Tenía
que intervenir en la SER, pero el anuncio de la dimisión de Rivera ha
trastocado el programa. Dejo aquí el análisis que iba a hacer a la
pregunta de por qué a los partidos les cuesta tanto reconocer sus
fallos:
Lo explicó muy bien
Miguel Álvarez Peralta
el otro día en una clase que impartió en mi seminario: Obama ganó a
McCain en 2008 porque había descubierto el poder de dos cosas: las
redes de activistas y las redes sociales. Ambas se mezclaron cooperando y
produciendo un vuelco en las expectativas. Lección que aprendió Podemos
en 2015. En la segundas elecciones, las redes de activistas habían
desaparecido y solo quedaban las redes sociales. Obama se desprendió de
los militantes y contrató a gurús expertos en big data y redes. Volvió a
ganar, ya como opción menos mala. Steve Bannon aprendió la lección y se
convirtió en jefe de campaña de Trump y ganaron aprovechando esta
estrategia.
Los partidos han mutado sus formas y estructuras en la
nueva época mediática de los rumores, los memes, los tuits y las
campañas de microtargeting. Han dejado de ser movimientos de militantes
con diversidad de opciones, corrientes y líneas para convertirse en
máquinas mediáticas apoyadas sobre la figura de un líder. El Psoe lo
aprendió de Podemos y Cs e inmediatamente eligió a un icono como
Sánchez, el PP lo aprendió del Psoe y eligió a Casado. Los partidos
barrieron todas las instituciones propias consultivas donde se dirimían
las diferencias y se proponían alternativas y las convirtieron en
coreografías del líder. Los líderes, no tontos, la verdad, dejaron de
confiar en los coros y danzas de los comités nacionales a su medida y
empezaron a escuchar las voces al oído de una nueva casta de poder
oracular, los gurús presuntamente expertos en el futuro.
Toda la
fuerza de la campaña se centró en luchas épicas con dos o tres memes
movilizadores: contra las menas, pro-menas, contra Sánchez, contra el
independentismo, contra España, contra Podemos.
La política se
convirtió en épica de Juego de Tronos: la estrategia del chicken game se
impuso a todas las demás porque los líderes no podían mostrar la menor
duda, la menor debilidad en la negociación: su propio público fabricado a
fuerza de pantallas se los comería.
En fin, como han hecho las
empresas, han vendido su alma a las plataformas y a los grandes
oligopolios de la comunicación creyendo que esto era lo que había que
hacer porque tenía sus réditos. Podemos ha gastado más de un millón de
euros en Facebook, más que todos los demás partidos juntos, los demás lo
han hecho de otras formas, a través de trolls farms y fake news.
Bannon/Vox mejor que todos los demás al centrar la campaña en dos cosas:
emigración y España.
El caso es que, si miramos la trayectoria,
los presuntos éxitos son una larga serie de fracasos en cadena que ya no
pueden reconocer sin reconocer al tiempo que esta forma de política,
además de equivocada, es peligrosa y atenta contra la salud democrática.
Desde el 23f (que muchos no sabrán qué significa) nunca había visto tan
en peligro la democracia.
Por si alguien me lo va a recordar:
también Mas País, sí, ha sucumbido a esta estrategia. No en el mismo
grado pero también. La decisión trágica de presentarse a destiempo era
equivocada (yo no era partidario, pero no tengo ni voz ni voto en el
asunto), y lo ha sido también la campaña centrada en un solo mensaje que
se ha vuelto invisible en la era de la polarización "con nosotros habrá
diálogo".
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