julio 12, 2009

Hacia rutas salvajes: universia

Texto publicado el 12 Agosto 2008 sobre la película Into the wild.
cineforum.universiablogs.net/hacia-rutas-salvajes-into-the-wild

"Hay placer en los bosques sin senderos
Hay éxtasis en una costa solitaria;
Está la sociedad donde nadie se inmiscuye,
Por el océano profundo y la música con su rugido:
No amo menos al hombre, pero si más a la naturaleza"…
Autor: Lord Byron

Con estos versos de Lord Byron comienza Into the Wild, la más reciente película de Sean Penn, que en Uruguay se salteó las salas cinematográficas y acaba de editarse en dvd.

Aunque no es noble ni poeta (como el célebre Lord inglés), el joven protagonista del filme participa del sentimiento romántico de emancipación. Deja su familia, sus ahorros, posesiones e identidad para lanzarse al mundo solo. Tiene la vaga misión espiritual de renacer con un nuevo y auténtico ser. Su norte es Alaska, como reducto último para anacoretas naturistas, lejos de la civilización de la que quiere escapar.

"Abandonadlo todo. (…) Abandonad si hace falta una vida cómoda, aquello que os presentan como una situación con porvenir. Lanzaos a los caminos".
Autor: André Breton (Los pasos perdidos)

Camina por la tierra 2 años. Sin piscina, sin teléfono, sin mascota, sin cigarrillos. Libertad absoluta. Un extremista. Un viajero de lo estético cuyo hogar es el camino. Sin ser ya envenenado por la civilización, huye y camina solo sobre la tierra, para perderse en la naturaleza. Ambientación: mayo de 1992.

Contextos: Es propio de los humanos emerger desde una burbuja dual inefable con la firme sensación de ser individuos relativamente autosuficientes y autoafirmados. Desde el omniambiente intrauterino y oceánico, hasta la unidad habitacional funcional compartimentada, crecer conlleva el reciclaje de la propia intimidad a través de una transferencia constante del primer hogar hacia nuevos espacios de confort.
Además y de alguna manera, cada uno de nosotros debe repetir, en breve, la larga evolución desde las hordas primitivas de parientes, hacia formas evolucionadas de solidaridad y cooperación entre extraños que conocemos con el nombre de sociedades.
Mientras la infancia transcurre en el pequeño espacio familiar de relaciones inmediatas, comenzamos a ejercitar la coexistencia con ajenos a través de excursiones rutinarias por ámbitos de socialización infantil. En guarderías, escuelas, clubes, etcétera, la política se despliega como diseño de formas inclusivas del nos-otros. Allí, la ingeniería social para la reunión de lo disímil se despliega como ejercicio de solidaridades artificiales tempranas. Aceptar y contenerse son dos componentes importantes del autocontrol adquirido.

Pretextos: Mediante flashbacks, vamos comprendiendo que el pequeño mundo familiar de Christopher MacCandless está agujereado por recurrentes peleas parentales, hipocresía doméstica, mentiras y desviaciones de otra índole. Por los huecos abiertos entran corrientes de aire que enfrían la tibieza hogareña.
Bajo el peso del secreto familiar, las corrientes afectivas son obliteradas por malentendidos, estereotipias y contracciones que cargan de resentimiento los pliegues de silencio compartido.
Si Christopher lo deja todo, incluido su nombre, es para mostrar que los que se quedan con sus vidas inerciales son unos cobardes. Equivocados, pero cobardes: permanecen sumidos en la desdicha cotidiana (subrayando el apego generalizado a las propias miserias), en vez de buscar la dicha en lo desconocido. Han caído en poder de las cosas y de ahí su resentimiento contra el tiempo y su fue.
Sale a la conquista de sí (“llega a ser quién eres”, sentenciaba Nietszche). Dominado por una fantasía de abandono y desamparo, se lanza a los caminos, como en una roadmovie, e incluso más allá y por otros medios. No se trata de Easy rider u otras historias afines, donde la fuga sigue las estrías del sueño americano motorizado. Por el contrario, navega ríos como Moisés en su canasto, o deambula entre montañas como el Lenz de Büchner, abierto a los encuentros más o menos edipizantes que se cruzan en su camino (más de uno/a intenta adoptarlo, de manera que no cesa de “encontrar su destino en el camino de evitarlo” como se dice en Kung Fu Panda).
Alexander Supertramp es su nueva identidad. En su nombre resuenan el antiguo conquistador macedonio y primer faraón griego (Alexander, Alejandro) y el mega caminante o súper vagabundo (esos son los sentidos de la palabra Supertramp, no sólo el de una banda de rock).

Textos: Alaska es el norte que orienta, vagamente, su deriva. En camino, lee La llamada de lo salvaje de Jack London. Es la misma llamada que cree escuchar Christopher y que lo aparta de su propia especie, para arrastrarlo a lo desmesurado, lejano, primitivo, solitario.
En lo profundo de la naturaleza indiferente y brutal, un deshecho de civilización hace posible su estadía: el ómnibus mágico. La magia reside en su potencial acogedor: una cápsula protectora de la intemperie radical dónde lo arrastra su línea de fuga.
En sus ensayos de supervivencia básica lleva unos libros que le sirven de compañía, orientación y guía. Se trata de cartas de amigos lejanos o desconocidos que llenarán su alma con voces de sabiduría.
Nunca termina de estar solo. Siempre está en diálogo (o diamólogos, como decía Zitarrosa) con sus otros internos. Habla, escribe, talla, lee. Siempre en comunicación, su burbuja de existencia está poblada de interlocutores y destinatarios de misivas. Incluso su hermana y sus padres, a quienes castiga con silencio irrestricto, están presentes en su día a día.
Parece ser Tolstoi desde su Felicidad familiar, quien le sugiere que ya es hora de volver a donde pertenece:
… viví muchas cosas y ahora, creo que hallé lo que se necesita para ser feliz. Una vida aislada y tranquila en el campo con la posibilidad de ser útil a quienes es fácil hacer el bien y que no están acostumbrados a que se lo hagan; y un trabajo que se espera sea de utilidad; entonces descansar, la naturaleza, libros, música, amor al prójimo. Esa es mi idea de la felicidad. Y tú como compañera, hijos quizás. ¿Qué más puede un hombre desear?
Por fin cree saber lo que quiere: La felicidad es verdadera, sólo cuando es compartida.
Para entonces su omnipotencia lo ha colocado en un lugar sin retorno. El peligro de toda línea de fuga es convertirse en línea de abolición. Los encuentros alegres de pronto se vuelven tristes. La voluntad de poder cede ante fuerzas que lo separan de lo que puede. Ante el umbral recupera su nombre propio, que lo devuelve a su linaje familiar y lo coloca bajo el nombre del padre.
"He tenido una vida feliz y gracias al Señor. Adiós y que Dios los bendiga!" Christopher MacCandless


1 comentario:

MFAL dijo...

¿Hasta dónde puede llevarnos la constante insatisfacción humana si permitimos que gobierne nuestras vidas? Hacia rutas salvajes nos cuenta la fútil experiencia de un ser que pregonaba la vida y la libertad pero solo deseaba la muerte...

La película es muy buena, pero la historia de este alocado egoísta deja un sabor muy amargo...