Spanish Revolution 28/9/2026
DECLARACIÓN de INTENCIONES: Dirigida a aquellos Lectores Potenciales que, al entrar en la lectura de estas Mis Criaturas, sientan que no les gusta y ni siquiera les divierte. Abandonen de inmediato. Estas páginas están concebidas para Mi Memoria, mi Divertimento y el de Unos Pocos. Si tú no estás en este segundo grupo, yo no soy la persona adecuada para ti, deja esto y date una vuelta; seguro hallarás lo que buscas *** VER http://perrosflautadelmundo.blogspot.com.es/
octubre 22, 2026
Noruega señala el doble rasero con Israel ante la ONU
octubre 21, 2026
GAZA LE GANA A MARVEL EN TAQUILLA, de Spanish Revolution
Spanish Revolution 2/10/2026
octubre 13, 2026
Marruecos. Los manifestantes exigen el fin de la cooperación con Israel y el cese de la ofensiva en Gaza
Anna Soria 1/10/2026
Los manifestantes exigen el fin de la cooperación con Israel y el cese de la ofensiva en Gaza, coreando consignas en contra de la conversión de la oficina de enlace israelí en Rabat en embajada.
agosto 15, 2026
Las personas inmigrantes como carne de cañón, de Joseba Achotegui
Joseba Achotegui 04/08/2026
Jóvenes regresan de España en el paso fronterizo de Bab Sebta, cerca de Fnideq (Marruecos), el 31 de julio de 2026.Jalal Morchidi / EFE
Los recientes acontecimientos de Ceuta, en los que más de 70.000 personas inmigrantes han entrado en España poniendo en peligro sus vidas, con la connivencia del Gobierno de Marruecos en su entrada y posterior repatriación, son una muestra de la utilización de las personas al servicio de unos intereses políticos o económicos, sin tenerlas en cuenta para nada. Es decir, estos hechos son un claro ejemplo de cómo convertir a estas personas en "carne de cañón", como se ha llamado tradicionalmente a los soldados de bajo rango que eran expuestos expresamente a la muerte. En el caso de estas personas inmigrantes marroquíes, como es sabido, se han contabilizado ya más de 70 fallecidos pero se estima que pueden superar el centenar.
No es la primera vez que el Gobierno de Marruecos utiliza la vida de sus conciudadanos inmigrantes como instrumento para presionar a España según los intereses del grupo dominante en el país, un régimen sostenido fundamentalmente por las potencias coloniales, con el ferviente apoyo de Trump y Netanyahu, mostrando un total desprecio por la integridad física y personal de sus conciudadanos. También el Gobierno de España debería aclarar toda una serie de aspectos sobre cómo se ha desarrollado esta crisis tan terrible.
Para comprender la veloz huida de tantos ciudadanos desde Marruecos, hay que tener en cuenta que la diferencia de renta entre una parte y otra de esta frontera es la mayor del planeta, superior, por ejemplo, a la que existe entre los dos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. En este contexto, con tasas de desempleo juvenil del 37%, más de cinco millones de marroquíes han tenido que dejar su país.
Lamentablemente este episodio de Ceuta es una muestra más de la deshumanización con la que se trata a las personas inmigrantes, convertidas en piezas de ajedrez del tablero geopolítico del neocolonialismo, en los "nadie", en el ejército de reserva de mano de obra a bajo precio del que habla Marx en El Capital, en "los condenados de la tierra" en palabras de Frantz Fannon.
Ceuta. Miles de flotadores hinchables y chanclas desparejadas, de Pedro Ojeda Escudero
2 de agosto de 2026
Admiramos el arte de embellecer las fachadas en ruina y las medianeras de los edificios. Hay grandes artistas que se han especializado en ello. En realidad, nos reconforta: da la impresión de que todo está bien terminado y de que el mundo no se nos cae a trozos.
Asisto al espectáculo de tantos que piensan que la mejor opción contra las víctimas es la ira. Veo las imágenes de las decenas de miles de personas que han entrado en Ceuta desde Marruecos esta semana. No han ejercido la violencia: solo han pasado de un lado a otro de una frontera, muchos a nado. Son apenas cien metros y los que no sabían nadar han utilizado flotadores como los que usan los niños cuando aprenden a nadar en las piscinas o en las playas. Frente a la interesada desinformación de muchos, en las A imágenes veo también mujeres -muy jóvenes muchas, apenas adolescentes- y niños. Los buzos han rescatado ya cien cadáveres, algunos de bebés. Se espera que el mar devuelva más en los próximos días. Gran parte de los que lo consiguieron entraron con lesiones provocadas por los golpes contra las rocas. Muchos llegaban al límite de sus fuerzas. Todavía falta por averiguar todas las causas que han provocado esta avalancha humana, pero veo dos por encima de cualquier otra: la desesperación y la esperanza. Por supuesto, alimentadas por organizaciones criminales y los intereses políticos. Hay también responsabilidad por dejación o incompetencia. Muchos de los que veo en las imágenes parecen no comprender bien las consecuencias de todo, se les escapa el complejo entramado de las relaciones políticas y la geoestrategia. Me fijo en una pareja muy joven, quizá hermanos, quizá novios. Corren enlazados por las manos y sonríen porque piensan que han conseguido un primer hito de su meta. Veo también un joven mareado que recibe la ayuda de un guardia civil, otro que es apenas un niño al que abrazan dos militares para tranquilizarlo. Han entrado a miles, pero a las pocas horas la mayoría ha regresado a Marruecos porque nadie les ha dado agua ni comida -la ciudad estaba desbordada y no había ninguna posibilidad de atenderlos-, lo que ha provocado también algunos altercados. Necesitamos que dentro de unos días los entrevisten buenos periodistas -a los que regresaron, a los pocos que se queden, a los familiares de los fallecidos-, necesitamos leer esos reportajes para comprender las historias humanas que hay detrás de cada uno de ellos. En las imágenes yo veo víctimas. Víctimas de un mundo injusto y desigual en el que la voracidad de unos pocos fabrica sin piedad carne de cañón. ¿Tantos años de espectáculo han anulado nuestra capacidad de compasión? La playa ha quedado llena de flotadores infantiles y chancletas desparejadas, documentación perdida, teléfonos móviles inservibles. Una inmensa piscina que nos retrata.
Nos desagregaron, nos enfrentaron, nos impusieron el miedo, nos llevaron a la ira. // Nos dejamos desagregar, nos dejamos enfrentar, nos dejamos imponer el miedo, nos dejamos conducir a la ira. ¿Cómo salimos de lo irracional, que nos hace cada vez menos libres.
En la Fastiginia, la inteligente obra que el portugués Tomé Pinheiro da Veiga escribió con motivo de su estancia en la corte de Valladolid en 1605, hay un episodio memorable. En él se describen los banquetes que el Duque de Lerma y el Condestable de Castilla, organizaron para agasajar a los miembros de la embajada inglesa que acudían a ratificar el tratado de paz con España y asistir al bautizo del futuro Felipe IV. Al frente de los 500 componentes de la embajada se encontraba el almirante de Inglaterra, el Conde de Nottingham. Aquella visita dio pie a la falsa leyenda de que Shakespeare llegó a Valladolid y conoció a Miguel de Cervantes, un residente en la ciudad que comenzaba a saborear el éxito de la reciente publicación de la primera parte del Quijote. Pinheiro da Veiga relata cómo eran aquellas lujosas comidas. Aparte de otros menores, se celebraron tres grandes banquetes: uno en el Palacio Real, otro en el Palacio de los Condes de Benavente (hoy Biblioteca Pública de Castilla y León) y otro en las casas del Condestable de Castilla (hoy desaparecido). En este último, el 31 de mayo se celebró un banquete especialmente opulento con las puertas abiertas, permitiendo al pueblo entrar a mirar cómo comían aquellos caballeros y sus damas. La gran mayoría de los espectadores salieron admirados y comentaron durante mucho tiempo las excelencias de los platos, de las vajillas, los cubiertos y las copas, también las maneras de los comensales y los trajes de todos ellos y el lujo del palacio del Condestable. Cosas como estas mantenían el statu quo con gran eficacia. Hoy también nos invitan a mirar los banquetes de los poderosos y a celebrar sus éxitos como si fueran nuestros. Algunos, incluso, alaban la calidad de las migas que se caen de las mesas. Comiéndolas, les parece que forman parte del poder.
Quién nos iba a decir que el verdadero nombre de un dios sería finalmente IA y su libro sagrado un algoritmo.
agosto 14, 2026
Argelia cerró en 2021 un gasoducto del Magreb, que surtía a España a través de Marruecos.
Movimiento Pueblo 3/8/2026
julio 18, 2026
No fue España: fue la Monarquía, de Lucio Martinez Pereda
Lucio Martinez Pereda 19/3/2023
Este supuesto mea culpa no es más que una maniobra retórica, un guiño para apaciguar voces críticas . La Corona, aferrada a su “prestigio autoritario”, se niega a asumir la responsabilidad de una Monarquía que convirtió el oro americano en armas y soldados para sus guerras europeas, diezmando poblaciones enteras bajo las Leyes de Burgos, que fueron papel mojado ante la codicia del monarca . Lo que no quiere reconocer Felipe VI es que está explotación financió las guerras europeas de la Corona española durante más de dos siglos
julio 17, 2026
Aniversario de la muerte de Lenin : el marxismo de la teoría a la práctica, de Lucio Martinez Pereda
Lucio Martinez Pereda 22/1/2026
julio 12, 2026
Safaris humanos durante el sitio de Sarajevo, de José Luis ‘Kois’ Fernández-Casadevante
José Luis ‘Kois’ Fernández-Casadevante 18/11/2025
Pedagogía de la crueldad y cultivo de la empatía
Distrito destruido de Sarajevo durante el asedio (1997). / Hedwig KlawuttkeHay noticias que te golpean como un puñetazo, te impactan y no dejan de merodear por tu cabeza durante un tiempo. A mí me ha pasado con la historia de los “safaris humanos” en Sarajevo, que se dieron durante el despiadado asedio que sufrió la ciudad. El más prolongado en la historia de la guerra moderna, pues duró casi cuatro años, entre 1992 y 1996. Además de dejar una ciudad devastada, los bombardeos y los francotiradores mataron a más de doce mil personas, de las cuales el 85 % eran civiles.
El escritor Enzio Gavazzeni ha investigado en profundidad cómo centenares de personas acudían los fines de semana en viajes organizados, que simulaban llevar ayuda humanitaria, para asesinar impunemente a desconocidos. Pagaban enormes sumas de dinero por apostarse con fusiles francotiradores en las colinas que rodean la capital bosnia y disparar a civiles desarmados. Matar bebés y niños era más caro, los siguientes en la tarifa eran los hombres uniformados y después las mujeres, a las personas mayores se les podía matar gratis.
El perfil de quienes acudían a disfrutar asesinando eran hombres ricos e influyentes: notarios, abogados, ejecutivos o empresarios, así como simpatizantes de la extrema derecha. La mayoría provenía del norte de Italia, pero también de otros países, incluida España. Mataban sin mancharse, con suficiente distancia como para deshumanizar al objetivo, con suficiente proximidad como para disfrutar del poder de quitar una vida.
No es la primera vez que se divulga esta información, pero nunca con tal nivel de detalle y por primera vez con una causa judicial abierta. La noticia resuena especialmente en estos tiempos donde exhibir crueldad se ha vuelto un distintivo político. Steve Taylor, profesor de Psicología en la Universidad de Manchester, explica que la crueldad está íntima y directamente relacionada con la pérdida de empatía. Si alguien no puede sentir el sufrimiento de otras personas, se facilita que pueda provocarlas dolor, justificar su explotación o asesinato. También Rita Segato habla de la pedagogía de la crueldad, para describir el proceso de pérdida de sensibilidad social ante el sufrimiento ajeno. Actos que enseñan, habitúan y programan a las personas para transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas.
Hombres desconectados, tremendamente narcisistas y ambiciosos, sin compromisos interpersonales y con un fuerte impulso por poseer riqueza y ejercer el poder. Francotiradores como metáfora del aislamiento y el individualismo omnipotente. Así son muchas de las figuras de éxito que este modelo socioeconómico proyecta, por lo que no debe sorprendernos que desde el punto de vista psicológico haya una proporción mucho mayor de psicópatas entre los líderes políticos y empresariales. Los safaris humanos son de una brutalidad excepcional y anómala, pero conviene reconocer que la cultura capitalista y patriarcal se sostiene estructuralmente sobre la violencia y la deshumanización.
El síndrome del mundo cruel
Estas historias nos atraen por nuestro sesgo de negatividad, el mal o la catástrofe nos seducen. Una investigación reciente sobre 100.000 historias virales demostró que la presencia de palabras negativas en los titulares aumentaba su índice de visitas. La economía de la atención explota esta inercia cognitiva para conseguir clicks.
Y esto conecta con la idea del “síndrome del mundo cruel”, acuñada por el profesor de comunicación George Gerbner, pionero en la investigación sobre los efectos de la televisión como medio de comunicación de masas. Esta se basa en constatar cómo la imagen proyectada por los medios de comunicación influye en la percepción que tenemos de la realidad. Cuanto más tiempo se ve la televisión, más se cree que la sociedad es tal y como queda reflejada en la pantalla. Quienes consumen mucha televisión sobreestiman las tasas de delincuencia y violencia, los riesgos de los desastres naturales o la riqueza. A más horas viendo el telediario, peor concepción se tiene del ser humano y más propensos nos volvemos a creer que no se puede confiar en la mayor parte de la gente. Un problema agravado por las redes sociales y sus algoritmos.
No es que exista un determinismo tecnológico, ni que el ser humano se haya hecho peor, es que tal vez solo se vuelven virales las peores historias que nos contamos. Debemos conocerlas, no engañarnos, pero sería un error caer en la tentación de creer que estas figuras son representativas de la humanidad. No podemos otorgarles ese privilegio: por mucho que su maldad se exhiba obscenamente, son una minúscula minoría. Sus relatos eclipsan otras versiones de quienes somos como personas y sociedades. No somos la caricatura antropológica que cotidianamente dibujan muchos medios de comunicación, redes sociales e industrias culturales. Somos mucho mejores.
Hay una sugerente idea planteada por David Graeber que afirma que la violencia estructural suele generar estructuras sesgadas o asimétricas en la imaginación. Las víctimas tienden a preocuparse y tener más empatía por conocer la forma de ser de quienes les oprimen. Los oprimidos suelen preguntarse por las motivaciones, las razones y las formas de entender el mundo de sus opresores: sirvientes y esclavos compartiendo información y debatiendo a escondidas sobre cómo actuaban los blancos, indígenas reflexionando sobre las cosmovisiones occidentales que les colonizan, mujeres poniéndose en el lugar de los hombres… El autor muestra un ilustrativo ejemplo al narrar los reiterados resultados de un ejercicio que ha realizado en diversos colegios, por el que solicita al alumnado que imagine cómo sería su vida si cambiaran de sexo y que plasme sus reflexiones en una redacción. Las chicas desarrollan extensos y detallados informes, mientras de forma generalizada los chicos muestran resistencias, no lo hacen o explicitan que ni lo saben, ni quieren saberlo. Algo similar sucede en una macroencuesta realizada a miles de jóvenes entre 16 y 19 años en España, en la que les preguntan por sus referentes sociales. Ante la cuestión ¿a quién quieres parecerte de mayor?, las chicas escogen indistintamente referentes masculinos y femeninos mientras que los chicos solo escogen hombres.
La conclusión es que quienes se benefician de la opresión pueden permitirse ser indiferentes y reducir sus niveles de empatía, mientras que quienes están oprimidos están obligados a hacer un mayor esfuerzo interpretativo de la realidad. Ese empeño de los oprimidos por comprender qué y quiénes les oprimen, resulta más sencillo cuanto más fácil es definir las fuentes de la opresión y que estas se puedan identificar con “otro”. La empatía y la complicidad cognitiva son el sustrato en el que pueden crecer dinámicas transformadoras ante un entorno que tiende a su destrucción.
Cultivar otras narrativas sobre la humanidad en Sarajevo
Hay otra historia sobre Sarajevo mucho menos conocida, que puede suponer un contrapunto a la noticia que abre este texto, y que recojo en mi libro Huertopías. Al poco tiempo de acabar la guerra, en el centro de la ciudad, rodeado de ruinas y edificios semidestruidos, se plantó el primer huerto comunitario para la paz y la reconciliación. Una iniciativa solidaria impulsada por una organización pacifista.
La ubicación escogida convertía en campo de cultivo unos terrenos que literalmente habían sido campo de batalla. Una amplia zona verde cargada de simbolismo, pues separaba dos barrios y durante un tiempo delimitó la línea del frente. Allí se construyeron varias decenas de parcelas de 50 metros cuadrados que eran adjudicadas por sorteo, con una participación multiétnica que respetaba la misma cuota de diversidad que había en la zona antes de la guerra. Así que personas de origen bosnio, serbio y croata podían estar compartiendo las lindes de sus parcelas. Al principio la situación era tensa y no todo el mundo estaba contento con el modelo impuesto, pero los huertos ofrecían un acceso privilegiado a alimentos en una situación de fuerte precariedad y escasez, por lo que la gente decidía sumarse al proyecto. Muchas de estas personas eran refugiadas que acababan de retornar tras haberse marchado del país por la guerra y se encontraban muy necesitadas.
El huerto comunitario no se presentaba como una iniciativa orientada a la reconciliación, pero todas las personas que conformaban esta comunidad hortelana habían vivido la guerra. Además de una zona de cultivo compartían enormes traumas, dolores o pérdidas de familiares y amistades. Al habilitar un espacio donde la gente podía colaborar en una actividad concreta en un ambiente relajado y sentirse segura para hablar, las relaciones fueron brotando de forma natural. Las reuniones formales del proyecto, a las que debían acudir, se ceñían a cuestiones logísticas, agronómicas o formativas. Sin embargo, a un ritmo lento y sin forzar las cosas, fueron aumentando las interacciones.
La identidad jardinera u hortelana, más mundana y apegada al suelo, terminó por tener más importancia que ser bosnio, serbio o croata. Y desde ahí se estableció un nuevo vínculo y una posibilidad de reconciliación que no pasaba por renunciar a rasgos de la biografía propia, sino por añadir elementos nuevos que facilitasen humanizar al otro y desde ahí establecer un diálogo. Los promotores del proyecto destacan la historia de dos hortelanos que habían combatido en bandos enfrentados y que terminaron por trasladar su disputa al ajedrez, a través del cual fueron consolidando una robusta amistad.
Por otra parte, la iniciativa incorporaba una dimensión terapéutica, pues quienes se implicaron terminaron viviendo profundas transformaciones en sus actitudes vitales. La autopercepción evolucionó de víctimas desvalidas que demandaban ayuda a la de personas que se sentían útiles para sus familias y comunidades. La comunidad hortelana fue ganando autonomía personal y colectiva. Hacían algo de lo que se sentían orgullosos y les gustaba compartir el espacio con sus amistades y familias, lo que desembocó en la construcción de un parque infantil en los bordes del propio espacio. Con el paso de los años la dimensión terapéutica se amplió para trabajar con personas con necesidades especiales (estrés postraumático, trastornos mentales, diversidad funcional…), algo especialmente relevante cuando estas cuestiones se encontraban relegadas al ámbito privado y doméstico.
Los “safaris humanos” eran agregaciones de individuos, cuya camaradería se reducía a organizarse para matar juntos, sembrar terror y aumentar el odio. Lo que nos enseñan los huertos de Sarajevo es que se pueden cultivar comunidades capaces de restaurar la confianza entre quienes estaban enfrentados, sembrar vida y recoger las semillas de la reconciliación. La paz es frágil y exige un cuidado constante, como un jardín.
Un viejo proverbio árabe afirma que no vemos las cosas como son, sino como somos. Así que tenemos una parte de responsabilidad en cómo miramos al mundo y a las personas con quienes lo compartimos. Luchemos para que la exposición al mal no nos convierta en malvados y comprometámonos con volver virales historias que transmitan esperanza. No escasean, nos rodean como los infrasonidos, aunque pasen desapercibidas si no les prestamos atención. Hablemos sobre aquello que merezca la alegría y no la pena.