Observo
cada vez más comentarios movilizadores sobre "la necesidad de luchar
contra el fascismo". Algo que, expresado en esos términos, me atrevo a
decir que es ahora, cuando menos, discutible en cierto sentido. El
"fascismo" como gran fetiche también está sirviendo para tonificar y
revitalizar la coartada de un viejo "nosotros" que ya no existe. No
olvidemos que sería absurdo que el fascismo, el gran trauma de la
izquierda -y del liberalismo- del siglo XX, sirviera para resu
citar
a esa Izquierda y sus mismos errores sectarios en el siglo XXI. Tampoco
mimetizarse con el enemigo va a solucionar nada, porque eso ya se
ensayó.
Y el monstruo que
viene, aun con rasgos parecidos, no es lo mismo que en los treinta.
Cuidado con las analogías. Costó ver su forma en el pasado siglo porque
ópticas ideológicas rígidas no permitían apreciar bien su condición
viscosa. No estamos en mejores condiciones hoy.
Es como si, a
veces, en esta lucha se apelara a un nosotros ya perdido frente a un
"ellos" también perdido. Si esta batalla no debe ser ya melancólica sino
contemporánea, la exhortación a decir "fascista" sin complejos no es
superar la pusilanimidad, puede ser, en ocasiones, combatir también
contra molinos de viento y derrochar energías que se necesitan en otros
espacios menos espectaculares.
Está bien el quijotismo y genera
buena conciencia moral, pero políticamente es inútil. Dicho esto, esta
reflexión no pretende ser en absoluto un llamamiento a la
condescendencia, a no hablar del asunto para no darle bola o a una
comprensión cómplice del problema, sino a una inteligencia crítica capaz
de desenvolverse en situaciones concretas, dando respuestas concretas.
Hay que trabajar mejor, con más finura, sobre todo desde los medios. Y
llamar con gran énfasis a "la movilización contra el fascismo", pensar
que el monstruo solo está fuera de la normalidad o generar cordones
inmunitarios no es siempre inteligente.
#NoAlimentemosAlMonstruo
..........................