septiembre 26, 2026

CTXT. Carta a la comunidad 436 | Pilar del Río: Reivindicar la lírica

24/1/2026 

Queridas y queridos,

 

Que son malos tiempos para la lírica lo venimos canturreando desde el año 83 quienes ya entonces pintábamos canas y tal vez lo hagáis ahora mientras esperáis el jersey que teje la mamma. En cualquier caso, Golpes bajos anticipó lo que decimos cada vez que levantamos la cabeza y vemos nuestros alrededores, tan cercanos todos porque nos hemos cargado las leyes del tiempo y espacio que nos defendían de la locura y la estulticia. Y así vamos, sin cabeza, intentando entender la actualidad, tan acanallada por el ruido y los usos que no sabemos si apagar la tele y que sea lo que Dios quiera o intentamos sobrevivir en el infierno de antes de morir que nos ha tocado, que esto de ser súbditos de ególatras paranoicos y perversos no es relajante ni optimista.  Claro que a esos señoros los hemos buscado como si para eso hubiéramos nacido, que los tales que desgobiernan el mundo no llegaron por golpes de Estado, fueron sí votados y aplaudidos por gente consciente. Y digo consciente porque no es bonito pensar que en los países que votan la ultraderecha armada haya tanto necio complaciente, tanto descabellado sin ojos para ver. Casi mejor verlos como muy malos y punto. Vale, también como atemorizados que tratan de no quemarse tirándose de bruces al fuego.

      Los colores de la actualidad –ésta tan sin brillo– podemos ponerlos los ciudadanos: pinturas tenemos y estilos también. Veamos cómo sería el día a día de cada una de nosotras si en Estados Unidos de América del Norte se hubiera mantenido el histórico que era suyo, más o menos tambaleante, aunque siempre con una lógica que se entendía aunque no se compartiera. ¿De qué hablaríamos en estos meses en el mundo si hubiera ganado las elecciones Kamala Harris? ¿Estaría Groenlandia bajo el escrutinio y la dedicación de Estados, parlamentos, medios de comunicación y civiles a secas? ¿Sería el punto central, la primera noticia de la mañana, la última antes de acostarnos la declaración del magnate metido a emperador? ¿Se habrían desplazado las noticias relacionadas con la paz en Palestina, asunto tan nuestro, la guerra de Ucrania, la fabricación de armas o la construcción democrática de mercados que atiendan y satisfagan a los países y sus habitantes? Supongo que con esa inquilina en la Casa Blanca otro sería nuestro cotidiano. Se me ocurre pensar que las madres nacidas en Guatemala o en Perú que viven en California no estarían escondiendo a sus hijos para que grupos de mercenarios/policías no los secuestraran para enviarlos a limbos,  a campos de concentración donde ya se aglomeran miles de personas que cruzaron fronteras, tantas veces andando, porque necesitaban un sueldo a cambio del capital de trabajo que ofrecían. Con Kamala Harris en la presidencia, tal vez las madres emigrantes habrían sido entendidas, sus historias de crear para sus hijos un futuro mejor tal vez coincidieran con el de hacer un país mejor para todos, donde el cuidado –los cuidados– fuera arma de futuro, también del mejor presente posible porque cuidar y cuidarnos es tan valioso como las tierras raras y el petróleo, es infinitamente mejor que estar día y noche fabricando armas y conflictos, cuantos más conflictos más armas, cuantas más armas más conflictos, y todo a la mayor gloria de quienes, ante el número de muertos, dicen “son cosas que pasan” y luego reclaman que alguien les satisfaga sexualmente, si es que el egoísmo no les ha quitado ese goce y ahora el placer que les queda es mandar proyectiles bien altos mientras profieren amenazas jadeando. Así les va y así nos va.

 

      Kamala Harris, estoy segura, no habría eliminado el español de la enseñanza básica, habría inaugurado el curso en alguna universidad, sabiendo que nada es más universal que el conocimiento, y podría tener encuentros amables e interesantes con Annie Ernaux, Olga Tokarczuk, Han Kang o Svetlana Alekseevich, todas ellas premios nobel de Literatura. No les reclamaría el premio, les felicitaría y con ellas hablaría de poesía y soledad, que son asuntos que las mujeres tratamos cuando nos juntamos.

 

      Sí, otro sería el signo de los tiempos si un hombre amenazante no hubiera sido votado por millones de ciudadanos que creyeron ver un modelo de vida en el multimillonario chulo y mentiroso, capaz de ser llamado “papi” por hombres que mandan a otros a ponerse firmes y por mujeres, las pobres, que intentan lo imposible.  Es verdad que con Kamala Harris la residencia presidencial se seguiría pareciendo al edificio que vimos en El ala oeste de la Casa Blanca, no tendría la sala de baile grandiosa que está construyendo éste, ni habría oro en los baños, ni esclavos controlando los caprichos de su pequeña majestad, ese poderoso lugar daría menos miedo, sería más parecido a una casa porque así la veríamos, los documentos de Estado tendrían una firma acorde con el tamaño de la letra y el sello, las relaciones con la presidenta de México, coincidencias y divergencias se discutirían cara a cara, con papeles por delante para encontrar soluciones, Milei nunca habría llevado una motosierra a un despacho oficial e Israel, ay, seguiría matando y ocupando territorios que no son suyos porque, ya ha dicho, la paz no es cosa suya, pero al menos con una mujer en el lugar número uno no existiría el proyecto de hoteles de lujo en una Gaza despoblada de sus legítimos habitantes, la ONU podría decir alguna palabra sin ser torpedeada por recortes y mensajes descabellados, esos que hacen que se olvide el dolor de nuestros semejantes porque el ridículo y la bellaquería hacen más ruido que la honrosa dignidad.

 

      Sí, queridos y queridos contextatarios: hubiera preferido hablar de lírica, decir que estamos en el 26, que nos falta un año para celebrar la Generación del 27, que tenemos por ahí mucho que leer, ver, oír, y que ejercitar los sentidos es aligerar el alma, hacer que vuele y que nos encontremos en paraísos de la sensibilidad, pero no puedo, las palabras se tuercen al escribirlas: vivimos en la maldición, cada mañana nos bautizan con ella, parece que solo es posible que se cumpla la voluntad de los seres deformados, esos que a la postre vamos aceptando porque están ahí, sonrientes desde todas las portadas, como fascistas buenos, si eso fuera posible, por eso me callo, mejor no seguir hablando de ellos. Eso sí, admirando a quien se sienta con fuerzas para decir no, a las personas que consideren que otra tribu es posible, a todas ellas por favor que nos contagien. A ver si el poema de Benedetti “en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos”,  a ver, insisto, si es verdad, y ya en la calle, tantas, somos capaces de reivindicar la lírica. Y así despejar el tiempo, por cierto y por amor. 

Pilar del Río

 

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