Lucio Martinez Pereda 31/1/2026
Los “demonios familiares” del señor Perez Reverte
A Perez Reverte le encantan- quiero pensar que por ignorancia - los mitos propagandísticos del Franquismo. Su preferido es el “ cainismo” histórico de España : la idea extenuadamente propagada por el franquismo desarrollista para hacer creer que los españoles no se podían gobernar a sí mismos como cualquier otro país democrático
La propaganda del cainismo español histórico- reedición desencantada de la antaño falangista unidad de destino en lo universal- fue un mito pseudo antropológico que el franquismo industrializó cuando quiso presentarse como garante del orden ante la incapacidad de autogobierno de un pueblo al que no le convenía la democracia.
Durante el desarrollismo este relato sirvió de coartada histórica para legitimar la “mano firme” y para desactivar cualquier tentativa de autogobierno democrático. El régimen, consiente de que su propaganda de cruzadas y banderas estaba fatigada , necesitaba dotar de sustancia historicista a su autoritarismo; necesitaba convencer al país de que Franco no impedía la democracia, sino que la salvaba de sí misma. De ahí brotó el mito persistente de que las guerras civiles son un destino genético de lo español, no el resultado de una estructura política y social conscientemente diseñada para impedir la democracia
Reverte, cuando lamenta con pose que aparenta culta resignación el “odio eterno entre españoles” o invoca a la España que “no se soporta a sí misma”, reproduce eslóganes propagandísticos franquistas. Pero esos “mitos del carácter” no son ni ciencia, ni historia, ni mucho menos una conclusión personal inocentemente a- política: son psicología colectiva de baratillo para lectores imbecilizados y probablemente algo más que procede de la dramática experiencia familiar del señor Reverte
* Sobre la fotografía. A Arturo Perez le gustan los sombreros a lo Bogard y convertirse a si mismo en un pastiche de una masculinidad que pareciendo elegante es en realidad ridícula y oxidada. Lo suyo no es tanto una estética como la arqueología sentimental de una impotencia vital : rescatar el gesto varonil de un mundo que sólo existe en su nostalgia e idiotez. Dicho con palabra española no traducible a otros idiomas : es un gilipollas
+ Lucio Martinez Pereda 28/1/2026
Arturo Pérez-nostalgias imperiales
Arturo Pérez-nostalgias imperiales, ha debido aplazar sus jornadas sobre la Guerra Civil ante el plantón de varios historiadores . Su obra siempre ha sido un artefacto de blanqueo sutil: hidalgos en lugar de verdugos, duelos caballerescos en vez de fusilamientos sumarios, y un toque de virilidad castrense que huele a retaguardia franquista. Quiere vendernos una Guerra Civil despolitizada, épica y cinematográfica, donde las fosas comunes son meros decorados y el hambre de los vencidos, una exageración sentimental . Pero la memoria no se deja embaucar por novelas de quiosco. Los que se negaron a acudir saben que el barniz literario no basta para maquillar el revisionismo. Pérez-Reverte podrá seguir firmando manifiestos contra la “memoria sectaria”, pero solo le harán caso incautos e indocumentados
Reverte no es un inocente cultivador de la novela histórica; es el epígono de una tradición propagandística que, bajo el disfraz del escepticismo, reintroduce en la esfera literaria las viejas tesis de la simetría moral entre los bandos de la Guerra Civil.
Aquella idea- la de una responsabilidad compartida, un “todos fuimos culpables”- fue uno de los inventos ideológicos más eficaces del franquismo tardío. Manuel Fraga Iribarne, desde su Ministerio de Información y Turismo, la articuló en clave política y cultural . Se trataba de sustituir el análisis histórico por la metáfora reconciliadora, el crimen por la fatalidad, y la violencia planificada del golpe de 1936 por un supuesto estallido colectivo de barbarie civil. La operación era clara: si todos fueron culpables, nadie lo fue.
En ese continuo de transmisión ideológica, Pérez-Reverte ocupa una posición clave. Su narrativa del desencanto político y moral, que aparenta neutralidad y distancia cívica, recoge conscientemente el impulso revisionista que quiso dar algo de legitimidad a la dictadura durante su etapa final de modernización desarrollista
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