septiembre 06, 2026

Contra el delirio político de los ultrarricos, de Pablo Bustinduy

 Pablo Bustinduy   06/09/2025 

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de Arganda del Rey, Alberto Escribano
Alejandro Martínez Vélez /EP

El arranque del curso político plantea cosas previsibles. Previsible es la estrategia que van a seguir la derecha y la ultraderecha: esa mezcla de ruido y señalamiento que va superando uno tras otro todos los límites que han regido la vida política en las democracias europeas desde la posguerra. Da igual que se trate de incendios pavorosos, de niños y niñas migrantes o de reducir la jornada laboral. El PP seguirá con su estrategia de bloquear la acción de Gobierno, haciendo irrespirable la conversación pública, y la ultraderecha con su permanente escalada hacia la violencia, señalando un enemigo tras otro, parasitando la democracia para volverla contra sí misma, alentando un clima social que normalice y asuma la ley del más fuerte, la desigualdad entre clases y grupos sociales, el vaciado progresivo de derechos y libertades. Bajo la aparente competición entre la derecha y la ultraderecha (resuelta siempre por la vía de la normalización del discurso autoritario por parte de una derecha que ha roto amarras con lo que tenía de herencia conservadora, democristiana o liberal), el hecho decisivo de nuestros días es que ambos sujetos funcionan como un bloque unitario, que comparte el objetivo de acabar con la legislatura y abrir paso a un gobierno plenamente inscrito en el espacio reaccionario -el eje donde confluyen los proyectos autoritarios, oligárquicos, fundamentalistas y genocidas- tan en boga a nivel mundial.

 Esa celebración de la violencia, ese culto a la muerte de quienes ellos deciden puede revolvernos, pero no sorprender

Los dos gobiernos de coalición en España han servido para demostrar que no sólo es perfectamente posible hacerlo, sino que además es más eficiente también

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