julio 05, 2009

La Columna de los 8000: Daalla

(Copiado del blog Fusilados de Torrellas que lo publicó el domingo 21 de junio de 2009. Su autor firma como Daalla y está bastante autorizado para tratar este tema. Tema que nos afecta a todos los que aquí vivimos y más a los que lo vivieron. Presentado aquí el pasado 17/7. PAQUITA) fusiladosdetorrellas.blogspot.com/
“Aunque el otoño de la Historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de vuestros sueños”.
Miguel Hernández.

Sólo 15 días después del alzamiento fascista de julio de 1936, salen desde Sevilla hacia Madrid las columnas del comandante Castejón y del teniente coronel Asensio. Atraviesan Extremadura utilizando la carretera que sigue la antiquísima Vía de la Plata. Deben conquistar Badajoz y unir los territorios controlados por los golpistas tanto al sur como al norte de España.

Van tomando, como frutas maduras, todas las poblaciones atravesadas por la Vía de la Plata. Tienen la orden de ejecutar sistemáticamente, en cada pueblo, a todos quienes tengan algo que ver con la República, con partidos, sindicatos o cualquier otra organización de izquierdas.

Este proceder, unido a la sangrienta toma de Badajoz y a las prácticas represivas tomadas allí, generan el éxodo de miles de republicanos que intentan escapar del horror y de la muerte huyendo hacia el último territorio de la provincia de Badajoz bajo control del gobierno de la República.

A finales de agosto la bolsa republicana se limita solamente a las comarcas de Jerez de los Caballeros y Fregenal de la Sierra. Todos los pueblos cercados se ven desbordados ante la llegada de miles de personas en desbandada. Alojar y alimentar a tantísima gente es un problema sin solución.

Todos saben que, aunque por el momento han huido de una muerte segura, en cuestión de poco tiempo esa zona también será conquistada, así que organizan como pueden una huida.

Como hemos visto, algunos optan por pasar la Raya e internarse en Portugal, arriesgándose a ser detenidos por la PIDE portuguesa y devueltos a los soldados franquistas, que los fusilarán de inmediato, o a los grupos paramilitares falangistas, que les pegarán un tiro en cualquier lugar, dejándolos allí abandonados. Un grupo de unas 1400 personas se salvan gracias a la solidaridad del pueblo portugués de Barrancos y a la valentía y humanidad del teniente Seixas. Muchos otros no tendrán tanta suerte.

Miles de personas acaban acampadas en la estación de ferrocarril de Fregenal de la Sierra, ocasionando una situación caótica en una población que casi triplica su población normal. El 15 de septiembre están ya desesperados por salir de esta ratonera, así que deciden intentar llega hasta Azuaga, en poder de los republicanos, utilizando vías de comunicación secundarias para intentar pasar inadvertidos, recorriendo unos 100 km de caminos. En Azuaga, dicen, estarán seguros y tendrán el camino abierto hacia Madrid.

Una columna compacta de alrededor de 8000 personas sale desde la estación de tren de Fregenal, guiada por algunas personas conocedoras de los caminos. Este número es el que da nombre a la expedición. La mayoría de sus miembros son personas sencillas, que huyeron de sus pueblos por miedo o por sus ideas políticas. También mujeres y niños. Familias enteras que llevan en bestias de carga los pocos enseres a los que no han querido renunciar. Hay también un buen número de personas muy significadas en el organigrama republicano de sus respectivas poblaciones.

Tras pasar Segura de León, la columna se interna en la Cañada Real Leonesa Occidental, en dirección a Fuente de Cantos. Pero deben de pasar un momento peligroso: cruzar la Vía de la Plata. La cruzan de noche para evitar posibles refriegas con los sublevados.

Miles de personas atraviesan un paisaje de dehesas. Lo primero que se ve de la columna es una gran nube de polvo provocada por la sequedad del terreno en época estival. Todos padecen por la falta de agua. Ha sido un verano caluroso y los arroyos y charcas están secos. Cada familia lleva sus propias provisiones.

A pesar de las dificultades, se avanza a marchas forzadas. Saben el peligro que corren. Para hacer frente a posibles ataques, la vanguardia está compuesta por milicianos armados con escopetas de caza, fusiles y alguna bomba de mano de fabricación casera. Una mujer a caballo va continuamente arengando y animando a los miembros de la columna para que continúen avanzando.

Pero Queipo de Llano en Sevilla conoce todos sus movimientos gracias a los informadores que tiene en la zona, y a un avión de reconocimiento. Sabe que se trata de una columna de fugitivos formada prácticamente sólo con civiles, pero decide atacarla como si se tratase de un ejército regular. Sólo espera el momento y el lugar oportunos.

Del ataque se encarga un contingente de soldados, guardias civiles y falangistas al mando del comandante de Llerena, Gómez Cobián.

Al atardecer del 17 de septiembre la columna está ya cerca de la zona republicana y de la libertad. Pero los fascistas les esperan en el Cerro de la Alcornocosa, donde han montado estratégicamente varias ametralladoras.

La columna ya está a tiro. Desde su privilegiada posición las tropas de Gómez Cobián masacran a todos, hombres, mujeres y niños, muy superiores en número pero prácticamente desarmados.

Confusión, gritos, horror…Unos pueden pasar, otros retroceden. Todos salen huyendo en desbandada. Familias que se separan no saben aún que no volverán ya jamás a encontrarse.

Nunca se sabrá el número exacto de víctimas. Muchos de los que sobreviven se dirigen a las vías del tren situadas a unos tres kilómetros. Atravesarlas significa la salvación, pues al otro lado se encuentra la zona republicana. Pero cuando llegan, los fascistas les tienen reservada la sorpresa final: desde una máquina de tren con dos vagones emplazados en la vía, disparan a todo aquel que intenta pasar.

Sin embargo, un goteo constante de sobrevivientes consigue pasar durante la noche y llegar, heridos y agotados, a Azuaga. Desde allí saldrán hacia Madrid donde, tiempo después, formarán el Batallón de los Castúos, formado casi enteramente por milicianos extremeños.

Los que retroceden tienen que internarse en la sierra, donde no saben qué camino tomar. Saben que no pueden volver a sus pueblos, porque en ellos les espera la muerte. Van a estar meses vagando sin rumbo, caminando por la noche y escondiéndose de día, acosados por soldados y guardias civiles que les van haciendo prisioneros o matando poco a poco. Nunca sabremos el número de fosas comunes en los que fueron inhumados, a menudo excavadas en el lugar mismo donde fueron abatidos.

Unas 2000 personas son capturadas, sin utilizar medios violentos, por un reducido grupo de soldados y falangistas al mando del capitán Tassara el cual, disfrazado de miliciano, utiliza una bandera republicana y un megáfono consiguiendo engañarles, desarmarles con la promesa de darles mejores armas y conducirles hasta Fuente del Arco.

Llegados a esta población, descubren el engaño, son rodeados en la plaza por tropas de regulares. Y allí mismo, en un rincón, comienzan a ejecutar a muchas personas. Los republicanos, desesperados, intentar escapar por las azoteas de las casas. Pero son detenidos y ejecutados. Los que quedan son transportados en tren hasta Llerena.

Una vez en Llerena, confinados y separados por sexos, los prisioneros son identificados. Se piden informes a los ayuntamientos de origen. La vida o la muerte de los prisioneros depende de lo que quieran contar sobre ellos sus propios paisanos. Muchos alcaldes y “gentes de orden” del nuevo régimen se desplazan a Llerena con el fin de liberar a unos y acusar a otros.

Algunos son trasladados a sus pueblos de origen donde les dan muerte, como en Zafra. Otros presos andaluces y algunos considerados de especial relevancia son confinados en el barco-prisión Cabo Carboeiro, anclado en el puerto de Sevilla.

En Llerena, mientras tanto, un camión lleno de presos se traslada cada madrugada al cementerio. Los vecinos escuchan sus lamentos. Saben que les espera la muerte.

Allí son obligados a cavar sus propias tumbas y un soldado al que se le escucha vanagloriarse por lo que hace los fusila con una ametralladora. Los disparos se escuchan en todo el pueblo. Y así, durante un mes. Nunca se sabrá el número de asesinados, pues muchos cadáveres fueron quemados al no caber ya en las fosas.

Curiosamente estos hechos, que después de la matanza de Badajoz pueden ser el suceso represivo más importante de toda la Guerra Civil en Extremadura, tan trágicos o más que el Bombardeo de Guernika o los asesinatos de la Carretera de Málaga a Almeria, no aparecen en los libros de historia.

El responsable primero de los hechos es el jefe militar de Llerena, Gómez Cobian. En un escala inferior están el teniente Miranda y el capitán Tassara, que recibió la medalla al mérito militar por tan “honorable” acción de guerra. Además las autoridades locales, curas, falangistas, guardia civil…Pero todos tenían órdenes superiores de Sevilla. Éstas y otras acciones represivas estaban perfectamente planificadas por los militares golpistas, a cuyo frente estaba un viejo conocido, el carnicero, el criminal contra la humanidad Juan Yagüe.
Este criminal, que sembró Andalucía y Extremadura de fosas comunes es el culpable de que a día de hoy, 73 años después, miles de familias de ambas comunidades sigan sin saber qué pasó con sus abuelos y dónde están enterrados.

Este criminal, que no escatimó esfuerzos en hacerse ver en misa, defendiendo iglesias o rezando ante imágenes, mientras amedrentaba al pueblo en la radio o firmaba sentencias de muerte, “descansa” enterrado con todos los honores en la Macarena de Sevilla, cuya imagen luce la madrugada de cada Viernes Santo el fajín del general.

* Esta entrada ha sido realizada a partir del artículo de Ángel Hernández García, publicado en el nº 8 de a revista Trasversales, versión electrónica, de otoño de 2007Ángel Hernández es además, co-autor del documental La columna de los ocho mil. Otras webs y blogs consultados han sido: Info Alternativa Extremadura, y “La columna de los 0cho Mil” de Jon Kepa.

* Cartel del estupendo documental de Producciones Morrimer sobre la Columna de los 8000, con los testimonios de varios supervivientes

* Detención de republicanos en un pueblo andaluz o extremeño. Foto tomada de la web "Todos los rostros".

* Estación de ferrocarril de Fregenal de la Sierra, 1918. Foto tomada de "Rincones Extremeños", página web de la Diputación de Cáceres, archivo y Biblioteca.

* La más conocida fotografía de la Columna de los Ocho Mil, procedente del documental aludido.

* Grupo de milicianos extremeños. La foto está tomada del blog mencionado en la anterior.

* Mapa que recoge parte de las provincias de Badajoz y de Sevilla, con Fregenal de la Sierra como centro, y las diversas poblaciones por las que pasó la Columna de los Ocho Mil.

* Barco-prisión Cabo Carboeiro. Anclado en el puerto de Sevilla, se vieron entrar a muchos, pero pocos volvían a salir.

* Fusilados en Llerena, en la misma calle. La foto está tomada de la web "Todos los Rostros", y quizás pueda ser atribuída al periodista portugués Mario Neves.

* Abril de 2007. Acto en el cementerio de Llerena para enterrar los restos de 36 republicanos asesinados en 1936 y hallados en fosas comunes en 2005. Foto tomada del diario El Periódico, edición de Extremadura.

* La Macarena luciendo el fajín de gala del sanguinario Queipo de Llano. La iglesia católica hace ímprobos esfuerzos para limpiar, desde su emisora de radio, la imagen del miserable general.

* Fusilamiento de jornaleros en Llerena. Foto tomada de la web mencionada en la anterior.


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