y alcaldesa de Ripoll Sìlvia Orriols, por supuesto, miente sistemática y compulsivamente sobre la inmigración islámica, achacándole todos los males de Catalunya, algunos manipulados y otros directamente inventados: los problemas de vivienda, de saturación de los servicios públicos, de inseguridad,... Nada nuevo en la escuela fascista de todo lugar, salvo que ella lo dice en catalán y por y para que los catalanes cojan miedo y odio a la vez a los inmigrantes musulmanes.
Desde que AC ha empezado su ascenso meteórico, Vox, PP y Junts dieron pistoletazo de salida a esa cínica transformación tan típica de quienes ven que se les escapan los votos dentro de espacios electorales que, si no iguales, sí confluyen en zonas comunes. Junts rompió (otra vez, pero de forma más agresiva y aparatosa que otras veces) con la mayoría de investidura que apoyó el Gobierno de Pedro Sánchez; el PP de Alberto Núñez Feijóo anunció el endurecimiento de las políticas migratorias sumergiéndose en la xenofobia explícita, y Vox, que ya lleva el fascismo por bandera, incrementó las intervenciones en catalán de sus líderes allí, como Ignacio Garriga. Esta constatación del bilingüismo interesado de Vox en Catalunya, recogida por el diario Ara, no es anecdótica, pues viene a confirmar otra vez que al fascismo, sea catalán, español, húngaro o argentino, le da lo mismo decir una cosa y hacer la contraria para ganar electores y matar libertades, en este caso, acabar con el catalán como lengua oficial mientras lo habla alegremente en los medios autonómicos.
La lucha por los votos entre la ultraderecha catalana sería un espectáculo bufo si no fuera un drama por cómo arrastra a partidos que, de inicio (o de palabra), renegaban del fascismo, conformando así mayorías en las que, como la experiencia demuestra, siempre gana el original, como mínimo, cualitativamente. Es decir, gana imponiendo sus mensajes, primero, y sus políticas, después, contra los inmigrantes, los pobres, las mujeres, la cultura, el conocimiento, los servicios públicos universales... en definitiva, contra los derechos humanos y las libertades, contra la democracia. En Catalunya, en España, en Europa y en el mundo, el fascismo se reinventa todo el tiempo, así que cuando la democracia deja agujeros por todas partes por desidia, incompetencia o canguelo, los ultras acaban imponiéndose.
Lo saben en el PSOE y lo saben en Podemos o en Sumar. Lo sabemos cada uno y cada una en nuestros círculos. Una cosa es señalar el machismo y otra, muy diferente, gestionar su presencia
Francisco José Salazar, durante la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE de enero de 2020. / Inma Cuesta (PSOE)
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Hablar de lo que estamos convencidos es bastante fácil. Lo jodido es aplicarlo. Aborrezco la impunidad, pero quiero a mis seres queridos. Si un buen amigo me llama –espero que no lo haga o tan buen amigo no sería– para hacer desaparecer a un tipo al que se cargó de un mal golpe, por mucho que haya criticado yo lo de Israel en Gaza, es más que probable que acabe con una pala en la mano ensayando el interrogatorio: ni idea de lo que me habla, señor policía. Todos estamos convencidos de que en el año 2025 el baboso, el acosador, el machista en general, no tiene cabida. Lo que no sabemos es cómo hacer que deje de tenerla cuando el baboso acosador es un ser querido y el machista tú mismo si te despistas un poco. Esta dificultad vale para señoros como yo, pero también para mujeres. Es sencillo gritar “Hermana, yo sí te creo”, pero no lo es tanto soltar la mano del familiar o amigo señalado por esa hermana que, muy probablemente, tendrá razón cuando dice que la persona a la que quieres es un puñetero asco que le hace la vida imposible a otras. “Esto no es nada fácil”, debería decir, alguna vez, alguna pancarta en alguna manifestación.
Que no es fácil lo saben en el PSOE, donde los casos de acoso y abuso de hombres del partido contra mujeres del partido han salido a la luz estos días tras años dándole la razón internamente a aquel que una vez dijo que “el PSOE es el partido que más se parece a España”. Y tanto. En el partido del Gobierno, ante cada nuevo síntoma de comportamiento machista de un miembro, se aplicaba de forma estricta el protocolo: mirar para otro lado y repetir colectivamente que machistas son los otros, aquí eso no pasa. Sí que pasaba. Como pasa en todos lados sin que, en ningún caso, la gestión de ese marrón sea sencilla. No es, desde luego, más sencilla que lo sencillísimo que es no hacer nada y seguir repitiendo mantras, como el que peca, pero luego reza. Tanto se aplicó la estrategia de mirar para otro lado en el PSOE que, hasta que Pedro Sánchez no tenía estirada su mano para estrechársela a Francisco Salazar por su nombramiento como nuevo secretario de organización –qué ojo tiene el perro para sus amigos de 50 años–, las mujeres del partido no empezaron a carraspear con más fuerza de la habitual. Ejem, ejem, Pedro. ¿Ejemplar Paco, no?, preguntó el presidente y le explicaron que no precisamente. Más allá de la marcha atrás al nombramiento y con el asunto fuera del foco mediático, tampoco hubo grandes consecuencias.
Que nadie hablase hasta ese momento explica muchas cosas. Explica, para empezar, que hay márgenes de impunidad que, penosamente, las propias mujeres víctimas de estos acosadores aceptan. Probablemente porque tener al lado a un baboso forma parte de la normalidad para muchas de ellas, especialmente las de ciertas generaciones. Explica que, incluso aceptando esos márgenes de impunidad, saben perfectamente que un baboso es mucho más que eso. Es un peligro dadas las circunstancias y las circunstancias eran que el baboso podría convertirse en jefe con poder. Por eso, ahí sí, alzaron la voz. Repito: “Esto no es nada fácil, oé, oé oé”. Lo saben en el PSOE y lo saben en Podemos o en Sumar. Lo sabemos cada uno y cada una en nuestras casas y círculos de amigos. Una cosa es señalar el machismo y otra, muy diferente, es gestionar el machismo y sus numerosas derivadas.
Donde no pasa es en la derecha. Allí no hay escándalos ni encontramos estos conflictos. En PP y Vox comen palomitas mientras observan abrirse una nueva grieta en el PSOE. Ellos están libres de estas historias porque en la derecha no hay ni machismo, ni feminismo, ni cosas raras. Chimpún. Cari, tráeme una cervecita que van a poner en la tele lo de los puteros sociatas. Tampoco hay puteros en la derecha y que viva el rey, a propósito. No hay babas salpicando, no hay jefes hombres que incomodan a sus subordinadas mujeres entre los herederos políticos del franquismo del señora esto que se lo firme su marido. No existe y el votante de derechas, que tampoco es machista, lo agradece infinitamente. Sería muy desagradable que una histérica, un día, dijese lo contrario dañando al partido, montando un numerito. De momento no sucede, pero, si algún día pasase, dios no lo quiera y no lo querrá, siempre podrá la derecha copiar el modelo de los partidos que se declaran feministas: no hacer gran cosa hasta que no quede más remedio que hacer algo. Si la solución es la misma, quizá en la orilla de los partidos de izquierdas deberían plantearse que tienen un problema. El principal, declararse rotundamente feministas, absolutamente deconstruidos. Lo correcto sería definirse como organizaciones que intentan ser lo menos machistas y más conscientes posibles del problemón que tienen, que todos seguimos teniendo. Un lema claramente peor. Pero también más real.
Los feminismos han vuelto a ocupar el espacio público con decenas marchas y actos multitudinarios, bajo el objetivo de exigir cambios políticos reales.
Una manifestación con motivo del 25N recorre las calles de Santa Cruz de Tenerife. EFE/Ramón de la Rocha
La antropóloga argentina Rita Segato reivindica la "relevancia estratégica" de politizar "todos los homicidios de mujeres". Lo hace porque considera que es la forma de enfatizar "que resultan de un sistema en el cualpoder y masculinidad son sinónimos,e impregnan el ambiente social de misoginia". Eso es justo lo que miles de mujeres ponen en práctica cada año, saliendo a las calles a manifestarse por el25N, día internacional para la eliminación de las violencias machistas: la politización de ladiscriminación, malestar, asimetrías y dolor quesufren a diario a consecuencia del orden patriarcal. Esto es, una forma de pensar, vivir y sentir que menosprecia el valor de las mujeres por el hecho de no ser hombres.
No en vano, el lema de la marcha convocada por la Comisión 8M de Madrid reza "Todas y todes contra la violencia racista y patriarcal. Los recortes matan", atribuyendo al Estado la responsabilidad que le corresponde en la perpetuación de dicho orden, que ya ha acabado con la vida de al menos 1.333 mujeres desde 2003 y 65 menores desde 2013. Todas ellas asesinadas a manos de hombres parejas o exparejas, y sus propios padres. Segato apunta que la violencia de género es una expresión de la falta de un poder estatal que garantice la vida y que se basa en una cultura de la impunidad. Una impunidad que no sería posible sin la connivencia institucional.
Este martes, aun frío, húmedo e incluso lluvioso en algunos territorios, decenas de miles de feministas han vuelto a ocupar las plazas de nuestro país. La Federación Estatal de Organizaciones Feministas había recogido estos días atrás en su página web la convocatoria de en torno a medio centenar de manifestaciones. La movilización a pie de calle está, por tanto, presente.
Se ha demostrado con las concentraciones convocadas, por ejemplo, después de que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) revocara, en marzo de 2025, la sentencia de la Audiencia de Barcelona que condenó a Dani Alves a cuatro años y medio de prisión por agresión sexual. También cuando la justicia granadina decidió que el menor de los hijos de Juana Rivas tenía que regresar a Italia con su padre, procesado por maltrato hacia sus dos vástagos. Las mujeres salieron a las calles en ambas ocasiones para expresar su rechazo frente a la revictimización que sufren las supervivientes de la violencia machista. Lo hicieron entonces y lo hacen este 25N porque conocen la importancia de alzar la voz mientras se tenga la oportunidad, de no replegarse en un contexto en el cual el discurso antifeministas y negacionista trata de imponerse.
"Como movimiento luchamos del lado de cada víctima y de cada superviviente de agresión sexual, frente a un sistema que no previene, no protege y no repara. Hoy marchamos por cada una de ellas, de nosotras y nosotres. Exigimos justicia en cada caso de agresión sexual y machista", reza el manifiesto de la Comisión 8M de Madrid. "Vivimos en un mundo atravesado por guerras, empleos y regímenes represivos. Un mundo cada vez más brutal, más fascista y más indiferente. Y en medio de ese escenario, la violencia sexual como arma de guerra se encuentra en auge. Violencia instrumentalizada para castigar, torturar, someter y controlar. Esta violencia no es algo aislado: es patriarcado, es estructural y tiene responsables", versaba en la misma línea la convocatoria de la manifestación nocturna convocada este lunes en Barcelona. "Las violencias machistas no pueden entenderse al margen de las violencias racistas, clasistas y coloniales que estructuran nuestro entorno (...) queremos poner en el centro la intersección de las violencias", añade el comunicado de la asociación catalana Noviembre Feminista.
Ha existido un proceso de toma de conciencia a nivel de base que en cierto modo se ha trasladado a las formaciones políticas, pero aún falta mucho por hacer. La ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha pedido "grandes consensos" para avanzar a la "igualdad real". "Desde el Gobierno de España queremos consensos, queremos grandes consensos para transformar la sociedad y avanzar hacia la igualdad real de oportunidades contra la violencia machista", ha asegurado. El Ejecutivo ha aprobado una declaración institucional a través de la cual ha avisado de que no "permitirán" ni un paso atrás en la lucha contra esta lacra social que, ha dicho, requiere "unidad y determinación".
Mientras que desde Sumar han avisado a las extremas derechas de PP y Vox que el feminismo es "imparable" frente a sus políticas de retroceso. La secretaria general de Podemos y diputada en el Congreso, Ione Belarra, -por su parte- ha afirmado que el "machismo" del presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, es un "peligro" para las mujeres por su pretensión de derogar la ley del solo sí es sí si gobierna. En rueda de prensa, Belarra ha espetado a su vez al líder de Vox, Santiago Abascal, que las mujeres no necesitan a "ningún hombre" que las proteja.
Los tirones de orejas a los responsables políticos, en todo caso, no han dejado de aparecer este martes. La manifestación convocada por el Foro de Madrid y el Movimiento Feminista de Madrid arrancaba en la capital a las 19.00 horas bajo el lema Contra la violencia machista y el negacionismo ¡basta de abandono institucional! Las manifestantes han denunciado la gestión "desastrosa" de las pulseras telemáticas para el control de los agresores machistas, cuyos fallos consideran "graves". Por ello, entre sus reivindicaciones piden la asunción de responsabilidades y la "máxima diligencia, sin escatimar recursos públicos para garantizar un sistema eficaz". También reclaman juzgados con personal, medios y recursos adecuados para abordar todas las formas de violencia contra las mujeres "de manera efectiva", según ha recogido Europa Press.
Desde Almería, con actos que comenzaron este lunes, hasta Zaragoza, donde la manifestación ha partido de Plaza España, el país entero se ha articulado en estas rutas feministas. Ha habido protestas en Albacete, Avilés (Asturies), Badajoz, y en toda Catalunya, con acciones en Barcelona, Sant Cugat, Girona, Lleida, Reus y Sabadell. También Burgos, Cáceres, Cádiz, Cartagena, Castelló de la Plana, Córdoba, Cuenca, Elx, y todo Euskadi -con movilizaciones en Donostia, Gasteiz, Iruñea, Bilbao y Baiona- se han sumado al clamor. En León, en las principales plazas de Galicia (A Coruña, As Pontes, Compostela, Melide, Narón, O Porriño, Ourense y Ponteceso), así como en Fuerteventura, Gran Canaria, Granada, Guadalajara, Huelva, Huesca y Jaén, las avenidas han sido escenario de una nueva jornada marcada por el ánimo reivindicativo.
Tampoco han faltado convocatorias en Málaga, Mallorca, Mérida, Murcia, Palencia, Plasencia, Salamanca, Segovia, Sevilla, Santander, Soria, Talavera de la Reina, Teruel, Toledo, València, Valladolid, Zamora y Zaragoza. En todas estas ciudades, pueblos y territorios, los colectivos y plataformas convocantes recuerdan el origen de esta fecha, dedicada a la memoria de las hermanas Mirabal, asesinadas en 1960 por la dictadura de Trujillo. Los feminismos han vuelto a ocupar el espacio público con todas estas marchas nocturnas, antorchas, pañuelos palestinos, performances, rutas históricas y concentraciones multitudinarias. Todas con un mismo objetivo: exigir cambios políticos reales, denunciar la violencia institucional y reivindicar, desde la pluralidad de luchas que atraviesan el Estado, el derecho irrenunciable a vivir libres de violencias.
El 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista las 24 horas del día y en 53 idiomas diferentes, al igual que el correo 016-online@igualdad.gob.es; también se presta atención mediante WhatsApp a través del número 600000016, y los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10.
En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y en caso de no poder llamar se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.