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octubre 06, 2026

Muchos políticos de derecha están directamente involucrados en el negocio de la especulación inmobiliaria.

 LaOtra Izquierda·  28/9/2026

Muchos políticos de derecha están directamente involucrados en el negocio de la especulación inmobiliaria.

●El hijo del expresidente del Gobierno conservador José María Aznar participa activamente en este sector.
●Su esposa, Ana Botella, vendió 1.800 pisos municipales a fondos de inversión.
●Los topes de alquiler son una solución parcial, al menos donde se aplican .
Sin embargo, las regiones españolas gobernadas por gobiernos conservadores o conservadores/fascistas no lo hacen.



El PP trajo los fondos buitres a España, de Lucio Martinez Pereda

 Lucio Martinez Pereda   29/9/2026

El PP trajo los fondos buitres a España
La llegada de los fondos buitre a España se produce entre 2012 y 2014 con el Gobierno de Mariano Rajoy. Para ello el gobierno del PP impulsó la reforma de la ley de SOCIMI y la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos que acortó plazos de contratos y facilitó desahucios.
El gobierno del PP, con Luis de Guindos en Economía, creo los instrumentos legislativos que están en el origen del actual problema especulativo de la vivienda en España : la reforma de las SOCIMI y la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos. Las SOCIMI dejaron de tributar como sociedades (tipo general del 25%) y pasaron a tributar solo al 0% , el efecto práctico fue convertir a España en un paraíso fiscal para la inversión inmobiliaria a gran escala, facilitando que fondos como Blackstone, Goldman Sachs o Colony Capital adquirieran carteras masivas de vivienda.
Esta puerta abierta a la llegada del capital especulativo se amplió con Reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos (2013) que introdujo la precarización masiva del alquiler. Esta Ley- 4/2013- redujo la duración mínima de los contratos: la prórroga obligatoria pasó de 5 a 3 años, y la prórroga tácita de 3 a 1 año. En segundo lugar introdujo la liberación de la vivienda por “necesidad” del arrendador, tambien amplió y simplificó la posibilidad de que el propietario recupere el inmueble tras el primer año de contrato, sin necesidad de que esta cláusula estuviera prevista expresamente en el contrato. Por si esto fuera poco, agilizó los desahucios por impago: se simplificaron y aceleraron los procesos judiciales de lanzamiento, priorizando la recuperación del inmueble frente a las garantías del inquilino. Y en último lugar quitó cualquier limitación al aumento de los precios de alquiles, eliminando la vinculación automática de las actualizaciones de renta al IPC

Años después, el arquitecto intencionado del desastre - Guindos, ahora vicepresidente del BCE- se exonera de su responsabilidad trasladándole la culpa al mercado en abstracto y al siempre socorrido “desajuste entre oferta y demanda” . El carota advierte que “la regulación está limitando la oferta de vivienda en alquiler” y que “cuando tienes un incremento fuerte de demanda y la oferta no te responde, inmediatamente los precios del alquiler suben”. La ironía es grande : quien diseñó el marco regulatorio que infló la burbuja ahora se presenta como analista imparcial del problema que él mismo creó
El resultado está a la vista: España, “socimizada”, con un parque de vivienda convertido en activo financiero, alquileres disparados y una generación entera condenada a la pobreza .
Según el investigador del CSIC Javier Gil, España se ha convertido en el “ paraíso europeo para especuladores nacionales e internacionales”

septiembre 05, 2026

El patrimonio oculto en paraísos fiscales supera al de la mitad más pobre de la humanidad. Por Alberto Mesas

 Alberto Mesas 4/06/2026

Diez años después de los ‘Papeles de Panamá’ sigue faltando voluntad política para acabar con el fraude y la evasión

Un hombre posa con una pancarta durante una manifestación en Londres en 2022.  / Alisdare Hickson



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La riqueza que oculta en paraísos fiscales el 0,1 % más rico del planeta (5,5 millones de individuos) supera con creces el patrimonio total de la mitad más pobre de la humanidad (4.000 millones de personas). Son los datos que arroja un estudio publicado el pasado mes de abril por la confederación de oenegés Oxfam International. La organización estima que en el año 2024 esa riqueza oculta alcanzó los tres billones de euros, una cifra cercana al PIB de países como Francia y que dobla el PIB combinado de los 44 países más pobres del mundo.

No obstante, este dato no refleja únicamente la desigualdad en el patrimonio, sino que pone el acento en que esa monumental cantidad de dinero queda fuera del alcance de las arcas públicas y de los sistemas tributarios al estar escondido en paraísos fiscales, cuentas opacas o entramados de ingeniería fiscal que impiden que tribute.

La investigación de Oxfam coincide con el décimo aniversario de los ‘Papeles de Panamá’, la filtración coordinada que reveló el uso masivo de sociedades pantalla y trucos varios para evadir impuestos por parte de empresarios, celebridades y dirigentes políticos de todo el planeta. Desde entonces, algunos organismos transnacionales como la OCDE o la Unión Europea han endurecido los mecanismos tributarios, pero las grandes fortunas continúan evitando pagar los impuestos que les corresponden.

Los ricos evaden porque el sistema lo permite

Las multinacionales y millonarios del planeta tienen a su disposición múltiples mecanismos e instrumentos para evadir o reducir considerablemente los impuestos que deberían pagar. En toda esta ingeniería de la trampa, los paraísos fiscales y las sociedades offshore juegan un papel clave, y se calcula que en ellos se encuentra en torno al 8 % del PIB mundial (unos 10.000 billones de euros).

Además, quienes más tienen también poseen mayor conocimiento y capacidad para aprovechar las fisuras de los sistemas tributarios, que en algunos casos premian esa concentración de riqueza y tienen un efecto regresivo sobre las rentas más bajas. En muchas ocasiones se ha abierto el debate de instaurar un impuesto mínimo global para las grandes fortunas, pero instituciones como el EU Tax Observatory critican que este tipo de medidas únicamente confirman y perpetúan el hecho de que los ultrarricos tributan a niveles muy inferiores a los de otros contribuyentes en proporción a su riqueza, y que los gobiernos no pueden o no quieren hacer eficaz el principio de fiscalidad progresiva.

En concreto, los multimillonarios del mundo tributan en tipos impositivos que van del 0 % al 0,5 %. Esto no significa que todos los grandes patrimonios paguen lo mismo ni que todos evadan impuestos, pero sí demuestra que el sistema les permite hacer artimañas para pagar mucho menos que el contribuyente medio.

Los superricos pagan proporcionalmente mucho menos que la gente corriente. / World Inequality Lab

La responsable de Justicia Fiscal de Oxfam en España, Susana Ruiz, destaca el caso de nuestro país, donde “el impuesto sobre el patrimonio está diseñado de tal forma que permite a los más ricos estructurar su patrimonio para pagar mucho menos que el conjunto de la ciudadanía”. Ruiz comenta que el resultado de ese desajuste “es que ocho de cada diez euros de la recaudación potencial del impuesto sobre el patrimonio se pierden, y el tipo efectivo que paga el 0,1 % más rico es del 0,22 %, muy lejos del 3,5 % del impuesto para los tramos más altos”. 

En el intento de lograr esa progresividad también existe una diferencia muy pronunciada entre el norte y el sur global. El World Social Report de la ONU constata que las políticas fiscales justas son capaces de reducir las desigualdades, pero que eso ocurre sobre todo en los países industrializados frente a los países en vías de desarrollo. Mientras que Bélgica, Finlandia o Dinamarca han logrado avances para hacer tributar a sus grandes fortunas, naciones como Gambia o Camboya carecen de la capacidad técnica y legal para llevarlo a cabo. No es solo que los ricos de esos países paguen poco, es que sus gobiernos ni siquiera pueden saber cuánto dinero y activos tienen.

En contra de lo que se cree, los paraísos fiscales no suelen ser islas paradisíacas en el Caribe o el Pacífico, sino que donde primero se permite el fraude es en las grandes economías occidentales. Tal y como asegura Bemnet Agata, responsable de comunicación de la organización británica Tax Justice Network, que investiga sobre la evasión de impuestos y el fraude fiscal, “los mayores riesgos suelen estar arraigados en las propias grandes economías avanzadas y centros financieros. En la UE, alrededor del 34 % del secreto financiero que amenaza a los Estados miembros procede de centros financieros dentro de la propia UE”.

Agata remarca que estas instituciones del capital desempeñan un papel clave dentro del sistema financiero mundial facilitando la ocultación de beneficios y patrimonio a través de sofisticados mecanismos jurídicos y financieros: “El secreto financiero se genera y se mantiene a través de decisiones políticas y jurídicas deliberadas, y muchos de los países más implicados en facilitar estos flujos de dinero no figuran en absoluto en ninguna lista negra, sino que se encuentran entre las economías y los centros financieros más grandes e influyentes del planeta”.

 En la ineficacia de esas listas coincide Susana Ruiz: “Seguimos contando con listas de paraísos fiscales que son meramente testimoniales y no cumplen con su función. Si se contara con listas efectivas y bien diseñadas, se podrían también implementar mejores sanciones o reforzar los controles”. Ruiz también propone “reforzar la transparencia, hacer públicos los registros de titulares reales de cuentas bancarias, sociedades y trusts (fideicomisos), y poner coto a las sociedades fantasma o pantalla, que no ejercen actividad económica real y son una vía para la ocultación de activos”.

Se grava más el trabajo que la propiedad

Estructuralmente, los sistemas fiscales están configurados no tanto para gravar a las empresas y la propiedad como a los salarios y el trabajo. Según la OCDE, en los países desarrollados aproximadamente la mitad de la recaudación procede de impuestos sobre el trabajo, mientras que el impuesto de sociedades representa en torno al 10 % y los impuestos sobre la propiedad alrededor del 5 %. Esto significa que la mayor parte del esfuerzo fiscal recae sobre los salarios y el consumo (el IVA, por ejemplo, no tiene en cuenta la renta ni el patrimonio).

Susana Ruiz, de Oxfam incide en esta cuestión al afirmar que “uno de los problemas esenciales es que los sistemas tributarios están diseñados para gravar la renta, pero no tanto la riqueza o el capital”. Ruiz habla de que en los niveles más altos de la escala, los ricos no suelen generar rentas del trabajo, sino rentas del capital debido al patrimonio que acumulan. “Está clara la incapacidad del IRPF para gravar a los individuos con mayor riqueza”, remarca. 

En el caso de la UE, los datos de la Comisión Europea muestran que en 2026 los impuestos sobre el trabajo representan el 51,5 % del total de ingresos fiscales, mientras que los impuestos sobre el capital y la propiedad se sitúan en torno al 21,6 %. El Fondo Monetario Internacional ha advertido en varias ocasiones de que esta estructura amplifica las desigualdades, ya que los sistemas fiscales tienden a depender de ingresos más fáciles de recaudar pero menos progresivos, como el trabajo y el consumo, en detrimento de bases más concentradas y móviles como el capital.

La OCDE también destaca la bajada progresiva y la ampliación de mecanismos de deducción y exención del impuesto de sociedades en los últimos lustros. Conocido como race to the bottom (competir a la baja en salarios y precios), esta tendencia limita la capacidad de los Estados para gravar los beneficios de las grandes empresas de manera efectiva.

La consecuencia más directa de la evasión de impuestos es que los Estados recaudan menos dinero y, por tanto, tienen menos recursos a su disposición para hacer políticas públicas. “El fraude fiscal suele abordarse como una cuestión técnica o financiera, pero sus consecuencias son muy tangibles y se notan en la vida cotidiana”, afirma Agata, de Tax Justice Network. “Los efectos recaen en la sanidad y la educación públicas, la vivienda, el transporte, las infraestructuras, el cuidado infantil, las pensiones y los sistemas de protección social, al tiempo que debilitan la capacidad de los gobiernos para responder eficazmente a las crisis económicas y climáticas, y las pandemias”, continúa.

En España, por ejemplo, las arcas públicas dejan de ingresar entre 4.000 y 8.000 millones de euros cada año por la evasión fiscal de las grandes fortunas –principalmente empresas–. Se estima que entre 2016 y 2021 España perdió 33.000 millones de euros (casi la mitad del presupuesto en Educación). 

Agata comenta que, en muchas ocasiones, los gobiernos tratan de compensar ese descenso en los ingresos públicos mediante formas de tributación regresivas como el IVA, los recortes del gasto público, la contención salarial, privatizaciones, austeridad y endeudamiento público.

Aumento de la riqueza de los multimillonarios en los últimos treinta años. / World Inequality Lab

Los más ricos cada vez son más ricos

En los últimos treinta años, la riqueza global privada ha crecido ocho veces más que la pública (300.000 billones de euros frente a 40.000 billones), lo que ha contribuido enormemente al incremento sostenido de la concentración de riqueza de quienes se encuentran en la cúspide de la pirámide, y un aumento desproporcionado de la desigualdad.

Desde 2015, el 1 % más rico del planeta ha incrementado su patrimonio en unos 34.000 millones de euros, un dinero con el que se podría cubrir varias veces el coste estimado de erradicación de la pobreza extrema según los baremos del Banco Mundial. En los años posteriores a 2020, una parte muy importante de toda esa nueva riqueza generada a escala mundial ha sido acaparada por el 1% más rico.

Desde Oxfam, Susana Ruiz señala que “en los últimos 15 años, la riqueza de las 200 familias más ricas en España ha crecido un 188 %. La concentración de riqueza se acelera y hay que tratarla de manera diferente en la tributación”, insiste.

Con los años también se ha instaurado el argumento de que subirles los impuestos a los millonarios hace que se marchen del país, pero los datos lo desmienten.

Según datos de Tax Justice Network, la tasa de movilidad anual de los millonarios es de apenas del 0,2 %.

En cualquier caso, Agata señala que “la cuestión no es si los ricos se van, sino si los gobiernos tienen la capacidad de diseñar y aplicar sistemas fiscales para gravar la riqueza de manera justa, en vez de permitir que la política fiscal se vea influenciada por las preferencias de una élite de megarricos”.

España se encuentra por encima de la media mundial en cuanto a riqueza oculta en paraísos fiscales. / Informe Capital is Back: Wealth-Income Ratios in Rich Countries 1700-2010, Thomas Piketty y Gabriel Zucman.

Sin voluntad política para perseguir el fraude

Tras las filtraciones de los ‘Papeles de Panamá’, la lucha contra el fraude fiscal cogió un impulso que con los años se ha ido desinflando. Varios países del G20 se comprometieron a mejorar sus mecanismos para identificar y perseguir a los tramposos, pero la realidad es que no existe una acción coordinada y realmente efectiva, a pesar de que hay tecnología para ello.

Básicamente, la lucha contra los paraísos fiscales gira en torno a unas pocas pautas de transparencia marcadas por instituciones como la OCDE. El eje central es el Common Reporting Standard, que facilita el intercambio de información financiera entre países, pero no todos los Estados –especialmente en el sur global– participan en condiciones equivalentes ni tienen la misma capacidad para recibir, procesar y usar esos datos.

En resumidas cuentas, hay más información que hace una década, pero sigue faltando la voluntad política necesaria para lograr que todo ese patrimonio evadido, o al menos una parte importante, tribute como debería. En el marco de Naciones Unidas también se ha discutido la creación de una convención fiscal internacional que refuerce la coordinación global, aunque aún está sobre el papel y no hay mucho compromiso por llevarla a cabo.


septiembre 03, 2026

CTXT. “Sinpapeles”, “menas” y derechización del sentido común. Por Nuria Alabao

 Nuria Alabao 2/06/2026

Alentar el miedo contra colectivos que hemos convertido en monstruos sirve para neutralizar el malestar que en otras condiciones podría convertirse en demanda política de cambio estructural

Despliegue policial para enfrentarse a los manifestantes racializados durante las protestas de Handsworth (Inglaterra) de 1985. / West Midlands Police


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A finales de mayo de 2020, en plena desescalada del confinamiento, un grupo de vecinos de Mataró creó en Facebook la página Patrulla Vecinal Mataró. En una semana tenía más de siete mil miembros. Pronto surgieron también canales de Telegram en cinco barrios de la ciudad, algunos con más de doscientos participantes. Su función, decían, era la de afrontar los “robos con violencia” y presionar para desalojar edificios ocupados. Lo que no decían explícitamente es que iban dirigidos expresamente contra los chavales magrebíes, muchos de ellos ya mayores de edad y abandonados, por tanto, por el sistema de acogida, dejados a su suerte sin ningún tipo de ayuda. Entre los impulsores de estas patrullas figuraban antiguos miembros de la ultraderechista Plataforma por Catalunya (PxC) y militantes de Vox Mataró, pero su éxito fue mucho más allá de la extrema derecha. Muchos vecinos se sintieron interpelados y se sumaron a la propuesta vigilantista.

Esta no fue la primera escena de agitación vecinal antiinmigrante, tampoco será la última. La secuencia viene repitiéndose con algunas variaciones desde hace más de diez años, aunque se ha acelerado los dos o tres últimos, espoleada por la crisis de vivienda y la recuperación económica que demanda mano de obra. Llegan más migrantes pero tienen dificultades extremas para encontrar alojamiento, de manera que muchos se ven empujados a ocupar, muchas veces acompañados de otros nacionales pobres expulsados también del mercado de vivienda.

A menudo son los propios vecinos quienes demandan los desalojos de estos espacios ocupados. Sucede con viviendas, edificios o incluso asentamientos precarios –desde tiendas de campaña hasta chabolas– que se extienden por buena parte del territorio. Solo el año pasado se produjeron los casos mediáticos del instituto B9 de Badalona, el del Grand Hotel Callao Sport en Tenerife, la nave La Escocesa en Barcelona, el de Zorrotzaurre en Bilbao, las naves ocupadas de Herrera-Oria en Donostia y el colegio de Martutene de la misma ciudad, entre otros. Mientras que este año han surgido nuevos casos como el de la antigua ikastola Jaso o el convento de Aranzadi, ambos en Pamplona. Cada uno de estos desalojos puede dejar a cientos de personas en la calle. En total son miles, y van a ir en aumento, en un perfecto ejemplo de cómo barrer el problema bajo la alfombra.

Los barrios aledaños a centros de menores también han sido espacios centrales de esta confrontación urbana. Porque las figuras que condensan aquí los “demonios populares”, que aglutinan los significantes monstruosos de descontrol y miedo, son las del menor extranjero no acompañado, el “mena”, o su versión adulta: los migrantes sin papeles. La prensa, la policía, algunos partidos y no pocos ciudadanos los han convertido en metonimia de barbarie, criminalidad y peligro sexual.

Los ataques y las patrullas ciudadanas, sean o no promovidas por los grupos de extrema derecha, acaban prendiendo de forma cada vez más fácil, como si en el imaginario del buen vecino agraviado estuviese incrustado el virus del vigilantismo vecinal. Esta figura ha anidado ya en el repertorio de acción colectiva y cualquier chispa puede incendiar la pradera. Una suerte de protesta invertida en la que la energía social acaba destinada no a reclamar el fin de la crisis de vivienda o más recursos públicos para el barrio, sino a proteger lo de cada uno de una supuesta amenaza fantasmática de piel oscura. Si hacemos un mapa de por qué la gente se moviliza hoy, la demanda de más policía en los barrios, las protestas contra los pobres que ocupan el espacio público y la vigilancia pseudopolicial ciudadana ocuparían una buena parte de las revueltas y acciones colectivas en barrios, ciudades y pueblos.

Las patrullas vecinales no son exactamente una invención de la ultraderecha, aunque pueden estar espoleadas por ella. Surgen del malestar, muchas veces legítimo, de algunos vecinos ante el deterioro del barrio, ante el desempleo, las consecuencias de la crisis, el empeoramiento de las condiciones de vida. Surgen allá donde anida el miedo. Este miedo puede tomar forma entre los pobres, o en las clases bajas al borde siempre de la catástrofe, pero también puede hacerlo en los temores de la clase media a la pérdida de estatus, en la creciente dificultad de reproducir sus condiciones, en el pánico a la proletarización. Si las patrullas de Mataró surgieron en algunos de los barrios más desfavorecidos de Cataluña como Rocafonda y Cerdanyola Sur, la presión vecinal que llevó al desalojo de La Escocesa en Barcelona se produjo en Poblenou, un barrio de clase media en plena transformación urbanística.

Pánicos morales: jóvenes de piel oscura

El libro colectivo Gobernar la crisis (Traficantes de Sueños), publicado en 1978 y dirigido por Stuart Hall, puede proporcionarnos algunos elementos de análisis para entender lo que está sucediendo. En esta obra, el grupo analizó el pánico moral generado en torno a los atracos callejeros –mugging– en la Inglaterra de los años setenta, a partir del caso de Handsworth: un barrio obrero étnicamente diverso del oeste de Birmingham.

La escena estuvo compuesta por muchos pequeños atracos que se construyeron en la prensa como un gran problema social que contaminaba la imagen irreal de una plácida Inglaterra habitada por gente de bien, aunque amenazada por esta inseguridad racializada. Aquí el folk devil –demonio popular– que se construyó fue el del mugger: el pequeño atracador. Esta figura criminal, según el libro de Hall, funcionó como condensador simbólico de una crisis económica severa –el shock del petróleo de 1973– que estuvo acompañada por una crisis de legitimidad del gobierno laborista que no sabía cómo gestionarla. La crisis era de largo alcance, puesto que esos años lo que se puso en cuestión fue todo el modelo de acumulación fordista-keynesiano. El consenso socialdemócrata de posguerra parecía agotado, pero todavía no había emergido lo que después sería la reestructuración neoliberal que cristalizaría con Thatcher en 1979. Y ahí tuvo un papel la derechización social que fue previa al ascenso de la Dama de Hierro, quien se alimentó de estas construcciones mediáticas alrededor de la inseguridad para impulsar su proyecto.

La crisis en marcha producía un malestar difuso en amplias capas de la población, un malestar en busca de una explicación y un culpable. El pánico moral proponía una explicación: la criminalidad desbocada, al tiempo que producía un culpable: el joven negro atracador. La solución, por tanto, solo podía venir de la mano de la represión y del Estado policial; un refuerzo del tipo de Estado que la derecha thatcherista quería construir, y acabó construyendo. La Administración no podía resolver el paro, pero podía meter a atracadores en la cárcel; no podía revertir la desindustrialización, pero podía llenar de policía el barrio.

Así, la figura del joven negro atracador permitió desplazar el debate desde las causas estructurales de la crisis social hacia las soluciones de tipo punitivo, siempre más fáciles de implementar. El uso político del miedo situó el foco en el delito y su respuesta al desplazar las preguntas sobre el paro o la desinversión.

Este caso formó parte del hummus cultural que haría posible levantar el proyecto contrarrevolucionario thatcherista. Pero, evidentemente, la policía no resuelve nada. En el verano de 1981, una ola de fuertes disturbios sacudió a más de treinta pueblos y ciudades británicos. Cuatro años más tarde, el enfrentamiento entre la policía y las comunidades locales racializadas, hartas de la presión sobre ellas, incendió Handsworth.

Casi cincuenta años después, en España, el contexto es muy diferente, pero emerge una nueva figura criminal racializada de usos parecidos: el “mena” –y su hermano mayor, el “sinpapeles”–. Para esta construcción hacen falta vecinos preocupados, sindicatos policiales que filtren datos de detenciones, fiscales de menores que emitan memorias anuales como prueba de la “oleada” de delincuencia juvenil y políticos que traduzcan la queja vecinal en demanda de mano dura.

La comunidad amenazada

En la España de los pánicos sobre los menas/sinpapeles, el sujeto moral del relato no es la víctima individual, como en el caso inglés, sino el barrio amenazado. “La calle está tomada”, “los vecinos tienen miedo”, “los padres no dejan ir a sus hijas al parque” son baldosas de este camino que recorre el miedo. El subtexto en el caso de los menores es el del peligro, el de la amenaza sexual y nunca el de su abandono o el del maltrato que reciben en los centros de menores –incluido el físico–. Cuando se trata de ocupaciones, no se habla del problema de la vivienda, de presión inmobiliaria o del sinhogarismo migrante. El marco es el endurecimiento de la acción policial sobre el orden urbano a golpe de demanda vecinal. Se habla del problema de la ocupación como parte del encuadre discursivo del crimen y el desorden social que amenaza la propiedad, los ahorros de los ciudadanos honrados que han trabajado duramente para poder obtener rentas inmobiliarias. Muy a menudo la amenaza se localiza en territorios ya degradados, pero esta dimensión de clase no hace cuajar ningún tipo de solidaridad –o solo lo hace en lugares donde existe mucha organización previa–, sino más bien la rabia de ser, de nuevo, el barrio que recibe “todos los problemas”. El mena/sinpapeles aparece como causa visible de un malestar cuyas raíces son otras.

De ahí la frase del libro de Hall sobre la función de la “gestión política a través del miedo”. El miedo al atracador –o al mena– canaliza y neutraliza el malestar que en otras condiciones podría convertirse en demanda política de cambio estructural. Sirve para desplazar la ansiedad social desde las causas reales de la crisis –que implican preguntas sobre la distribución del poder y la riqueza– hacia una figura criminal racializada sobre la que es posible actuar de forma visible e inmediata.

¿Quién capitalizará la derechización?

Decíamos que Gobernar la crisis describe una transición hegemónica que triunfa y que permite el paso desde el consenso socialdemócrata al thatcherismo. Hall lo llamó “populismo autoritario” y lo retrató como un desplazamiento que se produce desde abajo, desde el malestar popular, y que distintos actores políticos explotan. La diferencia con Thatcher es que ella consiguió articular ese malestar difuso en un proyecto de Estado que ponía en cuestión los consensos anteriores y que conllevaba una nueva forma de relación de ese Estado con la sociedad, una nueva forma de organización del mundo y que incluso iba a producir nuevas subjetividades. En España difícilmente habrá nada equivalente. Vox toca techo en torno al 15%, Alvise es errático y el PP de Feijóo no tiene un proyecto ideológico de esa envergadura. Ninguno de los tres tiene un programa como el que puso en marcha el neoliberalismo conservador de esos años.

Difícilmente podemos hablar hoy en España de una transición hegemónica liderada por un actor político. Quizás sería más adecuado pensar este fenómeno como una derechización del sentido común que opera en un marco global: el de las derechas radicales. En EEUU, este proyecto trata de tomar la forma propuesta por la “ilustración oscura”: un gobierno de carácter autoritario en alianza con los empresarios y CEOs de las principales empresas tecnológicas –un proyecto no exento de dificultades–. Sin embargo, resulta mucho más difícil describir un equivalente tan claro en Europa.

Aquí la derechización convive con una ausencia de alternativa sólida. Se erosionan los consensos anteriores, pero no se ofrece nada realmente nuevo, sino una sociedad mucho más quebrada, más racista y atrapada en el miedo. El proyecto resultante de esta derechización parece proponer un mantenimiento de los niveles de vida de las clases medias o las poblaciones autóctonas sobre una mayor explotación de los migrantes. Pero recordemos la oleada de disturbios de 1981 en Inglaterra, porque esa también fue, a su manera, una respuesta política.

agosto 22, 2026

Unos periodistas le preguntaron a Ayuso por el ático y está más enfadada que una mona , de Ramon Bellotero

 APOYAMOS A IGNACIO ESCOLAR    Ramon Bellotero   9/8/2026

 
Unos periodistas le preguntaron a Ayuso por el ático y está más enfadada que una mona en un concierto de rock. Les dijo: «¿Es que no tenéis otra cosa que preguntar? Siempre me hacéis la misma pregunta







Pero, Miguel Ángel, ¿no me dijiste tú —que peinas canas igual que yo— que, cuando salta una noticia, por insignificante que sea, si intentas ocultarla, todo el mundo quiere saber qué ha ocurrido? Sin embargo, si desde el primer día das todo tipo de explicaciones, el tiempo termina por borrar el morbo del acontecimiento y, como suele decirse, a otra cosa, mariposa.
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Pero fíjate tú Ayuso que tienes amigos para siempre… En las radios, televisiones, periódicos y tertulias donde abundan los leales a la causa. Ninguno te pregunta por el ático ni parece tener demasiadas ganas de divulgar la noticia, no vaya a ser que te enfades. Y, sin embargo, hoy no hay casi nadie que no haya oído hablar del famoso ático.
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Y es que la mentira y la falsedad son dos hermanas muy particulares: tienen la lengua muy larga y las patas muy cortas. Corren mucho cuando se cuentan, pero no tardan demasiado en quedar al descubierto.
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Pero te voy a hacer unas cuantas preguntas.
Empezaría por esta: ¿cómo es que hasta hace unos días todos los problemas los solucionabas con una cervecita en la terracita del bar de la esquina, invitando a los madrileños a poner macetas en los balcones, y ahora vas de ático en ático y tiro porque me toca, aumentando el patrimonio de la Comunidad?
El otro día discutí con mi primo porque no se creía que fuese verdad. Y es que hay familiares que, como algunos amigos leales, cuando los tienes al lado no necesitas rivales.
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¿Nos podrías aclarar, si no es mucho pedir, si es cierto lo que dicen las malas lenguas sobre tu familia y tu novio que se han beneficiado económicamente de determinadas comisiones? Porque ya sabes que las malas lenguas hablan mucho, aunque no siempre tengan razón.
También estaría bien saber si tuviste algo que ver —o si ocurrió precisamente al revés de lo que algunos pretenden atribuirte— con los contratos a Quirón y su crecimiento progresivo. ¿En qué consiste este rumor?
¿Tuviste alguna responsabilidad en los fallecimientos de las personas mayores que murieron en las residencias durante la pandemia por falta de asistencia? Es una pregunta demasiado seria como para despacharla con una cerveza y una maceta y banderitas en las muñecas.
Y ya que hablamos de viajes: esos viajes que haces a las Américas del tío Trump, ¿quién los paga? ¿Los pagas tú, los paga la Comunidad o los paga alguien que después prefiere permanecer discretamente en el anonimato?
Y respecto al viaje a México, ese viaje para hacer amigos para siempre: ¿se pagó algo más que el equivalente al alquiler de dos apartamentos en Barajas? Porque, según algunas informaciones, la cantidad habría sido tan módica que viajar a la Riviera mexicana saldría más barato que comprarse una camiseta en una tienda low cost.
Y si te lo pagó otro, ¿cuál fue el precio que hubo que devolver? Lo pregunto porque yo voy en metro desde Barcelona hasta El Prat y nunca me lo ha pagado nadie. Y eso que a algunos les caigo simpático y a otros todo lo contrario. Unos y otros podría tener algún día un detalle conmigo… digo yo.
Sobre los cuentos, las explicaciones y la compraventa de los áticos no te voy a pedir demasiadas respuestas, porque cambias tanto de relato que al final uno ya no sabe si está leyendo una explicación, una novela por entregas o el guion de una serie de novelas turcas.
Lo que sí me gustaría saber es qué motivo ha hecho que ahora tengas tanta prisa por favorecer a los damnificados por el incendio con unos edificios que, según se ha contado, llevaban más de un año en venta. Ahora se nos quiere hacer creer que la operación responde exclusivamente a tu generosidad manifiesta con los afectados.
Y aquí llegamos a la última pregunta, porque con tantas ya me está saliendo un Quijote y muchos, en cuanto ven un texto con más de tres párrafos, salen corriendo como si les persiguiera Hacienda.
¿A qué oposición avisaste de que ibas a hacer reformas en la Casa de Correos porque en invierno te pelas de frío y en verano sudas más que un albañil limpiando un tejado en agosto, a las cuatro de la tarde, en un pueblo extremeño?
Pero ya que con los damnificados por el fuego te ha salido esa grandiosa generosidad a flor de piel, las malas lenguas dicen que quizá es por la ocasión. Así que, ¿por qué no vendes un par de áticos más y pones aire acondicionado y calefacción en las escuelas?
Porque los niños, debido a que acaban de entrenar su edad, soportan las inclemencias del tiempo bastante peor que usted, que ya es adulta y, además, reina del ático y del madroño…Digo, del oso y el madroño.
En qué estaría pensando. Serán las canas, señora..
El Bellotero .