Querida Comunidad de CTXT:
A estas alturas, nadie duda de que el mal llamado Acuerdo de Paz para Gaza era una falacia. Ha sido sencillamente un intercambio de rehenes, mientras Israel paraba sus matanzas momentáneamente y permitía la entrada de alimentos. Ni siquiera estos dos compromisos se han cumplido. El Programa de Alimentos de la ONU asegura que la entrada de comida en Gaza sigue siendo muy inferior a la que se necesita para hacer frente a la hambruna, provocada por el ejército de Israel con el macabro objetivo de completar el genocidio. La Comisión Europea asegura que Israel ha reducido el permiso de entrada diaria de camiones comprometido. De los 6.600 camiones programados, han entrado en este momento poco más de 1.000. Mientras tanto, el ejército de Israel tardó poco en volver a matar. Su artillería acabó con los ocupantes de un microbús. Los muertos fueron cuatro adultos y seis menores. Iban a ver el estado de su casa, que habían abandonado por los bombardeos. Fue sólo el principio: en un solo día, el pasado domingo 19, el ejército israelí lanzó sobre Gaza 153 toneladas de bombas, según presumió el primer ministro y genocida Netanyahu. Al menos 45 personas murieron esa jornada. Al mismo tiempo, cerró los pasos de entrada de camiones con alimentos. Fue la comedida respuesta a un ataque aislado de palestinos en el que mataron a dos soldados de Israel. Para el 20 de octubre, el ejército israelí había matado a 97 personas y herido a 230. Recuerda a las represalias de los alemanes durante la ocupación francesa en la Segunda Guerra Mundial: si uno o dos soldados del Reich eran abatidos por agentes de la resistencia en un pueblo, el ejército o las SS respondían arrasando el lugar, bombardeándolo o quemándolo.
Pasada la represalia de muertos y destrucción, Netanyahu anunció la reanudación caprichosa de la tregua. Estupendo acuerdo que se suspende y reanuda al antojo de los genocidas. Lo más llamativo es que esa fraudulenta paz ha supuesto para muchos medios y autoridades un cambio de tono frente a las atrocidades del ejército israelí. El diario El País, por ejemplo, llamó a lo ocurrido en el fin de semana “enfrentamientos”. Esto, tras haber dedicado un reportaje a los 20 rehenes liberados por Hamás, algo que se ha echado de menos respecto a los más de 2.000 rehenes palestinos encerrados por Israel.
A pesar de todo esto, el ritmo del genocidio se ha ralentizado con este paripé de acuerdo, tras haber dejado de contar Israel con el plácet generalizado de los gobiernos europeos. La venta de armas para proseguir con el exterminio no se ha detenido, pero ahora se realiza con menos descaro.
Gobernantes de gran parte de Europa han tenido que cambiar su posición: de un apoyo a la barbarie israelí han pasado a una condena frente a las matanzas ordenadas por su gobierno. El caso más clamoroso ha sido el de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. En 2023, cuando Israel bombardeaba ya con saña Gaza, la mandataria europea visitó a Netanyahu y justificó los ataques de su ejército. En el verano de este año en cambio, propuso suspender parcialmente el acuerdo comercial con Israel. Cambios de posición parecidos han realizado otros gobernantes. Demuestran comportamientos farisaicos y oportunistas, arrastrados por el clamor popular en favor de Palestina. De hecho, la suspensión, siquiera parcial, del acuerdo comercial con Israel aún está sin aprobar. Sin embargo, visto desde el lado más optimista, hay que convencerse de que a los que gobiernan les es muy difícil sustraerse a la presión ciudadana cuando es clamorosa.
En realidad, lo que ha contribuido a que más gente y más países tomen conciencia del exterminio sistemático ha sido la movilización ciudadana. Las protestas contra el genocidio y los apoyos a Palestina realizados de forma casi siempre pacífica pueden calcularse en miles. Un centro de análisis de conflictos, ACLED, que cita ElDiario.es, tras hacer un repaso exhaustivo en medios de comunicación, estima que en la Unión Europea, junto con Reino Unido y Noruega, se han realizado desde octubre de 2023 más de 7.800 manifestaciones en favor de Palestina y contra el genocidio llevado a cabo por Israel. En otros lugares la protesta también se ha hecho notar. Hacía muchos años que la ciudadanía de todo el mundo no se manifestaba con tanta intensidad. La guerra de Irak declarada por Estados Unidos fue otra gran movilización contra una agresión.
Después de ese último caso, habría que remontarse a los destrozos de otra arma que resultó letal: la que representan los mercados financieros y la crisis global con millones de trabajadores despedidos y de familias que perdieron sus casas. Entonces estalló también la indignación al comprobar cómo los gobernantes elegidos por el pueblo optaron por abandonarlo a su suerte y apoyar a los mercados. En este caso, empleo el eufemismo de mercados como sinónimo de ricos.
Fue por aquel entonces cuando hizo furor en Francia, también aquí, un pequeño libro, casi un opúsculo, titulado ¡Indignaos! que llamaba a comprometerse, a resistir e indignarse frente a la injusticia y la eliminación de los derechos sociales. Era el año 2010. Su autor, Stéphane Hessel, tenía entonces 93 años. Había sido uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En su libro citaba a Gaza (una prisión a cielo abierto) y a Cisjordania como su principal motivo de indignación. Allí, decía, el ejército israelí ha cometido crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Se dirigía especialmente a los jóvenes: “Mirad a vuestro alrededor, encontraréis los hechos que justifiquen vuestra indignación –el trato a los inmigrantes, a los sin papeles, a los gitanos– Encontraréis situaciones que os llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte”.
Han pasado 15 años y las secuelas de aquel destrozo de los mercados no han desaparecido. Al contrario, los detentadores de la riqueza y el poder tomaron buena nota de lo ocurrido, no para corregir los abusos del mercado, ni para restaurar los destrozos de la crisis, sino para rearmarse e impedir que la movilización ciudadana surgida entonces volviera a repetirse.
Un buen ejemplo es el apoyo que están prestando a la extrema derecha xenófoba y racista, que ha escogido a los migrantes como colectivo al que los jóvenes y los perdedores de la última crisis puedan dirigir sus odios, en lugar centrar su protesta y reaccionar frente a los que tienen “la sartén por el mango”.
Otro caso son los medios de comunicación, en España machacados por la crisis financiera que ellos mismos contribuyeron a alentar. Si antes eran dependientes de los dueños del dinero, ahora lo son más, empeñados mayoritariamente en combatir cualquier conquista social. Frente a ello, han surgido pequeños grupos de comunicación comprometidos, honestos y progresistas. Para mí, CTXT es el ejemplo más claro al que apoyar y seguir. Para no dar nada por perdido, para indignarnos, como decía Hessel, y para actuar. La acción contra el odio y a favor de las conquistas sociales es la mejor manera de hacer frente a esta ola de extrema derecha, de xenofobia y de armamentismo. La inmensa movilización contra el genocidio y en favor de Palestina no sólo ha sido insólita, ha sido además una muestra de que vuelve a ser posible tomar conciencia y actuar.
Emilio de la Peña
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