marzo 05, 2026

CTXT. Limpiarse el culo con la mierda de Trump, de Constantino Bértolo

 Constantino Bértolo 14/01/2026

Las buenas y serviles conciencias europeas se han tragado las acusaciones contra Maduro, y la única queja es que no se ha respetado el derecho internacional

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No pasa nada. Fuerzas del Imperio USA, sin previa declaración de guerra ni hostias, bombardean bases militares e instalaciones civiles en Venezuela, asaltan la residencia del presidente, lo capturan y lo trasladan maniatado, junto a su mujer, a una cárcel bajo la acusación, entre otras, de narcotraficante y poseedor de armas de fuego. Y a los buenos europeos se nos abren las servidumbres: ¡esos no son modales, aunque Maduro se lo tiene bien merecido!

Lo más curioso es que en Venezuela tampoco parece haber sucedido demasiado. Cierto que el presidente ya no está: la vice se hace presi y el ejército respalda la nueva servidumbre. Conclusión general: Maduro la había cagado y además bastante ilegítimamente (lo de “bastante” es fundamental para entender la película). Petro, el presidente de Colombia afirma que “la posición de Estados Unidos sobre Venezuela no se aleja tanto de la mía”, mientras que Pedro Sánchez, ese presi bajo cuyo gobierno se ha renunciado, en favor de Marruecos, a la soberanía del pueblo saharaui sobre su propio territorio, se ofrece para mediar en una “transición pacífica” en la que Maduro, hay que suponer, ya solo sea esa mierda de la que Trump nos libró al tirar de la cadena. La mierda para quien la trabaje. La transición como olvido, silencio y transacción, al igual que aquí el alborozo democrático por la llegada de aquel príncipe Juan Carlos, que en 1975 firmó –virginalmente, sin romperse ni mancharse– las últimas condenas a muerte del franquismo

Las buenas y serviles conciencias europeas –acaso con Zapatero como asteroide fuera de órbita– se han tragado como argumento el diluvio de mierda que Trump ha venido evacuando sobre Maduro y la única piedra de grave escándalo, al parecer, es el hecho de que no se haya respetado el derecho internacional. ¡Los modales, por favor, los modales!

Lo que más sorprende es que, apenas una semana más tarde, el pobre Nicolás Maduro y señora ya han desaparecido de la realidad. Como si hubieran sido trasladados a ese inodoro tan higiénico y exacto que ni huele ni mancha ni deja mal sabor alguno donde también se encuentran Jacobo Arzens (Guatemala), Maurice Bishop (Granada), Manuel Noriega (Panamá) o Salvador Allende (Chile).

Lamentable, en mi opinión, es ver a Maduro aceptar ser juzgado por un juzgado y un juez que no tienen ningún derecho a juzgarle. Por unas leyes que jamás votó ni aceptó. Más paradójico aún sería verle acogerse al derecho a no contestar que la quinta enmienda de la Constitución de la nación que le ha capturado concede a sus ciudadanos. Secuestrado por la Justicia. La Justicia como cepillo para limpiar la taza del váter y Europa con diarrea ideológica.

Mucho se ha discutido la semántica del caso, pero el término secuestro parece ser el más conveniente. Secuestro con violencia y la correspondiente exigencia de rescate (petróleo y servidumbre) sin que medie promesa alguna de liberación de los secuestrados. ¿Y para los no secuestrados qué queda? Desgarro y el rasgarse de las vestiduras democráticas. Limpiarse la impotencia echándole, aunque sea discretamente, la culpa a Maduro. Al fin y al cabo, como bien sabe el capitalismo, las víctimas del poder siempre son las culpables.

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