junio 26, 2025

El increíble viaje de las golondrinas: cómo encuentran el camino de vuelta

 POR    26 DE ABRIL DE 2025

 

 
3.500 kilómetros en un mes, a razón de 120 kilómetros al día. Ese fue el viaje que llevaron a cabo dos golondrinas desde su nido en el aparcamiento subterráneo del campus universitario de la Universidad Autónoma de Madrid hasta sus zonas de invernada en países de África occidental como Burkina Faso, Costa de Marfil, Ghana o Mali.

Pero ¿cómo una golondrina que recorre esa distancia cuando llega el invierno es capaz de encontrar el camino de vuelta a su nido primaveral? A continuación, os mostramos las conclusiones (y las dudas) de varios estudios científicos en relación con la migración de las golondrinas y otras aves.

¿Por qué migran las golondrinas?

Definida la migración como “el acto de pasar de una unidad espacial a otra”, una gran cantidad de especies de aves realizan estos desplazamientos estacionales entre áreas de cría e invernada de forma regular cada año: algunas de ellas llegan a recorrer hasta 15.000 kilómetros entre un área y otra, como es el caso del busardo de estepa. Las golondrinas no llegan a estas cifras de récord, pero, como vimos, también vuelan varios miles de kilómetros.

Como se trata del ave con mayor área de distribución del mundo, presente en cinco continentes, ha sido muy estudiada por los científicos, utilizando modernas tecnologías de geolocalización lo que permite crear mapas de rutas migratorias.

Estos mapas, junto a los sistemas de geolocalización, permiten, a su vez, estudios pormenorizados como el que analiza el patrón migratorio de la golondrina en Asia, donde recorrieron más de 5.000 kilómetros en su viaje de ida y vuelta. A pesar de que la distancia fue similar en ambos recorridos, las golondrinas viajaron más rápido en primavera (de vuelta a su lugar de reproducción) que en otoño rumbo a la invernada.

Y la principal razón por la que las golondrinas realizan estos largos, costosos (y arriesgados) viajes es para asegurarse el alimento. La golondrina es un ave insectívora que se alimenta casi exclusivamente de insectos voladores como mariposas, polillas, hormigas, abejas, avispas o moscas. Teniendo en cuenta que muchos de ellos “desaparecen” también en invierno para protegerse del frío, la golondrina se ve obligada a buscar insectos disponibles en otras latitudes más cálidas: por eso viajan hacia el sur desde otoño.

De hecho, como explica este fantástico artículo de Scientific American las aves migratorias tienen una suerte de reloj interno con un ritmo anual que les indica cuándo deben migrar. Si bien es sencillo (y hasta obvio) explicar las razones por las que un ave migra (que no es muy diferente a la del desplazamiento estacional de cualquier otro animal o incluso del ser humano lo largo de su historia) sí resulta mucho más desafiante para los científicos explicar sus mecanismos fisiológicos y genéticos de migración. Es decir, sabemos por qué las golondrinas migran, pero ¿cómo migran?

Tres ‘brújulas’ para guiarse y un mapa mental con una precisión de centímetros

“Las aves heredan de sus padres las direcciones en las que deben volar en otoño y primavera”, nos dicen desde Scientific American, porque “cada progenitor tiene direcciones genéticamente codificadas diferentes”. Pero, entonces, la pregunta es: ¿cómo saben las aves diferenciar el sur del norte?, ¿cómo se guían en sus migraciones definidas genéticamente?

Los científicos consideran que las aves, como el caso de las golondrinas, tienen a su disposición (al menos) tres brújulas diferentes: la que les permite obtener información del sol, la que sigue los patrones de las estrellas en el cielo, y la que se basa en el campo magnético, siendo esta última la que despierta más fascinación (y dudas) entre la comunidad científica.

Pero, ojo, este sofisticado sistema de orientación está lejos de garantizar el éxito en cada viaje, especialmente los primeros: “Durante la primera migración, el ave construye un mapa mental que, en viajes posteriores, le permitirá navegar con una precisión de centímetros a lo largo de miles de kilómetros”, de forma que algunas aves se reproducen en el mismo nido y duermen en la misma percha en su área de invernada año tras año… volviendo de nuevo a su nido inicial cada primavera. En este sentido, “alrededor del 50 % de los pájaros cantores adultos regresan a su lugar de anidación para reproducirse cada año”.

Por ello la primera migración es tan importante… y tan arriesgada: “Esta es una de las razones por las que solo el 30 % de los pájaros cantores pequeños sobreviven a sus primeras migraciones a sus zonas de invernada y de regreso”.

Para afrontar este desafío vital, las golondrinas cuentan con el apoyo de sus sentidos, como vimos en el caso de las palomas, principalmente de la vista, el olfato y la magnetorrepción. En este sentido, “los científicos conocen a fondo los mecanismos biofísicos detallados de los sentidos de la vista y el olfato de las aves”. Pero el funcionamiento de su brújula magnética es otra historia: decenas de estudios han tratado de desvelar el misterio.

Se sabe que, por ejemplo, un pájaro puede detectar el campo magnético y el ángulo que forma con la superficie de la Tierra, la llamada brújula de inclinación, y que su brújula magnética depende de la luz (aunque sea de la “tenue luz de las estrellas”), por lo que también está vinculada a la vista.

Fue en 1978 cuando se propuso por primera vez que la brújula también dependía de transformaciones químicas magnéticamente sensibles, una teoría que ha sido ampliada hace dos décadas: “De experimentos como estos se desprende claramente que los sensores de la brújula magnética se encuentran en las retinas de las aves”.

Profundizando más en esta teoría, los científicos han especulado con que deben existir “moléculas sensoriales (magnetorreceptores) en la retina donde se pueden crear pares de radicales magnéticamente sensibles utilizando las longitudes de onda que las aves necesitan para el funcionamiento de su brújula”. Un experimento en esta línea trató de averiguar si estas moléculas pueden ayudar a las aves migratorias a guiarse.

De cualquier forma, esta clase de investigaciones no solo tienen un objetivo teórico, sino práctico, ya que pueden ayudar a proteger a las aves, especialmente a las más vulnerables, puesto que “reubicar a los individuos migratorios lejos de hábitats dañados rara vez tiene éxito, ya que las aves tienden a regresar instintivamente a esos lugares inhabitables”: por lo tanto, entendiendo su mecanismo migratorio tal vez “los conservacionistas tengan más posibilidades de convencer a los migrantes de que un lugar más seguro es realmente su nuevo hogar”.

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junio 25, 2025

Para el agrónomo Marcelo Warnes, el principal problema de la agricultura actual es la compactación de los suelos, pero está convencido de que puede resolverse con mayor “carga biológica”

 Liudmila Pavot    16 marzo, 2025



Cuando se le pregunta al agrónomo Marcelo Warnes cómo se define, con total espontaneidad responde que se identifica como “el loco Warnes”. Así lo comenzaron a llamar en su entorno hace unos 20 años atrás, cuando se adentró en el mundo de los bioinsumos y empezó a referirse al suelo como un elemento vivo. En aquella época y hasta el día de hoy, para el biólogo lo más preocupante es la compactación de ese recurso. Por eso para mitigarlo formula distintos productos de bajo impacto ambiental.

Pero la inclinación de Warnes hacia los biológicos no es por una tendencia o moda, sino que es su manera de hacerle frente a las consecuencia que dejó para la producción la llamada Revolución Verde, y la exigencia de producir más alimentos sin medir los costos ambientales, con agroquímicos y maquinaria cada vez más pesada.

“En los años 70 comenzó un cambio de paradigma que pasaba por un mayor uso de insumos de síntesis química. Estos solucionaron un montón de situaciones y manejos. Después apareció la siembra directa y un conjunto de herramientas, como el toque genético en los cultivos. Entonces se generó todo un paquete tecnológico para generar una mayor producción. Hoy en día, por este paradigma tenemos una serie de conflictos que son muy reconocidos. Por ejemplo, los niveles de contaminación, los suelos con toxicidad química. También las semillas que van con resistencia a malezas. Todo esto generó las condiciones para que hoy se esté buscando cómo cambiar ese paradigma”, explicó Warnes a Bichos de Campo.

Sin embargo, para el fundador de TecnoSustrato -una empresa instalada en Rafaela, especializada en la elaboración de bioinsumos con una alta concentración de carbono- que el productor, particularmente de cultivos extensivos, no esté todavía del todo convencido para adoptar los bioinsumos no es una problemática. Al contrario, cree que solo hay que darle tiempo porque entiende que todo cambio genera resistencia.

Mirá la entrevista competa a Marcelo Warnes:

“En el arranque, cuando empezó la Revolución Verde, hubo mucha gente a la que le costó engancharse dentro de ese paradigma, y seguían con el arado y sus manejos tradicionales. Esto es lo mismo. Ya está planteado el nuevo paradigma”, enfatizó Marcelo.                                                                                                                             En este sentido, el agrónomo prefiere mirar el lado positivo y se refiere al crecimiento que ha tenido la muestra de productos biológicos donde lo entrevistamos, que se realiza cada año en una locación diferente y este año tuvo lugar en la localidad de Victoria, provincia de Entre Ríos.                                                                                            “Cuando empezó la EnBio eran tres o cuatro nomás, ahora fíjate la cantidad de gente que llega, la cantidad de gente que pregunta. Aparte en los medios escuchás también el tema de insumos biológicos”, dijo entusiasmado Warnes, al tiempo que celebra que muchas empresas, históricamente ligadas a los productos químicos, están migrando hacia estos insumos de síntesis biológica”.                                                           Aún con su tono triunfalista y un optimismo que contagia, Marcelo no intenta tapar el sol con un dedo y asegura que “hay mucho verso también de lo biológico”, algo que puede hacer que los productores duden a la hora de adoptarlos.
“Hay grandes empresas que de repente dicen que son biológicos y tienen un microorganismo o tienen un insumo de este tipo, que puede ser para teñir las semillas, como esos colorantes que existen para pintar tortas verdes. Con esos casos, la adaptación de este nuevo paradigma va a llevar su tiempo”, expresó.                                                                  Convencido de que está más que demostrado que la compactación de los suelos es un problema y una amenaza la alimentación mundial a mediano plazo, Marcelo se esperanza con las señales que están dando varias instituciones para mejorar la calidad del suelo. Ahora con elementos concretos sobre el futuro de la producción con manejo de biológicos, dice que é y otros pioneros dejaron de ser “unos hippies que servía nada más que para la huerta”.                                                                                               “Para el 2030 se necesita un 40% más de superficie agrícola para darle de comer al mundo. Pero en teoría no existe. Y el principal problema es la compactación. Entonces, lo que está sucediendo es que un montón de instituciones que hace un tiempo atrás decían tenés que tener únicamente el barbecho sobre el suelo, que eso aportaba materia orgánica, temperatura, humedad, ahora te dicen que tenés que tener todo cubierto los 365 días del año”, explicó.                                                                    “Entonces el mensaje tiene que ser más claro porque el problema que tenemos es la compactación. Pero no hay que entrar y romper todo, no. Hay que meter carbono, tenés que meter microorganismos que son los que hacen todo. A partir de ahí empezás a construir una nueva realidad, porque hay intercambio gaseoso, infiltración…”agregó.

¿Decís que es por ahí que hay que encaminar el debate sobre la adopción de biológicos? 

-El debate a futuro, a corto y mediano plazo, es la carga biológica. Acordáte de ese término.

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junio 24, 2025

El pastor del Pirineo que ha recopilado 21.000 palabras de belsetán, una variante del aragonés que solo hablan 20 personas

 Candela Canales   11 de abril de 2025 

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El belsetán es una variante de la lengua aragonesa que solo se habla en el valle de Bielsa, de hecho, actualmente son 15 o 20 personas las que se comunican en este idioma. Una de ellas es Ángel Luis Saludas, un pastor vecino de Espierba que lleva 47 años recopilando las palabras propias de esta lengua y desarrollando un diccionario para que no se pierda. 

Ahora, la historia de Ángel y de esta variante del aragonés “en peligro de extinción” van a tener su propio documental gracias al trabajo de Queridas producciones, una productora formada por Maxi Campo, Diego Mata, Javier Lavilla y Andrey Francés. Campo explica que, cuando supo del perfil de Ángel, pensó que “tenía que conocerlo y ofrecerle la posibilidad de hacer un documental. El tema del aragonés vino después, de primeras me atrajo mucho la persona”. 

Explica que Ángel es un hombre “muy magnético” que fue testigo de cómo todo lo que admiraba cuando era niño sobre el estilo de vida de sus mayores y de su pueblo “se desprestigió” y que “se ponía en cuestión la lengua y la dignidad de quienes la hablaban, por eso sintió la necesidad de hacer algo”. 

A los 17 años pensó que quería recoger la sabiduría de los hablantes del belsetán antes de que fueran desapareciendo. Así, empezó a apuntar las palabras que componen el belsetán, esta variante del aragonés que solo se habla en el valle de Bielsa y que es la más “pura”, la menos afectada por la castellanización: “Es muy arcaico, no se ha visto influenciado por el castellano, es muy próximo al original”. Sin embargo, se está perdiendo, actualmente solo la hablan 15 o 20 personas y el único que ha recibido esta lengua de su padre y de su madre es Ángel. 

Campo explica que, durante la realización de este documental, ha constatado que “si una lengua está en peligro la causa es porque no ha despertado el interés de las instituciones que son las que pueden hacer algo por preservar la cultura y la lengua de un territorio” y considera “difícil entender esa falta de sensibilidad. Es algo nuestro que forma parte de nuestra historia”. Explica que Ángel Luis no tenía esa vocación, sino que su espíritu de recuperación surgió al “caer en la cuenta de que si él no hace nada, tal vez sea el último hablante de esta lengua. Después de su generación este dialecto no se ha transmitido de padres a hijos”. 

Documental

La premisa de este documental es tratar de contar la historia de las palabras y el diccionario en paralelo a un año natural en el día a día de Ángel, con sus labores de pastor. Campo explica que han sido 22 días de rodaje y que han tratado de ser “muy poco intrusivos”: “No hemos ficcionado ninguna situación, le preguntábamos a Ángel lo que iba a hacer y en función de eso pensábamos el guion y lo adaptábamos, en ningún caso podía pasar por parar sus obligaciones diarias, si sube a ver las vacas nos íbamos con él. Ha sido muy bonito a nivel profesional y a nivel personal. A pesar de vivir alejados del mundo, él y su madre son personas muy alegres y positivas, hemos pasado ratos inmejorables”. 

Aunque Ángel es el protagonista del documental, no solo aparece él. Su madre, Generosa Bernard, de 94 años, también colabora, de la misma forma que su hermano Juan José Saludas y el ilustre y casi centenario vecino de Bielsa Jesús Garcés 'Baitico', hablante patrimonial más longevo del Belsetán con el que Ángel guarda una estrecha relación. 

El documental está hecho y ahora se encuentra en fase de postproducción de sonido. Además, se está añadiendo una animación de un cuento en belsetán escrito por el propio Ángel. Javier Lavilla está realizando la animación de esta historia y, cuando se termine, se añadirá lo que corresponda al metraje final. Ahora llega la fase de distribución que, según confiesa Campo, se les “resiste”. Para ello han activado una campaña de mecenazgo que les permita contratar a una empresa especializada que pueda difundir la cinta, “es una faena que no controlamos, sería triste que algo que nos ha hecho disfrutar tanto y está tan bien no darle la mayor difusión, no queremos perder la oportunidad por falta de recursos”.

La campaña de mecenazgo está yendo “increíble” y han superado su objetivo. En el momento de redacción de este artículo habían logrado 4.178 de los 3.000 euros que se habían marcado como meta. “Estamos muy contentos, conseguir tantas contribuciones es complicado, pero aunque hayamos alcanzado la cantidad esto no tiene que desanimar a la gente porque los gastos en esta fase son inciertos, cuantos más recursos se tengan más opciones tendremos”. 

En estos momentos, el documental no cuenta con el apoyo de ninguna institución, aunque antes de iniciarse recibió financiación del Gobierno de Aragón y de Aragón TV. “La financiación fue previa, una vez arrancada, hemos ido muy en precario, también el ser tan pocos y con poco equipo hace que seamos muy poco intrusivos y pasemos desapercibidos en el día a día de los protagonistas”, explica Campo.  El productor y director de este reportaje concluye asegurando que están muy “orgullosos y satisfechos con el resultado” y considera que “combina muy bien el entretenimiento, la curiosidad de las historias distintas y tiene un componente didáctico y un valor documental a nivel lingüístico”. 

Ángel en el tractor durante el rodaje del documental Maxi Campo

Han contado también con la participación de expertos: Brian Mott, lingüista; Xabier Lozano, filólogo e investigador sobre variedades del aragonés de Sobrarbe; Enrique Gargallo, Catedrático de Filología románica de la Universidad de Barcelona; Fernando Romanos, escritor e investigador de las variedades vivas del aragonés; Chusep-Raúl Usón, editor, investigador, traductor y escritor en lengua aragonesa; Chesús Casaus, investigador de toponímia y léxico pirenaico; y Rosa Lafranca, estudiosa del belsetán.

Asegura que, lo que “más felices nos haría” es conseguir que el proyecto del diccionario de Ángel Luis cuente con el apoyo institucional necesario para poder elaborarlo y publicarlo, “el proceso es complejo, una cosa es recopilar palabras y añadir definiciones y otra cosa es la filología, tiene que estar todo de acuerdo a un patrón lingüístico que es difícil que lo pueda hacer solo una persona. Que el documental sirviera como incentivador para que en un plazo de tiempo razonable el diccionario fuera posible sería la mayor de las alegrías porque significaría que nuestro trabajo ha servido de algo”. 

La pérdida de un dialecto 

A principios del siglo XX, las variedades locales del aragonés estaban muy extendidas en el uso social en el Valle de Bielsa, aunque “la presencia del castellano hacía tiempo que venía haciendo mella en ellas, teniendo en las principales poblaciones comarcales, Boltaña y L'Ainsa, un fuerte foco de aculturación lingüística”, exponen desde el Sistema de Información del Patrimonio Cultural (SIPCA). En menos de un siglo, se ha sustituido el aragonés por el castellano en la “práctica totalidad de las situaciones de habla de la zona” y, además, “el aragonés conservado se ha ido contaminando de las soluciones lingüísticas castellanas de tal manera que el proceso de sustitución lingüística ha afectado a toda la estructura de la lengua: la fonética, la morfología, la sintaxis y la semántica”. 

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Es por esto que el belsetán es tan especial, ya que presenta una serie de particularidades, según SIPCA, especialmente en los aspectos fonéticos. Consideran que este cambio se explica por el contexto social y económico, ya que se asumió el castellano como un “elemento marcador de los roles e instituciones de poder y prestigio como la Iglesia, la escuela, la sanidad pública y el empresariado, acentuaron la conciencia entre los hablantes de aragonés de estar hablando algo de nivel inferior y basto”. 

Este organismo del Gobierno de Aragón recoge testimonios orales que muestran cómo se perdió esta variante del aragonés y “el lamento por haber perdido esta seña de identidad, la constatación de que la prohibición de usar el belsetán en la escuela resultó fundamental para que los progenitores de hace una o dos generaciones decidiesen quebrar la trasmisión generacional del aragonés, y el interés de la inter comprensión lingüística que se producía entre los pastores de ambas vertientes en esta zona del Pirineo, hablando cada uno de ellos en aragonés belsetán y en occitano llamado popularmente ”patois“.

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junio 23, 2025

Texto de Blas. Título: EL ENCUENTRO

 

Durante varios días

no ha dejado de llover en Getafe.

En una pausa, el Sol surge ahogado en agua

y vestido de color carmesí, camino ya del ocaso.

La Avanzada tarde propone pasear,

y con el  anhelo de encontrarte 

resuelvo salir de casa.

En el parque huele a verde campo 

y el aire es limpio y penetrante

Sobre la superficie del lago 

duerme algún pato, flotando a la deriva

como un juguete abandonado.

Al pie de los almendros 

se extiende el manto blanco

de los pétalos que el suave viento

desprende de sus ramas.

Los gorriones alborotan inquietos

entre los pinos, 

preludiando el buen tiempo;    

y algunas gotas de agua

caen suavemente sobre mi rostro,

y esta simple circunstancia 

despierta en mí el recuerdo 

de tus manos acariciándome.

Desde el alcor donde me hallo,

apenas audible, llega la agitación de las calles,

y resplandecen en la lejanía,

las luces de las avenidas

y de las apretadas casas, 

cuyos moradores puedo imaginar

inmersos en sus domésticas tareas.

Crece una sensación de alivio

que libera el peso intangible

que oprime el corazón. 

Soy un ser renacido,

que transita en una paz interna  

donde no hay sitio para la tristeza.

Respiro hondo, camino lento, 

saludo a las aves y abrazo a los almendros

y acuno los sueños de las aves 

que en el lago habitan.

Poco más que esto es cuanto necesito y quiero;

solo echo en falta tu encuentro y tus palabras,

para que esta inesperada tarde,

ya a punto de languidecer, sea perfecta.

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junio 22, 2025

CTXT. Carta a la comunidad 400 I Adriana T.: Resistir al dopaje

12/4/2025     

Querida comunidad contextataria:

 

Hay gente a la que le sale un forúnculo, a otros un herpes traicionero y a algunos, sobre todo si tienen hijos en edad escolar, les pueden aparecer piojos. A mí hace unos días me salió una IA en el WhatsApp. Tampoco es que me sorprendiera. En las semanas previas me habían estado saliendo diversas IA en el asistente del teléfono, en el correo electrónico, en la nube de documentos que usamos para trabajar en esta santa casa, en los resultados de las búsquedas de Google, en varios macrocomercios electrónicos a los que no necesitamos hacer publicidad, en la aplicación de videollamadas, en la red social de Elon Musk, y qué sé yo qué más. A menos que vivan recluidos en una cueva, a ustedes también les habrán salido. Es una plaga universal. Sin embargo, lo del WhatsApp, no sé por qué, terminó de desquiciarme del todo.

 

      No soy una tecnófoba. Siempre me alegro de poder encalomarle a una máquina tantas labores como me sea posible. Soy una firme partidaria de que todos los trabajos aburridos, cargantes, insalubres y peligrosos los hagan robots no sintientes. Sin excepción.

 

¿Cuál es entonces mi problema? Más allá de las consideraciones morales sobre el desastre medioambiental que suponen, así como el alarmante robo a artistas y escritores en el que se ha incurrido para poder entrenarlas, o incluso de si realmente se las puede considerar inteligencias artificiales (el nombre es puro marketing), lo que me está molestando de todas esas IA que se reproducen como los piojos en una clase de 2º de Primaria es que, al menos por el momento, son absurdamente inútiles. No hacen nada de lo que les pido, o lo hacen fatal. No entienden mis instrucciones, interpretan mal los datos o incluso se los inventan con todo descaro (en la jerga tech llaman «alucinar» a ese fenómeno), me hacen perder el tiempo y me vuelven loca. La entusiasta propaganda que hay a su alrededor no ayuda a calmar mi suspicacia, puesto que no paro de escuchar a auténticos charlatanes cantando las loas de esos bichos digitales.

 

      Pero, sobre todo, he empezado a experimentar una nueva preocupación que no consigo sacarme del cerebro. Creo que, pese a su manifiesta inutilidad, pronto se van a usar estas pseudoherramientas como excusa para exigir nuevos aumentos desmedidos en nuestra productividad laboral. Ya saben, «esto la IA te lo hace en un periquete, quiero ese informe en mi mesa en un cuarto de hora, y ya que estamos que saques adelante tú sola las tareas de cinco compañeros», o cualquiera de las variantes que apliquen a sus respectivos trabajos.

 

      También creo, y desearía mucho equivocarme en esto, que se avecina una nueva brecha social. La gente pobre ya no solo tendrá que convivir con la precariedad laboral, la falta de vivienda y todas las opresiones que ya conocemos. Ahora también tendrán que conformarse con ser diagnosticados por IA en lugar de médicos o psicólogos de verdad, leer literatura perpetrada por máquinas, recibir clases de profesores que no existen y hacerse retratos en los que no ha intervenido mano humana. Lejos de democratizar el acceso a la medicina, el arte, la cultura o las ciencias, todo esto no hará sino empeorar nuestras vidas y aumentar la desigualdad.

 

      En el ensayo La sociedad del cansancio (2010), Byung-Chul Han afirmaba que «la sociedad de rendimiento, como sociedad activa, está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje. (...) El dopaje en cierto modo hace posible un rendimiento sin rendimiento. Mientras tanto, incluso científicos serios argumentan que es prácticamente una irresponsabilidad no hacer uso de tales sustancias».

 

      Tengo la sensación de que la IA se va a convertir en el nuevo nootrópico de moda, en el dopaje de 2025. Está ocurriendo ya. Los gurús del fitness y las finanzas que antes aconsejaban suplementos, dietas y libros de desarrollo personal, ahora te espetan que desperdicias tu vida si no la pones en manos de una máquina para que la optimice.

 

      Me agota un poco pensar en cómo vamos a bregar con todo esto durante los próximos lustros. En el mismo libro antes citado, el pensador surcoreano planteaba como antídoto recuperar la vida contemplativa en la medida de lo posible. Él es particularmente fan de la jardinería. A priori no sé si suena muy realista. No hay mucho margen de acción para transformarse en una rabiosa anacoreta cuando te ves forzada a formar parte del engranaje productivo para poder subsistir.

 

      Pero sí que hay pequeñas acciones de rebeldía consciente que se pueden llevar a cabo. Siento que tenemos casi la obligación de hacerlo. Mientras le endosamos el trabajo duro y tedioso a las máquinas (permítanme que insista: ni la automatización es mala per se, ni lo digital es un invento diabólico), podemos retomar la costumbre de leer con calma, pasear sin rumbo, crear cosas y trabajar con las manos. No para buscar la excelencia en el resultado, sino disfrutando del proceso de cocinar, pintar, escribir, tocar música, hacer macramé, montar puzzles, plantar geranios, soñar despiertos o lo que demonios sea que les guste hacer. En esta época en la que las noticias llevan un ritmo cada vez más frenético y las series pasan de moda a los diez días de su estreno, tenemos que afanarnos por buscar momentos que no estén basados en el consumo: tampoco el de información o entretenimiento. Necesitamos pasar más tiempo en los parques y menos en los centros comerciales. Contarles nuestras penas y alegrías a los humanos y no a los softwares. Tejer relaciones vecinales. Yo qué sé. Seguro que se les ocurren muchas otras posibilidades de resistencia.

 

      Me temo que vamos a tener que aprender a convivir con todas esas piojosas inteligencias artificiales. Imagino que acabaremos usándolas si les encontramos alguna utilidad, o si simplemente nos obligan a hacerlo. Es inevitable. Pero frente al dopaje y la hiperproductividad, es urgente reivindicar la calma y la contemplación. Y encontrarle un sentido a lo que hacemos.

 

      Estoy segura de que todo esto ustedes ya lo sabían. Solo quería recordárselo y, de paso, recordármelo a mí misma.

 

      Gracias por el apoyo económico que nos permite seguir aquí, escribiendo y editando tranquilas, –y sin la asistencia de ninguna IAporque nos lo autoprohibimos en 2023–, sobre las cosas que ocurren a nuestro alrededor.

 

      Pasen un feliz fin de semana y unas buenas vacaciones si las tienen. Un abrazo,  

Adriana T.

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