8/06/2026
Querida comunidad:
Hace unas semanas tuve una revelación. Todo empezó en un bar, como casi todo lo que pasa en Madrid y su presidenta ratifica a menudo. Unos cuantos amigos estábamos en una terraza del barrio de La Latina. Con la caída del sol uno de los camareros puso unos pequeños focos con forma de champiñón con luz roja en cada mesa, y, como suele pasar cuando hay algo novedoso, uno de los presentes cogió uno de ellos. Descubrió que se podía cambiar el color de la luz del cacharro y tras un rato de sicodelia cromática nos percatamos de que había un daltónico en la mesa. Después de descubrir hace unos años la moda del test de Ishihara de los círculos y los números, el daltonismo ya no es exótico. Sin embargo, y aquí llega la revelación, el chico daltónico nos contó que existía una rareza aún mayor: su pareja padecía algo que se llama afantasía.
La afantasía es una variación neurológica que se resume en una incapacidad de crear imágenes mentales de forma voluntaria, y que se estima que afecta al 4 % de la población mundial. Personas de todo el globo son incapaces de crear imágenes en su cabeza, ya sea para recordar la cara de alguien o hacerse a la idea de una situación concreta, y dependiendo de la gravedad, incluso de imaginar. Son capaces de decirte cómo es una manzana porque la han visto y memorizado, pero su cabeza no la puede recrear. Algo que, unido a la mala memoria, puede explicar la cantidad de gente que prefiere disfrutar de los conciertos desde la pantalla de un móvil, la normalización del envío de fotopollas o la ausencia misma de empatía.
El pasado 26 de mayo, el Estado genocida de Israel mató al fotógrafo palestino de 25 años Fadi Elmeghari. Este artista centraba su obra en capturar el día a día de los niños gazatíes supervivientes. Una semana antes de su asesinato, entró en vigor la pena de muerte por ahorcamiento en Israel solo para los ciudadanos palestinos. El ministro israelí Ben Gvir lo celebró con champán y un pin con forma de soga en la solapa de la americana. Nunca volveremos a ver ni a Elmeghari ni una nueva fotografía suya y posiblemente la mayoría le olvidaremos. A Ben Gvir, por desgracia, ya le hemos vuelto a ver humillando a los activistas de la flotilla en un vídeo publicado por él mismo.
Mientras, al otro lado del mar, Trump dedica su tiempo a usar la IA para imaginar resorts de lujo en Gaza, baños fecales de manifestantes o lanzar presentadores progresistas a contenedores de basura. A la destrucción de imágenes con las que conocer las vidas silenciadas y recordarlas, ya sea por incapacidad o interés, se une la inmoralidad de alterar la realidad y los estados emocionales mediante infantiles recreaciones digitales.
Y aquí llegamos a la segunda parte de la revelación: la anendofasia. Unos días después del champiñón luminoso, un amigo me hizo un envido descubriéndome la anendofasia. Este palabro hace alusión a la condición neurocognitiva por la cual una persona carece de diálogo interno. En lugar de verbalizar sus pensamientos, los procesa a través de imágenes, emociones o conceptos abstractos. ¿Se imaginan no conocer esa voz que nos avisa cuando nos dan mal las vueltas o que insulta a la pata de la mesa cuando golpea nuestro dedo meñique? ¿Se imaginan no estar dudando de todo? ¿Se imaginan la sensación de estar leyendo esto sin escucharse?
El próximo 12 de junio, la empresa aeroespacial de Elon Musk, SpaceX, saldrá a bolsa. Se espera que sea la compañía con mayor valor bursátil de la historia en su salida al mercado, con una valoración de 1,77 billones de dólares. Especuladores, tecnobros y otros variopintos personajes han anunciado esto como una oportunidad única en la vida. La cuestión: el pasado febrero, SpaceX compró por 1,25 billones de dólares xAI, empresa, también, de Musk dedicada a la IA, responsable de Grok –la IA de X– y dueña de X. Varios analistas ya han dado el aviso de alarma. Lo que Musk está vendiendo como el futuro de la humanidad, con la vida en Marte, los taxis sin conductor y los robots sirvientes, puede reducirse a una necesidad de cubrir la multimillonaria deuda del desarrollo de su IA y las pérdidas diarias tanto de xAI como de X de cara a los accionistas. Una advertencia dirigida a los pequeños inversores y las personas con fondos de pensiones vinculados a la bolsa de EEUU, en concreto a su “Ibex35”, al que se supone que va acceder al instante xAI, que buscan ganar dinero “fácil” apoyando empresas contrarias a la democracia y el planeta. Un movimiento que puede arruinar a miles de familias y jóvenes tecnobros ingenuos en cuestión de días y proporcionar al número dos de la lista Forbes 75.000 millones de dólares más.
Por acercar el tiro, en España el 1 % de la población posee un cuarto de la riqueza de todo el país. En 2015, el salario medio anual bruto fue de 23.106€, pero el más frecuente fue de solo 16.498€. En 2025, el salario medio anual fue de 32.446€ y el más frecuente 16.520€. Los ricos ganan mucho más, la media sube, pero lo normal es que la gente cobre 21€ anuales brutos más que hace una década con un incremento del coste de la vida de en torno al 27 %. En definitiva, milmillonarios más milmillonarios y poderosos más poderosos apoyados en muchas ocasiones por gente mundana que ni piensa ni imagina las consecuencias. Y mientras, diarios como El País se dignan a publicar piezas tituladas La paradoja vasca: el territorio más rico acumula casi la mitad de huelgas de España. Qué decir.
El sinsentido de esta carta era tan solo compartirles esta reflexión. La rueda que no para nos empuja a somatizar malestares psicológicos en síntomas físicos, que hay quien ya tiene de serie. En el mejor de los casos, esto nos lleva a no ser capaces de imaginar algo mejor o, simplemente, a no plantearnos qué está bien o qué está mal. Sin embargo, con el trabajo de todas las personas de la Fundación podemos plantear un rincón de memoria, reflexión e imaginación compartido. Tan solo les quería dar las gracias. Sin ustedes, y evidentemente mis compañeros y compañeras, esto no sería posible. Gracias.
Un abrazo,
Álex Blasco Gamero
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