mayo 02, 2021

14 de abril. La última esperanza, de CIVE PÉREZ

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Me sorprendió el estado de alarma en pleno regreso de un viaje de ida y vuelta Madrid -Senegal en coche. El 27 de marzo de 2020 llegaba a esta ciudad sumida en el confinamiento domiciliario decretado por el estado de alarma, y como ciudadano consciente de la gravedad de una pandemia que sembraba la muerte por doquier, cumplí como uno más el largo confinamiento domiciliario en el interior de mi modesta vivienda. Procurando no exponerme al contagio al tiempo que aguardaba el fin del desbordamiento hospitalario en los maltratados servicios madrileños de salud hasta conseguir, a mi vez, recibir tratamiento  para mi proceso oncológico.

Durante el tiempo que duró ese sobrecogedor silencio que se apoderó de las calles y de la distancia en las relaciones sociales no me atreví —salvo por cuestiones muy puntuales—a añadir más entradas a este cuaderno, sabedor de que, no siendo sanitario o miembro de servicios esenciales, todo cuanto yo dijera no dejaría de ser superfluo. Evité, por tanto, hacer méritos para verme yo también concernido en lo que una mano anónima escribió en un muro de Pompeya hace millares de años:

          Admiror te, paries, non cecidisse ruina qui                         tot scriptorium taedia sustineas.

 (Oh, pared, me maravilla que no te hayas hundido bajo el peso de tantas necedades)

A todo esto, escuché o leí con escepticismo a quienes aventuraban ingenuos vaticinios de que las personas saldríamos de esta crisis habiendo mejorado nuestro carácter o nuestro comportamiento.

Hoy, cuando las vacunas creadas por el esfuerzo de los investigadores científicos nos permiten vislumbrar la luz al final del túnel, vuelvo a abrir este cuaderno en el noventa aniversario de uno de los momentos históricos en los que brilló otra luz de esperanza en España: 14 de abril de 1931, cuando la pacífica proclamación de la II República permitió que los españoles de entonces conocieran los principios de libertad, igualdad y fraternidad que constituyen los pilares republicanos. Hasta que los enemigos de esos valores  no tuvieron el menor escrúpulo en derribarlos desatando una guerra civil que costó, al menos, un millón de muertos. Y no todos en el campo de batalla, sino fusilados a mansalva por el bando franquista vencedor, siendo enterrados en fosas comunes que, hasta hoy, no han sido totalmente descubiertas (...)


Caminante15 de abril de 2021, 14:10

Cuánto te comprendo. Hay que hacer un ejercicio diario de voluntad para seguir creyendo que esta situación cambiará algún día; que desearíamos que fuera pronto y tememos que será tarde. Ayer lo hablaba con Blas, mi marido: quizás debiéramos implicarnos más activamente en ello...

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