noviembre 02, 2021

Literatura, compromiso y transformación social | Por José Saramago

  julio 30, 2021  BLOGHEMIA.COM

Artículo del escritor José Saramago, publicado  originalmente en el nº 119 de la revista Quimera, en junio de 1993

“El mundo se está convirtiendo en una caverna igual que la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son la realidad”.  José Saramago
Aunque pueda humillar a ciertas vanidades literarias más inclinadas de lo que aconseja la modestia a magnificar su papel, no tenemos más remedio que reconocer que la literatura no ha transformado ni transforma socialmente al mundo, y que el mundo es el que ha transformado y va transformando, y no sólo socialmente, a la literatura

Repito estas palabras lentamente -literatura, compromiso, transformación social-, pronuncio las sílabas como si en cada una de ellas todavía se escondiese un significado secreto a la espera de ser revelado o simplemente reconocido, intento reencaminarlas para la integridad de un sentido primero, restauradas del desgaste del uso, purificadas de las vulgaridades de la rutina, y me encuentro, sin sorpresas, ante dos vías de reflexión, quién sabe si las únicas posibles, recorridas ya mil veces, es cierto, pero a las que nuestro ineludible destino regresa siempre, cuando la continua crisis en la que viven los seres humanos -seres en crisis, por excelencia, y humanos quizás por eso mismo deja de ser crónica, habitual, para volverse aguda y, al cabo de un tiempo, culturalmente insustentable. Como parece ser la situación de este hombre que hoy somos y de este tiempo en que vivimos.

La primera vía de reflexión, que desde ahora, y pidiendo perdón a quien piense lo contrario, me atrevería a calificar de ingenua sería la de una tendencia muy corriente que consiste en incluir a la literatura entre los agentes de transformación social, entendiéndose tal denominación, en este caso, no tanto como referida a las consecuencias sociales de los factores estéticos, pero sí a supuestas influencias determinantes, en el orden ético y en el orden axiológico, independientemente del carácter positivo o negativo de sus manifestaciones. De acuerdo con este modo de pensar, y extrapolando, en beneficio del raciocinio, contenidos y formas históricamente diferenciados, para poder abarcar en una única visión la enseñanza, la literatura y la cultura en general, tendríamos que coincidir hoy, a pesar de los desmentidos trágicos de la realidad, con la panglosiana convicción de nuestros ochocentistas y optimistas abuelos, para quienes abrir una escuela equivalía a cerrar una cárcel. Que vengan las estadísticas escolares y judiciales a decimos si la masificación de la enseñanza se ha configurado, de hecho, como suficiente prevención o antídoto eficaz contra la masificación de los crímenes, que es, sin duda, una de las características de nuestro fin de siglo…

Dejemos entonces las escuelas a un lado, dejemos a otro lado la cultura en general, dejemos el arte, la filosofía y la ciencia, para cuya adecuada ponderación me faltarían el saber y la autoridad, y volvamos a la literatura y a su relación con la sociedad. Vamos a mantenemos discretamente en los dominios de lo ético y lo axiológico (sin los cuales hay que reconocer que cualquier examen de una transformación social determinada, sea cual sea su época, tendría que satisfacerse con poco más que una tabla de pesos y medidas) y reconozcamos, por mucho que esa verificación castigue nuestra confianza, que las obras de los grandes creadores literarios del pasado, de Homero a Cervantes, de Dante a Shakespeare, de Camoens a Dostoievski, a pesar de la excelencia de pensamiento y la suerte de belleza que diversamente nos propusieron, no parecen haber originado, en sentido pleno, ninguna transformación social efectiva, aun teniendo una fuerte y a veces dramática influencia en comportamientos individuales y generacionales. En el plano de la ética, de los valores, del respeto humano, apetece decir, sin cinismo, que la humanidad (me estoy refiriendo, claro está, a lo que solemos designar mundo occidental) sería exactamente lo que es hoy si Goethe no hubiera venido al mundo. Y que, reforzando esta idea, no consta que la lectura de los Fioretti de San Francisco de Asís hubiese salvado siquiera a una sola de las víctimas de la Inquisición…

Es admisible, entonces, afirmar que la literatura, aun cuando por razones religiosas o políticas se dedicó a un misionarismo de buenos consejos y a una ingeniería de almas nuevas, no sólo no contribuyó, como tal, a una modificación positiva y duradera de las sociedades sino que provocó, muchas veces, insanos sentimientos de frustración individual y colectiva, resultantes de un balance negativo entre las teorías y las prácticas, entre lo dicho y lo hecho, entre una letra que proclamaba un espíritu y un espíritu que no se reconocía en la letra. Bastante más fácil sería, para quien se empeñe en descubrir en todas las cosas mutuas relaciones de causa-efecto, reunir pruebas de la maléfica influencia de la literatura(de una parte de ella, por lo menos) en las costumbres y en la moral, y por lo tanto en la sociedad, tarea, además, bastante favorecida por la presencia obsesiva, por ejemplo, de algunas de esas obras y algunos de esos autores en el imaginario sexual de millones de personas, alimentando de fantasmas y fantasías. A los que, de otro modo, faltarían referencias, abono, modelos, en otras palabras, una completa filosofía de la vida… Entendidas así tales relaciones, y adoptando la actitud, más común de lo que se imagina, de aquéllos que creen que algo sólo tiene verdadera existencia a partir del momento en que existe la palabra que lo nombra, el sadismo se habría revelado al mundo cuan do el Marqués de Sade, siendo un niño, le arrancó por primera vez las alas a una mosca, y el masoquismo también tuvo que esperar el día en que la pequeña alma de Sacher-Masoch, tal vez a la misma edad, e imitando, sin saberlo, el ejemplo de los místicos de todas las religiones, entendió que era primero posible, y después deseable pasar del sufrimiento en el placer al placer en el sufrimiento. Al cabo de milenios, después de una larguísima espera, de tanto tiempo perdido, el sádico y el masoquista pudieron finalmente encontrarse, reconocerse como complementarios y, de esta forma, inaugurar la felicidad.

Este camino, tan breve, por la primera de las vías de reflexión que se nos presentan, aquélla que se asentaba en el presupuesto de que la literatura, independientemente del significado moral o amoral de sus expresiones, habría ejercido o ejercería todavía influencia en la sociedad, al punto de constituirse como uno de sus agentes transformadores, nos ha conducido, creo, a una conclusión pesimista y aparentemente no extrapolable: la de su irresponsabilidad esencial. Irresponsabilidad, digo, en el sentido restringido de que no será legítimo atribuir al ciclo de La Guerra de las Dos Rosas de Shakespeare, tomemos este ejemplo, la culpa de un eventual aumento, en número y en gravedad, de los crímenes públicos o privados en general, como de la misma manera no tendremos derecho a acusar al autor de Ricardo III de no haber podido lograr, gracias a lo que se espera sea la lección amonestadora y edificante de toda la tragedia, que los reyes y los presidentes se mataran menos y los particulares se respetasen más. Unos a otros y a sí mismos, debe añadirse.

Si la literatura es de hecho irresponsable, en la doble acepción de que no le puedan ser imputados, aunque sólo sea parcialmente, ni el bien ni el mal de la humanidad, y por lo tanto no está obligada, ya sea para hacer penitencia como para felicitarse, a prestar declaración en ningún tribunal de opinión, si, por el contrario, actúa, en su hacerse, como un reflejo más o menos inmediato del estado mental de las sociedades y de sus sucesivas transformaciones, entonces, la segunda vía de reflexión propuesta, aquella que, quizá con excesivo radicalismo, precisamente acabaría por mostrar a la literatura como mero y obediente sujeto, incluso en sus aparentes rebeliones, se interrumpe cuando aún no habíamos dado los primeros pasos, reconduciéndonos así irónicamente al punto de partida, a la bifurcación de los caminos, a la eterna interrogación sobre lo que debe ser y para qué debe servir la literatura cuando, en la vida cultural de los pueblos, se instala el sentimiento inquietante de que, no habiendo aparente mente dejado de ser, manifiestamente ha dejado de servir. Aunque el determinismo de la conclusión puede humillar ciertas vanidades literarias, más inclinadas de lo que aconsejaría la modestia a magnificar su papel en la República de las Letras y en la sociedad en general, pienso que no tendremos más remedio que reconocer que la literatura no ha transformado ni transforma socialmente al mundo, y que el mundo es el que ha transformado y va transformando, y no sólo socialmente, a la literatura. Puesta así la cuestión, en términos simples, se objetará que después de que nos han cerrado los caminos, ahora vienen a cerramos las puertas y que, encerrado en este círculo, vicioso y perverso como ninguno, al escritor, como tal, no le quedará nada más que trabajar sin esperanza de influir realmente en la vida de su época, limitado a producir los libros que la necesidad de diversión de la sociedad, sin su parecer, le va encargando, y con los cuales se satisfacen él y ella, o, en el caso de haber sido reconocido al proyectarse sobre el cosmos, como poseedor del talento suficiente, escribir obras que su tiempo comprenderá mal o a las que será hostil, dejando al futuro la responsabilidad de un juicio definitivo que, eventualmente seguro y justo en ese caso específico, incurrirá, infaliblemente, en errores de apreciación cuando, en el presente, sea llamado a pronunciarse sobre las obras contemporáneas. En verdad, el escritor cuando escribe no se encuentra solo, está también rodeado de oscuridad, y creo que no abusaré de mi limitada facultad de imaginar si digo que hasta la propia luz de la obra -poca o mucha, todas la tienen lo ciega. De esta particular ceguera no lo podrá curar ninguna crítica, ningún juicio, ninguna opinión, por más fundamentadas y útiles en algunos planos que se le presenten, ya que son emitidos, todos ellos, desde otro lugar.

¿En qué quedamos entonces? Si las sociedades no dejan transformar por la literatura, aunque ésta en alguna que otra ocasión pueda haber tenido en las sociedades alguna influencia superficial, o si por el contrario, es la literatura la que se encuentra permanentemente acosada por sociedades como éstas de hoy, que no exigen más que las fáciles variantes de una misma anestesia del espíritu que llaman frivolidad y brutalidad, cómo podremos nosotros, sin olvidar las lecciones del pasado y las insuficiencias de una reflexión dicotómica que se limitaría a hacer nos viajar entre la hipótesis, nunca satisfactoriamente verificada, de una literatura agente de transformaciones sociales, y la evidencia de una literatura, esta otra, que no parece ser capaz de hacer más que recoger los destrozos y enterrar las víctimas de las batallas sociales, ¿cómo podremos, insisto, aunque provoquemos la burla de las futilidades mundanas y el escarnio de los señores del mundo, volver a un debate sobre literatura y compromiso, sin que parezca que estamos hablando de restos fósiles?

Espero que en un futuro próximo no falten respuestas a esta pregunta y que cada una de ellas, o todas juntas, puedan hacernos salir de la dolorosa y resignada parálisis de pensamiento y acción en que parecemos complacemos. Por mi parte, me limito a proponer, sin más rodeos, que regresemos rápidamente al Autor, a esa concreta figura de hombre o mujer que está detrás de los libros y sin la cual la literatura no sería nada, no para que nos diga cómo escribió sus grandes o pequeñas obras (lo más probable es que no lo sepa), no para que nos eduque y nos guíe con sus lecciones (que muchas veces es el primero en no seguir), sino, simplemente, para que nos diga quién es, en la sociedad en que estamos él y nosotros, para que se muestre todos los días como ciudadano de este presente, aunque, como escritor, crea estar trabajando para el futuro. El problema no está en que, supuestamente, se hayan extinguido las razones y las causas de orden social, ideológico o político que, con resultados estéticos tan variables en cuanto a las intenciones, llevaron a lo que se llamó literatura de compromiso, en el sentido moderno de la expresión; el problema está, más crudamente, en que el escritor, por regla general, ha dejado de comprometerse y que muchas de las teorizaciones en que hoy nos dejamos envolver no tienen otra finalidad que constituirse como evasiones intelectuales, modos de ocultar, a nuestros propios ojos, la mala conciencia y el malestar de un grupo de personas -los escritores- que, después de haberse observado a sí mismos, durante mucho tiempo, como luz divina y farol del mundo, añaden ahora, a la oscuridad intrínseca del acto creador, las tinieblas de la renuncia y de la abdicación cívicas.

Después de muerto, el escritor será juzgado según aquello que hizo. Reivindiquemos, en cuanto está vivo, el derecho a juzgarlo también por aquello que es.

Se cumplen 102 años desde que entró en vigor la ley que otorgaba a todos los españoles el derecho a la jornada laboral de 8 horas.

 Gloria VS

Octubre 1919.

Se cumplen 102 años desde que entró en vigor la ley que otorgaba a todos los españoles el derecho a la jornada laboral de 8 horas.
Se obtuvo tras una dura lucha callejera y una huelga, meses atrás, que duró 44 días.
España fue el primer país en el mundo que instauró está consecución y posteriormente muchos otros países siguieron un curso similar.
TRABAJO, TECHO, PAN y DIGNIDAD eran y son, las continuas persecuciones del ser humano ante un sistema complejo y subdividido en desventajas y privilegios.
¡Qué nada ni nadie nos prive de nuestros derechos! ✊🏻

“Manual de Supervivencia: Consumo ConCIENCIA”, de CECU. Presentado: Alberto Garzón Espinosa

 Alberto Garzón Espinosa  30/9/21


Hoy he presentado en el Jardín Botánico de Madrid el texto “Manual de Supervivencia: Consumo ConCIENCIA”, de CECU. Se trata de una guía fundamental para la toma de decisiones de consumo individual y colectivo que sean sostenibles, es decir, que se basen en una dinámica de consumo que no rebase los límites biofísicos del planeta. Es muy importante que seamos conscientes de que nuestras acciones, por pequeñas que sean, dejan huella en el entorno natural en el que nos insertamos. El modelo de producción y consumo actual es insostenible y además de los cambios estructurales también podemos realizar cambios desde nuestras acciones de consumo.

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PERROFLAUTAS DEL MUNDO:    Los datos de Empleo son los mejores de los últimos 13 años. Ferreras y Vallés hablarán de volcanes


Ya lo hizo la ultraderecha en Chile: intentar reventar las economías domésticas para cabrear a los ciudadanos desinformados y...


noviembre 01, 2021

Clint Eastwood y Cry Macho. Introd. de Fernando Broncano

 Fernando Broncano R   1/10/21

Fui la otra semana a ver Cry Macho, un film menor pero curioso de
Clint Eastwood
. Protagonizado y dirigido por él a sus envidiables noventa y un años. Confieso mi debilidad por Eastwood, por su mirada entre conservadora y revolucionaria. En Grand Torino convirtió los male bonds, el lenguaje de los trabajadores masculinos en una reflexión profundísima sobre la masculinidad, algo que también está presente en esta película última. En A Million Dollar Baby hizo un film feminista sin quererlo. En Los puentes de Madison abogó por la revolución sexual en la edad adulta y aquí por la contraimagen de la vejez. En el cine, el viejo es siempre el marco para presentar la belleza corporal del protagonista masculino o femenino. El cine no es ni de autores ni de personas, dice Cavell, sino de personajes. Pues bien, la reivindicación del cuerpo dolido, caído, de una vida acabada que vuelve a empezar y enamorarse a los 91 años me parece un hermoso poema en letras minúsculas. Se ha hablado mucho de la juventud sin futuro, pero quienes no tenemos realmente futuro somos los viejos. Empezar la vida a los noventa y un años. Bravo viejo!

A. Serranía de Cuenca. Cañizares-Mirador Hoz de Tragavivos, tarde 24/10/2021

 Las fotos llevan una explicación y al relato lo precede un *asterisco. Lo copiado aparece "entrecomillado". Para VER las FOTOS, sus detalles, DEBEN AGRANDARSE clicando sobre ellas. Crónica de la mañana       https://paqquita.blogspot.com/2021/10/a-serrania-de-cuenca-ferrata-de.html                            

                       

6.- Foto de Blas. Mirador de la Hoz de Tragavivos.


1.- Pista que parte de Cañizares y acaba en un pequeño sendero a la Hoz.

2.- Poste caminos. A mitad del recorrido.

* Después de la comida, nos acercamos a Cañizares, desde donde parte la ruta a seguir.  Es pueblo arriba y enseguida te introduces en el pinar. 

En un alto de la pista, un poste indica que estás a mitad del camino. Así: 2 kms a dcha y 30´, a Cañizares. Mismos datos a izda.: mirador de la Hoz de Tragavivos. 

Las vistas son guapas, más ahora con los colores de otoño.

Deshacemos camino y volvemos a casa de Ana. Al día siguiente nos iremos a la nuestra.


3.- Majada en desuso, en el monte. Aquí llamada: Tinada


4.- Vista desde el mirador. Enfrente; Hoz Somera.


5.- Vista más a dcha.


7.- Panel explicativo del lugar.


8.- Fuente de Cañizares.










9.- Torre de la iglesia y sus campanas.

10.- Tuna, gata recién operada.


11.- Chispi. También gata. En lo que fue patio del colegio de Ribatajada.


12.- Gallinas, y dos gallos, en Ribatajada.

PAQUITA

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octubre 31, 2021

A. Serranía de Cuenca. Ferrata de Fuertescusa: El Castillo, 24/10/2021

 Las fotos llevan una explicación y al relato lo precede un *asterisco. Lo copiado aparece "entrecomillado". Para VER las FOTOS, sus detalles, DEBEN AGRANDARSE clicando sobre ellas. Crónica de día anterior         https://paqquita.blogspot.com/2021/10/a-serrania-de-cuenca-una-escaleron-raya.html


1.- Acercamiento a la ferrata Castillo, de 
Fuertescusa

2.- Las dos ferratas que hay: a izda. alguien subiendo y dcha., la que haremos

3.- Información, allí mismo.

4.- Ana, iniciando.

* El programa de nuestra vista lo confecciona Ana, nuestra hija. Hoy domingo toca ferrata en Fuertescusa, localidad recorrida anteriormente. 

Aparcamos junto al cementerio, cerca del inicio y sin problema de multitudes.

Nos equipamos: arnés, disipador, línea de vida y casco. Cuando nos acercamos a la base de la roca, vemos que hay alguien en la otra ferrata, la más dura, calificada de k4, la que sí ha hecho Ana. Comienza ella, detrás yo y Blas cierra.

5.- Foto de Ana. Grapas iniciales. Nosotros, detrás.

6.- Foto de Ana.

7.- Más, más arriba.


8.- Foto de Ana. A contraluz.

9.- Foto de Ana.


10.- Foto de Ana.  parque natural de la Serranía de Cuenca.


11.- Foto de Ana.

                             

12.- Foto de Ana.


13.- Foto de Ana.


14.- Foto de Ana.


15.- Más cerca de cumbre.


16.- Panorama en este punto.

17.- Continuamos subiendo.










18.- Eso...

19.- El papá.

* Cuando acabamos el primer tramo Ana nos comenta que ésta es más entretenida que la otra, que sube en vertical hasta la cumbre.

Sí apreciamos que tiene muchas más grapas que cualquier otra ferrata por la que hayamos pasado. 

Hay un ligero desplome en un punto, salvable rápidamente.

El recorrido, hasta el origen, nos costó 50 minutos. Lo cronometró Ana.


20.- Primera terraza. Son dos tramos.


21.- Pasarela que salva gran desplome en la roca.


22.- Foto de Blas.


23.- Ana, en la pasarela.


24.- Foto de Ana. Me voy ahorcando con el disipador.

25.- Vista desde el otro lado de la pasarela.












26.- Blas, pasando.


27.- Llegando al final del segundo tramo. Sabina, aquí.


28.- En lo alto del Castillo. Fuertescusa, al frente.


29.- Fuertescusa. Cerca: Cartel madera indicación bajada.


30.- Hoces del lugar.


Otras ferratas por las que hemos pasado, en Cuenca:


Ferratas de Priego: Buitreras, Estrecho+Pasarela, en 5/6/16, publicada el 21    http://paqquita.blogspot.com.es/2016/06/cuenca-priego-ferratas-buitreras.html

PAQUITA 

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PERROFLAUTAS DEL MUNDO:   Adiós a Calibri: Microsoft cambia la letra que usan por defecto millones de usuarios de Word, Excel o PowerPoint. Introd. de Fernando Broncano

Catalán, valenciano, palentino y otras lenguas, de Mikel Urretabizkaia


Lluís Rabell, traductor, activista y político español sobre la Ley Trans, de Nuria Coronado