Spanish Revolution 7/7/2026
España vuelve a comprobar lo que pasa cuando se juntan el calor extremo, los descuidos humanos y años de prevención insuficiente. Las temperaturas disparadas por la crisis climática llevan resecando el monte desde finales de mayo, volvieron a apretar a finales de junio y se han reactivado ahora, a comienzos de julio. Resultado: incendios difíciles de apagar, vegetación convertida en gasolina y un país mirando al cielo mientras casi todo el territorio peninsular y Baleares se acerca al riesgo máximo. No es mala suerte. No es “cosas del verano”. Es un cóctel fabricado durante años.
Los ejemplos se acumulan. En Soneja, Castellón, el Seprona investiga unas llamas que han entrado en el parque natural de la sierra de Espadán y que, según la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, “no parecen causas naturales”. En Les Garrigues, Girona, más de 2.000 hectáreas han ardido y la hipótesis principal apunta a trabajos con una sierra radial en una carretera, con chispas y sin permiso según la normativa antiincendios de Catalunya. En Picos de Europa se sospecha que el incendio pudo ser intencionado. En Aragón, más de 2.000 hectáreas quemadas en Tamarite y Alcampell, Huesca, empezaron por una chispa de maquinaria agrícola. La mano humana está detrás de más del 90% de los incendios forestales en España, y el 70% de los siniestros investigados se atribuye a negligencias.
Seguimos gastando mucho más en apagar que en evitar. WWF calcula que el 78% de los recursos se dedica a extinción, entre 600 y 700 millones de euros al año, y solo alrededor del 12% a prevención, gestión forestal y adaptación del paisaje, unos 180 millones. Hasta finales de junio ya habían ardido 43.000 hectáreas, un 19% por encima de la media de la década y el cuarto peor registro desde 2016. En 2025, a finales de junio solo iban 17.500 hectáreas, pero en dos semanas de agosto ardió el 90% de toda la superficie quemada ese año, con 47 de los 63 grandes incendios concentrados en agosto. Nos están vendiendo heroicidad mientras nos niegan prevención. Y así, claro, cada verano arde el monte, arden los pueblos y arde también la mentira de quienes llevan décadas mirando hacia otro lado.
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