octubre 15, 2022

Alcarràs. Introd de German Cano

4/9/22

Digiriendo aún una película compleja, emocionante. Los amigos y maestros José Luis Villacañas y Santi Alba han escrito textos muy hondos sobre ella. Para Carla Simón, modificando a Marshall Berman, ser moderno significa ya solo encontrarse en un entorno que "amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, pero "sin prometer ya aventura, poder, alegría, cambio, el nuestro y el del mundo". Una estructura de sentimiento muy sintomática de nuestro presente. Pero donde por ejemplo, en Raymond Williams, encontramos una tensión productiva en el ir y venir del legado entre generaciones, entre el campo y la ciudad, entre la vida comunitaria y la modernidad, en Alcarràs subyace una especie de vacío trágico, como si no fuera posible aprendizaje en ese hiato. Al menos Simón no pone ahí el foco, aunque, asi lo esperamos, hay futuro para Roger y Mariona. Desde ahí me parece que lo relevante de la película no descansa en el debate si es "de izquierdas" o "conservadora", si sirve para desacreditar o no las posiciones que se preguntan si en ella si se trata bien a los inmigrantes, el regadío o las placas solares, sino en que no puede pensar ningún futuro, ninguna tensión dialéctica entre lo que se queda atrás y lo que viene por delante. Sin embargo, hay que verla justo porque no propone, así lo creo, à la (Iris) Simón ninguna vuelta nostálgica a una postal Casa Tarradellas en Lleida ni porque hace justo lo contrario: ridiculizar todo regreso. Ambas posiciones no nos sirven.
Por eso esta respuesta de Simón en Berlín me ha parecido clave para entender la película:


"Era interesante empezar la película con la hija pequeña y sus dos amigos, ya que son los primeros que ven desaparecer sus lugares de juego. Un poco como espejo de lo que tendrán que hacer los adultos con su tierra. Se pasan toda la película buscando soluciones y un nuevo lugar mientras que los adultos tienen que dejar esa tierra y, en vez de buscar soluciones, están en la negación y la necesidad de aceptar ese cambio y por eso pasa lo que pasa. En cualquier caso, para mí es importante porque, cuando mi madre murió, me fui a vivir con una nueva familia. Soy muy consciente de la fragilidad de la familia. Cuando lo vivimos con normalidad damos por hecho que es algo que siempre está ahí, pero el hecho de tener que construir una familia de nuevo cuando era pequeña ha hecho que eso no sea tan obvio para mí. Por eso le doy tanto valor a la familia y uno de mis mayores miedos es perder esa unidad familiar o alguno de sus miembros. En el caso de Alcarràs, el miedo es a perder un sitio que les une y que puede afectar muchísimo a su manera de vivir juntos".

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