diciembre 16, 2020

El poeta Francisco Brines gana el Premio Cervantes: “Mi madre estaría muy contenta porque creía que no iba por el buen camino”

 ELPAIS.COM   

FERRAN BONO    Valencia - 16 NOV 2020 


El autor de 88 años, representante de la generación prodigiosa de los 50, obtiene el galardón más prestigioso de las letras castellanas, dotado con 125.000 euros


No lo esperaba. Ni sabía quién podría estar llamando esta tarde a su casa en el campo, entre los naranjos de la población valenciana de Oliva, donde vive retirado. Cuando Francisco Brines, de 88 años, se ha percatado de que era el ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, para anunciarle que había ganado el premio Cervantes, lo primero que ha hecho el poeta ha sido pensar en su madre. “He pensado que mi madre estaría muy contenta, le habría dado mucha alegría, porque alguna vez pensó que yo iba por donde quería; creía que no iba por el mejor camino y al final ha resultado que ha sido el mejor".

Habla el poeta por teléfono, con un hilo de voz, con dificultad, pero sin perder el humor, ayudado por Àngels Gregori, la directora de la Fundación Brines. “No me lo esperaba. Esto es como encontrar una aguja en un pajar. Igual que yo lo merezco, lo merecen otros. Por lo tanto, si te toca a ti es una suerte que te hayan puesto la mano en el hombro. Estoy muy contento también por todos los que han ganado el premio Cervantes anteriormente”, comenta a EL PAÍS desde su casa de Elca, el nombre de una partida rural de Oliva y el de su casa familiar, donde transcurrió su infancia y donde volvió en su vejez, convertida ya en fecundo territorio literario.

El escritor ha sido el vencedor de la 46ª edición del premio Miguel de Cervantes, el galardón más prestigioso de las letras castellanas, dotado con 125.000 euros. Su nombre ha sonado año tras año en las quinielas. No en vano, se trata de uno de los más importantes creadores de la literatura española de la segunda mitad del siglo XX, el último representante de la prodigiosa generación de los 50, de los niños de la posguerra española, que alumbró poetas como Jaime Gil de Biedma, J. M. Caballero Bonald, Carlos Barral, José Ángel Valente o Claudio Rodríguez (...)
.................

John le Carré. Obituario, de Fernando Broncano

 Fernando Broncano R  

 y  Andrés Galán González   THEGUARDIAN.COM    14 de diciembre de 2020

No tuve tiempo ayer de dedicarle unas palabras a John le Carré, un escritor que confieso que me llegó muy adentro en mi juventud, especialmente en mi tiempo de becario en redacción de tesis. Tengo aún sus primeras novelas en las viejas ediciones de Bruguera todas desencuadernadas de haberlas releído varias veces, especialmente la trilogía de Smiley o las de sus comienzos (Llamada para el muerto, El espía que llegó del frío, Una pequeña ciudad de Alemania). El contexto de sus novelas como nos han repetido las reseñas españolas, era el espionaje de la guerra fría y del fin del Telón de Acero, pero su tema central, lo que le hace tan profundo, es la traición, la hipocresía, la manipulación y la decepción con los ideales de vida. Cuando lo leí asiduamente estaba viviendo el final de la política de la resistencia y el ascenso de los nuevos buscavidas de la transición, así que sentía muy cerca las historias que contaba. Su personaje Smiley le retrata: como él era especialista en literatura alemana del XVIII, como él dedicó su tiempo al espionaje en Alemania y a los infiltrados soviéticos en el partido comunista del Reino Unido, como él sintió que las columnas que sostenían su patria eran la estupidez, la corrupción y la traición sistemática a la palabra dada. Los protagonistas de sus novelas son siempre seres escépticos que terminan siendo engañados y que prefieren atenerse a sus principios morales, como en El jardinero fiel (en el que cuenta, por cierto, el desarrollo de la vacuna de la polio). Odió el mundo literario y nunca quiso competir en ese entorno a pesar de que su formación literaria le daba recursos de sobra para ello. Su maestro fue  Graham Greene con quien comparte la misma visión melancólica de un mundo crepuscular. Escriben en The Guardian que Markus Wolf, el jefe de la Stasi, modelo del Karla de la KGB estaba convencido de que le Carré tenía un topo en su cercanía porque había descrito con demasiado acierto los entresijos sus oscuros manejos. Da cuenta de un mundo que ha desaparecido y que solo algunas generaciones recordamos, pero sus personajes siguen siendo atemporales. Ha sido imitado ilimitadamente por la escritura de best sellers, pero sus novelas, bestsellers todas, pertenecen ya a esa forma de literatura que no será reconocida como tal por los cánones pero que seguirá inspirando modelos de humanos irredentos y caídos.
.................


diciembre 15, 2020

Para lxs que queráis regalar, en estas fiestas, productos sanos, locales y respetuosos con nuestro entorno

 

Ana M. Marugan... ES MI HIJA


🎄🎄Para lxs que queráis regalar estas fiestas productos sanos, locales y respetuosos con nuestro entorno🌍 os paso el enlace a nuestra conservera. 
Podréis ver que hay packs especiales de promoción.  
Un abrazo fuerte💚. 


.................

Poema: De la cosmicidad y la naturaleza. Y de sus errores, de Antonio Gamoneda

 13/11/2020   INFOLIBRE.ES    Antonio Gamoneda

La depredación implicaba la usura de poder y de beneficio, y los depredadores crearon sistemas para acumular beneficio y poder. Los sistemas crearon a su vez estrategias que acrecentaban el genocidio y el hambre.
De la cosmicidad y la naturaleza. Y de sus errores
De la cosmicidad y la naturaleza. Y de sus errores


Vi palomas temblar en el desván del frío y otras aves volando incesantes sobre el abismo. No había luz ni sol para las palomas, las aves no tenían donde posarse.

No es cierto; es alucinación y fábula poética. En certidumbre,

sólo la inmensidad existía.

La inmensidad cuajada en el silencio que precede a las grandes tormentas.

Si la verdadera fábula es otra, prosigo fiel a la verdadera fábula.

Escuché el gemido del sílice y el aullido del basalto; advertí la combustión del cuarzo y que el ónice abrasaba las selvas volcánicas.

Era otra vez la inmensidad; la inmensidad en llamas.

Todo sucedió en un instante sin límites. Todo se destruía para nacer, todo nacía

en un solo latido.

Cesó la gran pulsación; la inmensidad asumió la geometría del relámpago y decidió las cifras del vértigo y la elíptica planetaria.

Éste fue el día del número universal. Aún era fuego la púrpura de los últimos cimacios.

Sucesivamente,

la obsidiana quebró los hexágonos y calculó los ángulos de la luz. En este punto, sucedió otro instante.

El instante era el tiempo.

Pasaron millonarios los siglos; el oxígeno y el agua se crearon a sí mismos, penetraron la química del carbono y engendraron a los seres vivientes,

así existieron los animales, los vegetales, el amor, la procreación, los alimentos.

Los seres vivientes se reunían para vivir y practicar las grandes costumbres. La empatía y la igualdad estaban en ellos. Pacíficos,

consumían los bienes y los multiplicaban.

Pero hubo seres vivientes –hombres, precisamente– que descubrieron la soledad del individuo (hay autores que afirman que no fue un descubrimiento sino una insidiosa pandemia). Fuera lo que fuese, la soledad fue un error. El primer error de la naturaleza viviente.

Los solitarios no se reconocían en la vida de todos; se reconocían únicamente a sí mismos. Olvidaron las grandes costumbres y destruyeron la empatía universal. De este modo, aparecieron sobre la tierra la división, la pobreza, el genocidio.

La pobreza y el crimen alteraron la causa natural de la muerte, depreciaron el valor de la vida y anularon el equilibrio del bienestar y la propiedad. Así empezó sobre la tierra

la era de la depredación.

La depredación implicaba la usura de poder y de beneficio, y los depredadores crearon sistemas para acumular beneficio y poder. Los sistemas crearon a su vez estrategias que acrecentaban el genocidio y el hambre.

A los genocidas se les dijo héroes y los que multiplicaban el hambre se atribuyeron el gobierno absoluto, básicamente económico, de las comunidades. Unos y otros redactaron leyes que legitimaban la depredación y la propiedad de los bienes depredados.

Pasado algún tiempo, por conveniencias de gobierno y estéticas,

se creó la democracia.

La democracia —nadie sabe qué pueda ser la democracia; quizá sea un tejido invisible o un espíritu venéfico— maquillando los resultados del crimen, promulgando derechos antinaturales, 

se constituyó en garantía, autoridad y árbitro de la depredación,

normalizando, como es natural, el hambre, la explotación y el genocidio.

En resumen:

vista la fábula cósmica, puestos ya en la que es realidad y realización de la naturaleza; es decir, puestos honradamente en su valoración objetiva y en su historia cierta, esté escrita o no;

atendiendo también honradamente a que pueda ser necesario corregir la conducta histórica y escribir otras páginas,

se hace evidente

que el hombre, la soledad, el genocidio y la democracia

fueron determinantes de que, como dijo un poeta alucinado,

"brotase el bronce en las ramas inmóviles".*

______

*El escrito ut supra, con o sin los párrafos que aparecen en esta nota, es, lógica y necesariamente, una propuesta de lectura. El autor quiere ofrecerla especialmente a quienes tienen sus convicciones ancladas al valor de la Democracia. Con gratitud en principio por este anclaje, y en definitiva por su voluntad de ser sinceramente críticos con las realidades naturales e históricas. Incluidas, obviamente, las realidades democráticas (...)

.................

diciembre 14, 2020

Guerra y Paz

 Fernando Broncano R    11/11/20

Acabé hace dos días la serie inglesa "Guerra y Paz", una versión de Tolstói que, como alguien ha escrito, parece suceder en Inglaterra si no fuese por los profundos cantos rusos que subrayan las muertes de la historia. Steiner tenía razón en Tolstói o Dostoievsky. Son los dos más grandes novelistas de la historia. Ambos escriben sobre la posibilidad de redención humana en un mundo desbocado. En GyP, la serie lo subraya bien, varios personajes de la aristocracia buscan algún sentido a sus vidas aburridos de las interminables fiestas en los salones de San Petersburgo y Moscú. Todos ellos bajarán a los infiernos antes de morir o, algunos, encontrarle un sentido a su existencia. Nadie como Tolstoi para comparar lo grande y lo pequeño: los enormes espacios de las estepas rusas incendiadas por los ejércitos de Napoleón, llenas de cadáveres´, donde se enfrentan las fuerzas inconmensurables de la historia, y, paralelamente, los espacios de intimidad de salones y dormitorios, donde se debaten las ansiedades de los personajes. Tolstoi es muy consciente de que ambos espacios se necesitan para dar cuenta de la vida. A diferencia de Dostoievsky, cuyos personajes están determinados por su historia, temperamento o carácter, los de Tolstói se transforman bajo las contingencias de la historia, ciega pero ordenada por los autoengaños e impulsos de quienes la hacen. Envueltos en azares y causas, sin embargo, terminan encontrando un lugar en el mundo. Su filosofía de la acción es bien conocida: la no acción del pueblo ruso ante Napoleón no era ni cobardía ni derrota. A medida que se retiraban, sin huir, ese pueblo descubría en lo más hondo la voluntad de existencia. Paralelamente, los protagonistas, en su dejarse llevar por los azares, desvelaban ante sus previos autoengaños sus verdaderos miedos y deseos y se convertían poco a poco, de fracaso en fracaso, en agentes y personas.

 · Serie completa · 1 Temporada · 45min/ep.  

Lujosa superproducción dirigida por Tom Harper  que adapta la célebre novela de León Tolstói. Con Lily James, Paul Dano y James Norton al frente del reparto.
.................

Poema: EL DISCURSO DEL MÉTODO, de Jesús Urceloy

 

Candela Ypunto     24/10/20    
Jesús Urceloy

EL DISCURSO DEL MÉTODO
Las palabras sencillas
casa silencio amiga pan ternura
las acciones sencillas
besar tocar las manos que nos tocan
ponerse serio cuando algunos gritan
conjugar algún verbo apenas dulce
por ejemplo
bañarse yo me baño con vosotros
nos bañaréis aquel te bañará
los actos de crueldad
ellos tienen la culpa
voy a cerrarte el libro
me has gastado el amor
nunca has llegado a tiempo
y los actos de suma inteligencia
vendrán para reírse de nosotros
desde esta casa no vemos el mar
las palabras lo explican bien repito
las palabras sencillas
se creerá el idiota
ya no duele
empecemos de nuevo
por favor
las palabras sencillas
me dijo algunas hojas se han caído
tú casa tu silencio
amiga pan ternura
Jesús Urceloy / 2020