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mayo 20, 2026

El pulso vecinal contra las expropiaciones del macroparque industrial de Laredo: “Nos compran a 15.000 y lo revenden por 200.000”

 Rubén Alonso   Santander —28 de septiembre de 2025

El enfrentamiento entre vecinos afectados y Gobierno de Cantabria por el futuro Parque Industrial y Empresarial de Laredo ha encendido una batalla que va mucho más allá de una disputa urbanística. Y es que el proyecto plantea habilitar más de medio millón de metros cuadrados de suelo industrial en la zona suroccidental del municipio, donde se levantan los barrios de El Callejo, El Sable y La Poza, que desaparecerían bajo el macropolígono.

“Se llevaría por delante los tres barrios”, denuncia Borja Fernández, secretario de la Asociación de Afectados por el PSIR –Proyecto Singular de Interés Regional– de Laredo. La plataforma, que agrupa a más de un centenar de vecinos, calcula que serán desalojadas 57 casas habitadas y alrededor de 300 terrenos con huertas y pequeños negocios familiares para llevar a cabo un proyecto que fue aprobado inicialmente en julio por la Comisión Regional de Ordenación del Territorio y Urbanismo (CROTU) y que ahora se encuentra en periodo de información pública.

El rechazo de los afectados se centra en las expropiaciones y en el desequilibrio económico que, aseguran, supone la operación. “Un terreno de 1.000 metros cuadrados me lo van a comprar por 15.000 euros y lo van a vender por 200.000”, advierte Fernández, tomando como referencia los precios del metro cuadrado de los solares en la comarca. “A mí me lo van a robar para luego vendérselo a una empresa privada a precio de mercado”, añade.

El dirigente vecinal cuestiona también en conversación con elDiario.es la justificación de interés público del proyecto. “Los PSIR han generado cinco millones de metros cuadrados de suelo industrial y no se ha ocupado ni el 20%”, subraya, citando ejemplos de polígonos vacíos en Cantabria y en provincias limítrofes como Palencia o Burgos. A su juicio, el problema no está en la falta de suelo, sino en la política fiscal: “Las empresas no se están moviendo por el suelo industrial, sino por los impuestos”.

En este sentido, el secretario de la recién constituida asociación vecinal resalta que “no hay ninguna lista de empresas que quieran suelo industrial en Laredo, nadie se ha ofrecido voluntariamente”. Por eso, en el acto de presentación de la plataforma, que tuvo lugar hace unos días en la localidad, los dos centenares de vecinos que acudieron dejaron claro el “atropello” que supone este proyecto, que está “sobredimensionado”.

Además, otra arista importante de este conflicto, que también ocupa otro frente de batalla, es el tema medioambiental. El área señalada para el polígono linda con la Reserva Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, algo que también preocupa a los vecinos. “El linde del polígono va a ser la marisma que es una reserva natural”, advierte Fernández, que recuerda además que los terrenos “son inundables y con un nivel freático muy alto”.

La asociación prepara alegaciones en tres fases: primero contra el diseño del PSIR, después frente a la sociedad pública Suelo Industrial de Cantabria (Sican) y finalmente por la vía judicial. “En el momento que se apruebe el PSIR, mi casa ha perdido todo el valor”, lamenta el portavoz, convencido de que la batalla acabará en tribunales superiores e incluso en instancias europeas.

Perjuicio municipal

El malestar se ha extendido entre los vecinos, que han iniciado una campaña de recogida de firmas y actos públicos de protesta. El discurso se resume en una idea clara: que el polígono industrial no solo amenaza viviendas, sino también la esencia de un municipio que ha visto cómo su población se ha reducido en las últimas décadas y que, aseguran, necesita vivienda y planificación urbanística más que nuevos suelos industriales.

“Cuando se construya una nave, el Ayuntamiento de Laredo no recibe un duro porque todo lo gestiona Sican”, critica Fernández, que recalca que las consecuencias de la operación afectarán también a la economía municipal. El secretario de la asociación explica que, al tratarse de un PSIR gestionado por la sociedad pública Suelo Industrial de Cantabria, el Ayuntamiento pierde las vías habituales de recaudación.

Ni las licencias de obra ni la plusvalía de las compraventas pasarían por las arcas municipales. En un desarrollo urbanístico ordinario, la venta de un terreno genera impuestos que repercuten en el Consistorio y las nuevas construcciones abonan tasas. Aquí, insisten los vecinos, toda esa recaudación se centralizará en Sican, dejando a Laredo sin ingresos adicionales pese a asumir las consecuencias del polígono.

A ello hay que añadir, según Fernández, el problema de acceso a la vivienda, especialmente acuciante en un municipio tan turístico como Laredo, donde los alquileres residenciales son prácticamente una quimera. “¿Dónde vivirían los trabajadores del polígono?”, se pregunta.

Drama humano

Al margen de las cifras, el impacto humano dibuja el drama de la operación. Cerca de 60 familias podrían perder su vivienda, en muchos casos casas construidas hace más de dos o tres décadas y que forman parte de la vida de varias generaciones. “La mayoría de las casas son de toda la vida”, lamenta Fernández, quien recuerda que algunas de ellas datan de los años sesenta y ochenta. Así, la amenaza de expropiación no solo pone en riesgo un techo, sino la memoria de un barrio que se ha levantado sobre huertas, cultivos y pequeños negocios familiares.

El Gobierno autonómico que preside María José Sáenz de Buruaga (PP) defiende que el Parque Industrial y Empresarial de Laredo es “una oportunidad estratégica para no dejar al municipio sin suelo para la ubicación de empresas”, en palabras del consejero de Fomento, Roberto Media (PP), quien destaca la relevancia del proyecto para “generar empleo y riqueza” en la comarca oriental. En paralelo, los vecinos han mantenido reuniones con el alcalde, Miguel González (PP), del mismo partido que dirige el Ejecutivo autonómico.

Aunque en un primer momento se mostró escéptico ante sus reivindicaciones, ahora se muestra más proclive a no dar la espalda a las familias afectadas. “En la primera reunión, celebrada el 1 de agosto, nos dijo que se trata de un proyecto del Gobierno de Cantabria y que hay poco que hacer al respecto, pero a raíz de las movilizaciones y de la presentación de la asociación, en los últimos días ha cambiado un poco la actitud”, ha sentenciado Fernández.

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Revuelo en torno a los PSIR

Los Proyectos Singulares de Interés Regional (PSIR) son un instrumento jurídico autonómico en Cantabria diseñado para que la Administración regional intervenga directamente en desarrollos industriales, grandes equipamientos, vivienda protegida o uso comercial, cuando estos tienen carácter estratégico y trascienden los límites municipales. 

La polémica en torno a los PSIR ha escalado este año con la aprobación de la Ley de Simplificación Administrativa promovida por PP y Vox, que abre la puerta a que dentro de los mismos se permita la construcción de vivienda libre, un cambio sustancial con efectos urbanísticos y especulativos, según denunció la oposición durante la aprobación de la misma.

febrero 10, 2026

Ayuso contabiliza como activo más de 300 millones en pérdidas por las obras fantasma de Aguirre, de Ignacio Carrascón

 Ignacio Carrascón   11 de enero de 2026 

Estación abandonada de San Martín de la Vega. 



Hay herencias que tardan décadas en liquidarse. En la Comunidad de Madrid, el legado de la época de las grandes infraestructuras de Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre no solo sobrevive en el hormigón abandonado, sino también en las cuentas del Gobierno regional. El último informe de fiscalización de la Cámara de Cuentas, correspondiente al ejercicio 2024, pone de manifiesto que el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso mantiene en su activo 303,02 millones de euros en “obras fantasma” abandonadas que en varios casos no son recuperables, según la propia Administración. 

No se trata de un simple descuadre contable. Según explican fuentes de la Cámara de Cuentas consultadas por infoLibre, el mantenimiento de este valor en los libros responde a una “clara sobrevaloración del activo” motivada por la resistencia política a admitir que esos proyectos son hoy dinero perdido. Al no limpiar la contabilidad, el Ejecutivo de Ayuso evita enviar el mensaje de que cientos de millones de euros de inversión pública terminaron, literalmente, en vía muerta.

212 millones en obras ferroviarias

El grueso de esta "riqueza fantasma" se concentra en proyectos ferroviarios que nunca llegaron a destino o que fueron cerrados prematuramente por falta de usuarios. El máximo exponente de ellos es el ferrocarril de Móstoles a Navalcarnero, una obra iniciada en 2008, bajo el mandato de Aguirre, y abandonada apenas dos años después, que la Comunidad sigue valorando como un activo de 126,2 millones de euros. 

Mientras en la Puerta del Sol se resisten a admitir dicha pérdida en sus libros, la factura real no deja de crecer: el Gobierno regional ya tuvo que abonar 162,5 millones de euros en indemnizaciones a la constructora OHLA en 2022 por la liquidación prematura del contrato. La estrategia actual para mantener viva esta ficción contable pasa por que sea el Ministerio de Transportes quien se haga cargo de dicha infraestructura. El departamento de Óscar Puente licitó el pasado diciembre un estudio de viabilidad para intentar rescatar la obra, en lo que supondría, de facto, un traspaso de la responsabilidad sobre dicha ejecución que la Comunidad lleva años reclamando y que le permite deshacerse de la responsabilidad sin reconocer que la inversión fue un fracaso.

A pocos kilómetros, en San Martín de la Vega, la línea de Cercanías C-3a, que pretendía dar servicio al parque temático Warner, ofrece una estampa de abandono todavía más visual, con la estación dejada a su suerte y vandalizada, y un trazado que la propia Administración descartó oficialmente recuperar en diciembre de 2024 por no ser rentable. Como en el caso del tren Móstoles-Navalcarnero, la Comunidad de Madrid pretende que el Ministerio de Transportes se haga cargo del servicio. 

Aunque este activo figura en el balance con un valor de 59,8 millones de euros, la realidad es que se trata de una infraestructura que llegó a registrar una media de apenas cuatro usuarios por tren antes de su clausura en 2012. La desidia contable con este proyecto convive con nuevos hachazos judiciales: el pasado diciembre, el Tribunal Supremo condenó a la región a pagar 7,5 millones de euros adicionales por la expropiación de unos terrenos al iniciar la construcción de la vía, que lleva 13 años cerrada.

La variante de Torrejón de Ardoz completa este mapa de la herencia ferroviaria no resuelta. Con una obra ejecutada —en este caso bajo el mandato de Alberto Ruiz Gallardón— y valorada en sus libros en 26,6 millones de euros (de un contrato total de 69,9 millones), se trata de un túnel inacabado que la Comunidad de Madrid decidió paralizar definitivamente en 2017. La Administración admitió entonces que el proyecto era "inviable" debido a que el entonces Ministerio de Fomento exigía para su explotación una segunda fase que ni siquiera estaba planificada ni contaba con proyecto constructivo. 

Según los dictámenes de la Comisión Jurídica Asesora, la Comunidad tuvo que abonar a la constructora Sacyr una indemnización de 1,91 millones de euros exclusivamente por el desistimiento del contrato, a lo que se suman otras reclamaciones por daños y perjuicios derivados de años de suspensiones y errores en la gestión de permisos y expropiaciones. Pese a este abandono oficial, el Gobierno regional ha mantenido el valor de lo ya construido en su balance utilizando el término contable "inmovilizado": esto le evita reconocer que la infraestructura carece de utilidad.

La M-203: 90 millones en una carretera a ninguna parte

El cuarto "activo fantasma" es la carretera M-203 (recientemente rebautizada como MP-205), que figura en el balance como "inmovilizado terminado" por un valor de 90,3 millones de euros. Esta vía de 12,5 kilómetros, diseñada originalmente en 2005 para unir la A-2 con la R-3 y la M-50, lleva casi dos décadas en un limbo administrativo. Aunque el asfalto está terminado y en perfecto estado, la falta de permisos originales de la Confederación Hidrográfica del Tajo y del Ministerio de Fomento paralizó las obras en 2007, un año antes de su inauguración prevista, convirtiéndola en un escenario habitual para rodajes de cine y carreras ilegales.

El fiasco no solo es logístico, sino financiero: tras un litigio judicial, la Comunidad de Madrid fue obligada a pagar 73,4 millones de euros a la constructora Ferrovial por la resolución del contrato. La Cámara de Cuentas advierte que el activo debe ser “regularizado” (borrado del balance) en caso de que dicha vía continúe abandonada. El Gobierno de Ayuso ha anunciado su “resurrección” dentro del Plan de Carreteras 2025-2032. La maniobra implica una nueva inversión –adicional a la inicial– de casi 60 millones de euros para completar la conexión, una promesa que permite esquivar, un año más, la asunción de este agujero en las cuentas públicas.

El “agujero” del Metro: el IVA que se regala al Estado

Junto a las obras paradas, la fiscalización del ejercicio 2024 pone el foco en un desorden administrativo que arrastra la Comunidad desde que absorbió a la desaparecida empresa autonómica MINTRA en 2011. Al hacerse con ella, adquirió también un derecho de cobro de 121,6 millones de euros que Metro de Madrid le debe ahora a la Comunidad por el arrendamiento de vías desde hace más de una década.

Al ser Metro una empresa propiedad de la Comunidad de Madrid, en las cuentas consolidadas el impacto en el balance neto es nulo (lo que uno debe, el otro lo tiene por cobrar). Sin embargo, mantener esta deuda viva en el papel tiene un perjuicio económico directo: la Comunidad está obligada a facturar ese alquiler ficticio y, por tanto, a ingresar el IVA correspondiente a la Hacienda estatal. Es decir, la Administración madrileña está perdiendo dinero en impuestos pagados al Estado por unos ingresos de Metro que son incobrables y que no van a entrar en las arcas regionales.

Las indemnizaciones

Los “valores fantasma” pendientes de regularizar que la Comunidad de Madrid contabiliza en el activo suman más de 300 millones de euros, pero las indemnizaciones que la Comunidad ha desembolsado a las constructoras o a otras partes perjudicadas por la paralización de las obras ascienden a otros 245,3 millones de euros entre las cuatro obras paralizadas. 

La Dirección General de Infraestructuras de Transporte Colectivo, que en 2021 se comprometió, según la Cámara de Cuentas, a regularizar las tres obras ferroviarias y dejar de contarlas como activo, no ha respondido a las preguntas de infoLibre sobre las razones por las que no lo ha llevado a cabo la regularización ni respecto a los plazos en los que se plantea hacerlo.